Novenas
Novena a San Cayetano
El texto completo y auténtico de la Novena a San Cayetano de Thiene, patrono del pan y del trabajo: el acto de contrición, la oración preparatoria, las oraciones propias de los nueve días y las oraciones finales, para pedir empleo digno y confiar en la Divina Providencia.

Cuando falta el trabajo y falta el pan, el corazón busca a quien acuda con seguridad ante Dios: por eso millones de fieles rezan la Novena a San Cayetano, patrono del pan y del trabajo, para pedir un empleo digno con que sostener a la familia y para aprender a confiar sin angustia en la Divina Providencia. Se reza durante nueve días, y la costumbre es comenzarla el 29 de julio para terminar el 7 de agosto, día de su fiesta. A continuación te ofrecemos el texto completo y auténtico —el mismo de los devocionarios tradicionales—, con el acto de contrición, la oración preparatoria, las oraciones propias de cada día y las oraciones finales.
El texto completo de la Novena a San Cayetano
Cada día se rezan, por orden: el acto de contrición, la oración preparatoria (que se repite siempre igual), la oración propia del día, luego un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria, y finalmente la Oración a la Santísima Reina, pidiendo la gracia que se desea alcanzar. Si quieres entender mejor el sentido de estos nueve días de oración, puedes leer antes qué es una novena.
Acto de contrición
Oh Dios mío, me arrepiento profundamente de haberte ofendido, y detesto todos mis pecados por tus justos castigos, pero sobre todo porque te ofenden a Ti, Dios mío, que eres bondadoso y merecedor de todo mi amor. Resuelvo firmemente, con la ayuda de tu gracia, no pecar más y evitar la ocasión cercana de pecar. Amén.
Oración preparatoria (para todos los días)
Glorioso Padre y Patriarca San Cayetano, maravilloso ejemplo de la perfección cristiana, que en toda la carrera de tu vida fuiste un vivo retrato de los más célebres Santos de la Iglesia Católica.
Santo por tus heroicas virtudes, conmovedor de la Divina Misericordia por tus continuas penitencias, Patriarca por tus grandes fundaciones, Apóstol por tus fructuosas predicaciones, Doctor por la fuerza de tus disputas convincentes, Mártir por los crueles tormentos que sufriste, Ángel por el candor de una pureza admirable, Serafín por la ardiente llama de amor divino en la que vivamente te abrasaste, singular protector de cuantos se acogen bajo tu eficaz poder y amparo.
Te suplico, Santo mío, por tan sublimes prerrogativas y privilegios con que te ilustró el cielo, me alcances del Todopoderoso la gracia para caminar en esta vida por la segura senda de las virtudes, y conseguir lo que pido en esta Novena, si es para gloria de Dios, honra tuya y provecho de mi alma. Amén.
Primer Día: Santo por sus heroicas virtudes
Dios y Señor de los Santos, en quienes derramaste aquellas gracias que, según su vocación, eran más proporcionadas para un cabal desempeño de sus respectivas obligaciones.
Yo te ofrezco humildemente todos los merecimientos de estos héroes de la virtud y perfección cristiana, y especialmente los de tu fidelísimo siervo San Cayetano, a quien hiciste brillar en el firmamento de tu Iglesia, depositando en su espíritu tan heroicas virtudes y gracias, que aún viviendo en este mundo mereciese ser conocido de todos con el glorioso título del «Santo por antonomasia».
Yo te suplico por su intercesión que, así como se distinguió en procurar tu mayor gloria llevando adelante el instituto de vida apostólica a que lo destinó tu sabia y adorable Providencia, merezca yo ejercitarme en aquellas virtudes que sabes me son necesarias para servirte en todos los estados a que tu soberana voluntad quiera conducirme, y particularmente lo que te pido en esta Novena, si así conviene para honra tuya, utilidad y provecho de mi alma. Amén.
(Rézase el Padre Nuestro, el Ave María, el Gloria y la Oración a la Santísima Reina, pidiendo la gracia que se desea alcanzar.)
