Salmos
Salmo 144 (Salmo 143 en la Vulgata): Bendito sea el Señor mi Dios
El Salmo 144, el salmo del guerrero que confía solo en Dios — el Salmo 143 de la Vulgata. Texto completo en español (Torres-Amat) y en latín, con su sentido tradicional y cómo rezarlo.

Hay un salmo que pusieron en sus labios los reyes antes de salir al campo de batalla y los monjes antes de empezar la jornada: la oración de un hombre fuerte que, en lugar de fiarse de su espada, se vuelve hacia Dios y confiesa que sin Él no es nada. Es el Salmo 144, atribuido a David, conocido por sus primeras palabras: "Bendito sea el Señor mi Dios". Aquí les dejamos el Salmo 144 completo, en español y en latín, con su sentido tradicional y unas líneas sobre cómo rezarlo como oración de combate espiritual y de confianza.
Salmo 144 o Salmo 143: por qué la doble numeración
Si abren ustedes una Biblia católica antigua, hecha sobre la Vulgata de San Jerónimo, no encontrarán este texto bajo el número 144, sino bajo el 143. No es un error. La Vulgata sigue la numeración del Salterio griego de los Setenta, que junta en un solo salmo los salmos 9 y 10 del texto hebreo. Desde ahí, y hasta casi el final del Salterio, el número hebreo es siempre uno más que el de la Vulgata: lo que las Biblias modernas llaman Salmo 144 es exactamente lo que la tradición latina de la Iglesia llama Salmo 143.
Es el mismo salmo, palabra por palabra. Para no confundirse, lo más seguro no es fiarse del número sino del comienzo: si el salmo empieza por "Bendito sea el Señor mi Dios, que adiestra mis manos para la guerra" (en latín, Benedictus Dominus Deus meus, qui docet manus meas ad praelium), tienen ustedes delante este salmo, lo numere como lo numere su edición.
Salmo 144 completo (Salmo 143 de la Vulgata)
Damos el texto en la traducción tradicional de Félix Torres Amat sobre la Vulgata, con la ortografía actualizada para una lectura más fácil:
1. Bendito sea el Señor mi Dios, que adiestra mis manos para la batalla y mis dedos para la guerra.
2. Él es para conmigo la misma misericordia, y el asilo mío, mi amparo y mi libertador; el protector mío, en quien tengo mi esperanza: el que somete mi pueblo a la autoridad mía.
3. Oh Señor, ¿qué es el hombre para que te des a conocer a él? ¿O el hijo del hombre, que así le aprecias?
4. El hombre por el pecado ha venido a ser nada: sus días pasan como la sombra.
5. Señor, inclina esos tus cielos, y desciende a socorrernos: toca los montes, y se desharán en humo.
6. Vibra rayos, y disiparás mis enemigos; arroja tus saetas, y los llenarás de turbación.
7. Alarga desde lo alto tu mano, y arrebátame del abismo de las aguas de la tribulación: líbrame de caer en poder de estos extranjeros,
8. Cuya boca no habla sino vanidad o mentira, y cuyas manos están llenas de iniquidad.
9. Oh Dios, te cantaré un cántico nuevo: con el salterio de diez cuerdas entonaré tus alabanzas.
10. Señor, tú que das la salud o felicidad a los reyes, que libraste a David siervo tuyo de la espada sangrienta,
11. líbrame y arrebátame de la mano de los hijos de los extranjeros, cuya boca no habla sino vanidad, y cuya diestra es diestra de iniquidad.
12. Los hijos de los cuales son como nuevos plantíos en la flor de su edad; sus hijas compuestas y engalanadas por todos lados, como ídolos de un templo:
13. Atestadas están sus despensas, y rebosando toda suerte de frutos; fecundas sus ovejas, salen a pacer en numerosos rebaños:
14. tienen gordas y lozanas sus vacas: no se ven portillos, ni ruina en sus muros o cercados; ni se oyen gritos de llanto en sus plazas.
