Salmos
Salmo 121: Alzo mis Ojos a los Montes
El Salmo 121 completo (Salmo 120 en la Vulgata), en español y en latín. El texto del peregrino según la versión de Torres-Amat, qué enseña, quién lo escribió y por qué la Iglesia lo reza como cántico del que sube a Dios.

Hay un salmo que parece escrito para los que van de camino. El Salmo 121 —"Alzo mis ojos a los montes"— es el cántico del peregrino que, fatigado y a la intemperie, levanta la mirada y se pregunta de dónde le vendrá el auxilio. La respuesta llega enseguida, firme como una roca: el socorro viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra y que no se duerme nunca guardando a los suyos. Lo cantaban los hijos de Israel subiendo a Jerusalén; lo rezan los monjes al anochecer; lo decimos nosotros, hermanos, cada vez que la vida nos pone en marcha por un sendero que no controlamos. Aquí lo ponemos en sus manos, en español y en latín.
Salmo 121 o Salmo 120: una palabra sobre la numeración
Antes de leerlo conviene aclarar algo que confunde a muchos. Lo que las Biblias modernas llaman Salmo 121 es el mismo que la Vulgata latina —la Biblia oficial de la Iglesia durante siglos— numera como Salmo 120. No es un error ni una contradicción: es el desfase clásico entre la numeración hebrea y la griega-latina. Desde el Salmo 9 hasta el 147, la cuenta de la Vulgata va, por lo general, un número por detrás de la hebrea (hebreo N = Vulgata N−1).
Por eso, si abren ustedes la Sagrada Biblia en la versión católica de Félix Torres-Amat, hallarán este salmo bajo el título Salmo CXX, y comienza así: "Alcé mis ojos hacia los montes…". Es el mismo y único salmo. Para encontrarlo con seguridad, conviene fijarse siempre en las primeras palabras —"Alzo mis ojos a los montes"—, que en latín son Levavi oculos meos in montes. Aquí lo citamos por su número popular, 121, sin perder de vista su nombre tradicional en la Iglesia, 120.
El Salmo 121 completo (en español)
Damos el texto íntegro según la versión católica de Torres-Amat (Salmo CXX de la Vulgata). Pertenece a los llamados Cánticos graduales, los salmos que se cantaban al subir hacia el Templo:
Alcé mis ojos hacia los montes, de donde me ha de venir el socorro. (v. 1)
Mi socorro viene del Señor, que crió el cielo y la tierra. (v. 2)
No permitirá que resbalen tus pies; ni se adormecerá el que te guarda. (v. 3)
No por cierto, no se adormecerá ni dormirá el que guarda a Israel. (v. 4)
El Señor es el que te custodia; el Señor es tu amparo, está a tu mano derecha. (v. 5)
Ni de día el sol te quemará, ni de noche te dañará la luna. (v. 6)
El Señor te guarda de todo mal; el Señor sea quien guarde tu alma. (v. 7)
El Señor te guardará en todos los pasos de tu vida, desde ahora y para siempre. (v. 8)
El salmo se abre con una inquietud —"¿de dónde me vendrá el socorro?"— y se cierra con una certeza que cubre toda la existencia: "desde ahora y para siempre". Entre una y otra, la palabra que más se repite es guardar. Seis veces, como un latido. Dios no es un auxilio lejano que acude a ratos: es el Guardián que no cierra los ojos.
El Salmo 121 en latín (Vulgata)
Así lo ha cantado y rezado la Iglesia en el latín de la Vulgata Clementina durante siglos:
Levávi óculos meos in montes, unde véniet auxílium mihi.
Auxílium meum a Dómino, qui fecit cælum et terram.
Non det in commotiónem pedem tuum, neque dormítet qui custódit te.
Ecce non dormitábit neque dórmiet qui custódit Israël.
Dóminus custódit te, Dóminus protéctio tua super manum déxteram tuam.
Per diem sol non uret te, neque luna per noctem.
Dóminus custódit te ab omni malo; custódiat ánimam tuam Dóminus.
Dóminus custódiat intróitum tuum et éxitum tuum, ex hoc nunc et usque in sǽculum.