Segundo Día: Precursor por sus continuas penitencias
Dios y Señor de todos los santos, que a través de San Juan Bautista, tu precursor insigne, anunciaste a los hombres la venida del Mesías, disponiendo los ánimos de todos para recibirlo dignamente, y cuya misión dio tantos frutos por las abundantes gracias que le otorgaste y por el espíritu de penitencia que despertaste en él.
Yo te ofrezco, Padre mío, los merecimientos de este favorecido amigo, y los de tu fidelísimo siervo San Cayetano, a quien desde su primera infancia infundiste singulares privilegios y gracias, con un espíritu de penitencia tan continuada que, lejos de permitir a su cuerpo el menor alivio y descanso, maceraba sus inocentes carnes con duras y ásperas penitencias, disponiéndose por este medio a recibir dignamente el cuerpo y la sangre del Cordero Inmaculado.
Yo te suplico, Padre de mi alma, que por su intercesión me concedas vivos y eficaces deseos de mortificar todas mis pasiones y sentidos, para que, negado a todo lo que pueda lisonjear el apetito, aspire sólo a conseguir tu gracia, para recibirte con la disposición debida, y lo que pido en esta Novena, si ha de ser para honra tuya y gloria de Dios. Amén.
(Padre Nuestro, Ave María, Gloria y Oración a la Santísima Reina.)
Tercer Día: Patriarca por sus insignes fundaciones
Dios y Señor de los patriarcas, a quienes pusiste por gobernadores de tu pueblo escogido, con la noble idea de conducirlo al delicioso país de la tierra prometida.
Yo te ofrezco los merecimientos de estos primitivos patriarcas del Antiguo Testamento, y los de tu portentoso siervo San Cayetano, a quien constituiste insigne patriarca por fundar un instituto religioso con el fin de reformar el clero, elevándolo al más genuino espíritu apostólico.
Yo te suplico, Padre mío, que por su intercesión me concedas un espíritu de acertada dirección y ejemplar gobierno, para que, caminando con seguridad por la peligrosa senda de este mundo, consiga enderezar mis pasos y los de mis prójimos, fijando siempre la vista en el Reino de los Cielos, y lo que pido en esta Novena, para honra tuya y provecho de mi alma. Amén.
(Padre Nuestro, Ave María, Gloria y Oración a la Santísima Reina.)
Cuarto Día: Apóstol por sus fructuosas predicaciones
Dios y Señor de los Apóstoles, a quienes comunicaste el vivo fuego del Espíritu Divino, para que, derramándolo con la predicación por todo el mundo, propagasen la santa fe y reformasen las corrompidas costumbres de aquel siglo.
Yo te ofrezco los merecimientos de estos siervos tuyos, y los de tu escogido siervo San Cayetano, a quien adornaste de un carácter verdaderamente apostólico, extendiendo por toda Italia la doctrina del Santo Evangelio y logrando tan copiosos frutos en la conversión de innumerables criaturas, que mereció la gloria de ser distinguido con el excelso renombre de «Cazador de almas».
Te suplico un ardiente deseo de reformar la mala conducta de mi vida, y que todos mis pensamientos, acciones y palabras inspiren en todos mis prójimos edificación y buen ejemplo, y me otorgues lo que te pido en esta Novena, para mayor honra tuya y bien de mi alma. Amén.
(Padre Nuestro, Ave María, Gloria y Oración a la Santísima Reina.)
Quinto Día: Doctor por sus disputas convincentes
Dios y Señor de los doctores, a quienes iluminaste con el precioso don de tu infinita sabiduría, para que con su doctrina sacasen a los hombres del triste estado de la ignorancia a la hermosa y clara luz de una segura inteligencia.
Yo te ofrezco los merecimientos de estos sapientísimos maestros, y los de tu iluminado siervo San Cayetano, en quien derramaste los tesoros de la celestial doctrina para disipar y confundir los perniciosos errores de las falsas creencias.
