Novenas
Novena a San Martín de Porres
La novena tradicional de nueve días a San Martín de Porres, el humilde dominico de Lima: la oración para todos los días y una meditación con oración propia para cada día, del 25 de octubre al 2 de noviembre — Iter Fidei.

Acudimos a San Martín de Porres cuando llevamos a Dios una necesidad de las que parecen pequeñas ante el mundo pero pesan como plomo en el corazón: un enfermo en casa, una carencia de dinero honrado, un hogar sin paz. Este humilde dominico de Lima, a quien llamaban «el Padre de los pobres», fue en vida el auxilio de cuantos no tenían a quién recurrir, y sigue siéndolo desde el cielo. Su fiesta se celebra el 3 de noviembre, y la novena se reza tradicionalmente del 25 de octubre al 2 de noviembre, preparando el alma para acudir a él el día de su gloria.
Si es la primera vez que rezas una devoción de nueve días, quizá te ayude leer antes qué es una novena y de dónde viene esta costumbre tan querida de la Iglesia.
El texto completo de la novena a San Martín de Porres
Esta es la novena tradicional hispana, tal como la recogen los antiguos devocionarios. Cada día se comienza con la señal de la cruz y la oración para todos los días; después se lee la meditación propia del día, se pide en silencio la gracia que se desea, se rezan un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria, y se concluye con la oración final del día.
Oración para todos los días
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
¡Oh Dios misericordioso, que nos disteis en el Bienaventurado Martín un modelo perfecto de humildad, de mortificación y de caridad; y sin mirar a su condición, sino a la fidelidad con que os servía, le engrandecisteis hasta glorificarle en vuestro Reino, entre los coros de los ángeles! Miradnos compasivo y hacednos sentir su intercesión poderosa.
Y tú, beatísimo Martín, que viviste sólo para Dios y para tus semejantes; tú, que tan solícito fuiste siempre en socorrer a los necesitados, atiende piadoso a los que, admirando tus virtudes y reconociendo tu poder, alabamos al Señor, que tanto te ensalzó. Haznos sentir los efectos de tu gran caridad, rogando por nosotros al Señor, que tan fielmente premió tus méritos con la eterna gloria. Amén.
A continuación se reza la meditación y la oración del día que corresponda.
Día primero — Orientación
Al instruirse el niño Martín en las primeras nociones propias de su edad, comenzaba también a conocer a Dios, que ya desde entonces vino a ser la razón y la divisa de su conducta. Púsose luego bajo la enseñanza de un maestro barbero-cirujano, que en aquel tiempo no sólo sabía el arte propio de la barbería, sino también el de curar las enfermedades más corrientes. Preveía Martín el bien que podía prestar a sus prójimos, y así gustaba de tal oficio, gozoso de poder ser un día útil a sus semejantes. Donde se ve cómo la Divina Providencia iba orientando a su siervo, preparándolo para los fines a que lo destinaba.
Pídase la gracia que se desea. Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria.
Oración final.
¡Oh feliz Martín, que, contento en tu condición de hijo de una esclava, te dejabas guiar por la mano de Dios ya en tu niñez; haz que nos resignemos en todo a los designios de la Providencia! A imitación tuya aceptamos gustosos la voluntad del Señor y sus designios sobre nosotros. Tú nos enseñas que si somos buenos con Él, Él será generoso con nosotros; he aquí que queremos servirle fielmente. Ayúdanos tú, Martín bondadoso, y ruega por nosotros a tu amado Jesús, Dios verdadero, que con el Padre y el Espíritu Santo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
Día segundo — Fe en Dios
Era tan firme la fe de fray Martín, que suspiraba pidiendo a Dios la gracia de morir por defenderla. Empleaba el tiempo que le quedaba libre en enseñar la doctrina cristiana a los indios y negros en Lima; luego se iba a Limatambo, distante media legua de la ciudad, y a otras haciendas vecinas, donde enseñaba a los humildes trabajadores y esclavos, consolándolos en sus trabajos y enfermedades e inspirándoles amor a la Cruz. Hubiera querido multiplicarse para llevar a todas partes el conocimiento de Dios. El Señor le concedió la gracia especialísima de actuar al parecer a la vez en dos lugares, en cuya virtud le vemos instruyendo y consolando a los sufridos negros del África y de otros lugares apartados.
Pídase la gracia que se desea. Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria.
Oración final.