15. Feliz llamaron al pueblo que goza de estas cosas. Mas yo digo: Feliz aquel pueblo que tiene al Señor por su Dios.
El Salmo 144 en latín (Vulgata)
Esta es la forma en que la Iglesia latina lo ha rezado durante siglos en el Oficio Divino, según la Vulgata Clementina:
1. Benedictus Dominus Deus meus, qui docet manus meas ad praelium, et digitos meos ad bellum.
2. Misericordia mea et refugium meum; susceptor meus et liberator meus; protector meus, et in ipso speravi, qui subdit populum meum sub me.
3. Domine, quid est homo, quia innotuisti ei? aut filius hominis, quia reputas eum?
4. Homo vanitati similis factus est; dies ejus sicut umbra praetereunt.
5. Domine, inclina caelos tuos, et descende; tange montes, et fumigabunt.
6. Fulgura coruscationem, et dissipabis eos; emitte sagittas tuas, et conturbabis eos.
7. Emitte manum tuam de alto: eripe me, et libera me de aquis multis, de manu filiorum alienorum:
8. quorum os locutum est vanitatem, et dextera eorum dextera iniquitatis.
9. Deus, canticum novum cantabo tibi; in psalterio decachordo psallam tibi.
10. Qui das salutem regibus, qui redemisti David servum tuum de gladio maligno,
11. eripe me, et erue me de manu filiorum alienorum, quorum os locutum est vanitatem, et dextera eorum dextera iniquitatis.
12. Quorum filii sicut novellae plantationes in juventute sua; filiae eorum compositae, circumornatae ut similitudo templi.
13. Promptuaria eorum plena, eructantia ex hoc in illud; oves eorum foetosae, abundantes in egressibus suis;
14. boves eorum crassae. Non est ruina maceriae, neque transitus, neque clamor in plateis eorum.
15. Beatum dixerunt populum cui haec sunt; beatus populus cujus Dominus Deus ejus.
El Salmo 144 en la Biblia católica
Cuando se busca el Salmo 144 en una Biblia católica, conviene tener presente la doble numeración. Las Biblias católicas tradicionales —la de Félix Torres Amat, la de Nácar-Colunga o la Biblia de Jerusalén en su aparato— se apoyan en la Vulgata y suelen señalar este salmo como 143 (a veces con el número hebreo 144 entre paréntesis). El texto que damos arriba, de Torres Amat sobre la Vulgata, es la forma católica clásica de este salmo: la misma que la Iglesia latina ha rezado en el Oficio Divino. No busquen, pues, un texto distinto: en una Biblia católica el Salmo 144 (143) es exactamente este "Bendito sea el Señor mi Dios".
Salmo 144 en la Reina-Valera y la versión católica
Muchos llegan a este salmo a través de la Reina-Valera, la versión protestante más difundida en español. Conviene saber dos cosas. Primera: la Reina-Valera numera el salmo como 144, igual que las Biblias modernas, porque sigue el texto hebreo. Segunda: el contenido es sustancialmente el mismo —"Bendito sea Jehová, mi roca, quien adiestra mis manos para la batalla"—, con dos diferencias de estilo que no cambian el sentido. La Reina-Valera traduce el nombre divino como "Jehová", mientras que la tradición católica, siguiendo la Vulgata y el uso litúrgico, dice "el Señor" (Dominus). Y donde Torres Amat dice "mi amparo y mi libertador", la Reina-Valera dice "mi roca... mi fortaleza". Para rezarlo en clave católica, recomendamos el texto sobre la Vulgata que damos más arriba, que es el que la Iglesia ha consagrado por su uso de siglos.
Salmo 144, 1: "que adiestra mis manos para la batalla"
El versículo 1 es el corazón del salmo y su verso más citado: "Bendito sea el Señor mi Dios, que adiestra mis manos para la batalla y mis dedos para la guerra" (en latín, Benedictus Dominus Deus meus, qui docet manus meas ad praelium, et digitos meos ad bellum). David no dice que él haya aprendido a combatir, sino que Dios mismo adiestra sus manos: la pericia del guerrero es un don, no un mérito. Leído en clave espiritual, este versículo es la confesión del cristiano que entra en el combate contra el pecado sabiendo que la destreza y la victoria le vienen de lo alto. Por eso muchos lo rezan solo, como jaculatoria, antes de una lucha interior.