Yo te suplico, Padre de las misericordias, que por su poderoso medio imprimas en mi alma tu santo temor, como origen y principio de la verdadera sabiduría y medio necesario para buscar tu reino y tu justicia, y lo que solicito en esta Novena, si es para gloria tuya y provecho de mi alma. Amén.
(Padre Nuestro, Ave María, Gloria y Oración a la Santísima Reina.)
Sexto Día: Mártir por sus crueles tormentos
Dios y Señor de los mártires, a quienes armaste con el invencible escudo de tu fortaleza, para resistir en los tormentos la inhumana impiedad de los más crueles tiranos.
Yo te ofrezco los merecimientos de estos invictos varones, y los de tu paciente y fidelísimo siervo y protector mío San Cayetano, cuya heroica fortaleza arrebató la admiración de toda Roma cuando, en el estrecho trance de un general saqueo, el sacrílego furor de unos soldados quiso apoderarse de su inocente cuerpo para someterlo a crueles tormentos.
Yo te suplico que, por su invicta paciencia y por su intercesión, me concedas un espíritu de fortaleza para resistir con cristiana conformidad los trabajos y adversidades de esta vida mortal, y lo que solicito para mayor honra y gloria tuya y bien de mi alma. Amén.
(Padre Nuestro, Ave María, Gloria y Oración a la Santísima Reina.)
Séptimo Día: Ángel por su pureza inefable
Dios y Señor de los ángeles, a quienes creaste como espíritus puros, destinándolos a ser servidores de tu adorable Providencia y custodia de nuestras almas, para que, conducidos por sus manos, no cometamos ofensa alguna a Dios ni a nuestro prójimo en la carrera de esta vida.
Yo te ofrezco los merecimientos de estos vigilantísimos espíritus, y los de tu castísimo siervo San Cayetano, por cuya virtud fue visto como perfecta copia de la angelical pureza, logrando que innumerables almas poseídas del vicio y la torpeza se transformasen en nuevas criaturas, conducidas por su familiar trato, poderoso ejemplo y consejos.
Yo te suplico que, por su intercesión, me concedas el precioso don de esta virtud angélica, para lograr libre entrada en tu reino, y lo que pido en esta Novena, si ha de ser para gloria tuya y provecho de mi alma. Amén.
(Padre Nuestro, Ave María, Gloria y Oración a la Santísima Reina.)
Octavo Día: Serafín por su amor ardentísimo
Dios y Señor de los Serafines, a quienes distinguiste de los nueve coros de ángeles que componen tu trono con la singular excelencia de ardorosos espíritus, para que sin cesar te alaben y te bendigan cantando: Santo, Santo, Santo.
Yo te ofrezco los merecimientos de estos espíritus bienaventurados, y los de tu amantísimo siervo San Cayetano, a quien comunicaste un fuego tan activo de tu soberano amor que mereció formar de sus mismos brazos un trono donde se dignó descansar tu Divina Persona en compañía de tu Madre Santísima, manifestando al mundo con tan singular privilegio ser Cayetano sagrada víctima en tu amoroso incendio.
Yo te suplico que, por su intercesión, merezca alcanzar una gracia eficaz para que, libre de todo lo terreno, viva siempre íntimamente unido contigo y consiga lo que pido en esta Novena, si ha de ser para tu mayor gloria y utilidad y provecho de mi alma. Amén.
(Padre Nuestro, Ave María, Gloria y Oración a la Santísima Reina.)
Noveno Día: Protector especial de sus devotos
Omnipotente Dios y Señor, a cuyo imperio obedecen, se humillan y tiemblan todas las potestades del mundo, como hiciste con el Faraón a un ligero impulso del aliento de Moisés, para librar a los israelitas de la dura y áspera esclavitud que padecían, obrando a este efecto infinitos prodigios y milagros.
Yo te ofrezco los merecimientos de este generoso caudillo y afligido pueblo, y los de tu singularísimo siervo San Cayetano, a quien dispensaste tanta gracia en obrar milagros y sacar a sus devotos de las más graves angustias y conflictos, que ninguno ha de recibir un despacho favorable si con viva fe no implora su especial protección y poderoso patrocinio.
