Novenas
Novena a la Virgen de los Dolores
El texto completo de la novena a Nuestra Señora de los Dolores, con la oración diaria, los nueve días sobre los siete dolores, la historia de la devoción y cómo rezarla del 6 al 15 de septiembre.

Junto a la cruz, de pie, estaba su Madre. La novena a la Virgen de los Dolores es la súplica de nueve días con que la piedad católica acompaña a María en sus siete dolores para alcanzar, por su intercesión, la fortaleza en el sufrimiento, la conversión del corazón y las gracias que necesitamos en las causas más difíciles. Se reza tradicionalmente del 6 al 15 de septiembre, preparando la fiesta de Nuestra Señora de los Dolores (15 de septiembre), aunque puede rezarse en cualquier tiempo del año, y con especial fruto en Cuaresma y ante una prueba grande.
Aquí encontrarás el texto íntegro de la novena, la historia de la devoción, las variantes más buscadas y las respuestas a las preguntas más frecuentes. Si es la primera vez que rezas una devoción de nueve días, puede ayudarte leer antes qué es una novena.
La oración para todos los días
Esta oración se reza al comenzar cada uno de los nueve días, antes de la meditación propia del día:
Oh Virgen, la más dolorosa del mundo después de tu Hijo, a cuyos dolores estuviste perpetuamente asociada: te ruego que me alcances fortaleza para sufrir por mis pecados, como tú sufriste por los nuestros, a fin de que, crucificando mis pasiones y concupiscencias en la Cruz de Cristo, llevando la cruz de mi deber por el camino de mi vida, caminando en pos de mi Señor y perseverando constantemente a tu lado, oh Madre mía, al pie de la Cruz de tu Hijo, viva siempre y muera contigo, redimido y santificado por la Sangre preciosísima de nuestro Redentor. Amén.
Después se dice la oración del día, y se concluye con un Padre nuestro, un Ave María y un Gloria, ofrecidos por la intención que se pide.
El texto completo de la novena, día por día
Primer día — Espíritu de penitencia
Consideremos que la Madre inocentísima quiso participar de los dolores de su Hijo por nuestros pecados. Pidamos un corazón contrito.
Oh Virgen Dolorosa, siendo tú árbol florido y fructuoso fuiste tan afligida, y yo, árbol seco e inútil, quiero vivir regalado y me impaciento ante toda molestia y adversidad. Alcánzame verdadero espíritu de penitencia, para que llore mis culpas y abrace la mortificación que tú abrazaste inocente.
(Padre nuestro, Ave María y Gloria.)
Segundo día — La profecía de Simeón
«Una espada traspasará tu propia alma» (Lc 2, 35). En la Presentación, el anciano Simeón anuncia a María las contradicciones que el mundo levantaría contra su Hijo.
Oh Virgen Dolorosa, por el dolor que sufriste cuando el anciano Simeón te profetizó las contradicciones con que el mundo había de perseguir a tu Hijo, alcánzame la gracia de despreciar el respeto humano y de confesar a Cristo sin temor delante de los hombres.
(Padre nuestro, Ave María y Gloria.)
Tercer día — La huida a Egipto
«Levántate, toma al Niño y a su Madre y huye a Egipto» (Mt 2, 13). La ambición y la soberbia de Herodes obligan a la Sagrada Familia al destierro.
Oh Virgen Dolorosa, por el dolor que tuviste cuando el soberbio y ambicioso Herodes quiso dar muerte a tu Hijo, que venía a darnos vida, líbrame de la ambición y de la soberbia y hazme amar la humildad y la pobreza de espíritu.
(Padre nuestro, Ave María y Gloria.)
Cuarto día — La pérdida del Niño en el Templo
«Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Tu padre y yo, angustiados, te buscábamos» (Lc 2, 48). Tres días buscó María a Jesús con el corazón traspasado.
Oh Virgen Dolorosa, por el dolor que sufriste cuando perdiste a tu Hijo en Jerusalén y estuviste tres días buscándole, concédeme que jamás pierda a Jesús por el pecado, y que si le pierdo, lo busque sin descanso hasta hallarle en la confesión y en la gracia.
(Padre nuestro, Ave María y Gloria.)
Quinto día — El encuentro en la calle de la Amargura
En la subida al Calvario, la Madre sale al encuentro de su Hijo cargado con la cruz, y sus miradas se cruzan en un mar de dolor.
Oh Virgen Dolorosa, por el dolor que tuviste cuando por la calle de la Amargura acompañaste a tu Hijo hasta el Calvario, dame paciencia para llevar la cruz de cada día en pos de Jesús, sin quejarme y sin desfallecer.
(Padre nuestro, Ave María y Gloria.)
Sexto día — La crucifixión y muerte del Señor
«Junto a la cruz de Jesús estaba su Madre» (Jn 19, 25). Allí, de pie, María corredimió con Cristo, ofreciendo al Padre a su Hijo por nuestra salvación.