¡Oh glorioso fray Martín, que desde tus primeros años aprendiste a andar por los caminos del Señor, firme siempre tu fe en Dios, celoso por su gloria y por la salvación de las almas; haz que vivamos esa misma fe, como hijos de Dios que somos! Ruega por nosotros para que te imitemos en la fidelidad, y alcánzanos las gracias particulares que sabes que necesitamos, ya que tanto puedes ante nuestro Rey Jesucristo, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
Día tercero — Mortificación
Fray Martín, no obstante conservarse en la gracia bautismal, se consideraba el peor de los nacidos e indigno del hábito que llevaba; y, a imitación de su Santo Patriarca, oraba casi toda la noche, disciplinándose hasta por tres veces de un modo cruel. No perdía ocasión de humillarse, gozando cuando se veía despreciado o insultado. Cuando le honraban personas distinguidas, corría a un lugar oculto y se disciplinaba duramente; y si no se le proporcionaba lugar a propósito, se abofeteaba diciendo: «Pobre infeliz, ¿cuándo mereciste?… No seas soberbio; bien conoces que eres un ruin, que naciste para esclavo de estos señores, y que sólo por amor a Dios pueden sufrirte tantos religiosos santos».
Pídase la gracia que se desea. Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria.
Oración final.
¡Oh Dios misericordioso, que nos diste al humilde fray Martín como ejemplo de penitencia y mortificación; sednos propicio y olvidad nuestras infidelidades! Y tú, purísimo Martín, que no sólo sufrías resignado tus trabajos y enfermedades, sino que mortificabas duramente tu inocente cuerpo, alcánzanos del Señor el espíritu de penitencia, con el cual, al menos, suframos con alegría las mortificaciones de nuestros semejantes y nuestros propios males, para que, purificados de nuestros pecados, seamos aceptables a Dios y acreedores a tu poderosa protección. Amén.
Día cuarto — El Taumaturgo
Eran continuos los prodigios del bienaventurado Martín, socorriendo necesitados y curando enfermos. Algunos eran remediados al invocarle estando ausente, y otros con sólo tocar su ropa. Sucedió que, visitando a don Mateo Pastor, que le ayudaba en el socorro de los pobres, se hallaba su señora, doña Francisca Vélez, con un agudísimo dolor de costado sin conseguir aliviarse con ninguna medicina. Al llegar el Siervo de Dios, tomó el borde de su capa y lo acercó a la parte dolorida, sintiéndose enteramente sana. Atónita exclamó: «¡Ah! Gran Siervo de Dios es fray Martín, pues el solo contacto de su ropa me ha sanado». Confundido, fray Martín le dijo: «Dios sólo ha hecho esto, señora. Dé las gracias a Dios, pues yo soy un miserable y el mayor pecador del mundo. Dios sea bendito, que toma tan vil instrumento para consolarla a usted».
Pídase la gracia que se desea. Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria.
Oración final.
¡Oh glorioso San Martín, bendecimos al Señor por el gran poder que se dignó otorgarte, concediéndote dominio sobre la vida y la muerte! Animados por la generosidad con que derramas los dones de Dios, recurrimos a ti con la mayor confianza. Pide para nosotros más fe, más amor a Dios y las gracias que necesitamos. ¡Todo lo esperamos de tu intercesión y por los méritos de Jesucristo Nuestro Señor! Amén.
Día quinto — Padre de los pobres
Por la prontitud con que socorría fray Martín a los necesitados, le llamaban Padre de los pobres. En multitud de casos acudió milagrosamente al que le llamaba, enfermo o necesitado. Entre otros, una pobre a la que él solía socorrer se vio necesitada, con urgencia, de cierta cantidad. No pudiendo ir a encontrarse con el Siervo de Dios, clamó repetidas veces en estos términos: «Hermano fray Martín, tu socorro me falta, y no puedo participarte la gran aflicción en que me hallo». Al cabo de una hora se presentó el caritativo bienhechor, precisamente con la cantidad que ella necesitaba, diciéndole que no se afligiese, pues Dios conocía las necesidades de los pobres y sabía remediarlas.

Pídase la gracia que se desea. Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria.
Oración final.
Glorioso San Martín, siempre compasivo, padre de los pobres y necesitados; míranos con piedad y ruega siempre por nosotros, que te invocamos con fe absoluta en tu bondad y en tu poder. No nos olvides ante este Dios a quien siempre serviste y adoraste, Padre, Hijo y Espíritu Santo, a quien nosotros también queremos servir y adorar ahora y por toda la eternidad. Amén.
