Salmos
Salmo 35: Combate, Señor, a los que me Combaten
El Salmo 35 (Salmo 34 en la Vulgata), el gran salmo de combate y defensa. Texto completo en español (Torres-Amat) y en latín, con su sentido tradicional y cómo rezarlo contra los que nos persiguen.

Hay salmos que consuelan y salmos que combaten. El Salmo 35 es de los segundos: es el grito del justo perseguido injustamente que, en lugar de tomarse la venganza por su mano, la pone entera en las manos de Dios. "Combate, Señor, a los que me combaten." No es un canto de odio, sino de confianza: el alma acosada por enemigos falsos, calumniada y devuelta mal por bien, se vuelve al único Juez que no se engaña. Aquí les dejamos el Salmo 35 completo, en español y en latín, con su sentido tradicional y unas líneas sobre cómo rezarlo cuando uno se sabe atacado sin culpa.
Salmo 35 o Salmo 34: por qué la doble numeración
Si buscan ustedes este salmo en una Biblia católica antigua, hecha sobre la Vulgata de San Jerónimo, lo hallarán bajo el número 34, no 35. No es un error de imprenta. La Vulgata sigue la numeración del Salterio griego de los Setenta, que junta en uno solo los salmos 9 y 10 del texto hebreo. Desde ese punto y casi hasta el final del Salterio, el número hebreo es siempre uno más que el de la Vulgata: lo que las Biblias modernas llaman Salmo 35 es exactamente el Salmo 34 de la tradición latina de la Iglesia.
Es el mismo salmo, palabra por palabra. Para no confundirse, lo más seguro no es fiarse del número sino de las primeras palabras: si el salmo empieza por "Juzga, Señor, a los que me dañan; combate a los que pelean contra mí" (en latín, Iudica, Domine, nocentes me), tienen ustedes delante el verdadero salmo de combate, lo numere como lo numere su edición.
Salmo 35 completo (Salmo 34 de la Vulgata)
Damos el texto en la traducción tradicional de Félix Torres Amat sobre la Vulgata, con la ortografía actualizada para una lectura más fácil:
Juzga, oh Señor, a los que me dañan; combate a los que pelean contra mí.
Ármate y embraza el escudo, y sal a defenderme.
Desenvaina la espada, y cierra con los que me persiguen; di a mi alma: Yo soy tu Salvador.
Queden cubiertos de confusión y de vergüenza los que atentan a mi vida; sean puestos en fuga y en desorden los que maquinan contra mí.
Vengan a ser como el polvo que arrebata el viento, y estréchelos el Ángel del Señor.
Sea su camino tenebroso y resbaladizo, y el Ángel del Señor vaya persiguiéndolos;
ya que sin causa me armaron ocultamente el lazo de muerte, y ultrajaron injustamente mi alma.
Caiga mi enemigo en un lazo impensado, y caiga en la trampa que él puso en celada, y quede cogido en su mismo lazo.
Entre tanto mi alma se regocijará en el Señor, y se deleitará en su Salvador.
De todas las coyunturas de mis huesos saldrán voces que digan: Oh Señor, ¿quién hay semejante a ti, que libras al desvalido de las manos de los que pueden más que él, al necesitado y al pobre de los que le despojaban?
Levantándose testigos falsos, me interrogaban de cosas que yo ignoraba.
Me devolvían males por bienes, procurando quitarme la vida.
Pero yo, mientras ellos me afligían, me cubría de cilicio; humillaba mi alma con el ayuno, no cesando de orar en mi corazón.
Con el amor que a un íntimo amigo, y como a un hermano mío, así los trataba; como quien está de luto y en tristeza, así me humillaba.
Mas ellos hacían fiesta, y se aunaron contra mí; descargaron sobre mí azotes a porfía, sin saber yo la causa.
Quedaron disipados, mas no arrepentidos; me tentaron, me insultaron con escarnio, rechinaron contra mí sus dientes.
