Novenas
Novena a las Almas del Purgatorio
El texto completo de la novena tradicional por las benditas almas del Purgatorio: la oración para cada día y los nueve días con sus oraciones propias, cómo rezarla y cuándo comenzarla.

La novena a las benditas almas del Purgatorio es una de las devociones más antiguas y caritativas de la Iglesia: nueve días de oración para pedir a Dios que abrevie las penas de nuestros difuntos y los lleve pronto a la gloria del Cielo. Se reza por el alma de un ser querido que ha partido, por nuestros padres y parientes difuntos, o para alcanzar un favor por intercesión de estas almas agradecidas. Tradicionalmente se comienza el 24 de octubre para terminar el 1 de noviembre, en vísperas de la Conmemoración de los Fieles Difuntos (2 de noviembre), aunque puede rezarse en cualquier tiempo del año.
Si nunca has hecho una novena, quizá te ayude leer primero qué es una novena y por qué la Iglesia ora durante nueve días seguidos.
El texto completo de la novena a las almas del Purgatorio
Esta es la forma tradicional de la novena: cada día se reza primero la oración para todos los días, luego la oración propia del día, y se concluye con la oración final. A ello se añade, cada jornada, un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria.
Oración para todos los días
Padre misericordioso, en unión con la Iglesia Triunfante en el Cielo, te suplico tengas piedad de las almas del Purgatorio. Recuerda tu amor por ellas y favorécelas por los infinitos méritos de tu amado Hijo. Dígnate librarles de penas y dolores para que pronto gocen de la felicidad eterna del Cielo. Dios, Padre celestial, te doy gracias por el don de perseverancia que concediste a las almas de los fieles difuntos.
Amable Salvador Jesucristo, te pido que por tu misericordia oigas mi oración y liberes las almas del Purgatorio (en particular N…). Llévalas del Purgatorio a la luz y libertad de los hijos de Dios en el Reino de tu gloria. Amable Salvador, te doy gracias por haber redimido las pobres almas con tu preciosísima Sangre, salvándolas de la muerte eterna del infierno.
Dios Espíritu Santo, enciende en mí el fuego de tu divino amor. Aviva mi fe y confianza, acepta benignamente las oraciones que te ofrezco por las almas que sufren en el Purgatorio. Quiero aplicar los méritos de esta novena en favor de toda la Iglesia Sufriente y en especial por mis difuntos familiares, bienhechores y amigos. Atiende mi plegaria para que puedan alcanzar el Reino de tu gloria.
Dios Espíritu Santo, te doy gracias por todos los beneficios con que has santificado, fortalecido y aliviado a estas benditas almas, y en especial por consolarlas en los actuales sufrimientos con la certeza de la felicidad eterna. Amén.
Día primero
Señor mío Jesucristo, que quieres que tengamos suma delicadeza de conciencia y santidad perfecta: te rogamos nos la concedas a nosotros. Y a los que por no haberla tenido se están purificando en el Purgatorio, te dignes aplicar nuestras oraciones y llevar pronto las almas que padecen aquellas penas al Cielo; te lo pedimos por la intercesión de tu Madre purísima y de San José.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
Que las almas de los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz. Amén.
Día segundo
Señor mío Jesucristo, que eres cabeza de todos tus fieles cristianos que en ti nos unimos como miembros de un mismo cuerpo, que es la Iglesia: te suplicamos nos unas más y más contigo, y que nuestras oraciones y los méritos de nuestras buenas obras aprovechen a las ánimas de nuestros hermanos del Purgatorio, para que lleguen pronto a unirse a sus hermanos del Cielo.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
Que las almas de los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz. Amén.
Día tercero
Señor mío Jesucristo, que a los que pecan castigas con justicia en esta vida o en la otra: concédenos la gracia de nunca pecar; y ten misericordia de los que, habiendo pecado, no pudieron por falta de tiempo, o no quisieron por falta de voluntad, purificarse y reparar en esta vida, y están padeciendo ahora sus penas en el Purgatorio; a ellos llévalos pronto a la felicidad eterna en el Cielo.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
Que las almas de los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz. Amén.