Día sexto — Amor de Dios
Todo cuanto fray Martín hacía en sus prácticas y obligaciones, y en relación con sus semejantes, era efecto de su amor a Dios. Cuando oraba, se hallaba como en su centro: con frecuencia perdía el uso de los sentidos, quedando largo rato en éxtasis. Muchos testigos dieron testimonio de haberle visto repetidas veces elevado algunas varas sobre el suelo, en su celda, en la iglesia y en la sala capitular, conversando con la imagen de Cristo Crucificado. Si a esto añadimos la sublimidad del momento en que recibía a Jesús Sacramentado, en que se sentía como en una gloria anticipada, conversando íntimamente con su Dios, no nos extrañará que, aceptando Dios tan grande amor, hiciera tan poderoso a su fiel y amante siervo.

Pídase la gracia que se desea. Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria.
Oración final.
¡Oh Dios mío, que tan generoso sois con quien os ama con sinceridad de corazón; os amamos, pero deseamos amaros más y más! Haced que, por intercesión de San Martín, aumente nuestro amor a Vos. Y tú, Martín benditísimo, ruega por nosotros, alcánzanos el amor puro de Dios, que nos hará dulce el vivir según su ley. Consíguenos también las demás gracias que sabes que necesitamos y esperamos por tu intercesión poderosa y por los méritos de Nuestro Señor. Amén.
Día séptimo — Al cielo
Reveló Dios al bienaventurado Martín el día y la hora de su muerte, mostrándose él, desde entonces, más jovial y contento. Cayó enfermo, y ya no pensó más que en su Dios, sobre todo después de recibir el Santo Viático, sin engreírle las visitas que llegaban a su penitente lecho de tablas. Autoridades, prelados, dignidades eclesiásticas y hasta el mismo Virrey, don Luis Fernández de Bobadilla, iban a dar sus últimos encargos para el cielo a aquel humildísimo siervo fiel, que con frecuencia estaba en éxtasis, arrobado en el amor de Dios a quien siempre había servido. Se cantó el Credo, y al decir aquellas palabras «se encarnó por el Espíritu Santo de la Virgen María y se hizo hombre», acercó al pecho el Crucifijo que tenía en sus manos y cerró suavemente los ojos. Todos lloraban. El Arzobispo exclamó: «Aprendamos a morir».
Pídase la gracia que se desea. Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria.
Oración final.
¡Oh dichoso San Martín, que viste coronados tus trabajos, tus mortificaciones, tu caridad y tu amor a Dios con una muerte feliz; ten compasión de nosotros! Los necesitados y enfermos creen perder un padre compasivo, y dan rienda a su dolor llorando tu muerte; pero luego ven que tú no los abandonas: te llaman, y tú sigues socorriéndolos y aliviando sus males. El estar más cerca del Señor, glorioso San Martín, ha aumentado tu poder. Oye, pues, también nuestras humildes súplicas, y que nuestra muerte sea la de los justos, por tu intercesión y los méritos de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.
Día octavo — Después del tránsito
Después de la muerte de fray Martín, los milagros se multiplican. El propio Notario del proceso, don Francisco Blanca, se hallaba con una llaga en un pie, con gran hinchazón en la pierna y grandes dolores, y tenía que actuar al día siguiente. Invocó al santo y al momento quedóse dormido; al amanecer se halló perfectamente bien, sin hinchazón, y la llaga seca y sana. Entre otros prodigios, fueron muchos los casos de señoras que, no pudiendo naturalmente dar a luz, lo consiguieron con felicidad al encomendarse al Siervo de Dios fray Martín.
Pídase la gracia que se desea. Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria.
Oración final.
¡Oh bienaventurado Martín! Si en la tierra vivías sólo para Dios y para tus semejantes, hoy, que te hallas ya junto al trono de la bondad y de la misericordia, puedes disponer mejor de sus tesoros. Si aquí conocías dónde estaba la necesidad para remediarla, mejor la ves desde el cielo donde moras. Mira, pues, Martín bondadoso, a los que a ti acudimos con la segura confianza de ser oídos. No defraudes las esperanzas de los que nos gozamos en verte ensalzado en la tierra, como Dios te ensalzó llevándote a su gloria. Amén.
Día noveno — Apoteosis
Examinada en Roma la portentosa vida del Siervo de Dios fray Martín, y a instancia del Rey Felipe IV y de todos los elementos vitales de la ciudad de Lima, envió el Pontífice las cartas remisoriales, nombrando jueces apostólicos para formar el proceso solemne. Hecho éste, y firmado por más de ciento sesenta testigos de hechos milagrosos, se cerró y selló ante el pueblo. Emocionado el Arzobispo, derramando abundantes lágrimas, dijo: «Así honra Dios a este hombre de color que supo servirle y amarle de corazón». El 29 de octubre de 1837 fue beatificado por el Papa Gregorio XVI, y Su Santidad Juan XXIII lo inscribió en el catálogo de los santos el 6 de mayo de 1962.