Oh Señor, ¿cuándo volverás tus ojos? Libra mi alma de la malignidad de estos hombres, libra de estos leones al alma mía.
Yo te glorificaré en una congregación grande; en medio de un pueblo numeroso cantaré tus alabanzas.
No tengan el placer de triunfar de mí mis inicuos contrarios, los que sin causa me aborrecen, y con sus ojos muestran complacencia.
Pues conmigo ciertamente hablaban palabras de paz; mas en medio de su indignación, fija en tierra su vista, trazaban engaños.
Y abrían contra mí tanta boca, diciendo: Ea, ea, nuestros ojos lo han visto.
Oh Señor, tú lo has visto, no guardes más tiempo silencio; Señor, no te alejes de mí.
Levántate, y entiende en mi juicio; ocúpate en mi causa, oh mi Dios y Señor mío.
Júzgame según tu justicia, oh Señor, mi Dios, y no triunfen ellos de mí.
No digan en sus corazones: Albricias, hemos logrado nuestro deseo. Ni digan tampoco: Le hemos devorado.
Queden, Señor, todos ellos llenos de confusión y vergüenza, los que se congratulan por mis males; cubiertos sean de ignominia y sonrojados los que se jactan contra mí.
Triunfen y regocíjense los que están a favor de mi justa causa; y digan siempre los que desean la paz de su siervo: Glorificado sea el Señor.
Y publicará mi lengua tu justicia, y celebrará todo el día tus alabanzas. (Salmo 34)
El Salmo 35 en latín (Vulgata)
Iudica, Domine, nocentes me; expugna impugnantes me. Apprehende arma et scutum, et exsurge in adiutorium mihi. Effunde frameam, et conclude adversus eos qui persequuntur me; dic animae meae: Salus tua ego sum. Confundantur et revereantur quaerentes animam meam; avertantur retrorsum et confundantur cogitantes mihi mala. Fiant tamquam pulvis ante faciem venti, et angelus Domini coarctans eos. Fiat via illorum tenebrae et lubricum, et angelus Domini persequens eos. Quoniam gratis absconderunt mihi interitum laquei sui; supervacue exprobraverunt animam meam. Veniat illi laqueus quem ignorat, et captio quam abscondit apprehendat eum, et in laqueum cadat in ipsum. Anima autem mea exsultabit in Domino, et delectabitur super salutari suo. Omnia ossa mea dicent: Domine, quis similis tibi? eripiens inopem de manu fortiorum eius, egenum et pauperem a diripientibus eum.
Qué dice el Salmo 35, versículo a versículo
El salmo se reparte en tres movimientos, como tres oleadas de una misma súplica. Primero, el grito de auxilio: el alma perseguida pide a Dios que se levante armado en su defensa —"embraza el escudo, desenvaina la espada" (vv. 1-3). No es que Dios necesite armas; es el lenguaje del guerrero antiguo para decir que solo Dios puede salvar al inocente del más fuerte.
Después, la queja del corazón herido: lo más doloroso no son los golpes, sino la ingratitud. "Me devolvían males por bienes" (v. 12); el justo había ayunado y llorado por sus enemigos como por hermanos enfermos, y ellos respondieron con calumnias y burlas (vv. 13-16). Aquí el salmo se vuelve profecía de la Pasión: los Padres de la Iglesia leyeron siempre estos versículos en boca de Nuestro Señor, traicionado por los suyos, acusado por testigos falsos (v. 11; cf. Mt 26, 60) y odiado "sin causa" (v. 19), palabra que el mismo Cristo aplica a sí mismo en el Evangelio (Jn 15, 25).
Por fin, la entrega del juicio a Dios: "Júzgame según tu justicia, oh Señor" (v. 24). Aquí está la clave para no escandalizarse de las duras peticiones contra los enemigos. El que reza este salmo no se venga: deposita la causa en el tribunal de Dios y se desarma. Por eso termina, no en la maldición, sino en la alabanza: "celebrará todo el día tus alabanzas" (v. 28).