Día cuarto
Señor mío Jesucristo, que exiges la penitencia aun de los pecados veniales en este mundo o en el otro: danos temor santo de los pecados veniales; y a los que, por haberlos cometido, están ahora por tu infinita misericordia purificándose en el Purgatorio, líbralos de sus penas, llevándolos a la gloria eterna.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
Que las almas de los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz. Amén.
Día quinto
Señor mío Jesucristo, que a los que no se preocuparon por ser fieles a Dios en esta vida, que no repararon por culpa propia sus faltas, o no tuvieron bastante caridad con los demás, castigas en la otra con la penitencia que aquí no hicieron: concédenos las virtudes de la mortificación y de la perseverancia, y acepta misericordioso nuestra caridad y oraciones, para que las almas del Purgatorio lleguen pronto a su descanso eterno en el Cielo.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
Que las almas de los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz. Amén.
Día sexto
Señor mío Jesucristo, que quisiste que honrásemos a nuestros padres y parientes: te rogamos por todas las ánimas del Purgatorio, pero especialmente por los padres, parientes y amigos de cuantos hacemos esta novena, para que logren la gloria eterna.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
Que las almas de los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz. Amén.
Día séptimo
Señor mío Jesucristo, que a los que no se preparan a tiempo para la muerte, recibiendo bien los últimos sacramentos y purificándose de los residuos de la mala vida pasada, los purificas en el Purgatorio con terribles tormentos: te suplicamos, Señor, les concedas a todos ellos la gloria, y a nosotros recibir bien los últimos sacramentos.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
Que las almas de los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz. Amén.
Día octavo
Señor mío Jesucristo, que a los que vivieron en este mundo demasiado aficionados a los bienes terrenales y olvidados de la vida eterna los retienes apartados del premio del Cielo, para que se purifiquen de su negligencia en desearlo: calma, Señor misericordioso, sus ansias y colma sus deseos, para que gocen pronto de tu presencia; y a nosotros concédenos amar de tal manera los bienes celestiales, que no deseemos desordenadamente los terrenos.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
Que las almas de los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz. Amén.
Día noveno
Señor mío Jesucristo, cuyos méritos son infinitos y cuya bondad es inmensa: mira propicio a tus hijos que gimen en el Purgatorio anhelando la hora de ver tu faz, de recibir tu abrazo, de descansar a tu lado; mirándolos, compadécete de sus penas y perdona lo que les falta para pagar por sus culpas. Nosotros te ofrecemos nuestras obras y oraciones, y haz que pronto salgan del Purgatorio y reciban de tus manos la liberación de las penas y la gloria eterna.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
Que las almas de los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz. Amén.
Oración final para todos los días
Oh María, Madre de misericordia: acuérdate de los hijos que tienes en el Purgatorio y, presentando nuestros sufragios y tus méritos a tu Hijo, intercede para que les perdone sus deudas y los saque del Purgatorio a la admirable luz de su gloria, donde gocen de tu vista dulcísima y de la de tu Hijo bendito. Oh glorioso Patriarca San José, intercede juntamente con tu Esposa ante tu Hijo por las almas del Purgatorio.
Oremos. Oh Dios, nuestro Creador y Redentor: con tu poder venció Cristo la muerte y volvió a Ti glorioso. Concede que todos tus hijos que nos han precedido en la fe (especialmente N…) participen de su victoria y gocen para siempre de la visión de tu gloria, donde Cristo vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
V. Dales, Señor, el descanso eterno.
R. Y brille para ellos la luz perpetua.
V. Descansen en paz.
R. Así sea.
Variantes de la novena que quizá buscas
Una misma novena se busca de muchas maneras. Aquí reunimos las peticiones más frecuentes, siempre dentro de la fe católica.
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Novena a las almas del Purgatorio para pedir un favor. Es una devoción antiquísima que estas almas, ya seguras de su salvación y llenas de gratitud, interceden con gran eficacia por quien las socorre. No se trata de un conjuro ni de una fórmula mágica: rezamos la misma novena, aliviamos a las almas con nuestros sufragios y, con confianza filial, presentamos a Dios nuestra necesidad legítima (la salud de un enfermo, la paz en el hogar, un trabajo honrado, la conversión de un ser querido). Se pide un favor, pero primero se hace la caridad de orar por ellas.
