Novenas
Novena a San Cristóbal
El texto completo y tradicional de la novena a San Cristóbal, patrón de los caminantes y de cuantos viajan: la oración de todos los días, los nueve días con sus virtudes, los Gozos y la vida del santo mártir.

San Cristóbal es el gran patrón de los caminantes, de cuantos viajan por tierra, mar o carretera, y su nombre —«el que lleva a Cristo»— es escudo contra los peligros del camino, las tempestades, la peste y la muerte repentina. Rezamos esta novena para pedir su poderosa protección sobre nuestros viajes y los de los nuestros, y para alcanzar, por su intercesión, cualquier gracia que necesitemos en el cuerpo o en el alma. Su fiesta se celebra el 25 de julio, y suele comenzarse la novena nueve días antes para concluirla en la víspera o en el día mismo de su fiesta, aunque puede hacerse en cualquier momento en que la devoción o la necesidad lo pidan.
Oración de todos los días a San Cristóbal
Reproducimos aquí el texto íntegro de una novena tradicional española —la Novena en honor del invicto mártir san Cristóbal, impresa en Barcelona con licencia eclesiástica en 1866—, tal como la rezaban nuestros mayores. No es una traducción moderna, sino la oración castiza consagrada por el uso devoto de generaciones de fieles.
Cada día, puestos de rodillas delante de una imagen de San Cristóbal, nos santiguamos y decimos primero el Acto de Contrición y la oración común, y luego la oración propia del día. Si podéis, dad principio a la novena habiendo purificado la conciencia por la Confesión y fortalecidos por la Sagrada Comunión, para que, limpios de corazón, sean más eficaces nuestras peticiones.
Acto de Contrición
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, mi Criador, mi Padre y mi Redentor, por ser tan bueno como sois, y porque os amo sobre todas las cosas, os digo con todo mi corazón, que me pesa de haberos ofendido, y propongo, ayudado de vuestra divina gracia, primero morir que pecar. Amén.
Oración para todos los días
¡Oh Dios mío! Vos que desde lo más elevado de los cielos veis y escudriñáis el corazón de las humanas criaturas, os ruego preparéis el mío, para que con atención y fervor haga esta novena, la cual os consagro por medio de vuestro glorioso mártir san Cristóbal, patrono y tutelar mío, y me concedáis la gracia que solicito, si ha de ser para mayor gloria vuestra y bien de mi alma. Y a Vos también, oh protector mío san Cristóbal, por la dicha que tuvisteis de llevar en hombros al Salvador del mundo, os suplico intercedáis por mí, para que pueda alcanzar del Señor el favor que deseo y pido, y que meditando en esta novena las virtudes que resplandecieron en Vos, me anime a imitarlas, perseverando en ellas hasta el fin de mi vida, para poder después alabar con Vos a mi Dios y Señor en la gloria. Amén.
Después de la oración del día se pide al Señor, por medio de San Cristóbal, la gracia que se pretende alcanzar, y se rezan tres Padrenuestros, tres Avemarías y tres Gloria Patri en honor de la Santísima Trinidad, de quien era muy devoto nuestro santo.
La novena a San Cristóbal: los nueve días
Día primero — La humildad
Dios y Señor omnipotente, yo os adoro con toda mi alma en las tres divinas Personas, y acato este inefable misterio: os doy gracias por haber dotado de tanta humildad al invicto mártir san Cristóbal, que por ella mereció ser exaltado a un trono de gloria. Suplícoos con toda sumisión, por la profunda humildad de vuestro siervo y patrón mío, me concedáis esta virtud, para que merezca ser colocado yo también en la bienaventuranza eterna. Y Vos, glorioso san Cristóbal, interceded al Señor por mí, para que logre con vuestro auxilio el favor que deseo alcanzar por medio de esta novena, si ha de ser para mayor gloria de Dios y bien de mi alma. Amén.
(Aquí se pide la gracia y se rezan los tres Padrenuestros, tres Avemarías y tres Gloria Patri.)
