Los Sacramentos
La Confirmación: El Sacramento del Espíritu Santo
Qué es el sacramento de la Confirmación: el Espíritu Santo en plenitud, los siete dones, la unción con el santo Crisma y el carácter de soldado de Cristo, según la Escritura y el Catecismo de San Pío X.

Conviene aclarar, antes de empezar, que la Confirmación de la que hablamos aquí no es ningún anuncio oficial ni acto administrativo, como cuando se lee que "tal organismo confirmó" una noticia. Hablamos de uno de los siete sacramentos instituidos por Nuestro Señor Jesucristo: el sacramento por el cual el Espíritu Santo desciende sobre el alma del bautizado y la sella para el combate de la fe. Quien busca qué es la confirmación en su sentido católico, busca en realidad el misterio de Pentecostés renovado en cada cristiano. A eso queremos dedicar estas líneas, con la Escritura en la mano y la doctrina segura del catecismo tradicional.
Qué es la Confirmación
El Catecismo de San Pío X enseña con sencillez admirable que la Confirmación es un sacramento que nos da el Espíritu Santo, imprime en nuestra alma el carácter de soldados de Cristo y nos hace cristianos perfectos. En esas pocas palabras está todo: un don, un sello y una misión.
Es un don, porque por él recibimos al mismo Espíritu Santo, tercera Persona de la Santísima Trinidad, no ya de manera incipiente como en el Bautismo, sino en plenitud, con la abundancia de su gracia. Es un sello, porque imprime en el alma un carácter indeleble que no se borra jamás —de ahí que, como advierte el Catecismo, recibirla por segunda vez sería un sacrilegio—. Y es una misión, porque ese carácter es el de soldado: el cristiano confirmado queda alistado en las filas de Cristo para defender y profesar su fe.
El sacramento de la confirmación, además, perfecciona lo recibido en el Bautismo. No nos da una fe distinta, sino que nos confirma en la fe y perfecciona las demás virtudes y los dones que ya teníamos. De este perfeccionar, de este confirmar, le viene el nombre mismo: Confirmación.
El Espíritu Santo en plenitud
Para entender la Confirmación hay que volver los ojos al día de Pentecostés. Los Apóstoles, encerrados y temerosos tras la Pasión, recibieron al Espíritu Santo bajo las lenguas de fuego y salieron transformados: predicaron sin miedo, y muchos de ellos sellaron con su sangre lo que antes apenas se atrevían a confesar. Eso mismo, en su medida, obra la Confirmación en cada alma.
La Sagrada Escritura nos muestra a los Apóstoles administrando ya este sacramento como cosa distinta del Bautismo. Cuando los samaritanos hubieron recibido el bautismo, los Apóstoles enviaron a Pedro y a Juan; estos, en llegando, hicieron oración por ellos para que recibiesen al Espíritu Santo, porque aún no había descendido sobre ninguno, sino que solamente estaban bautizados en el nombre del Señor Jesús; entonces les imponían las manos, y recibían al Espíritu Santo (cf. Hechos viii, 14-17, según la versión de Torres-Amat). El gesto de la imposición de manos, unido a la oración, comunica al Espíritu a los ya bautizados: he ahí, en germen, todo el sacramento de la Confirmación. Lo mismo hizo San Pablo en Éfeso, imponiendo las manos a los recién bautizados para que descendiese sobre ellos el Espíritu Santo (cf. Hechos xix, 5-6).
Los siete dones del Espíritu Santo
Con el Espíritu Santo vienen sus dones. El Catecismo enumera siete dones que se reciben en la Confirmación: la Sabiduría, el Entendimiento, el Consejo, la Fortaleza, la Ciencia, la Piedad y el Temor de Dios. No son adornos del alma, sino disposiciones permanentes que la hacen dócil a los impulsos del Espíritu y pronta a los actos de virtud necesarios para la vida cristiana.
- Sabiduría: eleva el espíritu por encima de las cosas frágiles y nos hace gustar y amar a Dios como nuestro soberano Bien.
- Entendimiento: nos facilita penetrar, en lo posible a un mortal, en los misterios de la fe que la sola razón no alcanza.
- Consejo: en las dudas de la vida, nos hace conocer lo que más conviene a la gloria de Dios y a nuestra salvación.
- Fortaleza: nos da energía y valor para cumplir la ley de Dios venciendo todo obstáculo y todo ataque del enemigo.
- Ciencia: nos enseña a apreciar rectamente las cosas creadas y a ordenarlas hacia su fin último, que es Dios.
- Piedad: nos lleva a venerar y amar a Dios y a los santos, y a tratar al prójimo con misericordia por amor de Dios.