Yo te suplico que, por su intercesión, me concedas el consuelo y socorro en las necesidades espirituales y corporales, para que, renovando cada día los santos propósitos de la enmienda de mi vida, logre la dicha de merecer tu gracia y ser conducido, después de una muerte preciosa, a las eternas delicias de la gloria. Amén.
(Padre Nuestro, Ave María, Gloria y Oración a la Santísima Reina.)
Oración a la Santísima Reina (para todos los días)
Santísima Reina e Inmaculada Virgen María, que fuiste elegida por el Padre para ser Madre de su Unigénito Hijo, queriendo que desde el primer instante de tu dichosa existencia estuvieses preservada de toda mancha, para formar un digno tabernáculo de su Divinidad;
yo te suplico, Inmaculada Señora, me alcances de tu Divino Hijo la gracia de que yo borre, con un verdadero espíritu de penitencia, las manchas de todas mis culpas y pecados; y como eres la generosa dispensadora de todos sus dones y gracias, haz que yo experimente alguna parte de los dulces efectos de beneficencia que comunicaste a tu amado siervo y protector mío San Cayetano.
También te suplico me alcances lo que pido en esta Novena, para que, unidos todos en perfecta caridad y purificadas nuestras conciencias, celebremos en el misterio de tu Concepción Inmaculada la excelencia de tu ser y la mayor gloria de tu Hijo, quien con el Padre y el Espíritu Santo vive y reina por todos los siglos de los siglos. Amén.
Oración final
¡Oh glorioso San Cayetano, aclamado por todas las naciones como Padre de la Providencia, porque con portentosos milagros socorres a cuantos te invocan con fe en sus necesidades!
Te suplico me obtengas del Señor oportuno socorro en las angustias presentes, y sea ello prenda de la bienaventuranza eterna. Amén.
¡Glorioso Padre San Cayetano, ruega por nosotros!
Variantes de la novena que buscan los fieles
Novena a San Cayetano para conseguir trabajo
Esta es, con mucho, la petición más buscada, y es enteramente legítima: no se trata de forzar la mano de Dios, sino de pedir con confianza filial un empleo honrado con que sostener a la familia. Al llegar al lugar donde cada oración dice «lo que pido en esta Novena», expón tu necesidad con sencillez: «San Cayetano, alcánzame del Señor un trabajo digno y estable para no faltar al pan de los míos, y la gracia de trabajar con honradez y sin angustia». San Cayetano, que socorría a los desempleados de su tiempo y fundó una obra de crédito para librar a los pobres de la usura, entiende esta súplica como nadie. Puedes acompañar la novena con una oración por el trabajo.
Novena a San Cayetano para conseguir trabajo urgente
Cuando la necesidad aprieta y el pan de mañana es incierto, la Iglesia no nos pide fingir calma, sino clamar con fe: «San Cayetano, Padre de la Providencia, socórreme en esta angustia presente; provee lo necesario para mi familia y sostén mi esperanza». La misma novena sirve para el caso urgente; lo que cambia es la intensidad del corazón, no las palabras. Confía en que Dios, que viste los lirios del campo, no abandona a quien lo busca, y complétala si te es posible con una oración a la Divina Providencia.
Novena a San Cayetano, versión corta
Si un día no puedes rezar la novena entera, no la abandones: reza al menos la oración preparatoria, la oración propia del día y la oración final, con un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria. Vale más la constancia humilde de los nueve días que la perfección de uno solo. Al día siguiente retoma el orden completo.
Novena a San Cayetano en PDF y para imprimir
Muchos fieles buscan la «novena a San Cayetano pdf» o un texto «para imprimir» para llevarlo consigo o rezarlo en familia. Todo el texto de esta página puede imprimirse tal cual: contiene la novena íntegra y ordenada, día por día. En la app de Iter Fidei la tienes siempre a mano, sin conexión, para rezarla ante una vela encendida o de camino al trabajo.
