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Siete iglesias privadas de la misa dominical: el Sacrificio que se apaga por falta de sacerdotes
Una diócesis estadounidense suprime la misa dominical en siete iglesias por falta de sacerdotes; medimos la pérdida por el santo sacrificio de la misa.
En una diócesis estadounidense, la misa del domingo queda suprimida en siete iglesias. Se invocan la baja de la asistencia y la falta de sacerdotes. Siete campanarios donde, en el día del Señor, el altar quedará en adelante mudo.
El tercer mandamiento no dice: « Asiste a la misa si queda un sacerdote. » Dice: « Acuérdate de santificar el día del sábado. » Y el modo en que la Iglesia siempre ha santificado ese día es el santo Sacrificio, fuente y culmen de toda la vida cristiana, donde el Calvario se hace presente sobre el altar. Privar a un pueblo de la misa dominical no es cerrar una sala: es apagar, en un lugar, el fuego mismo en torno al cual los cristianos se reúnen desde las catacumbas.
No juzgamos al pastor que afronta la escasez; nombramos el hecho y su causa. Allí donde la fe se entibia, los bancos se vacían; allí donde los bancos se vacían, las vocaciones callan; y allí donde las vocaciones callan, el altar acaba por callar a su vez. La solución no es la resignación, sino el remedio que el Señor mismo prescribió: « Rogad pues al dueño de la mies, que envie á su mies operarios. » No se repuebla una iglesia rebajando sus exigencias, sino devolviendo a los fieles lo que habían dejado de recibir: el sentido de lo sagrado, la belleza del culto, la certeza de que allí, verdaderamente, Dios se da. Salvad la misa, y las almas volverán a buscarla.
Sources. Éxodo, XX, 8, del tercer mandamiento; Evangelio según san Mateo, IX, 38; Catecismo del Concilio de Trento (1566), del santo sacrificio de la misa.