Oraciones
Oración a Santa Lucía, Protectora de la Vista
La oración a Santa Lucía, virgen y mártir de Siracusa, protectora de la vista. Rezamos por nuestros ojos y por la luz del alma, y conocemos la vida de la santa cuyo nombre significa luz.

La oración a Santa Lucía lleva en sí misma una promesa de luz. Su nombre, Lucía, viene del latín lux, que quiere decir luz; y la Iglesia puso a esta virgen mártir de Siracusa como protectora de la vista, de los ojos del cuerpo y, más todavía, de los ojos del alma. Una oración a Santa Lucía no es solo una súplica por la salud física: pide que veamos bien, que la luz de Cristo no se apague en nosotros. Por eso, al rezar la oración a Santa Lucía para los ojos, muchos descubren que piden algo más hondo de lo que imaginaban.
Aquí ofrecemos el texto tradicional de la oración, su sentido, la vida de la mártir y las respuestas a las preguntas que muchos se hacen sobre su fiesta y su patrocinio.
Oración a Santa Lucía
Gloriosa Santa Lucía, virgen y mártir de Cristo,
que por amor a la luz verdadera diste tu sangre
y mereciste que tu nombre fuera para siempre nombre de claridad:
alcánzanos la gracia de ver con ojos limpios.Tú que eres protectora de la vista,
guarda nuestros ojos del cuerpo de toda dolencia y peligro,
y, sobre todo, sana los ojos del alma,
para que sepamos distinguir el bien del mal
y caminar siempre a la luz del Señor.Santa Lucía, esposa fiel del Cordero,
tú que en medio de las tinieblas de la persecución
no apartaste tu mirada de Cristo:
enséñanos a mirarlo a Él en todo,
y alcánzanos perseverar hasta contemplarlo cara a cara en el cielo.
Amén.
Pueden rezarla por la mañana al despertar, ofreciendo al Señor cuanto verán durante el día; ante una vela encendida, símbolo de la luz que ella confesó; o en familia el día de su fiesta. Es costumbre antigua coronar la oración con tres avemarías por la pureza, virtud que Lucía guardó hasta la muerte.
Qué significa esta oración
El corazón de esta devoción está en su nombre. Lucía es luz. Cuando pedimos a Santa Lucía por nuestros ojos, no separamos jamás la vista del cuerpo de la vista del alma, porque para la fe son dos modos de una misma cosa: la capacidad de recibir la luz.
El Señor lo dijo con palabras que parecen escritas para esta santa: "Antorcha de tu cuerpo son tus ojos. Si tu ojo fuere sencillo, ó estuviere limpio: todo tu cuerpo estará iluminado" (Mt 6, 22, según la versión de Torres Amat). El ojo limpio deja entrar la luz; el turbio la deja fuera. Por eso la oración pide ver con ojos limpios: que no haya en nuestra mirada doblez ni codicia, sino la sencillez del que busca a Dios en todo.
Y la oración pide la luz misma, que es Cristo. El salmista la confiesa con una certeza que ningún miedo quiebra: "El Señor es mi luz y mi salvación: ¿á quién he de temer yo?" (Sal 26, 1). Esa fue la fuerza de Lucía ante sus verdugos. La santa nos enseña que perder los ojos del cuerpo no es la mayor desgracia; la mayor es quedarse a oscuras por dentro, lejos de Dios. Quien aprende a rezar los salmos ensaya esta misma confianza, y quien recurre a las oraciones católicas de la tradición pide, con la Iglesia entera, la luz que no se apaga.
Quién fue Santa Lucía
Santa Lucía fue una joven cristiana de Siracusa, en Sicilia, mártir durante la gran persecución del emperador Diocleciano, hacia el año 304. Su culto se extendió tan pronto y tan lejos que su nombre, como el de Santa Cecilia, figura en el Canon de la Misa Romana. Su fiesta se celebra el 13 de diciembre.
Según la antigua Pasión que la Iglesia leyó durante siglos, Lucía pertenecía a una familia noble. Su madre, Eutiquia, padecía desde hacía años un flujo de sangre incurable. Lucía la llevó en peregrinación al sepulcro de Santa Águeda, en Catania, y allí, durante la oración, la madre quedó sanada. Conmovida por aquel favor del cielo, Lucía consagró su virginidad a Cristo y repartió entre los pobres la dote que le estaba destinada.
Pero un joven pagano, que la pretendía por esposa, al ver que sus bienes se iban a los pobres, la denunció como cristiana ante el juez Pascasio. Era tiempo de persecución. El magistrado le ordenó sacrificar a los ídolos; Lucía se negó. Quiso entonces arrastrarla a un lugar de infamia para mancillar su pureza, pero, cuenta la tradición, los soldados no lograron moverla del sitio: quedó firme como una roca, sostenida por la gracia. La amenazaron con el fuego, y las llamas no la tocaron. Finalmente la hirieron con la espada en la garganta. Lucía no murió enseguida: alcanzó a anunciar la paz de la Iglesia y el fin de la persecución, y solo entonces entregó su alma al Señor, fiel hasta el último aliento.