Salmo 144, 2: "mi amparo y mi libertador"
El versículo 2 acumula los nombres de Dios como refugio: "Él es para conmigo la misma misericordia, y el asilo mío, mi amparo y mi libertador; el protector mío, en quien tengo mi esperanza". Es uno de los versículos de protección más densos del Salterio: en una sola línea Dios es misericordia, asilo, amparo, libertador, protector y esperanza. Quien quiera una jaculatoria breve para los momentos de miedo o de prueba puede repetir simplemente: "Mi amparo y mi libertador, en ti tengo mi esperanza".
Salmo 144, 12-15: la verdadera felicidad
Los versículos 12 a 15 forman el final del salmo y dan su lección más sorprendente. David describe con detalle las bendiciones que el mundo tiene por felicidad: "sus hijos... como nuevos plantíos", "sus hijas compuestas y engalanadas", "atestadas sus despensas", "gordas y lozanas sus vacas" (vv. 12-14). Y entonces, en el versículo 15, lo relativiza todo de un golpe: "Feliz llamaron al pueblo que goza de estas cosas. Mas yo digo: Feliz aquel pueblo que tiene al Señor por su Dios." La dicha verdadera no está en la abundancia material —por buena que sea— sino en pertenecer a Dios. Es el verso con que conviene cerrar la lectura del salmo.
El sentido tradicional del salmo
El Salmo 144 es la oración de David rey y guerrero, pero rezada con un corazón humilde. Empieza dando gracias por la fuerza recibida —"adiestra mis manos para la batalla"— y enseguida confiesa de dónde viene esa fuerza: no de la destreza del soldado, sino de Dios, que es "mi amparo y mi libertador". Es la lección entera del salmo: el que combate no se gloría en sus armas, sino en el Señor.
A continuación, David contempla la pequeñez del hombre: "¿qué es el hombre para que te des a conocer a él?... sus días pasan como la sombra" (vv. 3-4). Esta humildad no le quita las ganas de pedir; al contrario, le da confianza para suplicar que Dios mismo descienda, "toque los montes" y disperse a los enemigos (vv. 5-6). El salmo distingue siempre entre los "hijos de los extranjeros", cuya boca habla vanidad y cuya mano es de iniquidad (vv. 7-8, 11), y el pueblo fiel.
El final da un giro hermoso. David enumera todas las bendiciones terrenas que suelen tenerse por la verdadera felicidad —graneros llenos, rebaños fecundos, hijos vigorosos, ciudades en paz (vv. 12-14)— y, en el último verso, las relativiza de un golpe: "Feliz llamaron al pueblo que goza de estas cosas. Mas yo digo: Feliz aquel pueblo que tiene al Señor por su Dios" (v. 15). La verdadera dicha no está en la abundancia, sino en pertenecer a Dios.
Los Padres leyeron este salmo como una figura del combate espiritual: las "manos adiestradas para la guerra" son las del cristiano que lucha contra las tentaciones y el enemigo invisible, sabiendo que la victoria es don de Dios. El "cántico nuevo" (v. 9) anuncia la alabanza de los redimidos por Cristo, el verdadero Hijo de David.
Cómo rezar el Salmo 144
Recen el Salmo 144 como una oración de confianza antes de toda lucha: una decisión difícil, una prueba, una tentación que se repite, un día que se anuncia duro. Pídanlo con sus palabras: que Dios adiestre sus manos no para la violencia, sino para hacer el bien con firmeza, y que en todo combate sean ustedes de los que se apoyan en Él y no en sí mismos.
