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León XIV deroga las rebajas salariales del Covid. La cuestión es el corazón, no la cifra.
Por un motu proprio del 14 de septiembre de 2026, León XIV deroga las rebajas de retribución impuestas a los cardenales y a la Curia durante la pandemia; la Tradición juzga no el monto, sino la avaricia.
Por un motu proprio publicado el 14 de septiembre de 2026, León XIV ha derogado el reglamento «Un futuro sostenibile» («Un futuro sostenible»), dictado por Francisco el 23 de marzo de 2021, que había reducido las retribuciones de los cardenales y de los altos responsables de la Curia romana durante la pandemia. La derogación entra en vigor el 1 de septiembre de 2026.
La Iglesia no se mide por sus presupuestos. Los bienes eclesiásticos no son propiedad de quienes los administran: son el patrimonio de Dios y de los pobres, confiados a los clérigos como a dispensadores que habrán de rendir cuentas. El justo sustento del ministro es debido, pues «el que trabaja merece su recompensa»; pero el peligro que acecha al alto clero no es la escasez, sino la avaricia, que el Apóstol llama «raíz de todos los males». La cuestión no es, pues, nunca el monto de una retribución, sino el apego del corazón.
La medida de 2021 reducía en un 10 % la retribución de los cardenales de la Curia, en un 8 % la de los jefes y secretarios de dicasterios, y aplicaba una rebaja general del 3 % a los empleados clérigos y religiosos. Congelaba además los aumentos por antigüedad bienales de todo el personal en servicio, pero, para los laicos, solo a partir del cuarto escalón, respetando los salarios más bajos. Francisco la había justificado por el déficit agravado por la pandemia, como una revisión del gasto destinada a evitar medidas más duras, como el despido de empleados, en particular laicos y padres o madres de familia.
Un artículo ya había sido derogado el 16 de junio de 2025. El nuevo texto, «tras oír el parecer competente de la Secretaría para la Economía», levanta el resto: las retribuciones quedan restablecidas, mientras que los efectos producidos durante el período de vigencia, incluida la congelación de la adquisición de los escalones de antigüedad, permanecen definitivamente adquiridos. León XIV escribe que las reducciones «eran también necesarias para afrontar el desafío excepcional que representa la pandemia», y que «ahora pueden ser superadas, con la certeza de que las instituciones de la Santa Sede y del Estado de la Ciudad del Vaticano proseguirán, con medios distintos, su empeño por garantizar la viabilidad económica».
Devolver al ministro lo que le es debido no es una falta; apegarse a ello sí lo sería. La Tradición no juzga la cifra, juzga el corazón que la recibe.
Fuentes. Catecismo del Concilio de Trento (1566), del séptimo mandamiento, sobre los bienes ajenos y el vicio de la avaricia; primera epístola de san Pablo a Timoteo, VI, 8-10 («raíz de todos los males es la avaricia»); evangelio según san Lucas, X, 7 («el que trabaja merece su recompensa»).