Una piadosa tradición posterior añade que Lucía sufrió tormento en los ojos, o que ella misma los ofreció antes que renunciar a su fe; por eso el arte cristiano la representa a menudo sosteniendo una bandeja con dos ojos. Sea cual fuere el origen exacto de esta imagen, su raíz es la misma luz que encierra su nombre, y de ahí brotó su patrocinio sobre la vista.
Por qué es protectora de la vista
Conviene decirlo con sencillez: Santa Lucía es protectora de la vista por la elocuencia de su nombre y por las tradiciones que rodearon su martirio. Lux, luz; Lucía, la portadora de luz. La piedad popular, que sabe leer estos signos, vio en ella de modo natural a la abogada de los ojos, y desde muy antiguo los enfermos de la vista acudieron a su intercesión.
Pero la Iglesia, al honrarla así, nunca quiso reducir su protección a lo corporal. Quien reza a Santa Lucía por sus ojos enfermos hace bien, y muchos han recibido consuelo. Y, a la vez, todos —enfermos y sanos— le pedimos lo principal: que no se nos nuble la mirada interior, que sepamos ver a Dios en la creación, en el prójimo, en cada día. Pedir buena vista sin pedir buena fe sería quedarse a medias.
Por eso conviene unir su oración a la de los demás santos: Santa Cecilia, virgen y mártir como ella; San Rafael Arcángel, que en la Escritura devuelve la vista al anciano Tobías y es invocado por los enfermos de los ojos; y la Virgen de Guadalupe, Madre y luz de América. Toda la familia de los santos católicos, a la que pertenecemos por el Bautismo, nos sostiene en la oración.
Oración corta a Santa Lucía
No siempre hace falta un texto largo. Para una jícara de tiempo —antes de salir de casa, al encender la luz, ante un examen de la vista— basta una jaculatoria breve, que se puede aprender de memoria y repetir a lo largo del día:
Santa Lucía, portadora de luz,
alumbra mis ojos del cuerpo y del alma,
para que vea siempre el camino del Señor.
Amén.
O bien, más sencilla todavía: "Santa Lucía, dame luz para ver y fe para creer." La oración no se mide por su largura, sino por la fe con que se dice.
Oración a Santa Lucía por un enfermo de la vista
Quien acompaña a un enfermo de los ojos —una operación, una pérdida de visión, una dolencia que no cede— puede encomendarlo así, sin pedir milagros ruidosos, sino la voluntad de Dios y la gracia de sobrellevar la cruz:
Gloriosa Santa Lucía, abogada de los que sufren de la vista,
mira con compasión a tu siervo (nombre),
que padece en sus ojos.
Alcánzale, si es para bien de su alma, el alivio que busca,
y si el Señor le pide llevar esta cruz,
dale la luz interior que a ti no te faltó ante la muerte,
para que en la enfermedad no pierda nunca de vista a Cristo.
Amén.
La Iglesia nunca ha prometido la curación como un derecho; la pide con confianza y la deja en manos de Dios, que sabe lo que conviene a cada alma. Por eso a la súplica por la salud unimos siempre la aceptación de su voluntad.
La Virgen Santa Lucía: virgen y mártir
A Santa Lucía se la llama con razón Virgen Santa Lucía, no porque sea una advocación de la Madre de Dios —no lo es—, sino porque consagró su virginidad a Cristo y la guardó hasta el martirio. En la tradición de la Iglesia, virgen y mártir es el título más alto que se da a una mujer santa: junta la integridad ofrecida a Dios y la sangre derramada por la fe.
Conviene no confundirla, pues, con la Santísima Virgen María. Lucía es una de las vírgenes que la Iglesia honra junto a Santa Águeda, Santa Cecilia o Santa Inés, cuyos nombres resuenan en el Canon de la Misa Romana. Su virginidad no fue un mérito buscado por sí mismo, sino el modo en que entregó todo su ser a Cristo, el Esposo, hasta el último aliento.
Novena a Santa Lucía y su día, el 13 de diciembre
Muchos preparan la fiesta de Santa Lucía con una novena a la santa de la luz, los nueve días que van del 4 al 12 de diciembre, para que el día 13 los encuentre dispuestos. Una novena no es una fórmula mágica ni una cuenta que obligue al cielo: es sencillamente perseverar en la oración nueve días seguidos, a imitación de los Apóstoles, que perseveraron en oración con María esperando el Espíritu Santo.
