Oraciones
La Salve (Dios te Salve, Reina y Madre)
La Salve Regina —Dios te salve, Reina y Madre de misericordia— es la antigua antífona mariana con que la Iglesia cierra el día y corona el rosario. Su texto en español y en latín, su autor, y dónde rezarla.

La Salve —conocida también por sus primeras palabras, Dios te salve, Reina y Madre de misericordia— es la más amada de las cuatro antífonas marianas de la antigua liturgia. Con ella la Iglesia despide el día, con ella el pueblo cristiano cierra el rosario, y con ella, desde hace casi mil años, los desterrados hijos de Eva levantamos la voz hacia nuestra Madre desde este valle de lágrimas. Es a la vez una confesión de nuestra miseria y un acto de confianza sin límite. Veamos su texto completo, quién la compuso, qué dice y dónde rezarla.
Dios te salve, Reina y Madre: la oración completa
He aquí la oración tal como la rezamos, en español y en su latín original. Esta es la oración completa de "Dios te salve, Reina y Madre" —ni más ni menos—; quien la busca por su primer verso encontrará aquí el texto íntegro, sin recortes.
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. A ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a ti suspiramos, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clemente, oh piadosa, oh dulce siempre Virgen María!
V. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amén.
Y el texto latino, que es el que canta la Iglesia:
Salve, Regina, mater misericordiæ; vita, dulcedo et spes nostra, salve. Ad te clamamus, exsules filii Hevæ. Ad te suspiramus, gementes et flentes in hac lacrimarum valle. Eia ergo, advocata nostra, illos tuos misericordes oculos ad nos converte. Et Iesum, benedictum fructum ventris tui, nobis post hoc exsilium ostende. O clemens, o pia, o dulcis Virgo Maria.
V. Ora pro nobis, sancta Dei Genitrix.
R. Ut digni efficiamur promissionibus Christi. Amen.
Quién escribió la Salve
La Salve Regina se atribuye tradicionalmente a Hermann Contracto (Hermann el Tullido, 1013-1054), monje benedictino de la abadía de Reichenau, en el lago Constanza. Hombre de cuerpo deshecho y de espíritu luminoso —apenas podía moverse ni hablar con claridad—, fue astrónomo, músico, poeta y cronista. Que de una vida tan marcada por el sufrimiento haya brotado el himno más tierno de la cristiandad a la Madre de misericordia no es casualidad: nadie suspira mejor en este valle de lágrimas que quien lo ha conocido hasta el fondo.
Algunos autores antiguos la asociaron también a san Bernardo de Claraval o a Pedro de Mezonzo; lo cierto es que para el siglo XII ya se cantaba en los monasterios, y que la Orden de Predicadores y los cistercienses la difundieron por toda Europa hasta hacerla patrimonio común de la Iglesia latina.
Lo que dice la Salve
La oración es una sola gran súplica, tejida toda ella de Escritura. A María la llamamos Reina y Madre de misericordia: Reina, porque el Hijo la ha coronado; Madre, porque al pie de la Cruz nos recibió a todos en lugar de Juan. La saludamos con el mismo verbo del ángel —Dios te salve— que el evangelista nos transmite:
Y habiendo entrado el Ángel á donde ella estaba, le dijo: Dios te salve ¡oh llena de gracia! el Señor es contigo: bendita tú eres entre todas las mujeres. (Lc 1, 28)
Nos confesamos desterrados hijos de Eva. Desde que nuestra primera madre fue echada del paraíso, la humanidad vive en exilio, bajo el peso del dolor que ella misma recibió:
Dijo asimismo á la mujer: Multiplicaré tus trabajos y miserias en tus preñeces: con dolor parirás los hijos. (Gn 3, 16)
Por eso pedimos a la abogada nuestra que vuelva sus ojos misericordiosos —esa misericordia que la propia Virgen cantó como herencia de las generaciones:
Y su misericordia se derrama de generación en generación sobre los que le temen. (Lc 1, 50)
Y todo el ruego desemboca en lo único que verdaderamente buscamos: que, después de este destierro, ella nos muestre a Jesús, fruto bendito de su vientre. La Salve no termina en María; termina, como toda devoción mariana sana, en Cristo. Ella es el camino más corto y más dulce hacia el trono de la gracia:
Lleguémonos pues confiadamente al trono de la gracia: á fin de alcanzar misericordia. (He 4, 16)
María, que se llamó a sí misma esclava del Señor y profetizó que todas las generaciones la llamarían bienaventurada, es la primera en cumplir lo que la Salve pide: nos lleva a su Hijo.