Cómo se reza esta novena
¿Cuándo comienza la novena de San Cayetano? La costumbre tradicional es empezarla el 29 de julio, de modo que el noveno día caiga en la víspera o el día mismo de su fiesta, el 7 de agosto. Pero una novena puede rezarse en cualquier época del año ante una necesidad concreta: lo esencial son los nueve días seguidos.
Cómo hacer la novena, paso a paso. Cada día, preferiblemente a la misma hora y en un lugar recogido, ante una imagen del santo o un crucifijo:
- Haz la señal de la cruz y reza el acto de contrición.
- Reza la oración preparatoria (siempre la misma).
- Reza la oración propia del día correspondiente.
- Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria.
- Concluye con la Oración a la Santísima Reina y la oración final, pidiendo tu gracia.
Es piadosa costumbre llevar durante la novena una espiga de trigo —símbolo del pan de cada día— y llevarla a bendecir el 7 de agosto. Y recuerda que la oración más poderosa es siempre la Santa Misa: si puedes, acompaña la novena con la confesión y la comunión, de modo que llegues a la fiesta del santo con el alma limpia. Si hace tiempo que no te acercas al sacramento, aquí tienes una guía sencilla de cómo confesarse.
Quién fue San Cayetano de Thiene
San Cayetano (Gaetano) nació en Vicenza, en el norte de Italia, hacia el año 1480, hijo de Gaspar, conde de Thiene, y de María di Porto, de la nobleza vicentina. Apenas contaba dos años cuando su padre murió en batalla, y su piadosa madre quedó por tutora de él y de sus dos hermanos, criándolos en tan sólida virtud que Cayetano fue pronto conocido por su bondad singular. Estudió cuatro años en la Universidad de Padua, donde las largas devociones que practicaba no estorbaban sus estudios, sino que los santificaban; se doctoró en derecho civil y canónico en 1504, fue nombrado senador de su ciudad natal y, resuelto a servir a Dios en el sacerdocio, recibió la tonsura.
En 1506 marchó a Roma, no en busca de honores, sino movido por la íntima convicción de que allí era necesario para alguna gran obra. El papa Julio II le confirió el oficio de protonotario; mas al morir el pontífice en 1513, Cayetano renunció a todo cargo y dedicó tres años a prepararse para el altar. Fue ordenado sacerdote en 1516, a los treinta y tres años, y de tal modo se abrasaba en amor a la Sagrada Eucaristía que pasaba largas horas en oración ante el Santísimo. Refiere la piadosa tradición que, orando una Nochebuena ante el pesebre en Santa María la Mayor, la Santísima Virgen puso en sus brazos al Niño Jesús: de ahí que el arte lo represente siempre con el Niño en los brazos.

De regreso a Italia promovió con ardor la comunión frecuente y la exposición del Santísimo Sacramento, entonces poco usadas, y se entregó al servicio de los hospitales y de los pobres. En 1523, unido a otros varones apostólicos —entre ellos Juan Pedro Carafa, obispo de Chieti (la antigua Theate) y futuro papa Paulo IV—, concibió el plan de reformar al clero según el modelo de vida de los Apóstoles. Así nacieron, con la aprobación de Clemente VII, los Clérigos Regulares Teatinos, llamados así por la sede de Carafa; el 14 de septiembre de 1524 los primeros compañeros hicieron su profesión en la basílica de San Pedro. Su propósito era predicar la sana doctrina, asistir a los enfermos, restaurar el uso frecuente de los sacramentos y devolver al clero el celo de los primeros pastores.
La nueva congregación pasó por duras pruebas. En 1527, durante el saqueo de Roma por las tropas del emperador Carlos V, la casa de los teatinos quedó casi arrasada, sus miembros fueron maltratados y hubieron de huir a Venecia. Allí Cayetano brilló por su caridad durante una peste y una terrible hambre, socorriendo a los desamparados. Enviado más tarde a Nápoles, un noble le ofreció rentas y tierras para asegurar el sustento de la comunidad, pero él las rehusó, confiando enteramente en la Divina Providencia: no quería más renta que la que Dios enviase día a día. De esa confianza heroica, y de su amor entrañable a los pobres, le vino el título con que aún se le invoca: Padre de la Providencia.