Para hacerla basta rezar cada día la oración principal que ofrecemos arriba, añadir la petición propia —por los ojos enfermos, por la luz de la fe, por una intención concreta— y coronarla con un padrenuestro, un avemaría y un gloria. En Iter Fidei seguimos siempre el método de las novenas de la tradición: peticiones sobrias, sin promesas de resultados, confiadas a la voluntad de Dios.
El 13 de diciembre cae en pleno Adviento, cuando los días son más cortos del año en el hemisferio norte. Por eso la "santa de la luz" tiene un sabor tan propio en esas fechas: su fiesta anuncia que la verdadera Luz, Cristo, está por nacer en Navidad.
La iglesia de Santa Lucía y su veneración
Desde la antigüedad se levantaron iglesias y capillas bajo el patrocinio de Santa Lucía en Siracusa, su ciudad natal, en Venecia —donde durante siglos se veneraron sus reliquias— y en innumerables pueblos de tradición católica, también en América. Visitar una iglesia de Santa Lucía el día de su fiesta, encender una vela y rezar ante su imagen es una costumbre piadosa muy extendida.
Conviene recordar que la devoción no está en el lugar, sino en la fe: la vela que encendemos no tiene poder alguno por sí misma; es signo de la luz de Cristo que la santa confesó con su sangre, y de nuestra oración que sube como llama hacia Dios. Donde no haya un templo dedicado a ella, una estampa o una imagen en casa bastan para honrarla y pedir su intercesión.
Preguntas Frecuentes
¿Quién fue Santa Lucía?
Santa Lucía fue una virgen y mártir cristiana de Siracusa, en Sicilia, que murió durante la persecución de Diocleciano hacia el año 304. Consagró su virginidad a Cristo, repartió sus bienes entre los pobres y, denunciada como cristiana, fue martirizada por no renunciar a su fe. Su nombre figura en el Canon de la Misa y su culto es de los más antiguos de la Iglesia.
¿Por qué Santa Lucía es protectora de la vista?
Por su nombre, Lucía, que significa luz, y por las antiguas tradiciones que vinculan su martirio con los ojos. La piedad cristiana la tomó por abogada de la vista, y los enfermos de los ojos acuden a su intercesión. La Iglesia, sin embargo, pide ante todo la salud de los ojos del alma: ver bien para creer y obrar bien.
¿Para qué sirve la oración a Santa Lucía?
Sirve para encomendarnos a su intercesión: pedimos por la salud de nuestros ojos y por los enfermos de la vista, y, sobre todo, pedimos ver con ojos limpios y caminar siempre a la luz del Señor hasta contemplarlo en el cielo.
¿Cuándo es el día de Santa Lucía?
El día de Santa Lucía se celebra el 13 de diciembre. En el calendario tradicional de la Iglesia es su fiesta, jornada muy querida en el tiempo de Adviento, cuando los días son cortos y la fiesta de la "santa de la luz" anuncia la cercanía de la Navidad.
¿Cómo se reza la oración a Santa Lucía?
Puede rezarse por la mañana, ofreciendo al Señor cuanto veremos en el día; ante una vela encendida, símbolo de la luz que la santa confesó; o en familia el día de su fiesta. Conviene coronarla con tres avemarías por la pureza que Lucía guardó hasta la muerte.
¿Por qué se llama "Virgen Santa Lucía"?
Porque consagró su virginidad a Cristo y la guardó hasta el martirio. Se la llama virgen y mártir, el título más alto que la Iglesia da a una mujer santa. No es una advocación de la Virgen María: Lucía es una santa distinta, honrada junto a Santa Águeda, Santa Inés y Santa Cecilia.
¿Cuándo se hace la novena a Santa Lucía?
La novena se reza los nueve días previos a su fiesta, del 4 al 12 de diciembre, para llegar dispuestos al día 13. Basta rezar cada día la oración a la santa, añadir la intención propia y coronarla con un padrenuestro, un avemaría y un gloria.
¿Qué significa el nombre de Santa Lucía?
Lucía viene del latín lux, que significa luz. De ahí brota toda su devoción: la Iglesia la invoca como protectora de la vista y como "santa de la luz", patrona de los ojos del cuerpo y de la luz interior de la fe.
¿Por qué se representa a Santa Lucía con dos ojos en una bandeja?
Por una antigua tradición que cuenta que sufrió tormento en los ojos, o que ella misma los ofreció antes que renunciar a su fe. Sea cual fuere su origen, la imagen expresa lo esencial: la luz que encierra su nombre y su patrocinio sobre la vista.
La app Iter Fidei trae las oraciones, las novenas y los salmos, en latín y español, con audio. Descárgala aquí.
Fuentes. Sagrada Biblia, traducción de Félix Torres Amat (Mateo 6, 22; Salmo 26, 1). Pasión de Santa Lucía (relato tradicional recogido en las Actas de los Mártires y en el Breviario Romano). Canon de la Misa Romana. Martirologio Romano, 13 de diciembre.