Pídase la gracia que se desea. Un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria.
Oración final.
¡Oh Dios, que tan gloriosamente levantas a los abatidos y humildes, y tan generosamente premias el sufrimiento y la caridad! Miradnos postrados ante Vos y glorificad a vuestro humilde siervo San Martín, atendiéndonos en nuestras súplicas. Y tú, hermano nuestro benditísimo, que ya te ves glorificado ante el trono del Señor, ruégale por nosotros, tanto más dignos de compasión cuanto más necesitados. Consíguenos las gracias que te pedimos, y que un día logremos la gloria del cielo, donde vives bendiciendo a Dios en compañía de los Ángeles y los Santos por toda la eternidad. Amén.
Variantes de la novena a San Martín de Porres
La devoción popular busca esta novena con muchos nombres. Todas son, en el fondo, la misma súplica confiada: no un conjuro que obligue al cielo, sino una petición humilde que se pone en manos de Dios por la intercesión de su siervo.
- Novena a San Martín de Porres para una causa imposible o un caso difícil. Fray Martín fue en vida el remedio de los desahuciados; a él acuden quienes ya no ven salida humana. Reza la novena tal como está arriba, exponiendo tu causa en el momento «Pídase la gracia que se desea». Para pedir por un enfermo, puedes unirla a esta oración por los enfermos.
- Novena a fray Martín de Porres. Es la misma novena; «fray Martín» era su nombre de religioso dominico, y así lo llamaban con cariño los pobres de Lima. El texto de esta página lo invoca así en cada día.
- Novena corta a San Martín de Porres. Si un día te falta el tiempo, reza solamente la oración para todos los días junto con el Padrenuestro, las tres Avemarías y el Gloria, pidiendo tu gracia. Lo esencial de una novena es la constancia de los nueve días, no la extensión.
- Novena a San Martín de Porres en PDF o para imprimir. Puedes copiar el texto completo de esta página en un documento y guardarlo o imprimirlo para rezarlo en familia. En la app Iter Fidei la llevas siempre contigo, sin necesidad de imprimir nada.
Cómo se reza esta novena
Rezar una novena es sencillo: se trata de dedicar nueve días seguidos a la misma súplica, con fe y perseverancia, a imitación de los Apóstoles y de la Santísima Virgen, que perseveraron nueve días en oración esperando al Espíritu Santo.
- Cuándo empezar. Tradicionalmente la novena a San Martín de Porres comienza el 25 de octubre y termina el 2 de noviembre, de modo que el noveno día caiga en la víspera de su fiesta. Al día siguiente, el 3 de noviembre, la Iglesia celebra a San Martín, y es día propio para acudir a la Santa Misa y comulgar por tu intención. Pero puedes rezarla en cualquier época del año en que necesites su auxilio: basta con elegir un día y rezar nueve jornadas seguidas.
- Cada día. Comienza con la señal de la cruz y la oración para todos los días. Lee después la meditación del día correspondiente, pide en silencio la gracia que deseas, y reza un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria. Concluye con la oración final del día.
- La disposición del alma. Una novena no es una fórmula mágica ni un pago que arranque el favor. Es oración confiada de hijos que piden a un Padre bueno. Acompáñala, si puedes, con la confesión y con alguna obra de caridad hacia los pobres, que era el gran amor de fray Martín: así imitas al santo mientras le rezas.
Quién fue San Martín de Porres
Martín de Porres nació en Lima el 9 de diciembre de 1579, hijo natural de don Juan de Porres, hidalgo español y caballero de la Orden de Alcántara, y de Ana Velázquez, una liberta de ascendencia africana natural de Panamá. Fue bautizado en la iglesia de San Sebastián, en la misma pila en que, siete años después, lo sería Santa Rosa de Lima. Su padre, avergonzado durante años de aquellos hijos de piel oscura, lo dejó crecer en la pobreza; y esa condición humilde, lejos de amargarlo, fue el suelo en que Dios sembró su asombrosa mansedumbre.
De joven aprendió el oficio de barbero, que en su tiempo comprendía también el de cirujano y el cuidado de los enfermos. Hacia los quince años pidió entrar en el convento dominico de Nuestra Señora del Rosario de Lima. Por humildad no quiso ser religioso de coro, sino que se ofreció como donado, es decir, como simple sirviente que barría los claustros y hacía los oficios más bajos; de ahí el nombre cariñoso con que la ciudad lo conoció: Fray Escoba. Sólo en 1603, tras años de humillaciones que él buscaba y saboreaba, hizo la profesión como hermano cooperador.