Consumido por los trabajos y las penitencias, cayó enfermo en el verano de 1547. Cuando los médicos le aconsejaron dejar las tablas duras de su lecho por un colchón, respondió que su Salvador había muerto en una cruz, y quiso morir como él había vivido, en la pobreza. Entregó su alma a Dios ese mismo año, en Nápoles. Fue beatificado por Urbano VIII en 1629 y canonizado por el papa Clemente X en 1671; la Iglesia celebra su fiesta el 7 de agosto. Su devoción, plenamente tradicional y anterior en siglos a nuestros días, arraigó con fuerza en el mundo hispano, donde se le honra como patrono del pan y del trabajo y ante sus santuarios acuden cada 7 de agosto multitudes con la espiga de trigo en la mano.

Preguntas Frecuentes
¿Cómo hacer la novena a San Cayetano?
Se reza durante nueve días seguidos. Cada día se dice el acto de contrición, la oración preparatoria, la oración propia del día, un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria, y se concluye con la Oración a la Santísima Reina y la oración final, pidiendo la gracia que se desea. Tienes el texto íntegro y ordenado más arriba.
¿Cuándo comienza la novena de San Cayetano?
La costumbre es comenzarla el 29 de julio, para que el noveno día coincida con la víspera o el día de su fiesta, el 7 de agosto. No obstante, puede rezarse en cualquier momento del año ante una necesidad concreta.
¿Para qué sirve la novena a San Cayetano?
Se reza sobre todo para pedir trabajo digno y el pan de cada día, pero también para alcanzar paz en el hogar, provisión honrada, fortaleza en la adversidad económica y, ante todo, la gracia de confiar en la Divina Providencia como confió el santo. No es un conjuro para obtener favores materiales: es una oración de fe que se somete siempre a la voluntad de Dios.
¿Por qué es San Cayetano el patrono del trabajo?
Porque en vida socorrió a los desempleados, sostuvo a los pobres y fundó una obra de crédito piadoso para librarlos de la usura, viviendo él mismo en total abandono a la Providencia. Por eso los fieles lo invocan como patrono del pan y del trabajo, y le presentan la espiga de trigo, símbolo del sustento diario.
¿Se puede rezar la novena para conseguir trabajo urgente?
Sí. La misma novena sirve para las necesidades apremiantes; basta exponer la urgencia al llegar a la petición del día. Conviene acompañarla de la búsqueda diligente y honrada de empleo, pues la gracia de Dios no dispensa del propio esfuerzo, sino que lo sostiene.
¿Qué se hace con la espiga de trigo?
Es tradición piadosa llevar una espiga de trigo durante la novena, o llevarla al templo el 7 de agosto para que sea bendecida. El trigo recuerda el pan de cada día que pedimos en el Padre Nuestro y la confianza en que Dios provee.
¿Puedo rezar esta novena junto con otras devociones?
Sí. Muchos fieles la unen a la Santa Misa, al Rosario o a otras novenas de intercesión afines, como la novena a San Pancracio, también invocado por el trabajo. Lo importante es rezar con fe, en gracia de Dios y sometiendo toda petición a su voluntad.
En Iter Fidei encontrarás esta novena y muchas otras oraciones de la tradición católica, listas para rezar cada día, incluso sin conexión. Descárgala aquí.
Fuentes. Sagrada Escritura (Biblia de Torres Amat); Butler, Vidas de los Santos (San Cayetano de Thiene, 7 de agosto); oración preparatoria, oraciones propias de los nueve días y oraciones finales según los devocionarios tradicionales de la novena a San Cayetano; actos pontificios de beatificación (Urbano VIII, 1629) y canonización (Clemente X, 1671).