No es un amuleto ni una fórmula mágica, sino la Palabra de Dios puesta en boca del que confía. Pueden rezarlo entero, detenerse en el versículo 2 ("mi amparo y mi libertador") como jaculatoria, o cerrar el día con el versículo 15 para recordar dónde está la verdadera felicidad. Quien busque otras oraciones del mismo temple hallará en el Salmo 140, "Líbrame, Señor, del hombre malo", la súplica del perseguido por la calumnia; en el Salmo 46, "Dios es nuestro refugio y fortaleza", la serenidad de quien no teme aunque tiemble la tierra; y en el Salmo 59 el clamor del cercado por sus enemigos. Si lo desean, recen primero un Gloria al Padre y terminen pidiendo la intercesión de la Virgen María, Auxilio de los cristianos.
Preguntas Frecuentes
¿Qué significa el Salmo 144?
El Salmo 144 significa que toda fuerza y toda victoria vienen de Dios, no del hombre. David, rey y guerrero, bendice al Señor "que adiestra mis manos para la batalla", confiesa la pequeñez humana ("sus días pasan como la sombra") y concluye que la verdadera felicidad no está en los bienes terrenos sino en "tener al Señor por su Dios".
¿Quién escribió el Salmo 144?
La tradición lo atribuye al rey David, como indica el propio encabezamiento del salmo. Es una oración nacida de su experiencia de combatiente que, en lugar de gloriarse en su espada, reconoce que Dios es su amparo y su libertador.
¿Para qué sirve el Salmo 144?
Es un salmo de protección y de combate espiritual. Sirve para pedir la ayuda de Dios ante cualquier lucha o prueba, para no fiarse de las propias fuerzas y para recordar que la dicha verdadera está en pertenecer a Dios. La tradición lo rezaba antes de la batalla y al comenzar la jornada.
¿Cuándo rezar el Salmo 144?
Puede rezarse en cualquier momento de dificultad o decisión: antes de una prueba, ante una tentación persistente o al empezar un día que se prevé duro. En el Oficio Divino tradicional, el Salmo 143 (su número en la Vulgata) se reza en las Vísperas del viernes.
¿Cuál es la diferencia entre el Salmo 144 y el Salmo 143?
Son el mismo salmo con dos numeraciones. Salmo 144 es el número hebreo que usan las Biblias modernas; Salmo 143 es el número de la Vulgata latina, que sigue a los Setenta. Para identificarlo con seguridad, fíjense en las primeras palabras: "Bendito sea el Señor mi Dios".
¿Es igual el Salmo 144 en la Reina-Valera y en la Biblia católica?
Es el mismo salmo y el mismo número (144), porque ambas siguen aquí el texto hebreo. Las diferencias son de traducción: la Reina-Valera dice "Jehová" donde la tradición católica dice "el Señor", y prefiere "mi roca, mi fortaleza" donde Torres Amat dice "mi amparo y mi libertador". El sentido es el mismo. Para rezarlo en clave católica recomendamos el texto sobre la Vulgata.
¿Es el Salmo 144 un salmo de protección?
Sí. Aunque el más conocido sea el Salmo 91, el Salmo 144 pertenece a la familia de los salmos de protección: pide a Dios que descienda, disperse a los enemigos y libre al orante "del abismo de las aguas de la tribulación". Su nota propia es confiar la defensa enteramente a Dios.
Para seguir rezando con los salmos
Si este salmo les ha hecho bien, sigan rezando con la tradición de la Iglesia:
- Salmos de protección — la familia de salmos a los que pertenece.
- Salmo 91 — el gran salmo de protección, "El que habita al amparo del Altísimo".
- Salmo 23 — "El Señor es mi pastor", el salmo de la confianza.
- Salmo 27 — "El Señor es mi luz y mi salvación", salmo de valentía ante el enemigo.
La app Iter Fidei trae los salmos y las oraciones, en latín y español, con audio. Descárgala aquí.
Fuentes. Texto en español: Sagrada Biblia traducida por Félix Torres Amat sobre la Vulgata. Texto latino: Vulgata Clementina, Salmo 143. Numeración hebreo-Vulgata según la tradición del Salterio de los Setenta.