Para qué sirve el Salmo 35 y cómo rezarlo
El Salmo 35 es un salmo imprecatorio: pide a Dios que confunda a los malvados. Leído a la ligera, escandaliza; leído con la Iglesia, enseña a sufrir la injusticia sin amargarse. Sirve para el que es calumniado, perseguido o traicionado sin culpa, para el que sufre enemigos ocultos o falsos amigos, y para toda la lucha del alma contra el demonio, que es el verdadero acusador.
Para rezarlo bien hay que recordar tres cosas. Primera: el enemigo que de veras nos quita la paz es el pecado, y contra él pedimos sobre todo la victoria. Segunda: el cristiano reza este salmo como Cristo lo rezó —ofreciendo a Dios la injusticia, no devolviendo el mal. Y tercera: las maldiciones del salmo son contra el mal, no contra las personas, a quienes seguimos debiendo amor y oración. Léanlo despacio, deteniéndose en "Yo soy tu Salvador" (v. 3), que es la respuesta de Dios al alma, y terminen con el Gloria al Padre. Si quieren acompañarlo de otros textos de defensa, encuentran aquí los grandes salmos de protección de la tradición.
Preguntas Frecuentes
¿Cuál es el salmo más poderoso?
No hay un salmo "más poderoso" que otro como si fuera una fórmula: toda la fuerza de los salmos viene de que son Palabra de Dios. Dicho esto, la tradición tiene por especialmente fuertes el Salmo 91 (el gran salmo de protección), el Salmo 51 (la gran súplica de perdón) y este Salmo 35, salmo de defensa del perseguido. El más poderoso es el que se reza con más fe y humildad.
¿Quién escribió los salmos?
La mayor parte de los salmos se atribuyen al rey David, y este Salmo 35 lleva su nombre en la tradición. Otros son de Asaf, de los hijos de Coré, de Salomón o de Moisés. La Iglesia los recibe ante todo como Palabra de Dios inspirada por el Espíritu Santo, sea quien fuere el autor humano que los puso por escrito.
¿Qué es un salmo imprecatorio?
Un salmo imprecatorio es aquel que pide a Dios el castigo de los malvados —como cuando este salmo dice "queden cubiertos de confusión los que atentan a mi vida". No es una invitación a la venganza personal: al contrario, es renunciar a vengarse uno mismo y poner toda la causa en manos del Juez justo. La Iglesia los entiende sobre todo como la lucha contra el pecado y el demonio, no contra las personas.
¿Qué es un salmo?
Un salmo es un canto de oración del Antiguo Testamento, recogido en el libro de los Salmos o Salterio, que tiene en total ciento cincuenta. La Iglesia los reza cada día en el Oficio Divino, porque en ellos están todos los estados del alma —la alabanza, el dolor, la confianza, la súplica— puestos por Dios mismo en nuestros labios.
¿Por qué el Salmo 35 pide mal contra los enemigos?
Porque es el grito del inocente injustamente perseguido, que en vez de tomarse la justicia por su mano la pone entera en Dios. Las duras peticiones no son odio personal: son la confianza de que Dios hará justicia y de que el mal será confundido. Los Padres lo leen además en boca de Cristo, odiado "sin causa", y como la guerra del alma contra el demonio acusador.
Para seguir rezando con los Salmos
- Salmo 91: El que habita al amparo del Altísimo
- Salmo 23: El Señor es mi pastor
- Salmos de protección
- Salmo 140: Líbrame, Señor, del hombre malo
- La Señal de la Cruz
La app Iter Fidei trae las oraciones, los salmos y las novenas, en latín y español, con audio. Descárgala aquí.
Fuentes. Sagrada Biblia, traducción de Félix Torres Amat sobre la Vulgata (Salmo 34, vv. 1-28; cf. Mt 26, 60; Jn 15, 25). Texto latino según la Vulgata Clementina (Iudica, Domine, nocentes me, Salmo 34). Numeración de los salmos según la Vulgata y el texto hebreo.