Nuestra Señora
Nuestra Señora de Lourdes
La historia de Nuestra Señora de Lourdes: las apariciones de 1858 a Santa Bernadette Soubirous, las palabras 'Soy la Inmaculada Concepción', la fuente y el sentido tradicional de esta advocación. Con una oración a la Virgen de Lourdes.

Nuestra Señora de Lourdes es la advocación bajo la cual la Santísima Virgen María se apareció dieciocho veces a una niña pobre de los Pirineos, Bernadette Soubirous, en la primavera de 1858, junto a una gruta a las afueras del pueblo francés de Lourdes. Allí, a una muchacha que apenas sabía el catecismo, la Señora se identificó con unas palabras que ninguna teóloga habría puesto en su boca: "Soy la Inmaculada Concepción". De aquella gruta brotó una fuente, y de aquella fuente, hasta hoy, un río de peregrinos y de gracias. Conviene conocer esta historia tal como la Iglesia la ha recibido, sin adornarla y sin recortarla.
Quién es la Virgen de Lourdes
Digámoslo desde el principio, como con toda advocación: la Virgen de Lourdes no es "otra virgen", ni un ser distinto de la Madre de Dios. Es la misma y única Santísima Virgen María. "Advocación" quiere decir un modo particular de invocarla, ligado a un lugar, a una imagen o a un acontecimiento. Así como decimos del Carmen o del Rosario, decimos también de Lourdes: es siempre la misma María, bajo el rostro y las palabras que ella misma quiso darnos en aquella gruta.
Lo que hace única a esta advocación es que en Lourdes la Virgen no se presentó con un título devocional, sino con un dogma. Cuatro años antes, en 1854, el Papa había definido solemnemente que María fue concebida sin pecado original. En 1858 la Señora, en persona, confirmó aquella verdad poniéndola en boca de una niña que ni siquiera entendía la frase. Por eso la devoción a Lourdes es, ante todo, devoción a la pureza inmaculada de la Madre de Dios: para entenderla del todo conviene leer antes qué es la Inmaculada Concepción.
La historia de las apariciones de 1858
El jueves 11 de febrero de 1858, Bernadette Soubirous, una muchacha de catorce años, enfermiza, hija de un molinero arruinado, fue con su hermana y una amiga a recoger leña a orillas del río Gave. Al pasar junto a una gruta llamada Massabielle oyó un rumor como de viento y vio, en un hueco de la roca, a una Señora joven, vestida de blanco, con un velo blanco, un cinto azul y una rosa amarilla en cada pie, que sostenía un rosario entre las manos. Bernadette se arrodilló y sacó su propio rosario; y mientras la niña rezaba, la Señora pasaba las cuentas en silencio, acompañándola, sin mover los labios sino al final, en el Gloria.
Las apariciones se sucedieron —dieciocho en total— hasta el 16 de julio de aquel mismo año. La Señora no se presentó al principio con su nombre. Pidió a Bernadette que volviera, que rezara por los pecadores, que hiciera penitencia. Le dijo aquella frase que la tradición ha repetido tantas veces: "No te prometo hacerte feliz en este mundo, sino en el otro". Y le encargó decir a los sacerdotes que se construyera allí una capilla y que vinieran en procesión.
El pueblo, primero burlón y luego conmovido, empezó a seguir a Bernadette hasta la gruta. Las autoridades civiles la interrogaron, la amenazaron, la tomaron por loca o por embustera; pero la niña, sin instrucción, no se contradijo jamás. El párroco, prudente como manda la Iglesia, no creyó de inmediato: exigió pruebas y, sobre todo, el nombre de aquella Señora.
"Soy la Inmaculada Concepción"
El momento decisivo llegó el 25 de marzo de 1858, fiesta de la Anunciación. Bernadette pidió por enésima vez a la Señora que dijera quién era. La aparición juntó las manos, alzó los ojos al cielo y respondió en el dialecto de la niña: "Que soy era Immaculada Councepciou" — "Soy la Inmaculada Concepción". Bernadette no entendía aquellas palabras; las fue repitiendo por el camino para no olvidarlas, y así se las soltó de corrido al párroco, que se quedó sin habla. Una niña iletrada no podía haber inventado una fórmula teológica definida como dogma apenas cuatro años antes. Para la tradición, ahí estuvo la firma del cielo: el dogma de 1854 quedaba sellado por la propia Madre de Dios.