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Novena tradicional en sufragio de las benditas almas. El texto que ofrecemos arriba es la forma tradicional, centrada en el sufragio: es decir, en ofrecer a Dios oraciones, la Santa Misa, indulgencias y buenas obras en descargo de las penas de los difuntos. Para conocer mejor esta idea, puedes leer sobre la indulgencia plenaria, que la Iglesia concede aplicable a los difuntos.
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Novena por los fieles difuntos. Es la misma devoción bajo el nombre litúrgico de la fiesta del 2 de noviembre. Conviene unirla a las demás oraciones por los difuntos y, si es posible, al santo rosario por los difuntos.
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Novena completa en PDF o para imprimir. Muchos buscan un texto en PDF gratis para rezarla en familia. El texto íntegro está más arriba y puede copiarse o imprimirse libremente; también lo llevas contigo en la aplicación Iter Fidei, con la oración de cada día ya preparada.
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Versión corta. Si dispones de poco tiempo, basta con rezar la oración para todos los días, la oración propia del día con su Padre Nuestro, Ave María y Gloria, y el versículo «Dales, Señor, el descanso eterno». Es breve, pero conserva lo esencial del sufragio.
Cómo se reza esta novena
Cuándo empezarla. La costumbre tradicional es comenzarla el 24 de octubre para concluirla el 1 de noviembre, solemnidad de Todos los Santos, y entrar así en la Conmemoración de los Fieles Difuntos del 2 de noviembre. Pero puede iniciarse en cualquier fecha: en el aniversario de un difunto, en los días que siguen a un fallecimiento, o durante todo el mes de noviembre, que la Iglesia dedica a las almas.
Los nueve días. Se reza durante nueve días consecutivos. Cada día: primero la oración para todos los días, luego la oración propia del día con su Padre Nuestro, Ave María y Gloria, y por fin la oración final. Es muy piadoso rezarla ante un crucifijo o una vela encendida, y ofrecer cada día un pequeño sacrificio (una limosna, un ayuno, una visita al Santísimo) en sufragio de las almas.
El mayor sufragio. Recuerda que el auxilio más poderoso para los difuntos es el Santo Sacrificio de la Misa. Cuando sea posible, manda ofrecer una Misa por ellos o comulga aplicándoles el fruto; ninguna oración privada iguala a la Sangre de Cristo ofrecida en el altar. A ello ayuda mucho ganar indulgencias aplicables a los fieles difuntos, sobre todo del 1 al 8 de noviembre.
La historia de esta devoción: la Iglesia que sufre
Desde los tiempos apostólicos, los cristianos han orado por sus muertos. Ya el Antiguo Testamento alaba a Judas Macabeo, que mandó ofrecer sacrificios por los caídos en batalla, «porque —dice la Escritura— es un pensamiento santo y saludable orar por los difuntos, para que sean librados de sus pecados» (2 Macabeos 12, 46). Sobre este fundamento la Iglesia enseña la existencia del Purgatorio: un estado de purificación en que las almas que murieron en gracia de Dios, pero sin haber satisfecho del todo por sus pecados, acaban de limpiarse antes de entrar en la gloria. Nada impuro puede ver a Dios; y esas almas, ya salvas y confirmadas en su amor, se purifican con la certeza gozosa de que un día contemplarán su rostro.
La fe distingue tres estados de la única Iglesia: la Iglesia Triunfante (los santos del Cielo), la Iglesia Militante (nosotros, que peleamos aún en la tierra) y la Iglesia Sufriente o Purgante (las almas del Purgatorio). Entre las tres corre la comunión de los santos: por eso nuestras oraciones y sacrificios pueden aliviar a los difuntos, y ellos, a su vez, ruegan por nosotros. Esta caridad hacia los muertos es una de las obras de misericordia más nobles del cristiano.