Día segundo — La obediencia
¡Oh dulcísimo Redentor de mi alma!, que, por cumplir la voluntad de vuestro Padre y redimir al género humano, quisisteis ser crucificado; suplícoos por vuestra pasión y muerte me deis a conocer vuestra voluntad y gracia para cumplirla fielmente. Y Vos, santo mío, interceded por mí al Señor para que yo le obedezca en todo, así como Vos le obedecisteis pasando los caminantes por aquel caudaloso río, y cumpliendo la voluntad de mi Dios, pueda en vuestra compañía gozarle en la gloria; y ahora pedidle me conceda lo que pretendo en esta novena, si es que convenga para mayor gloria suya y bien de mi alma. Amén.
Día tercero — La caridad
Dios y Señor de todo lo criado, yo os bendigo y alabo por vuestra gran caridad en haber redimido a todo el género humano de la esclavitud del pecado, y al propio tiempo por haber dotado al glorioso san Cristóbal de una caridad tan ardiente, que a fin de ganar más almas para el cielo pasó al reino de Licia a predicar vuestra doctrina, convirtiendo a la fe católica muchos millares de infieles; os pido me concedáis esta virtud para que ame a Vos con todo mi corazón y al prójimo como a mí mismo. Y Vos, glorioso san Cristóbal, que tanto amasteis a Dios y a los hombres, haced que, imitándoos en el bien de las almas, consiga la gracia de mi Dios, e igualmente la que deseo alcanzar en esta novena, si conviene para gloria suya y salvación de mi alma. Amén.
Día cuarto — La castidad
Dios y Señor mío, centro de las almas puras, os ruego me concedáis la importante virtud de la castidad, para que mi alma pueda ser casta esposa vuestra, triunfando de todos sus enemigos, así como triunfó el glorioso san Cristóbal, en la cárcel, de aquellas dos mujeres que le presentaron para hacerle perder tan rica joya. Os suplico, santo mío, que seáis medianero con el Señor, para que yo, con su gracia y vuestra ayuda, venza los tres enemigos del alma —mundo, demonio y carne—, y con una pureza de ángel os pueda hacer compañía en la patria celestial; y ahora alcanzar del Señor lo que le pido por medio de esta novena, si ha de ser a mayor gloria suya y bien de mi alma. Amén.
Día quinto — La pobreza
Dios y Señor mío, que tanto amasteis la santa pobreza, por aquella desnudez de todas las cosas temporales con que, como verdadero pobre, vivió y murió vuestro siervo san Cristóbal, no amontonando riquezas, sino contentándose con lo más preciso, no solo en el tiempo de su predicación, sino mientras sirvió de guía a los pasajeros para pasar aquel caudaloso río; os suplico, Padre y Señor mío, por esta virtud heroica de vuestro siervo y por los merecimientos de mi Señor Jesucristo, me infundáis el espíritu de verdadera pobreza y desprecio de todo lo terreno. Y Vos, glorioso san Cristóbal, que apartando vuestra alma de toda afición a las cosas terrenas alcanzasteis los riquísimos tesoros de la gracia, interceded por mí para que me conceda Dios la eterna felicidad después de esta vida, y ahora el favor que deseo alcanzar, si es para gloria suya y bien de mi alma. Amén.
Día sexto — El amor de Dios
Dios y Señor amantísimo de las almas, que por nuestro amor descendisteis de la gloria y tomasteis carne humana en las entrañas de María Santísima; os suplico, soberano Dios mío, que sepa yo agradecer esta fineza y excesivo amor vuestro, y corresponder a él amándoos de veras, como lo practicó el invicto mártir san Cristóbal, pues por el amor grande que os tuvo, mereció de vuestra Majestad que le impusieseis el nombre de Cristóbal. Y Vos, sagrado protector mío, interceded por mí al Señor en todas mis necesidades, y ahora alcanzadme lo que deseo, si así conviene para honra y gloria de Dios y provecho de mi alma. Amén.
Día séptimo — La paciencia
Dios y Señor de todo lo criado, por aquella paciencia que mostrasteis en todos los pasos de vuestra Santísima Pasión, pues, pudiendo destruir con una sola palabra a todos vuestros enemigos, os sujetasteis a que os ataran como reo, os diesen bofetadas e hiciesen otros escarnios; os suplico me deis paciencia en mis trabajos, así como la disteis al glorioso san Cristóbal cuando le pusieron preso por confesar vuestra santa fe. Y Vos, santo glorioso, impetrad por mí del Señor que, sufriendo yo con paciencia las penas de esta vida, venza todas las persecuciones de mis enemigos, y ahora pueda alcanzar lo que pretendo por medio de esta novena, si ha de ser para mayor gloria de Dios y provecho de mi alma. Amén.