Oh Virgen Dolorosa, por el dolor que tuviste cuando viste a Jesús clavado en la cruz, concédeme que yo me aproveche de los frutos de su pasión, y que muera al pecado para vivir solamente para Dios.
(Padre nuestro, Ave María y Gloria.)
Séptimo día — El descendimiento de la cruz
José de Arimatea baja el cuerpo del Señor, y la Madre lo recibe en sus brazos: es la imagen de la Piedad, el regazo donde reposa el Redentor muerto.
Oh Virgen Dolorosa, por el dolor que sufriste al recibir a tu Hijo muerto y bajado de la cruz, te suplico me alcances el perdón de mis culpas y la gracia de reposar siempre en tu Corazón maternal.
(Padre nuestro, Ave María y Gloria.)
Octavo día — La sepultura del Señor
María acompaña a su Hijo hasta el sepulcro y lo deja allí, envuelto en la sábana santa, aguardando en la fe la mañana de la resurrección.
Oh Virgen Dolorosa, por el dolor con que acompañaste a tu Hijo a la sepultura y allí le dejaste sepultado, concédeme morir con los auxilios de la santa religión, en tu compañía y en la de tu Hijo.
(Padre nuestro, Ave María y Gloria.)
Noveno día — La gloria de la Madre Dolorosa
Quien participa de los dolores de María participa también de su gloria. Reina de los mártires, la Dolorosa es coronada en el cielo por su compasión con Cristo.
Oh Virgen Dolorosa, concédeme que, así como tú, por tus dolores, recibes gran gloria en el cielo y triunfas allí como Reina gloriosa de los mártires, también yo, unido a tus penas en esta vida, merezca acompañarte en la bienaventuranza eterna.
(Padre nuestro, Ave María y Gloria.)
Oración final (para todos los días)
Acordaos, oh piadosísima Virgen de los Dolores, que cuando estés en la presencia del Señor hables en favor nuestro y apartes de nosotros los azotes de su justicia. Por los méritos de tu Hijo y por los siete dolores que traspasaron tu Corazón, alcánzanos la gracia que humildemente te pedimos [dígase la intención], y sobre todo la gracia de la perseverancia final. Amén.
Es tradición concluir con siete Avemarías, una por cada dolor de María, y con la jaculatoria: Dulce Corazón de María, sé la salvación mía.
Las variantes más buscadas de esta novena
Novena a la Virgen de los Dolores para una causa difícil o imposible. La Dolorosa es abogada de los desesperados, porque nadie sufrió tanto como ella y ninguno alcanzó mayor gracia. Rézala tal como está arriba, presentando en la oración final tu causa concreta; a la Virgen que estuvo firme junto a la cruz nada le es imposible por la intercesión ante su Hijo. Puedes acompañarla con la oración para casos difíciles.
Novena a la Virgen Dolorosa por una intención concreta. Ya sea la paz en el hogar, la conversión de un ser querido, la salud de un enfermo o el trabajo honrado, nombra tu petición en la oración final de cada día. La Iglesia nos enseña a pedir siempre según la voluntad de Dios y para el bien de las almas, nunca como un conjuro ni por medios ajenos a la fe.
Versión corta de la novena. Si dispones de poco tiempo, reza cada día únicamente la oración inicial «Oh Virgen, la más dolorosa…», la meditación breve del día y las siete Avemarías de los siete dolores. Es la forma abreviada más fiel a la tradición.
Novena a la Virgen de los Dolores en PDF y para imprimir. El texto completo de esta página puede imprimirse directamente desde tu navegador para llevarlo a mano durante los nueve días. En la aplicación Iter Fidei lo tienes siempre disponible sin conexión, con la oración de cada día lista para rezar.
Cómo se reza esta novena
Una novena son nueve días seguidos de oración. Para preparar la fiesta del 15 de septiembre, la novena se comienza el 6 de septiembre y se concluye el día 14, o bien se reza del 7 al 15 para terminar el mismo día de la fiesta. Fuera de esa fecha puede rezarse en cualquier tiempo, contando simplemente nueve días desde el que la comiences.
Cada día se guarda el mismo orden: la señal de la cruz, la oración inicial para todos los días, la meditación y oración propias de la jornada, el Padre nuestro, el Ave María y el Gloria, la oración final con la intención que se pide y las siete Avemarías. Conviene rezarla ante una imagen de la Dolorosa o de la Piedad, y si es posible unirla a la confesión y a la Comunión el día de la fiesta, para participar de la indulgencia que la Iglesia concede a estas devociones. Muchos fieles rezan además, a lo largo de la novena, los misterios dolorosos del Rosario o el Vía Crucis, tan hermanados con los dolores de María.
La historia de la devoción a los Dolores de María
La Iglesia de Occidente conmemora dos veces al año los dolores de la Santísima Virgen: el viernes de la semana de Pasión y el 15 de septiembre. La primera fiesta es la más antigua: nació en Colonia y otros lugares durante el siglo XV, con el nombre de Conmemoración de la angustia y el dolor de la Bienaventurada Virgen María, y miraba de modo particular al padecimiento de nuestra Señora durante la pasión de su divino Hijo. Cuando en 1727 se extendió a toda la Iglesia latina bajo el título de los Siete Dolores, se conservó la referencia original de la Misa y el Oficio a la crucifixión; por eso en algunos calendarios, como el benedictino y el dominico, sigue llamándose la Compasión de nuestra Señora.