La devoción tiene raíces monásticas antiguas: fue san Odilón, abad de Cluny, quien hacia el año 998 instituyó en sus monasterios la conmemoración de todos los fieles difuntos el 2 de noviembre, costumbre que la Iglesia entera acabó por adoptar. A lo largo de los siglos, grandes santos alimentaron esta piedad. Santa Gertrudis la Grande (siglo XIII) recibió, según la tradición piadosa, la promesa de que muchas almas serían liberadas por sus oraciones; de ahí que a esta novena suela unirse su célebre plegaria: «Padre Eterno, yo te ofrezco la preciosísima Sangre de tu Divino Hijo Jesús, en unión con las Misas celebradas hoy por todo el mundo, por todas las benditas almas del Purgatorio…». Y a San José, patrono de la buena muerte, se le invoca con confianza como consolador de las almas, para que interceda por ellas junto con su Esposa, la Santísima Virgen. Bien vale acompañar esta novena con una oración a San José.
Preguntas Frecuentes
¿Cuál es la novena de las almas del Purgatorio?
Es la que has leído más arriba: una devoción de nueve días en la que cada jornada se reza la oración común, una oración propia del día y la oración final, ofreciendo todo en sufragio de los difuntos. Existe en su forma tradicional, centrada en aliviar las penas de las almas y presentarlas a la misericordia de Dios por los méritos de Cristo.
¿Cómo se reza la novena de las almas del Purgatorio?
Durante nueve días seguidos, en el orden siguiente: primero la oración para todos los días; después la oración propia del día, con un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria; y por último la oración final a la Virgen y a San José. Puede rezarse a solas o en familia, mejor ante un crucifijo o una vela.
¿Cómo hacer la novena a las benditas almas del Purgatorio para que sea fructuosa?
Conviene comenzar por una buena confesión, rezar cada día con fe y perseverancia, y unir a la oración algún sacrificio: una limosna, un ayuno, una visita al Santísimo. Sobre todo, procura que se ofrezca una Santa Misa por los difuntos y gana, si puedes, indulgencias aplicables a ellos: son el mayor alivio que podemos darles.
¿Cuándo inicia la novena para los fieles difuntos?
Tradicionalmente comienza el 24 de octubre y termina el 1 de noviembre, para desembocar en la Conmemoración de los Fieles Difuntos del 2 de noviembre. Sin embargo, puede iniciarse cualquier día del año, y es muy propia de todo el mes de noviembre, dedicado a las almas del Purgatorio.
¿Se puede rezar esta novena para pedir un favor?
Sí. La piedad católica confía en que las almas del Purgatorio, agradecidas por nuestros sufragios, interceden con gran eficacia ante Dios. Rézala aliviándolas de veras, y presenta con humildad tu petición legítima. No es un rito mágico ni una fórmula para forzar la voluntad de nadie: es oración cristiana, que Dios escucha según su sabiduría y para nuestro bien.
¿Qué diferencia hay entre orar por los difuntos y orar a las almas?
Ambas cosas son legítimas. Oramos por las almas del Purgatorio para que Dios abrevie su purificación; y les pedimos que rueguen por nosotros, como a todo intercesor. Lo que nunca hacemos es rendirles el culto que solo a Dios se debe. Puedes profundizar en las distintas oraciones a las ánimas del Purgatorio.
¿Por qué se reza especialmente en noviembre?
Porque la Iglesia abre el mes con la fiesta de Todos los Santos (1 de noviembre) y la Conmemoración de los Fieles Difuntos (2 de noviembre), y dedica todo noviembre a la memoria de los muertos. Además, del 1 al 8 de noviembre se conceden indulgencias particularmente favorables para las almas del Purgatorio.
En Iter Fidei llevas contigo esta novena y las oraciones tradicionales por los difuntos, con la oración de cada día lista para rezar y la campana que te recuerda tu propósito. Descárgala aquí.
Fuentes. Sagrada Escritura (2 Macabeos 12, 46; San Mateo 25, 34), Biblia de Félix Torres Amat; Concilio de Trento, Sesión XXV, Decreto sobre el Purgatorio (1563); Catecismo del Concilio de Trento (Catecismo Romano); devocionarios tradicionales y oraciones aprobadas por las almas del Purgatorio (oración de Santa Gertrudis la Grande).