Qué dice el Salmo 121, versículo a versículo
El peregrino mira a los montes: sede de Jerusalén, adonde sube, pero también lugar de peligros —salteadores, fieras, el sol abrasador—. La pregunta del versículo 1 nace de esa fragilidad. La respuesta del versículo 2 corta de raíz toda superstición: el auxilio no viene de los montes ni de los astros, sino "del Señor, que hizo el cielo y la tierra".
Los versículos 3 y 4 insisten en que Dios no se duerme. Es una imagen consoladora: los dioses paganos descansaban, se ausentaban, había que despertarlos. El Dios de Israel "no se adormecerá ni dormirá". El que vela por nosotros nunca está distraído. Los versículos 5 y 6 lo presentan como sombra protectora "a tu mano derecha", que ampara del sol y de la luna, es decir, de todo daño de día y de noche. Y los versículos 7 y 8 ensanchan esa guarda hasta abarcarlo todo: el alma entera, la entrada y la salida, el ahora y la eternidad.
Los versículos del Salmo 121, uno a uno
Muchos buscan un versículo concreto del Salmo 121, sea para meditarlo, para copiarlo o para encomendarse a él. Los reunimos aquí por separado, con su número de la Vulgata (Salmo 120) y de las Biblias modernas (Salmo 121), según la versión de Torres-Amat.
- Salmo 121, 1 — "Alcé mis ojos hacia los montes, de donde me ha de venir el socorro." La pregunta del peregrino que mira a lo alto.
- Salmo 121, 2 — "Mi socorro viene del Señor, que crió el cielo y la tierra." La respuesta que corta toda superstición: el auxilio no está en las cosas creadas.
- Salmo 121, 3 — "No permitirá que resbalen tus pies; ni se adormecerá el que te guarda." Dios sostiene el paso y no se distrae.
- Salmo 121, 4 — "No por cierto, no se adormecerá ni dormirá el que guarda a Israel." El Guardián que nunca cierra los ojos.
- Salmo 121, 5 — "El Señor es el que te custodia; el Señor es tu amparo, está a tu mano derecha." Dios como sombra protectora, siempre al lado.
- Salmo 121, 6 — "Ni de día el sol te quemará, ni de noche te dañará la luna." Protección de todo daño, a toda hora.
- Salmo 121, 7 — "El Señor te guarda de todo mal; el Señor sea quien guarde tu alma." La guarda alcanza el alma entera.
- Salmo 121, 8 — "El Señor te guardará en todos los pasos de tu vida, desde ahora y para siempre." La entrada y la salida, el ahora y la eternidad.
Salmo 121, 7-8: "El Señor te guarda de todo mal"
Estos dos versículos finales son los más citados del salmo, y con razón: condensan toda su enseñanza. Donde Torres-Amat traduce "El Señor te guarda de todo mal… El Señor te guardará en todos los pasos de tu vida", el texto habla literalmente del que custodia "tu entrada y tu salida" (en latín, intróitum tuum et éxitum tuum). Es una manera hebrea de decir toda la vida: cuanto haces al salir de casa y al volver, lo que emprendes y lo que terminas. Por eso el Salmo 121, 7-8 se reza al despedirse de un ser querido, al salir de viaje o al encomendar el día entero a Dios. La promesa no tiene límite: "desde ahora y para siempre".
El Salmo 121 en las distintas versiones de la Biblia
El texto que damos arriba es el de la versión católica de Torres-Amat, hecha sobre la Vulgata. Conviene saber, sin embargo, que el Salmo 121 se encuentra en muchas otras versiones, y que sus diferencias son de estilo, no de fe.
- Biblia Reina-Valera (1960 y otras) — Es la versión protestante más difundida en lengua española. Traduce el comienzo como "Alzaré mis ojos a los montes; ¿De dónde vendrá mi socorro?". La diferencia con la versión católica es leve: la Reina-Valera plantea el primer versículo como pregunta abierta. El contenido es el mismo. Conviene advertir que las Biblias protestantes carecen de los libros deuterocanónicos que la Iglesia recibe como inspirados, pero en este salmo el texto coincide.
- Biblia Latinoamericana — Versión católica de amplia difusión en Hispanoamérica; su lenguaje es más actual y pastoral.
