Salmos
Salmo 140 (Salmo 139 en la Vulgata): Líbrame, Señor, del hombre malo
El Salmo 140, oración del que se ve rodeado de enemigos y se acoge a Dios — el Salmo 139 de la Vulgata. Texto completo en español (Torres-Amat) y en latín, con su sentido y uso tradicional.

Hay días en que el alma se siente cercada: lenguas que calumnian, manos que tienden lazos, un mal que parece venir de todas partes. Para esas horas la Iglesia ha puesto en nuestros labios una oración antiquísima del rey David, el Salmo 140, que empieza con un grito sencillo y entero: "Líbrame, Señor, del hombre malo". No es un canto de venganza, sino de confianza en el Dios que defiende al pobre. Aquí les dejamos el Salmo 140 completo, en español y en latín, con su sentido y su uso tradicional. No es un amuleto ni una fórmula: es la Palabra de Dios puesta en boca del que se sabe perseguido y no tiene más defensor que el Señor.
Salmo 140 o Salmo 139: por qué la doble numeración
Si abren ustedes una Biblia católica antigua, hecha sobre la Vulgata de San Jerónimo, buscarán este texto bajo el número 139, no 140. No es un error. La Vulgata sigue la numeración del Salterio griego de los Setenta, que junta en uno solo los salmos 9 y 10 del texto hebreo. Desde ese punto y hasta casi el final del Salterio, el número hebreo es siempre uno más que el de la Vulgata: lo que las Biblias modernas llaman Salmo 140 es exactamente lo que la tradición latina de la Iglesia llama Salmo 139.
Es el mismo salmo, palabra por palabra. Para no confundirse, lo más seguro no es fiarse del número sino de las primeras palabras: si el salmo empieza por "Líbrame, Señor, del hombre malo" (en latín, Eripe me, Domine, ab homine malo), tienen ustedes delante el mismo salmo, lo numere como lo numere su edición.
Salmo 140 completo (Salmo 139 de la Vulgata)
Damos el texto en la traducción tradicional de Félix Torres Amat sobre la Vulgata, con la ortografía actualizada para una lectura más fácil:
Para el fin: Salmo de David.
Líbrame, oh Señor, del hombre malvado; líbrame del hombre injusto.
De aquellos que maquinan iniquidades en su corazón; todo el día andan armando contiendas.
Aguzaron sus lenguas como las de la serpiente; veneno de áspides hay debajo de sus labios.
Guárdame, Señor, de las manos del pecador, y líbrame de los hombres inicuos, que han tramado hacerme tropezar.
Los soberbios me han armado un lazo oculto; y han tendido cuerdas para enredarme; han puesto tropiezos junto a la senda.
Mas yo dije al Señor: Tú eres mi Dios; escucha, oh Señor, la voz de mi humilde súplica.
¡Señor! ¡Señor! fuerza de mi salvación; tú pusiste a cubierto mi cabeza en el día del combate.
No me entregues, Señor, contra mi deseo, en manos del pecador; han maquinado contra mí; no me desampares, no sea que se ensoberbezcan.
El fruto de los labios de los que me cercan, la malicia misma de ellos los abrumará.
Caerán sobre ellos brasas encendidas; los arrojarás al fuego; en las miserias no podrán sostenerse.
El hombre deslenguado no medrará sobre la tierra; los males perseguirán al hombre injusto hasta dar con él en la perdición.
Sé que el Señor tomará a su cargo la causa del desvalido, y vengará al pobre.
Y así los justos celebrarán tu Nombre, y los rectos morarán en tu presencia. (Salmo 139)
El Salmo 140 en latín (Vulgata)
Eripe me, Domine, ab homine malo; a viro iniquo eripe me. Qui cogitaverunt iniquitates in corde; tota die constituebant proelia. Acuerunt linguas suas sicut serpentis; venenum aspidum sub labiis eorum. Custodi me, Domine, de manu peccatoris, et ab hominibus iniquis eripe me, qui cogitaverunt supplantare gressus meos. Absconderunt superbi laqueum mihi; et funes extenderunt in laqueum; iuxta iter scandalum posuerunt mihi. Dixi Domino: Deus meus es tu; exaudi, Domine, vocem deprecationis meae. Domine, Domine, virtus salutis meae, obumbrasti super caput meum in die belli. Ne tradas me, Domine, a desiderio meo peccatori; cogitaverunt contra me; ne derelinquas me, ne forte exaltentur. Caput circuitus eorum, labor labiorum ipsorum operiet eos. Cadent super eos carbones; in ignem deiicies eos; in miseriis non subsistent. Vir linguosus non dirigetur in terra; virum iniustum mala capient in interitu. Cognovi quia faciet Dominus iudicium inopis, et vindictam pauperum. Verumtamen iusti confitebuntur nomini tuo, et habitabunt recti cum vultu tuo.
Qué dice el Salmo 140, versículo a versículo
El salmo es la oración de un hombre acosado. En la primera parte (vv. 2-6) describe el peligro: hombres que maquinan el mal en el corazón, cuyas lenguas son como las de la serpiente —"veneno de áspides hay debajo de sus labios"— y que tienden lazos y cuerdas para hacerle tropezar. Es el retrato de la calumnia y de la traición ocultas, que hieren más por la espalda que de frente.