Entonces María dijo: Mi alma glorifica al Señor... Porque ha puesto los ojos en la bajeza de su esclava: por tanto ya desde ahora me llamarán bienaventurada todas las generaciones. (Lc 1, 46-48)
La letra de la Salve para cantarla
La Salve no solo se reza: se canta. Su melodía gregoriana —el tonus simplex que aún hoy se entona en monasterios y parroquias— es de las más conocidas del repertorio mariano, y muchos buscan la letra de "Dios te salve, Reina y Madre" precisamente para acompañarla con el canto. La letra que se canta es exactamente la misma que se reza; en latín comienza Salve, Regina, mater misericordiæ y se prolonga en una larga frase melódica que culmina en el triple clamor O clemens, o pia, o dulcis Virgo Maria.
Para cantarla en español conviene tener presente que las divisiones de la letra siguen el sentido de la oración:
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, / vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. / A ti llamamos los desterrados hijos de Eva; / a ti suspiramos, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas. / Ea, pues, Señora, abogada nuestra, / vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; / y después de este destierro, muéstranos a Jesús, / fruto bendito de tu vientre. / ¡Oh clemente, oh piadosa, oh dulce siempre Virgen María!
Tanto en latín como en español, la letra es la misma palabra por palabra que la versión rezada; lo único que cambia es que se le presta la voz de la melodía. Quien la aprenda de memoria podrá unirse al canto al final de las Completas o del rosario sin necesidad de leerla.
La Salve, ¿qué clase de oración católica es?
Conviene aclarar qué es y qué no es la Salve, porque a veces se la confunde con un simple "canto" o con una devoción menor. La Salve es una oración católica de primer rango: es una de las cuatro antífonas marianas mayores de la liturgia romana, junto con el Alma Redemptoris Mater, el Ave Regina cælorum y el Regina cæli. No es una composición devocional reciente ni una piadosa costumbre privada, sino texto oficial del Oficio Divino, rezado y cantado por toda la Iglesia latina desde la Edad Media.
Como toda oración católica bien entendida, no adora a María —la adoración (latría) se debe solo a Dios—, sino que la venera y le pide su intercesión (hiperdulía). En la Salve no decimos a la Virgen "sálvanos tú", sino que le pedimos que vuelva sus ojos hacia nosotros y nos muestre a Jesús: ella nos lleva al único Salvador. Por eso es una oración perfectamente ortodoxa, profundamente cristocéntrica bajo su ternura mariana, y de ningún modo una superstición ni un sustituto de la oración a Dios.
Dónde se reza la Salve
Al final del rosario. Concluidos los misterios y el último Padrenuestro y Avemarías, el pueblo cristiano canta o reza la Salve como remate del rezo, seguida de la oración final. Es la despedida natural de quien acaba de recorrer la vida de Cristo de la mano de su Madre. Si quieren tener a la mano el rezo completo, lo explicamos en cómo rezar el rosario.
En las Completas. En el Oficio Divino tradicional, la Salve es una de las cuatro antífonas finales de la Santísima Virgen con que se cierra la última hora del día. Se canta —según el tiempo litúrgico— desde la octava de Pentecostés hasta el Adviento, de modo que la liturgia entera se duerme, por así decirlo, en brazos de su Madre. Pueden ver esta hora en las Completas, la última oración del día.
En todo momento de aflicción. Por su misma letra, la Salve es la oración del que llora, del que se siente extranjero, del enfermo y del que vela junto a un moribundo. Por eso ha acompañado a marineros, soldados y peregrinos durante siglos.