- Dios habla hoy — Otra versión de lenguaje sencillo, usada en catequesis.
- Versiones modernas (NVI, NTV) — Traducciones contemporáneas que buscan un castellano llano.
Para nosotros, católicos de tradición, el texto de referencia es la Vulgata (Salmo 120, Levavi oculos) y su traducción fiel al español, porque es la Biblia que la Iglesia ha leído, cantado y comentado durante siglos. Las demás versiones pueden ayudar a entender, pero la guarda que el salmo proclama es una sola.
El Salmo 121 en hebreo y en español
El salmo nació en hebreo, dentro del salterio de Israel. Sus primeras palabras, Shir lamma'alot, essá enái el he-harím ("Cántico de las subidas: alzo mis ojos a los montes"), lo señalan como uno de los Cánticos graduales o "cánticos de las subidas". La Iglesia lo recibió por medio de la versión griega de los Setenta y de la Vulgata latina, y de ahí pasó a nuestras Biblias en español. Quien lo lea en hebreo y en español notará la misma palabra repetida —shamar, "guardar"—, que es el latido del salmo entero.
Para qué sirve el Salmo 121 y cómo rezarlo
La Iglesia ha visto siempre en este salmo la oración del que se pone en camino y del que se encomienda a la divina Providencia. Es salmo de viajeros y de peregrinos, de quien sale de casa y de quien afronta una prueba sin saber cómo terminará. Junto a él, la piedad invoca a san Cristóbal, patrón de los caminantes, en su novena a san Cristóbal. Por eso conviene rezarlo al emprender un viaje, al comenzar una jornada difícil o al encomendar a un ser querido que está lejos. Quien lo reza al despertar puede unirlo al Salmo 5, oración de la mañana en que el alma presenta su súplica a Dios al rayar el día.
Para rezarlo bien basta con leerlo despacio, deteniéndose en la palabra guardar y dejando que cale la certeza de que Dios no duerme. Puede terminarse con el Gloria al Padre, como hace la Iglesia con cada salmo. Si quieren ustedes acompañarlo de otros textos de confianza, encuentran aquí una selección de los grandes salmos de protección de la tradición.
Una breve oración con el Salmo 121
Quien quiera convertir el salmo en oración propia puede recitar el texto y cerrarlo con esta súplica sencilla:
Señor, que hiciste el cielo y la tierra y no te duermes jamás guardando a los tuyos: alza mis ojos por encima de mis temores y guarda mi entrada y mi salida, mi cuerpo y mi alma, hoy y siempre. Que ni el sol del día ni la sombra de la noche me aparten de tu mano derecha. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Y después el Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo…
El Salmo 121 cantado y hablado
El Salmo 121 ha sido siempre, ante todo, un canto: pertenece a los Cánticos graduales que los peregrinos entonaban subiendo a Jerusalén. La Iglesia lo ha cantado en latín con la melodía del Levavi oculos, y hoy existen muchas versiones del salmo cantado en español, sea como salmo responsorial de la Misa, sea como canto de confianza. Para quien prefiere escucharlo, hay también grabaciones del salmo hablado o recitado despacio, útiles para rezarlo de camino o antes de dormir. En la app Iter Fidei lo encontrarán con audio en latín y en español, para leerlo y escucharlo a la vez.
Salmo 121 en letra grande
Para quienes lo rezan con dificultad de vista —ancianos, enfermos, quienes lo leen de noche— conviene tener el Salmo 121 en letra grande y bien espaciada. El texto completo que damos más arriba puede copiarse y agrandarse sin perder una sola palabra; y en la app puede ajustarse el tamaño de la letra para leerlo con holgura.
Un esquema para meditar o predicar el Salmo 121
Quien deba comentar o predicar este salmo puede seguir su propia estructura, que se divide con naturalidad en cuatro pasos: la mirada que sube (v. 1, la pregunta del peregrino), la fuente del auxilio (v. 2, el Señor Creador, no las criaturas), el Guardián que no duerme (vv. 3-6, la guarda incansable de día y de noche) y la guarda sin fin (vv. 7-8, el alma, la entrada y la salida, ahora y para siempre). Este esquema, fiel al sentido tradicional del salmo, sirve lo mismo para la meditación personal que para enseñarlo.