- Temor de Dios: nos hace respetar a la divina Majestad y temer ofenderla, apartándonos del mal.
Si desea detenerse en cada uno de ellos, lo desarrollamos en nuestro artículo sobre los dones del Espíritu Santo. Y de la fidelidad a estos dones brotan luego los frutos del Espíritu Santo, señal de un alma que vive ya según el Espíritu.
Qué se recibe en la Confirmación: sus efectos
A la pregunta de qué se recibe en la Confirmación y cuáles son los efectos que produce, el Catecismo de San Pío X responde con orden. La Confirmación obra en el alma estos frutos:
- Nos da el Espíritu Santo en plenitud, con la abundancia de su gracia y de sus siete dones.
- Imprime un carácter indeleble, el sello de soldado de Cristo, que permanece para siempre y por el cual el sacramento no puede repetirse.
- Aumenta la gracia santificante recibida en el Bautismo, robusteciendo el alma en la vida sobrenatural.
- Nos confirma en la fe y perfecciona las demás virtudes, de modo que el cristiano profese y defienda lo que cree sin respetos humanos.
- Nos hace cristianos perfectos, esto es, soldados de Jesucristo, prontos a combatir por su nombre.
En una palabra: lo que se recibe es al mismo Espíritu Santo y la fortaleza para vivir y, si es preciso, morir por la fe. Estos son los efectos de la confirmación que la doctrina segura nos enseña.
Cuáles son los signos del sacramento de la Confirmación
El signo del sacramento de la Confirmación —su materia y su forma— es doble. Quien pregunta cuáles son los signos de la confirmación debe fijarse en estos elementos sensibles que la Iglesia emplea:
- La imposición de las manos del Obispo sobre los confirmandos, gesto heredado de los Apóstoles (cf. Hechos viii, 17).
- La unción con el santo Crisma hecha en la frente, en forma de cruz, acompañada de las palabras del Obispo.
Cada signo significa lo que obra: la imposición de manos, la venida del Espíritu; el óleo, la abundancia de gracia que robustece; el bálsamo, el buen olor de las virtudes; la cruz trazada en la frente, la profesión sin vergüenza del nombre cristiano. Lo desarrollamos a continuación.
Soldado de Cristo: el rito y sus signos
El sacramento tiene su materia y su forma. La materia, además de la imposición de las manos del Obispo, es la unción hecha en la frente del bautizado con el santo Crisma; por eso a la Confirmación se la llama también Unción. El santo Crisma es aceite de oliva mezclado con bálsamo y consagrado por el Obispo el Jueves Santo. Cada elemento habla: el aceite, que penetra y robustece, significa la abundancia de gracia que se derrama para confirmarnos en la fe; el bálsamo, oloroso y preservador de la corrupción, significa que el cristiano fortalecido debe difundir el buen olor de las virtudes y guardarse de la corrupción de los vicios.
La forma son las palabras que pronuncia el Obispo: Te signo con la señal de la Cruz y te confirmo con el Crisma de la salvación, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Así sea. Eso es lo que se dice en la Confirmación: el ministro signa, unge y confirma invocando a la Santísima Trinidad. El ministro ordinario es solamente el Obispo, sucesor de los Apóstoles que en Samaria impusieron las manos.
Quién es el ministro de la Confirmación
A la pregunta de quién administra el sacramento de la Confirmación, la respuesta tradicional es clara: el ministro ordinario de la Confirmación es el Obispo, y solo él. La razón es que los Obispos son los sucesores de los Apóstoles, y fueron los Apóstoles —Pedro y Juan enviados a Samaria— quienes en la Escritura imponen las manos para comunicar el Espíritu Santo a los ya bautizados.
Por concesión de la Santa Sede, un simple sacerdote puede en ciertos casos administrar válidamente la Confirmación como ministro extraordinario; pero la regla y el signo propio del sacramento es la mano del Obispo. Por eso, ordinariamente, la Confirmación se administra cuando el Obispo visita la parroquia o en la catedral.
Especialmente elocuentes son dos gestos del rito tradicional. La unción se hace en la frente —donde se asoman el temor y la vergüenza— para que el confirmado entienda que nunca debe avergonzarse del nombre cristiano ni temer a los enemigos de la fe. Y el Obispo da al confirmado una leve bofetada en la mejilla, diciéndole La paz sea contigo: pequeño golpe que le recuerda que ha de estar dispuesto a sufrir toda afrenta y pena por la fe de Jesucristo. Así queda armado el soldado de Cristo, no para herir, sino para resistir y confesar.