En la Edad Media había una devoción popular a los cinco gozos de María, pronto completada por otra en honor de cinco de sus dolores en la Pasión. Más tarde se fijaron en siete y se extendieron, desde el Calvario, a toda su vida. Los frailes Servitas, que desde su origen tuvieron singular devoción a los padecimientos de María, obtuvieron en 1668 una fiesta para el tercer domingo de septiembre en que se conmemorasen estos Siete Dolores, fiesta extendida a toda la Iglesia latina en 1814.
Durante mucho tiempo hubo varias maneras de enumerar estos misterios, hasta que el Oficio litúrgico los fijó definitivamente en siete: (i) la profecía de Simeón; (ii) la huida a Egipto; (iii) la pérdida del Niño Jesús en el Templo durante tres días; (iv) el encuentro con Jesús camino del Calvario; (v) la crucifixión y muerte del Señor; (vi) el descendimiento de la cruz, cuando la Madre recibió en sus brazos el cuerpo de su Hijo; y (vii) la sepultura. Bajo estos siete dolores veneramos siempre a la misma Madre; las advocaciones de la Virgen de la Soledad, de la Virgen de las Angustias y de la Dolorosa contemplan cada una un momento de esa misma pasión compartida. Puedes conocer mejor esta advocación en Nuestra Señora de los Dolores y renovar por ella tu consagración a María.
Preguntas Frecuentes
¿Cuándo se reza la novena a la Virgen de los Dolores?
Se reza tradicionalmente en los nueve días que preparan su fiesta: del 6 al 14 de septiembre para llegar al 15, o del 7 al 15 para concluir el mismo día. También puede rezarse en cualquier momento del año, especialmente en Cuaresma o ante una necesidad grave, contando nueve días seguidos desde el que se comience.
¿Qué se pide en esta novena?
Se pide sobre todo la gracia de acompañar a María en el sufrimiento, la conversión del corazón y la perseverancia final. Junto a ello puede pedirse cualquier necesidad legítima —la paz en la familia, la salud de un enfermo, el trabajo honrado, la reconciliación— presentándola siempre según la voluntad de Dios, nunca como un conjuro ni por caminos ajenos a la fe católica.
¿Es lo mismo la Virgen de los Dolores que la Virgen de la Soledad y la de las Angustias?
Sí, es la misma Santísima Virgen bajo distintas advocaciones de su pasión. La Soledad contempla a María sola tras la sepultura del Señor; las Angustias, a la Madre que recibe en su regazo el cuerpo de su Hijo bajado de la cruz (la Piedad); y los Dolores, el conjunto de sus siete penas. Esta misma novena sirve para cualquiera de ellas.
¿Quién es San Gabriel de la Dolorosa?
San Gabriel de la Dolorosa (Gabriel Possenti) fue un joven religioso pasionista, canonizado en 1920, célebre por su tierna devoción a los Dolores de María, de quien tomó su nombre religioso. Su novena es propia de él como santo; la que aquí ofrecemos está dirigida a la Santísima Virgen bajo su título de los Dolores.
¿Cuáles son los siete dolores de la Virgen María?
Son: la profecía de Simeón, la huida a Egipto, la pérdida del Niño Jesús en el Templo, el encuentro con Jesús camino del Calvario, la crucifixión y muerte del Señor, el descendimiento de la cruz y la sepultura. Cada uno se medita en un día de esta novena y se honra con un Ave María.
¿Cómo se reza la versión corta de la novena?
Basta rezar cada día la oración inicial «Oh Virgen, la más dolorosa…», la meditación breve de la jornada y las siete Avemarías de los siete dolores, con la intención que se pide. Es la forma abreviada más tradicional cuando no hay tiempo para el texto completo.
¿Puedo rezarla por una causa que parece imposible?
Sí. La Dolorosa es especial abogada de los afligidos y desesperados, porque ella misma bebió hasta el fondo el cáliz del dolor y por él alcanzó suma gracia. Preséntale tu causa con confianza en la oración final de cada día y encomiéndala también a la oración para casos difíciles.
En Iter Fidei encontrarás esta novena y las oraciones de la tradición católica —la del rito de 1962— siempre a mano, incluso sin conexión, para acompañar a la Madre Dolorosa cada día. Descárgala aquí.
Fuentes. Sagrada Biblia, traducción de Félix Torres Amat sobre la Vulgata (Evangelios según San Lucas, San Mateo y San Juan); Butler's Lives of the Saints, «The Seven Sorrows of the Blessed Virgin Mary» (15 de septiembre); Misal y Breviario Romano de 1962, fiesta de los Siete Dolores de la Bienaventurada Virgen María; devocionarios tradicionales aprobados y oraciones de la Raccolta.