Preguntas Frecuentes
¿Qué dice el Salmo 121 de la Biblia?
Dice que nuestro auxilio viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra, y que Él guarda sin dormirse nunca a quien confía en Él. Es el cántico del peregrino: levanta los ojos a los montes y descubre que su seguridad no está en las cosas creadas, sino en el Dios que custodia su alma, su entrada y su salida, "desde ahora y para siempre".
¿Para qué sirve el Salmo 121?
Sirve para encomendarse a la protección de Dios, sobre todo al ponerse en camino o al afrontar un peligro. La tradición lo reza como salmo de viajeros, de enfermos y de cuantos pasan una prueba: recuerda que el Señor "guarda tu entrada y tu salida", es decir, todos los pasos de la vida.
¿Para qué es el Salmo 121?
Es un Cántico gradual, de los que Israel cantaba al subir a Jerusalén. Su fin propio es despertar la confianza en la Providencia: enseña a no buscar auxilio en los ídolos ni en las propias fuerzas, sino en el Creador que vela día y noche por los suyos.
¿Para qué sirve el Salmo 120?
El Salmo 120 de la Vulgata es exactamente el mismo que hoy se llama Salmo 121 ("Alzo mis ojos a los montes"). Sirve, pues, para lo mismo: pedir y agradecer la guarda de Dios sobre el camino, el cuerpo y el alma. La diferencia es solo de numeración entre la Vulgata y las Biblias modernas.
¿Quién escribió el Salmo 121?
El salmo pertenece al grupo de los Cánticos graduales (Salmos 119 a 133 de la Vulgata), cantados por los peregrinos que subían al Templo. La tradición los atribuye en buena parte al rey David, aunque varios fueron compuestos o recogidos para el culto del Templo. El verdadero autor, como de toda la Escritura, es el Espíritu Santo, que inspiró a los hagiógrafos.
¿Cuál es el significado del Salmo 121?
El Salmo 121 significa que toda nuestra seguridad descansa en Dios y no en las cosas creadas. El peregrino mira a los montes —llenos de peligros y de falsos auxilios— y comprende que su socorro viene del Señor que hizo el cielo y la tierra. La palabra clave, repetida seis veces, es guardar: Dios es el Guardián que no se duerme, que protege el cuerpo y el alma, la entrada y la salida, desde ahora y para siempre.
¿Qué dice el Salmo 121, 7-8?
Dice: "El Señor te guarda de todo mal; el Señor sea quien guarde tu alma. El Señor te guardará en todos los pasos de tu vida, desde ahora y para siempre." Son los versículos que cierran el salmo y resumen su mensaje: la guarda de Dios alcanza el alma entera y acompaña "tu entrada y tu salida" —todo lo que haces al salir y al volver— sin límite de tiempo.
¿Qué diferencia hay entre el Salmo 121 de la Biblia católica y el de la Reina-Valera?
El texto es el mismo; la diferencia es de estilo. La Reina-Valera (versión protestante) comienza con una pregunta —"Alzaré mis ojos a los montes; ¿De dónde vendrá mi socorro?"— mientras la versión católica de Torres-Amat afirma directamente "de donde me ha de venir el socorro". El sentido es idéntico. Para los católicos, el texto de referencia es la Vulgata (Salmo 120, Levavi oculos), que la Iglesia ha rezado durante siglos.
Para seguir rezando con los Salmos
- Salmos de protección
- Salmo 23: El Señor es mi pastor
- Salmo 91: El que habita al amparo del Altísimo
- Salmo 51: Misericordia, Dios mío
- Gloria al Padre
- La Señal de la Cruz
La app Iter Fidei trae las oraciones, los salmos y las novenas, en latín y español, con audio. Descárgala aquí.
Fuentes. Sagrada Biblia, traducción de Félix Torres Amat sobre la Vulgata (Salmo 120, vv. 1-8; Levavi oculos). Texto latino según la Vulgata Clementina (Levavi oculos meos in montes, Salmo 120). Numeración de los salmos según la Vulgata y el texto hebreo; los Cánticos graduales abarcan los Salmos 119-133 de la Vulgata.