Cómo recibirla y conservar su gracia
¿Deben todos procurar recibir este sacramento? Sí: cada uno debe procurarlo para sí y para quienes de él dependen. La edad conveniente, enseña el Catecismo, ronda los siete años, cuando comienzan las tentaciones y el niño ya puede conocer y recordar la gracia recibida —la misma edad de razón en que se prepara la primera comunión—. Para recibirla dignamente se requiere estar en estado de gracia, conocer los principales misterios de nuestra santa fe y acercarse con respeto y devoción. Conviene, además, repasar antes el Credo, pues el confirmando se compromete a profesar y defender esa fe.
La Confirmación, como el Bautismo, no se repite: imprime carácter para siempre. Lo que sí debemos hacer es no dejar dormido tan gran don. Para conservar su gracia, el cristiano ha de orar con frecuencia, hacer buenas obras y vivir según la ley de Jesucristo, sin respetos humanos. Cultivar la vida de oración —con las oraciones católicas de siempre— y conocer al Don increado que habita en nosotros, el Espíritu Santo, es el modo de mantener viva la llama recibida.
Oraciones para la Confirmación
Muchos buscan oraciones para la Confirmación —para el confirmando, para los padrinos o para imprimir y rezar en familia los días previos—. Recogemos aquí dos de las más tradicionales, breves y aptas para memorizar.
Ven, Espíritu Santo (la antífona de Pentecostés, oración propia de este sacramento):
Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor.
V. Envía, Señor, tu Espíritu, y todo será creado.
R. Y renovarás la faz de la tierra.
Oremos. ¡Oh Dios!, que iluminaste los corazones de tus hijos con la luz del Espíritu Santo: concédenos que, guiados por el mismo Espíritu, gustemos siempre el bien y gocemos de su consuelo. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
Oración del confirmando antes de recibir el sacramento:
Espíritu Santo, Dios de amor, ven a mi alma. Sella en mí el carácter de soldado de Cristo, concédeme tus siete dones y dame la fortaleza para confesar mi fe sin avergonzarme jamás de ella. Que viva y muera como hijo fiel de la Santa Iglesia. Amén.
Para tenerlas a mano y poder rezarlas o imprimirlas, encontrará estas y muchas otras en nuestra colección de oraciones católicas, y de modo particular las dirigidas al Espíritu Santo.
La Confirmación explicada para niños
Para una explicación de la Confirmación para niños, conviene reducirla a imágenes sencillas y verdaderas. Puede decirse así:
En el Bautismo, Dios nos hizo sus hijos y nos dio una pequeña llama de fe. En la Confirmación, esa llama se hace fuego: el Espíritu Santo viene a nuestra alma con todos sus regalos —los siete dones— y nos convierte en soldados de Jesús. El Obispo nos pone la mano sobre la cabeza, nos hace una cruz en la frente con un aceite santo llamado Crisma, y nos da un golpecito suave en la mejilla. Ese golpecito quiere decir: «sé valiente, no tengas miedo de decir que eres cristiano, aunque cueste». Desde ese día, Jesús cuenta con nosotros para defender y querer su fe.
Conviene que el niño, antes de recibirla, sepa de memoria el Credo y conozca los principales misterios de la fe, como pide el catecismo.
El orden con la Comunión y la fuente doctrinal
Una duda frecuente es qué es primero, la Comunión o la Confirmación. En la disciplina latina tradicional, los niños suelen hacer primero la primera comunión hacia los siete años y reciben la Confirmación algo después; pero, como recordamos arriba, el orden ha variado según las épocas y no afecta a la validez ni a los efectos del sacramento. Lo esencial es recibir ambos en estado de gracia y bien preparados.
En cuanto a la pregunta de dónde está fijada la doctrina de la Confirmación —algunos la buscan por la referencia del Denzinger o de los catecismos—, baste decir que la enseñanza segura aquí expuesta se apoya en la Sagrada Escritura (Hechos viii y xix), en la definición del Concilio de Trento sobre los sacramentos y en el Catecismo de San Pío X, que la resume con claridad para todos. No es una doctrina opinable: la Confirmación es un sacramento verdadero, instituido por Cristo, uno de los siete.
Preguntas Frecuentes
¿Qué es la confirmación?
La Confirmación es uno de los siete sacramentos. Por él recibimos al Espíritu Santo en plenitud, queda impreso en el alma el carácter indeleble de soldado de Cristo y se nos hace cristianos perfectos, confirmados en la fe recibida en el Bautismo, según enseña el Catecismo de San Pío X.
¿Cuáles son los dones del Espíritu Santo que se reciben en la Confirmación?
Son siete: Sabiduría, Entendimiento, Consejo, Fortaleza, Ciencia, Piedad y Temor de Dios. Confirman al alma en la fe, la esperanza y la caridad, y la disponen a los actos de virtud propios de la vida cristiana.
