Salmos
Salmo 46 (Salmo 45 en la Vulgata): Dios es nuestro refugio y fortaleza
El Salmo 46, el gran canto de confianza en medio de la tormenta — el Salmo 45 de la Vulgata. Texto completo en español (Torres-Amat) y en latín, con su sentido tradicional y cómo rezarlo.

Hay salmos que nacen para los días de tormenta. Cuando la tierra parece moverse bajo los pies, cuando las noticias asustan y el corazón se llena de inquietud, la Iglesia ha puesto desde siempre en labios de sus hijos un canto sereno y firme: el Salmo 46, conocido por su primer verso, "Dios es nuestro refugio y fortaleza". Es uno de los grandes salmos de confianza del Salterio, hermano de los salmos de protección, y de él brotó más tarde el célebre himno de Lutero — aunque el salmo es muy anterior y pertenece por entero a la fe católica. Aquí les ofrecemos el Salmo 46 completo, en español y en latín, con su sentido tradicional y unas líneas sobre cómo rezarlo.
Salmo 46 o Salmo 45: por qué la doble numeración
Si abren ustedes una Biblia católica antigua, hecha sobre la Vulgata de San Jerónimo, no encontrarán este texto bajo el número 46, sino bajo el 45. No es un error. La Vulgata sigue la numeración del Salterio griego de los Setenta, que junta en uno solo los salmos 9 y 10 del texto hebreo. Desde ese punto y hasta casi el final del Salterio, el número hebreo es siempre uno más que el de la Vulgata: lo que las Biblias modernas y protestantes llaman Salmo 46 es exactamente lo que la tradición latina de la Iglesia llama Salmo 45.
Es el mismo salmo, palabra por palabra. Para no confundirse, lo más seguro no es fiarse del número sino de las primeras palabras: si el salmo empieza por "Dios es nuestro refugio y fortaleza" (en latín, Deus noster refugium et virtus), tienen ustedes delante este salmo, lo numere como lo numere su edición.
Salmo 46 completo (Salmo 45 de la Vulgata)
Damos el texto en la traducción tradicional de Félix Torres Amat sobre la Vulgata, con la ortografía actualizada para una lectura más fácil:
1. Para el fin; á los hijos de Coré: Salmo para los misterios.
2. Dios es nuestro refugio y fortaleza: nuestro defensor en las tribulaciones que tanto nos han acosado.
3. Por eso no temeremos aun cuando se conmueva la tierra, y sean trasladados los montes al medio del mar.
4. Bramaron y alborotáronse sus aguas: á su furioso ímpetu se estremecieron los montes.
5. Un río caudaloso alegra la ciudad de Dios: el Altísimo ha santificado su tabernáculo.
6. Está Dios en medio de ella, no será conmovida: la socorrerá Dios ya desde el rayar del alba.
7. Se conturbaron las naciones, y se tambalearon los reinos: dio Él su voz, y se estremeció la tierra.
8. El Señor de los ejércitos está con nosotros: nuestro amparo es el Dios de Jacob.
9. Venid, y ved las obras del Señor, los prodigios que ha hecho sobre la tierra,
10. haciendo cesar las guerras hasta el cabo del mundo. Quebrará el arco y romperá las armas, y entregará al fuego los escudos.
11. Estad quietos, y ved que yo soy Dios: ensalzado seré entre las naciones, y ensalzado seré en la tierra.
12. El Señor de los ejércitos está con nosotros: nuestro amparo es el Dios de Jacob.
El Salmo 46 en latín (Vulgata)
Deus noster refugium et virtus: adiutor in tribulationibus, quae invenerunt nos nimis.
Propterea non timebimus dum turbabitur terra: et transferentur montes in cor maris.
Sonuerunt, et turbatae sunt aquae eorum: conturbati sunt montes in fortitudine eius.
Fluminis impetus laetificat civitatem Dei: sanctificavit tabernaculum suum Altissimus.
Deus in medio eius, non commovebitur: adiuvabit eam Deus mane diluculo.
Conturbatae sunt gentes, et inclinata sunt regna: dedit vocem suam, mota est terra.
Dominus virtutum nobiscum: susceptor noster Deus Iacob.
Venite, et videte opera Domini, quae posuit prodigia super terram:
auferens bella usque ad finem terrae. Arcum conteret, et confringet arma: et scuta comburet igni.
Vacate, et videte quoniam ego sum Deus: exaltabor in gentibus, et exaltabor in terra.