Su vida fue una sola caridad sin descanso. Curaba a los enfermos del convento y de la ciudad, sin distinguir entre españoles, indios, negros o esclavos; recogía a los hambrientos, dotaba a las jóvenes pobres, fundó un orfanato y una casa para niños expósitos. El Señor acompañó esta caridad con dones extraordinarios: sanaba con el solo contacto de su hábito, se le vio en éxtasis elevado del suelo ante el Crucifijo, y hasta parecía hallarse a la vez en dos lugares para socorrer a quien lo llamaba. Amaba también a los animales, en los que veía criaturas de Dios, y es fama que cuidaba con dulzura hasta de los ratones. Fue amigo de Santa Rosa de Lima y de San Juan Masías, su hermano de hábito.
Habiéndole revelado Dios el día de su muerte, entregó su alma serenamente el 3 de noviembre de 1639, mientras se cantaba el Credo junto a su lecho. Lima entera lo lloró como a un padre. Fue beatificado por el Papa Gregorio XVI el 29 de octubre de 1837, y canonizado por el Papa Juan XXIII el 6 de mayo de 1962 —siendo así un santo plenamente reconocido por la tradición de la Iglesia, anterior a las reformas posteriores—. Se le honra como patrono de los pobres, de los enfermos, de los barberos y de la justicia y la fraternidad entre los hombres. Su ejemplo se resume en la humildad y en las obras de misericordia, que él vivió hasta el heroísmo.
Preguntas Frecuentes
¿Cómo se reza la novena a San Martín de Porres?
Se reza durante nueve días seguidos. Cada día se hace la señal de la cruz, se dice la oración para todos los días, se lee la meditación propia de la jornada, se pide en silencio la gracia deseada, se rezan un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria, y se termina con la oración final del día. Lo importante es la constancia y la fe, no la prisa.
¿Cuándo inicia la novena de San Martín de Porres?
Tradicionalmente comienza el 25 de octubre y concluye el 2 de noviembre, para que el último día sea la víspera de su fiesta, el 3 de noviembre. Sin embargo, puedes empezarla cualquier día del año en que necesites acudir a él: sólo hay que rezar nueve días consecutivos.
¿Cuándo es la fiesta de San Martín de Porres?
La Iglesia celebra a San Martín de Porres el 3 de noviembre, día de su muerte. Es la fecha ideal para asistir a Misa y comulgar por la intención de la novena.
¿Para qué se pide en esta novena?
San Martín es abogado de los pobres, de los enfermos y de las familias necesitadas. A él se acude por la salud de un enfermo, por el pan de cada día ganado honradamente, por la paz en el hogar, por la conversión de un ser querido o por cualquier causa que humanamente parezca perdida. Se le pide siempre como intercesor ante Dios, nunca como si su nombre fuera un amuleto.
¿Puedo rezar la novena para un caso imposible o desesperado?
Sí. Fray Martín fue en vida el consuelo de los desahuciados, y muchos han experimentado su auxilio en trances muy difíciles. Preséntale tu causa con confianza en el momento «Pídase la gracia que se desea», pidiendo que se cumpla la voluntad de Dios, que siempre quiere nuestro verdadero bien.
¿Por qué a San Martín lo llaman «Fray Escoba»?
Porque, pudiendo haber sido religioso de coro, por humildad entró en el convento como simple sirviente y barría gozoso los claustros. Aquella escoba en sus manos se hizo símbolo de su alma: quiso ser el último para servir a todos por amor de Dios.
¿Se puede rezar la novena en familia o por los enfermos?
Por supuesto. Es una hermosa costumbre rezarla en familia, sobre todo cuando hay un enfermo en casa. Puedes unirla a una oración por los enfermos o a la oración a San Martín de Porres para los días fuera de la novena.
¿En qué se distingue una novena de una simple oración?
Una novena es una oración que se prolonga durante nueve días, a imitación de los Apóstoles y la Virgen María, que perseveraron nueve días esperando al Espíritu Santo. Esa perseverancia expresa y fortalece la fe: no cambia a Dios, nos cambia a nosotros y nos dispone a recibir su gracia.
En Iter Fidei guardamos esta novena y los tesoros de oración de la Iglesia de siempre, para rezar cada día junto a San Martín de Porres. Descárgala aquí.
Fuentes. Sagrada Biblia (traducción de Félix Torres Amat); Alban Butler, Vidas de los Santos (San Martín de Porres, 3 de noviembre); devocionarios tradicionales de la novena a San Martín de Porres; homilía de canonización de S. S. Juan XXIII, 6 de mayo de 1962; Catecismo del Concilio de Trento.