Frente a ese cerco, el salmista no toma las armas: se vuelve a Dios. "Mas yo dije al Señor: Tú eres mi Dios" (v. 7). En el versículo siguiente lo llama "fuerza de mi salvación" y recuerda cómo Dios cubrió su cabeza "en el día del combate" (v. 8). Aquí está el corazón del salmo: el perseguido confía la batalla a quien sí puede ganarla.
La parte final (vv. 10-14) deja el juicio en manos de Dios. El mal que los malvados preparan recaerá sobre ellos mismos —"la malicia de ellos los abrumará"— porque Dios "tomará a su cargo la causa del desvalido y vengará al pobre" (v. 13). No es el orante quien se venga: es Dios, juez justo, quien defiende al inocente. Y el salmo termina con una promesa serena: "los justos celebrarán tu Nombre, y los rectos morarán en tu presencia" (v. 14).
Por eso los Padres de la Iglesia leyeron este salmo en boca de Cristo paciente, rodeado de enemigos y traicionado por la lengua, que no responde con violencia sino con la entrega de su causa al Padre. Es también la oración de todo cristiano perseguido por su fe.
El Salmo 140 en la Reina-Valera y en la Biblia católica
Muchos buscan el Salmo 140 en la Reina-Valera (incluida la Reina-Valera 1960) y se sorprenden de que el texto no coincida con el que oyen en la parroquia. La razón es de nuevo la numeración. Las Biblias protestantes —y también las católicas modernas que siguen el texto hebreo— numeran este salmo como 140. Las Biblias católicas hechas sobre la Vulgata lo numeran como 139. Es el mismo salmo: "Líbrame, Señor, del hombre malo".
La diferencia entre la Reina-Valera y una Biblia católica no está en el número, sino en la traducción y en el canon. La Reina-Valera vierte del hebreo masorético; la tradición católica latina sigue la Vulgata de San Jerónimo, que traduce a partir del griego de los Setenta. Por eso hallarán pequeñas variantes de vocabulario —"hombre malo" frente a "hombre violento", "lazos" frente a "trampas"—, pero el sentido es el mismo: la súplica del perseguido que se acoge a Dios. Para uso devocional católico recomendamos la versión sobre la Vulgata (Torres Amat) que damos arriba; quien tenga a mano una Reina-Valera 1960 encontrará el salmo bajo el número 140, con idéntico mensaje.
El Salmo 140 en la Biblia Latinoamericana
La Biblia Latinoamericana, muy difundida en parroquias de habla hispana, es una traducción católica moderna que numera los salmos según el texto hebreo: en ella este salmo aparece como Salmo 140, no como 139. Su lenguaje es más actual y pastoral, pensado para la lectura en común. El contenido es el mismo de siempre: el grito "Líbrame, Señor, del hombre malo" y la confianza en Dios como "fuerza de mi salvación". Si su edición lo numera 140, sigue la cuenta hebrea; si la numera 139, sigue la Vulgata. Lo seguro, como decíamos, es fiarse de las primeras palabras y no del número.
El Salmo 140 y el Salmo 91 juntos
Es frecuente rezar el Salmo 140 y el 91 seguidos, y la costumbre tiene sentido. Los dos son salmos de protección, pero se complementan: el Salmo 91 ("El que habita al amparo del Altísimo") es la promesa serena de que Dios guarda al que se refugia en Él —"no temerás el terror nocturno"—; el Salmo 140 es el grito concreto del que ya se ve cercado por enemigos y calumnias. Uno da la confianza de fondo; el otro pone palabras a la hora del combate. Rezarlos juntos es pasar de la seguridad de estar bajo el amparo de Dios a la súplica viva en medio del peligro. Pueden leerse uno tras otro, terminando cada uno con el Gloria al Padre. Encuentran el texto completo en Salmo 91.
Salmo 140, oración ante el peligro
Por su misma letra, el Salmo 140 es la oración ante el peligro por excelencia: el orante se sabe rodeado de lazos y asechanzas, y en vez de huir o devolver el golpe, se vuelve a Dios. Para usarlo así, en una hora de amenaza o de miedo, conviene rezarlo despacio, deteniéndose en las palabras "Tú pusiste a cubierto mi cabeza en el día del combate", y cerrar con esta breve oración:
Señor Dios, fuerza de mi salvación,
líbrame del hombre malo y de toda asechanza oculta;
cubre mi cabeza en el día del peligro
y no permitas que el mal me aparte de ti.
Confío en ti mi causa, que eres juez justo
y defensor del pobre. Amén.
No se trata de repetir el salmo un número mágico de veces ni de tratarlo como un conjuro: la protección no viene de la fórmula, sino del Dios a quien la oración se dirige y de la fe con que se reza.