Dominus virtutum nobiscum: susceptor noster Deus Iacob.
El sentido tradicional del salmo
El Salmo 46 se divide en tres tiempos, marcados en el hebreo por la palabra Selah (una pausa musical). Cada tiempo dice lo mismo de un modo nuevo: Dios está con su pueblo, y por eso el pueblo no teme nada.
En el primer movimiento (vv. 2-4), el salmista imagina el peor cataclismo posible para la mente antigua: que la tierra se hunda y los montes se desplomen en el mar, que el océano brame y todo se venga abajo. Y precisamente entonces declara: "no temeremos". La fe no consiste en que no haya tormenta, sino en saber a quién tenemos por refugio mientras ella arrecia.
En el segundo movimiento (vv. 5-8) el escenario cambia por completo. Frente a las aguas furiosas del caos aparece "un río caudaloso" cuyas corrientes "alegran la ciudad de Dios". Los Padres vieron en esa ciudad a Jerusalén, figura de la Iglesia, y en ese río la gracia del Espíritu Santo que la fecunda. "Está Dios en medio de ella": por eso, aunque tiemblen los reinos de fuera, la ciudad "no será conmovida".
El tercer movimiento (vv. 9-12) invita a contemplar: "Venid, y ved las obras del Señor". Es Dios quien hace cesar las guerras, quien quiebra el arco y quema los escudos. Y de ahí brota el versículo que la tradición monástica más ha amado: "Vacate, et videte quoniam ego sum Deus" — "Estad quietos, y ved que yo soy Dios". Es una invitación al silencio, a soltar el afán y dejar que Dios sea Dios. San Agustín y los Padres del desierto lo leyeron como la raíz misma de la vida de oración: callar, descansar en Él, y dejar que su poder obre.
Cómo y cuándo rezar el Salmo 46
No es un amuleto ni una fórmula mágica: es la Palabra de Dios puesta en boca del que confía. Se reza con provecho en los momentos de miedo, de crisis o de mala noticia, cuando "la tierra se conmueve" en nuestra vida — una enfermedad, una pérdida, una amenaza. Conviene leerlo despacio, deteniéndose en el estribillo "El Señor de los ejércitos está con nosotros", y cerrar con un rato de silencio sobre el "Estad quietos, y ved que yo soy Dios". Muchos fieles lo rezan también de noche, antes de dormir, como acto de abandono en las manos del Padre.
Si quieren seguir rezando con el Salterio, les recomendamos el Salmo 91, el gran escudo del que confía; el Salmo 23, "El Señor es mi pastor"; y el Salmo 27, "El Señor es mi luz y mi salvación". Y para una panorámica, nuestra guía de los salmos de protección.
Preguntas Frecuentes
¿Qué significa el Salmo 46?
Significa que Dios mismo es nuestro refugio y nuestra fuerza en medio de cualquier tribulación. Su mensaje central es la confianza serena: aunque todo se tambalee a nuestro alrededor, el creyente no teme, porque "el Señor de los ejércitos está con nosotros".
¿Para qué sirve el Salmo 46?
La tradición lo reza como oración de confianza y de protección en los momentos de miedo, peligro o angustia. No es un conjuro: es un acto de fe que pone el alma en paz al recordar que Dios está presente y obra en favor de los suyos.
¿Quién escribió el Salmo 46?
El título lo atribuye a "los hijos de Coré", una familia de cantores del Templo de Jerusalén, dentro del gran libro de los Salmos compuesto y reunido bajo la inspiración del Espíritu Santo. La tradición lo cuenta entre los salmos de la confianza de Israel.
¿Cuándo rezar el Salmo 46?
Es especialmente apropiado en los días de prueba — enfermedad, crisis, malas noticias — y al final del día, como entrega confiada antes de dormir. También se reza al comenzar un tiempo de oración, por su invitación al silencio: "Estad quietos, y ved que yo soy Dios".
¿Por qué se llama Salmo 45 en algunas Biblias?
Porque las Biblias católicas hechas sobre la Vulgata siguen la numeración griega de los Setenta, que es una unidad menor que la hebrea. El Salmo 46 hebreo y moderno es el Salmo 45 de la Vulgata: el mismo texto, distinto número.
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Fuentes. Texto español: Sagrada Biblia de Félix Torres Amat (traducción de la Vulgata). Texto latino: Vulgata Clementina, Salmo 45. Comentario según la lectura patrística y tradicional del salmo (San Agustín, Enarrationes in Psalmos).