Día octavo — La fortaleza
Omnipotente Dios y Señor mío, que para darnos ejemplo quisisteis ser perseguido de los inicuos y sufrir innumerables tormentos; os suplico dirijáis mis pasos para que triunfe de todos mis enemigos, visibles e invisibles, así como lo concedisteis al glorioso san Cristóbal, después de haber sufrido de los gentiles el ser coronado con un yelmo de fuego, azotado, asaeteado y por último degollado, como Pablo y el Bautista, solo por predicar las verdades evangélicas. Y Vos, santo mío, sed medianero con el Señor, para que confesando yo su santo nombre viva y muera en su santa gracia, y ahora alcanzadme de su divina Majestad el favor que deseo por medio de esta novena, si es para mayor gloria de Dios y bien de mi alma. Amén.
Día noveno — La perseverancia
Dulcísimo Dios de piedad y misericordia, hoy que es el último día de esta novena, me presento con la confianza de que he de lograr la gracia que en toda ella os he suplicado; y para más obligaros, pongo por medianero a vuestro siervo y patrón mío el glorioso san Cristóbal, el cual, siendo con los martirios que padeció predicando la santa fe católica un verdadero imitador y discípulo de vuestro Santísimo Hijo, no dudo que por su intercesión he de lograr lo que tanto deseo. Y Vos, glorioso apóstol de Licia, rogad a su divina Majestad me conceda todo lo que necesito, así en lo espiritual como en lo temporal, a fin de que, enriquecida mi alma en esta vida con las virtudes, pueda llegar a la gloria celestial y dar allí, junto con Vos, las debidas gracias a la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.
Los Gozos de San Cristóbal
Los antiguos devocionarios acompañan la novena con los Gozos, que pueden cantarse o rezarse cada día tras la oración. He aquí una selección de las coplas tradicionales, con su estribillo:
Fiel soldado del Señor,
de laureles coronado:
Cristóbal, mártir sagrado,
dadnos ayuda y favor.Fuisteis en fe un Abrahán,
un Isaac en sumisión,
un Moisés en la oración,
y en celo un segundo Juan;
el fuego de un santo amor
os tuvo siempre abrasado.De contagio preserváis,
de ladrones defendéis,
en angustias socorréis
y de todo mal libráis;
quien confía en vuestro amor
nunca se ve defraudado.
Oración final
¡Oh Dios!, que fortalecisteis al bienaventurado mártir san Cristóbal en su martirio, adornándole con la virtud de la constancia, y también quisisteis llevase admirablemente en sus hombros a vuestro Unigénito Hijo, nuestro Señor Jesucristo; concedednos propicio que, así como hacemos conmemoración de él, por sus méritos merezcamos llegar felizmente al reino celestial. Por el mismo Señor Jesucristo, vuestro Hijo, que con Vos y el Espíritu Santo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
Variantes de la novena según tu intención
Muchos buscan esta devoción con una necesidad concreta en el corazón. El mismo texto tradicional sirve para todas: basta con formular la intención propia al pedir la gracia, siempre encaminada al bien y a la gloria de Dios.
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Novena a San Cristóbal por un viaje seguro o protección en la carretera. San Cristóbal es por excelencia el patrón de los caminantes y conductores. Al pedir la gracia, encomendadle vuestros viajes y los de los vuestros: «Glorioso San Cristóbal, que llevaste a Cristo sobre tus hombros, guarda a los que viajan de todo peligro y llévanos con bien a nuestro destino y, sobre todo, al puerto de la vida eterna.»
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Novena a San Cristóbal para una causa difícil. Cuando la necesidad parece humanamente imposible, esta novena es escuela de confianza: como el santo cruzó el río crecido con Cristo a cuestas, aprendemos a no soltar la carga, sino a apoyarnos en el auxilio divino. Presentad vuestra causa con fe, «si conviene para mayor gloria de Dios y bien de vuestra alma».
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Novena corta a San Cristóbal. Si os falta tiempo, rezad cada día solo el Acto de Contrición, la Oración para todos los días y la oración propia, con los tres Padrenuestros, tres Avemarías y tres Gloria Patri: ese es el núcleo esencial.