¿Qué es el santo Crisma?
El santo Crisma es aceite de oliva mezclado con bálsamo y consagrado por el Obispo el Jueves Santo. Con él se unge la frente del confirmado: el aceite significa la abundancia de la gracia, y el bálsamo, el buen olor de las virtudes y la preservación de la corrupción del pecado.
¿Quién puede administrar el sacramento de la Confirmación?
El ministro ordinario de la Confirmación es solamente el Obispo, sucesor de los Apóstoles, que extiende las manos sobre los confirmandos, los unge con el santo Crisma y los bendice solemnemente.
¿Por qué se dice que el confirmado es soldado de Cristo?
Porque la Confirmación lo alista para defender y profesar públicamente la fe. La unción en la frente le recuerda que no debe avergonzarse de ser cristiano, y la leve bofetada que recibe del Obispo, que ha de estar dispuesto a sufrir toda afrenta por la fe de Jesucristo.
¿Qué diferencia hay entre el Bautismo y la Confirmación?
El Bautismo nos hace hijos de Dios y borra el pecado original, dándonos la gracia y el Espíritu Santo de manera incipiente. La Confirmación no repite eso, sino que lo perfecciona: nos da el mismo Espíritu en plenitud, nos confirma en la fe y nos arma como soldados de Cristo. Uno nos hace cristianos; el otro nos hace cristianos perfectos.
¿Qué es primero, la Comunión o la Confirmación?
En la práctica tradicional latina, los niños suelen hacer primero la primera comunión y reciben después la Confirmación; pero el orden ha variado según las épocas y los lugares. Lo esencial no es la sucesión, sino que ambos sacramentos se reciban en estado de gracia y bien preparados, pues el orden no afecta a su validez.
¿Se puede recibir la Confirmación más de una vez?
No. Como el Bautismo y el Orden, la Confirmación imprime en el alma un carácter indeleble que no se borra. Por eso solo se recibe una vez; recibirla de nuevo sería un sacrilegio.
¿Qué se recibe en la Confirmación?
Se recibe al Espíritu Santo en plenitud, con sus siete dones, y queda impreso en el alma el carácter indeleble de soldado de Cristo. Además, aumenta la gracia santificante y el alma queda confirmada en la fe y perfeccionada en las virtudes.
¿Cuáles son los efectos que produce la Confirmación?
Cinco principalmente: nos da el Espíritu Santo, imprime el carácter de soldado de Cristo, aumenta la gracia, nos confirma en la fe perfeccionando las virtudes y nos hace cristianos perfectos, dispuestos a profesar y defender la fe sin respetos humanos.
¿Cuáles son los signos del sacramento de la Confirmación?
El doble signo es la imposición de las manos del Obispo y la unción de la frente con el santo Crisma en forma de cruz, junto con las palabras sacramentales. El óleo significa la abundancia de gracia; el bálsamo, el buen olor de las virtudes.
¿Qué se dice en la Confirmación?
El Obispo pronuncia: «Te signo con la señal de la Cruz y te confirmo con el Crisma de la salvación, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Así sea.» Luego da la paz al confirmado con una leve bofetada en la mejilla.
¿Hay oraciones para la Confirmación que se puedan imprimir?
Sí. Las más propias son la antífona Ven, Espíritu Santo con su oración, y una breve súplica del confirmando pidiendo los siete dones. Las recogemos arriba y en nuestra colección de oraciones católicas, aptas para rezar e imprimir.
¿Cómo explicar la Confirmación a los niños?
Puede decirse que en el Bautismo Dios encendió una pequeña llama de fe y que en la Confirmación esa llama se hace fuego: el Espíritu Santo viene con sus siete dones y nos hace soldados de Jesús. El Obispo unge la frente con el santo Crisma y da un golpecito en la mejilla para recordar que hay que ser valientes y no avergonzarse de la fe.
¿La Confirmación es un sacramento?
Sí. La Confirmación es uno de los siete sacramentos verdaderos, instituido por Nuestro Señor Jesucristo y confirmado por la práctica de los Apóstoles en la Escritura, según define el Concilio de Trento y enseña el Catecismo de San Pío X.
La app Iter Fidei trae el catecismo, las oraciones y los salmos, en latín y español, con audio. Descárgala aquí.
Fuentes. Catecismo de San Pío X, Parte cuarta, capítulo 3 (La Confirmación) y Parte quinta, capítulo 2 (Los dones del Espíritu Santo); Sagrada Biblia, versión de Félix Torres-Amat, Hechos de los Apóstoles viii, 14-17 y xix, 5-6.