Para qué sirve el Salmo 140 y cómo rezarlo
El Salmo 140 es la oración del que se ve rodeado de enemigos, calumnias o asechanzas y no quiere responder con sus propias armas, sino acogerse a Dios. Sirve para las horas de traición, murmuración, injusticia o miedo, cuando uno se sabe pequeño frente al mal y solo Dios puede defenderlo. La Iglesia lo ha rezado siempre como un acto de confianza, no de rencor: el orante pide ser librado, y deja el juicio de los malvados en las manos del único Juez justo.
En el Oficio Divino tradicional, este salmo se canta en las Vísperas, y el versículo "Suba mi oración como el incienso en tu presencia" —del salmo que le sigue— inspiró el rito del incensario al caer la tarde. Para rezarlo bien basta leerlo despacio, sin alimentar el resentimiento, pidiendo a Dios protección y la gracia de no devolver mal por mal; conviene terminar con el Gloria al Padre. Hermana suya es la oración del Salmo 144, "Bendito sea el Señor mi Dios", en que el orante confía a Dios el combate; y para las horas de temor ayudan también el Salmo 46, "Dios es nuestro refugio y fortaleza", y el Salmo 59, súplica del cercado por sus enemigos. Si quieren acompañarlo de otros textos, encuentran aquí una selección de los grandes salmos de protección de la tradición.
Preguntas Frecuentes
¿Qué dice el Salmo 140?
El Salmo 140 es la súplica de un hombre cercado por enemigos que calumnian y tienden lazos. Pide a Dios que lo libre del hombre malo, le confía la batalla llamándolo "fuerza de mi salvación", y deja en manos del Señor el juicio de los malvados, seguro de que Dios "tomará a su cargo la causa del desvalido". Termina con la confianza de que los justos morarán en la presencia de Dios.
¿Para qué sirve el Salmo 140?
Sirve para encomendarse a Dios cuando uno se ve rodeado de calumnias, traiciones, injusticias o peligros y no quiere responder con violencia. Es una oración de protección y de confianza: se pide ser librado del mal y se deja el juicio en manos de Dios. No es un amuleto: su fuerza está en la fe con que se reza, no en repetirlo un número exacto de veces.
¿Quién escribió el Salmo 140?
El propio salmo se atribuye al rey David ("Salmo de David"), el gran orante perseguido del Antiguo Testamento, que conoció de cerca la traición y la calumnia. La Iglesia lo recibe ante todo como Palabra de Dios, inspirada por el Espíritu Santo, sea cual fuere la mano humana que la puso por escrito.
¿Cuál es el Salmo 140 en la Biblia católica?
En las Biblias católicas hechas sobre la Vulgata aparece como Salmo 139, porque la numeración latina va uno por detrás de la hebrea. Es el mismo texto: empieza por "Líbrame, Señor, del hombre malo" (Eripe me, Domine, ab homine malo). Si su edición lo numera como 140, sigue la cuenta hebrea; el contenido es idéntico.
¿Cuándo se reza el Salmo 140?
En el Oficio Divino tradicional se canta en las Vísperas, la oración de la tarde. Fuera del Oficio, es muy apropiado rezarlo en cualquier momento de prueba: ante una calumnia, una traición o un peligro, o al final del día para entregar a Dios las luchas de la jornada y pedir su amparo para la noche.
¿Es el Salmo 140 un salmo de protección?
Sí. Aunque no es tan conocido como el Salmo 91, pertenece de lleno a los salmos de protección: el orante pide a Dios ser guardado de las manos del pecador y librado de las asechanzas ocultas. Su nota propia es la defensa contra los enemigos y la calumnia, confiando a Dios la causa del inocente.
¿El Salmo 140 de la Reina-Valera es el mismo que el católico?
Sí, es el mismo salmo. La Reina-Valera (y la Reina-Valera 1960) lo numera como 140 porque sigue el texto hebreo; las Biblias católicas sobre la Vulgata lo numeran 139. Hay pequeñas diferencias de traducción, pero el contenido —"Líbrame, Señor, del hombre malo"— es idéntico.
¿Por qué en la Biblia Latinoamericana es el Salmo 140?
Porque la Biblia Latinoamericana numera los salmos según el texto hebreo, no según la Vulgata. Por eso aparece como Salmo 140 y no como 139. Es una traducción católica; el salmo es el mismo, solo cambia la numeración y el estilo del lenguaje.
¿Se puede rezar el Salmo 140 junto con el Salmo 91?
Sí, y es una costumbre muy provechosa. Ambos son salmos de protección: el Salmo 91 da la confianza serena de vivir al amparo de Dios, y el Salmo 140 pone palabras al grito del que ya se ve en peligro. Rezarlos seguidos une la seguridad de fondo con la súplica de la hora del combate.
Para seguir rezando con los Salmos
- Salmos de protección
- Salmo 91: El que habita al amparo del Altísimo
- Salmo 23: El Señor es mi pastor
- Salmo 27: El Señor es mi luz y mi salvación
La app Iter Fidei trae los salmos y las oraciones, en latín y español, con audio. Descárgala aquí.
Fuentes. Sagrada Biblia, traducción de Félix Torres Amat sobre la Vulgata (Salmo 139, vv. 1-14). Texto latino según la Vulgata Clementina (Eripe me, Domine, Salmo 139). Numeración de los salmos según la Vulgata y el texto hebreo.