Novenas
Novena al Divino Niño Jesús
La novena al Divino Niño Jesús, su origen, su estructura día a día y la oración. La enmarcamos con honestidad en la antigua devoción al Niño Jesús: el Santo Niño de Atocha y el Niño de Praga.

La novena al Divino Niño Jesús es una de las devociones más queridas de Latinoamérica, y muchos hermanos nos la piden. Queremos responder con claridad y con honradez. Reunimos aquí la estructura de la novena día a día, la oración que se reza en ella, su origen verdadero y, sobre todo, la raíz antigua de la que brota: el amor de la Iglesia al Niño Jesús.
Una devoción del siglo XX, con raíces muy hondas
Conviene decirlo de entrada, sin rodeos. La advocación del "Divino Niño Jesús" tal como se conoce hoy —la imagen de túnica rosada con los brazos abiertos, el santuario del barrio del 20 de Julio en Bogotá— es relativamente reciente. La difundió en Colombia, a comienzos del siglo XX, el sacerdote salesiano Juan del Rizzo, y de allí pasó a todo el continente. No es, pues, una devoción medieval ni patrística, y sería deshonesto presentárosla como tal.
Pero el corazón de esta devoción —adorar a Dios hecho un niño pequeño, abandonarse en sus manos abiertas— es tan antiguo como el Evangelio. Por eso no la rechazamos: la situamos. La leemos a la luz de las advocaciones tradicionales que la precedieron y la sostienen, como el Santo Niño de Atocha y el Niño Jesús de Praga, veneradas mucho antes y arraigadas en la piedad de la Iglesia. Donde la imagen moderna sea sobria y conduzca a Cristo, la acogemos; donde se deslice hacia la superstición o la promesa de favores materiales garantizados, os pedimos prudencia.
El fundamento evangélico: Dios se hizo niño
Lo que adoramos en el Niño Jesús no es una estampa, sino un misterio. El Hijo de Dios, segunda Persona de la Santísima Trinidad, Dios eterno y todopoderoso, se hizo hombre para salvarnos, sin dejar de ser Dios: es Dios perfecto y hombre perfecto a la vez, como enseña el Catecismo de San Pío X al explicar el segundo artículo del Credo.
Y quiso hacerse pequeño. San Lucas lo narra con sencillez desarmante: María "parió a su Hijo primogénito, y le envolvió en pañales, y le recostó en un pesebre, porque no había para ellos lugar en el mesón" (Lc 2, 7). El Verbo eterno cabe en unos brazos. El que sostiene el universo necesita que lo cuiden. Esa es la lección del Niño Jesús, y es la misma que el Señor adulto repitió: "Si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos" (cf. Mt 18, 3). A los pequeños los acogía con ternura: "Dejad en paz a los niños, y no les impidáis venir a mí" (cf. Mt 19, 14).
Por eso, cuando rezamos al Divino Niño, no pedimos como quien frota un amuleto. Pedimos como hijos que se abandonan: con humildad, confianza y perseverancia, las disposiciones que el mismo Catecismo señala para orar bien.
¿Qué es una novena?
Una novena es la oración hecha durante nueve días seguidos, con una misma intención, para preparar una fiesta o pedir una gracia. Su modelo está en los nueve días que los Apóstoles y la Virgen pasaron en oración en el Cenáculo, esperando al Espíritu Santo. No es magia ni un plazo automático: es la fidelidad de quien insiste, como la viuda del Evangelio, confiando en un Padre que sabe lo que necesitamos antes de pedírselo.
Estructura de la novena al Divino Niño Jesús
La novena se reza durante nueve días consecutivos. Pueden ustedes hacerla en cualquier momento del año, aunque muchos la unen al tiempo de Navidad o a una necesidad concreta. Cada día sigue un esquema sencillo:
- Señal de la cruz y un breve acto de presencia ante Dios.
- Acto de contrición, para acercarse con el corazón limpio.
- Lectura breve de un pasaje de la infancia de Cristo (el nacimiento, la adoración de los pastores, la presentación en el templo, la huida a Egipto, el Niño en el templo). Leer despacio el Evangelio es el alma de la novena.
- Meditación: detenerse un instante en lo leído y dejar que hable al corazón.
- Oración al Divino Niño Jesús (la que damos abajo).
- Peticiones por las propias intenciones y por la Iglesia.
- Tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias, o el rezo de un misterio del Rosario.
- Jaculatoria final: "Divino Niño Jesús, en ti confío."
Si prefieren ustedes una forma aún más sobria, basta con el Evangelio del día, la oración y un Padrenuestro. La devoción se mide por el amor, no por la longitud.
Oración al Divino Niño Jesús
Divino Niño Jesús, que por amor nuestro quisiste hacerte pequeño y nacer en la pobreza de Belén: te adoro en el misterio de tu santa infancia y me pongo entero en tus manos abiertas.
Concédeme, Señor, un corazón sencillo y confiado como el de los niños, para amarte sin reservas y obedecer en todo a tu santa voluntad. Aparta de mí el pecado, sostén mi fe, fortalece mi esperanza y enciende mi caridad.
Tú que dijiste "dejad que los niños vengan a mí", recíbeme como soy y atiende, si así conviene a mi salvación, esta intención que te confío [decir la petición]. Y si lo que pido no es para mi bien, dame la gracia mayor de aceptar lo que tú dispongas.
Divino Niño Jesús, en ti confío. Amén.
Una palabra de prudencia
Habrán oído ustedes hablar de la novena "de los nueve días" como de una fórmula infalible que "nunca falla". Conviene poner las cosas en su sitio. Dios no está obligado por un número de días ni por la repetición de palabras; Él responde siempre, pero a su modo y para nuestro bien verdadero, que a veces no coincide con lo que pedimos. Rezar la novena es bueno y santo cuando nace de la fe; se vuelve superstición cuando se la trata como un mecanismo que fuerza la voluntad divina. Recen ustedes con confianza filial, no con cálculo.
Quien quiera anclar esta devoción en terreno seguro hará bien en mirar a las advocaciones que la Iglesia ha venerado durante siglos. El Niño Jesús de Praga nos recuerda su realeza y su providencia; el Santo Niño de Atocha, su cercanía con los pobres, los presos y los caminantes. Una y otra nos llevan al mismo lugar: el pesebre, donde Dios se nos da indefenso para que aprendamos a confiar.
Preguntas Frecuentes
¿Qué es una novena?
Es la oración perseverante durante nueve días seguidos, con una misma intención, a imitación de los nueve días que la Virgen y los Apóstoles pasaron en oración esperando al Espíritu Santo. Prepara una fiesta o acompaña una petición; no es una fórmula automática, sino un acto de confianza y constancia.
¿Cómo se reza una novena al Divino Niño Jesús?
Cada día, durante nueve días, se hace la señal de la cruz, un acto de contrición, la lectura de un pasaje de la infancia de Cristo, una breve meditación, la oración al Divino Niño, las peticiones y unos Padrenuestros, Avemarías y Glorias, cerrando con la jaculatoria "Divino Niño Jesús, en ti confío".
¿Es una devoción antigua o reciente?
La advocación del "Divino Niño Jesús" se difundió en Colombia a comienzos del siglo XX gracias al padre salesiano Juan del Rizzo. Es, por tanto, reciente; pero el amor al Niño Jesús es tan antiguo como el Evangelio y vive en advocaciones más viejas como el Niño de Praga y el Santo Niño de Atocha.
¿La novena "nunca falla"?
Dios escucha siempre la oración hecha con fe, pero responde como Padre, según nuestro verdadero bien, no por un número de días cumplidos. Tratar la novena como una garantía infalible es deslizarse hacia la superstición. Recen ustedes con confianza filial y abandono, dispuestos a aceptar lo que el Señor disponga.
¿Cuándo conviene rezarla?
Puede rezarse en cualquier momento del año. Muchos la unen al tiempo de Navidad, por su relación con el nacimiento del Señor, o ante una necesidad concreta. Lo importante es la constancia de los nueve días y la pureza de la intención.
¿Hace falta una imagen del Divino Niño para rezarla?
No es necesaria. La imagen puede ayudar a recogerse, pero la devoción se dirige a Cristo mismo, no a la estampa. Basta el Evangelio abierto, un corazón humilde y la oración perseverante.
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Fuentes. Sagrada Biblia, traducción de Félix Torres Amat (Lc 2; Mt 18; Mt 19). Catecismo de la Doctrina Cristiana de San Pío X (sobre la Encarnación, el segundo artículo del Credo y las disposiciones de la oración).