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Novena a San Cristóbal en PDF y para imprimir. El texto que aquí ofrecemos es el completo y puede copiarse o imprimirse libremente para rezarlo en casa, en el coche o en peregrinación. En la app Iter Fidei lo tenéis siempre a mano, con los Gozos y la oración final.
Una advertencia caritativa: la verdadera devoción a San Cristóbal nunca es un amuleto ni un conjuro. La medalla o la estampa del santo son sacramentales que expresan nuestra confianza en su intercesión ante Dios, no talismanes que obren por sí mismos. Pidamos siempre como cristianos: protección, paz, provisión honrada y, ante todo, la salvación del alma.
Cómo se reza esta novena
La novena consiste en nueve días seguidos de oración, según la antigua costumbre de la Iglesia, que imita los nueve días en que los Apóstoles y la Santísima Virgen perseveraron unánimes en oración esperando al Espíritu Santo. Si aún os preguntáis qué es una novena y por qué son nueve días, allí lo explicamos con detalle.
- El día de inicio. Escoged un día tranquilo para empezar. Lo más común es comenzarla nueve días antes de la fiesta —esto es, hacia el 17 de julio— para concluirla en la víspera o el día mismo del 25 de julio; pero puede iniciarse en cualquier fecha en que la devoción o la necesidad lo pidan.
- Los nueve días. Cada día, ante una imagen del santo, nos santiguamos con la señal de la cruz, rezamos el Acto de Contrición, la Oración para todos los días, la oración propia del día, pedimos la gracia deseada y añadimos los tres Padrenuestros, tres Avemarías y tres Gloria Patri. Quien quiera puede coronar la oración con los Gozos.
- La fiesta. El 25 de julio, día de San Cristóbal, conviene coronar la novena asistiendo a la Santa Misa y, si es posible, recibiendo la Sagrada Comunión, ofreciéndolo todo por la intención pedida.
Quién fue San Cristóbal, mártir
San Cristóbal figura en el Martirologio Romano como un mártir que padeció en Licia, en el Asia Menor, bajo el emperador Decio, hacia el año 250: atado a un poste y asaeteado, salió con vida de las flechas, y al fin fue degollado por confesar a Cristo. Fuera de esto, la ciencia histórica sabe poco con certeza sobre su persona; pero su culto está atestiguado desde muy antiguo tanto en Oriente como en Occidente, y ya en el año 452 se le dedicaba una iglesia en Bitinia.
En torno a este mártir floreció, a lo largo de los siglos, una de las leyendas más queridas de la cristiandad, recogida en la Leyenda Áurea. Cuentan que, antes de su bautismo, se llamaba Réprobo, y que era hombre de estatura gigantesca y aspecto imponente. Deseoso de servir al más poderoso señor del mundo, sirvió primero a un rey; mas viéndole temblar al oír nombrar al demonio, dejó su servicio y buscó al demonio. Y cuando advirtió que este huía espantado ante una cruz plantada en el camino, comprendió que había un Señor mayor aún, y salió en busca de Cristo.
Un santo ermitaño lo instruyó en la fe. Como Réprobo no sabía ayunar ni orar largamente, el ermitaño le señaló un oficio conforme a su fuerza: pasar sobre sus hombros a los caminantes que querían cruzar un río caudaloso y peligroso, en servicio de Cristo. Y así lo hizo durante mucho tiempo. Una noche, un niño le pidió que le pasara a la otra orilla; y a medida que avanzaba, el niño se hacía cada vez más pesado, hasta parecerle que llevaba el mundo entero sobre sí. Llegado a la orilla, el niño le reveló: «No te asombres: has llevado sobre tus hombros no solo al mundo, sino a Aquel que lo creó. Yo soy Cristo, tu Rey.» Desde entonces fue llamado Cristóbal, «el que lleva a Cristo». En señal del prodigio, el bastón que clavó en tierra reverdeció al día siguiente como una palmera cargada de flores y de frutos.