La fuente de Lourdes
Pocos días antes, durante la novena aparición, la Señora había mandado a Bernadette hacer algo extraño: rascar la tierra de la gruta y beber de allí. La niña obedeció ante la gente, que la creyó trastornada, pues solo apareció un poco de barro. Pero al día siguiente, de aquel punto manaba un hilo de agua clara que pronto fue manantial. Esa es la fuente de Lourdes, ante la cual, desde entonces, peregrinos de todo el mundo se lavan y beben.
Conviene hablar de esto con honestidad y con cabeza fría, como pide la fe católica. El agua de Lourdes no es un amuleto ni tiene poder mágico por sí misma; es agua común. La Iglesia nunca ha enseñado que sanar sea automático, ni ha exigido creer en milagro alguno como condición de la fe. Lo que la tradición sí afirma es que en aquel lugar, por intercesión de la Inmaculada, Dios ha obrado curaciones; y que cada caso ha sido sometido a un examen severo —médico antes que eclesiástico— precisamente para no confundir la devoción con la credulidad. La mayoría de los peregrinos no vuelven curados del cuerpo, y eso nadie lo oculta: vuelven, como prometió la Señora, con la esperanza puesta en el otro mundo.
El sentido tradicional: la nueva Eva sin mancha
Lourdes no añade nada a la fe; la ilumina. La Señora se llamó a sí misma "la Inmaculada Concepción", y al hacerlo nos remitió a la Escritura. Desde el principio Dios había anunciado a una Mujer enfrentada a la serpiente: "Yo pondré enemistades entre ti y la mujer, y entre tu..." (Génesis 3, 15). La tradición ha visto siempre en esa Mujer a María, la nueva Eva, jamás sometida ni un instante al pecado, enemiga total de la serpiente desde su misma concepción.
Y al saludo del Ángel —"Dios te salve ¡oh llena de gracia! el Señor es contigo: bendita tú eres entre todas las mujeres" (Lucas 1, 28)— responde el canto de la propia María: "me llamarán bienaventurada todas las generaciones" (Lucas 1, 48). Las multitudes que bajan a la gruta de Lourdes con un cirio en la mano cumplen, sin saberlo, aquella profecía. Por eso lo primero que la Señora hizo en Massabielle fue rezar el rosario con Bernadette: la devoción de Lourdes es inseparable del Santo Rosario, arma humilde y poderosa que la Madre puso ella misma en nuestras manos.
Santa Bernadette Soubirous
La elegida fue la más pequeña: una niña pobre, asmática, que no sabía leer ni había hecho aún la Primera Comunión. La Virgen no la libró de las pruebas. Bernadette entró años después en las Hermanas de la Caridad de Nevers, lejos de Lourdes, donde vivió escondida, enferma y a veces tratada con dureza, repitiendo que su oficio era "estar enferma". Murió en 1879, a los treinta y cinco años. La Iglesia la elevó a los altares: hoy es Santa Bernadette, y su cuerpo se conserva incorrupto en Nevers. Su vida enseña lo que enseña Lourdes: que Dios escoge a los humildes, y que la verdadera gracia no es la salud del cuerpo, sino la santidad. Puedes conocer otras vidas de santos en la misma línea.
Oración a la Virgen de Lourdes
Oh Inmaculada Virgen María, Madre de misericordia,
salud de los enfermos, refugio de los pecadores,
consoladora de los afligidos:
tú conoces mis necesidades, mis angustias y mis penas;
dígnate mirarme con ojos de piedad.Al aparecerte en la gruta de Lourdes
quisiste hacer de ella un lugar de oración y de gracia,
donde tantos afligidos han hallado alivio
y tantos pecadores la conversión y la paz.Te ruego que intercedas por mí ante tu Hijo:
alcánzame la gracia que con tanto fervor te pido
[aquí se expone la petición],
si ha de ser para gloria de Dios y bien de mi alma;
y, sobre todo, la gracia de la perseverancia final.Oh María concebida sin pecado,
ruega por nosotros que recurrimos a ti. Amén.