La Salve y las demás oraciones marianas
La Salve no anda sola. Forma parte de un tesoro de plegarias a la Virgen que conviene conocer y rezar:
- El Ave María, el saludo que repetimos en cada decena del rosario.
- Cómo rezar el Rosario, del que la Salve es el remate acostumbrado.
- Los Misterios del Rosario, que contemplamos de la mano de la Virgen.
- La oración a la Virgen de Guadalupe, invocación mariana muy querida de nuestros pueblos.
- El índice de oraciones católicas, donde reunimos las principales plegarias de la Tradición.
Preguntas Frecuentes
¿Quién escribió la Salve?
La tradición la atribuye a Hermann Contracto (Hermann el Tullido, 1013-1054), monje benedictino de Reichenau, hombre gravemente impedido en el cuerpo y de gran sabiduría. Ya en el siglo XII se cantaba en los monasterios y se extendió por toda la Iglesia latina.
¿Qué significa "Salve Regina"?
Salve es el saludo latino "Dios te salve" o "Salve"; Regina significa "Reina". Es decir, "Dios te salve, Reina" —el mismo verbo con que el ángel saludó a María en la Anunciación, aplicado ahora a su realeza como Madre del Rey.
¿Cuándo se reza la Salve en el rosario?
Al final, una vez concluidos los cinco misterios con sus Padrenuestros y Avemarías. Tras la Salve se añade la oración final ("Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios...") y, si se desea, las letanías.
¿Por qué decimos "desterrados hijos de Eva"?
Porque, a causa del pecado original, la humanidad fue echada del paraíso y vive como en exilio, "en este valle de lágrimas". La Salve reconoce esa miseria y, en lugar de desesperar, se vuelve a María pidiéndole que, pasado el destierro, nos muestre a Jesús.
¿La Salve se reza en español o en latín?
En ambos. El texto latino Salve, Regina es el que la Iglesia canta en la liturgia y en las Completas; la versión en español es la que reza comúnmente el pueblo al cerrar el rosario. Una y otra dicen lo mismo, y es bueno conocer las dos.
¿Es lo mismo "Dios te salve, Reina y Madre" que la Salve?
Sí, es exactamente la misma oración. Dios te salve, Reina y Madre de misericordia son las primeras palabras de la Salve en español; "la Salve" es simplemente el nombre breve con que se la conoce, tomado del latín Salve, Regina. Quien busca una y otra está buscando el mismo texto.
¿Cuál es la oración completa de "Dios te salve, Reina y Madre"?
La oración completa va desde Dios te salve, Reina y Madre de misericordia hasta ¡oh dulce siempre Virgen María!, seguida del versículo y la respuesta finales: Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios. / Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amén. La tiene íntegra, en español y latín, al principio de este artículo.
¿Cuál es la letra de la Salve para cantarla?
La letra que se canta es la misma que se reza, palabra por palabra. En latín comienza Salve, Regina, mater misericordiæ; en español, Dios te salve, Reina y Madre de misericordia. La melodía gregoriana (el tonus simplex) divide la letra en frases que siguen el sentido de la oración y termina en el triple O clemens, o pia, o dulcis Virgo Maria.
¿La Salve es una oración o un canto?
Las dos cosas. Es ante todo una de las cuatro grandes antífonas marianas de la liturgia, es decir, una oración oficial de la Iglesia; y por su antiquísima melodía gregoriana es también uno de los cantos marianos más extendidos. Se reza al cerrar el rosario y se canta al final de las Completas.
Véase también completas.
La app Iter Fidei trae las oraciones, los salmos y las novenas, en latín y español, con audio. Descárgala aquí.
Fuentes. Sagrada Biblia, traducción de Félix Torres Amat (sobre la Vulgata): Génesis 3; Evangelio según san Lucas 1; Carta a los Hebreos 4. Texto de la Salve Regina según el Breviario Romano y el Rituale Romanum tradicionales. Atribución a Hermann Contracto según la tradición monástica medieval.