Predicó luego en Licia y convirtió a muchos millares. Preso por el emperador, resistió cuantos tormentos le infligieron —el yelmo de fuego, los azotes, las flechas que no lograban tocarle— y a las dos mujeres enviadas a seducirle las convirtió, y murieron mártires. Al fin fue decapitado. De esta historia nació la creencia popular de que quien contemplaba una imagen del santo quedaba aquel día preservado de todo mal; por eso se pintaban grandes efigies suyas frente a las puertas de las iglesias, para que todos las viesen al entrar. Así se hizo San Cristóbal patrón de los viajeros, invocado contra los peligros del agua, las tempestades y la peste, y venerado como abogado contra la muerte repentina. Su fiesta se celebra el 25 de julio, el mismo día que la de Santiago Apóstol, otro gran peregrino de la fe.
Preguntas Frecuentes
¿Para qué sirve la novena a San Cristóbal?
Sirve para pedir a Dios, por intercesión del santo, la protección de cuantos viajan y de cuantos temen los peligros del camino, del agua o de la muerte repentina, y para alcanzar cualquier gracia espiritual o temporal que necesitemos. Sobre todo nos ayuda a «llevar a Cristo» en nuestra vida imitando las virtudes del mártir: humildad, caridad, castidad, paciencia y fortaleza.
¿Cuándo se reza la novena a San Cristóbal?
Puede rezarse en cualquier tiempo del año, siempre que la devoción o la necesidad lo pidan. Lo tradicional es hacerla en los nueve días que preceden a su fiesta, el 25 de julio, para concluirla en la víspera o el día mismo del santo.
¿San Cristóbal es el patrón de los conductores y viajeros?
Sí. Por la leyenda del santo que pasaba a los caminantes sobre sus hombros a través del río, y por llevar a Cristo mismo, San Cristóbal es desde antiguo el patrón de los viajeros y peregrinos, invocado contra los peligros del viaje; en tiempos modernos se le ha reconocido también como patrón de los automovilistas. Es piadosa costumbre pedir su protección y llevar su medalla en el coche.
¿Cómo se reza correctamente la novena?
De rodillas ante una imagen del santo, cada día durante nueve días: la señal de la cruz, el Acto de Contrición, la Oración para todos los días, la oración propia del día, la petición de la gracia y tres Padrenuestros, tres Avemarías y tres Gloria Patri. Ayuda mucho comenzarla en estado de gracia, purificada la conciencia por la Confesión.
¿Se puede rezar la novena por una causa muy difícil?
Sí. Presentad vuestra causa con fe y confianza, pidiéndola siempre «si conviene para mayor gloria de Dios y bien de vuestra alma». La novena no fuerza la voluntad de Dios ni obra como magia: nos dispone a recibir su gracia y a confiar en su providencia, como San Cristóbal confió al cruzar el río crecido.
¿Es lo mismo la medalla de San Cristóbal que un amuleto?
No. La medalla o la estampa de San Cristóbal son sacramentales, es decir, signos sagrados que la Iglesia bendice para excitar nuestra devoción y nuestra confianza en la intercesión del santo. No obran por su propia virtud ni protegen automáticamente: su fuerza está en la oración y en la fe con que las llevamos.
¿Sigue siendo San Cristóbal un santo de la Iglesia?
Sí, plenamente. San Cristóbal es un mártir venerado desde la antigüedad, inscrito en el Martirologio Romano y presente en el calendario tradicional de 1962, donde su fiesta se conmemora el 25 de julio. Aunque en 1969 fue retirado del calendario universal reformado por lo incierto de los datos históricos, su culto nunca fue prohibido y sigue siendo del todo legítimo y muy querido por los fieles.
¿Qué oraciones básicas necesito saber para esta novena?
Basta con saber el Acto de Contrición, el Padrenuestro, el Avemaría y el Gloria Patri, además del texto propio de la novena que aquí ofrecemos. Con ello podéis rezarla enteramente en casa o de viaje.
Lleva contigo esta novena y todas las oraciones tradicionales de la Iglesia, dondequiera que el camino te lleve, con la app Iter Fidei. Descárgala aquí.
Fuentes. Sagrada Escritura (Biblia de Torres Amat); Novena en honor del invicto mártir san Cristóbal, apóstol de Licia, Barcelona, Imprenta de los Herederos de la viuda Pla, 1866 (con licencia eclesiástica); Alban Butler, Vidas de los Santos (Butler's Lives of the Saints); Martirologio Romano.