Puedes encontrar más oraciones católicas tradicionales, así como la devoción a Nuestra Señora de Guadalupe, otra advocación amadísima de la Madre de Dios. Lo que la Señora pidió en Massabielle —penitencia y rosario— lo repetiría medio siglo más tarde en Nuestra Señora de Fátima, pues en la gruta rezó con Bernadette las cuentas de Nuestra Señora del Rosario. La misma pureza inmaculada que confesó en Lourdes brilla en la mexicana Nuestra Señora de Juquila.
Una última palabra, por honestidad: las apariciones de Lourdes son lo que la Iglesia llama una revelación privada, aprobada y rodeada de gracias, pero que no añade nada al depósito de la fe ni obliga a nadie bajo pena de pecado. Su valor está en que confirma de modo luminoso lo que ya creíamos: que María es la Inmaculada, que intercede por nosotros y que escucha a los humildes. Acudir a Lourdes no es buscar prodigios, sino confiarse a la Madre que prometió hacernos felices no en este mundo, sino en el otro.
Preguntas Frecuentes
¿Quién es Nuestra Señora de Lourdes?
Es la Santísima Virgen María, la única Madre de Dios, invocada bajo la advocación nacida de sus apariciones a Santa Bernadette en Lourdes (Francia) en 1858. No es una virgen distinta, sino un modo de honrar a María ligado a aquel lugar y a las palabras que allí pronunció: "Soy la Inmaculada Concepción".
¿Qué dijo la Virgen en Lourdes?
Pidió oración por los pecadores, penitencia y que se levantara una capilla. El 25 de marzo de 1858, fiesta de la Anunciación, reveló su nombre a Bernadette: "Soy la Inmaculada Concepción", confirmando así el dogma definido por la Iglesia cuatro años antes, en 1854.
¿Cuándo se celebra a Nuestra Señora de Lourdes?
La fiesta de Nuestra Señora de Lourdes se celebra el 11 de febrero, aniversario de la primera aparición. Es también, desde hace décadas, jornada de oración por los enfermos, pues bajo esta advocación María es invocada como salud de los afligidos.
¿El agua de Lourdes hace milagros?
El agua de Lourdes es agua común; no es un amuleto ni tiene poder mágico por sí misma. La tradición afirma que Dios ha obrado curaciones en aquel lugar por intercesión de la Inmaculada, pero cada caso se examina con rigor médico y eclesiástico. La fe no exige creer en milagro alguno, y la mayoría de los peregrinos no vuelven curados del cuerpo, sino fortalecidos en el alma.
¿Por qué la Virgen de Lourdes se relaciona con la Inmaculada Concepción?
Porque en Lourdes la propia Señora se identificó con esas palabras. La devoción a Lourdes es inseparable del dogma de la Inmaculada Concepción, que afirma que María fue concebida sin pecado original. Puedes profundizar en qué es la Inmaculada Concepción.
¿Cómo se reza a la Virgen de Lourdes?
Lo más sencillo y tradicional es rezar el Santo Rosario, tal como la Señora lo rezó con Bernadette en la gruta, acompañándolo con la jaculatoria "Oh María concebida sin pecado, ruega por nosotros que recurrimos a ti". Arriba ofrecemos además una oración a la Virgen de Lourdes para presentarle las propias necesidades. Para acompañarla durante nueve días puede rezarse la novena a la Virgen de Lourdes.
La app Iter Fidei trae las oraciones, las novenas y el rosario, en latín y español, con audio. Descárgala aquí.
Fuentes. Relato de las apariciones de Lourdes (1858) según la tradición establecida y los testimonios del proceso canónico de Santa Bernadette Soubirous. Citas bíblicas tomadas de la Sagrada Biblia traducida por Félix Torres Amat (Génesis 3, 15; Lucas 1, 28 y 48). El dogma de la Inmaculada Concepción, bula Ineffabilis Deus (Pío IX, 1854).