Novenas
Novena a la Virgen del Perpetuo Socorro
La novena a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, con oraciones indulgenciadas por Pío IX en 1866: la oración diaria, los nueve días con su meditación y la oración final, cuándo rezarla y la historia de la santa imagen.

Cuando ya hemos llamado a todas las puertas y ninguna se abre, todavía nos queda una: el Corazón de la Madre del Perpetuo Socorro. Esta novena se reza en cualquier necesidad grave —una enfermedad, un pleito, una angustia del alma, una causa que parece imposible—, y de modo especial en los nueve días que preceden a su fiesta, el 27 de junio (en el calendario de 1962 no es fiesta de la Iglesia universal, sino concedida pro aliquibus locis, para los lugares y familias religiosas que la tienen, como los redentoristas). Aquí encontrarás la novena, con su oración diaria, los nueve días y la oración final, y te explicamos también qué es la difundida Novena del Milagro.
Nota sobre el texto. Esta novena es una composición de devoción moderna, sin texto litúrgico ni aprobación propia, aunque algunas de sus oraciones fueron indulgenciadas por Pío IX (rescripto del 17 de mayo de 1866); la oración oficial de la Iglesia para el 27 de junio es la colecta de la fiesta, concedida pro aliquibus locis, que se da en la oración final.
Si es la primera vez que rezas una novena, quizá quieras leer antes qué es una novena y por qué la Iglesia ha unido tantas gracias a estos nueve días de oración perseverante.
El texto de la novena al Perpetuo Socorro
Damos aquí la novena a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro tal como la contiene la aplicación Iter Fidei, con oraciones enriquecidas con indulgencias por Pío IX en 1866. Cada día se hace la señal de la cruz, se reza la oración diaria con la propia petición, luego se medita la palabra de la Escritura propuesta para el día y se dice su oración propia; se termina con un Padrenuestro, tres Avemarías y el Gloria, y con la oración final. Conviene rezarla ante una imagen de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, o ante cualquier imagen de la Virgen.
Oración diaria (para todos los días)
Oh santa Virgen María, que, para inspirarnos una confianza sin límites, quisiste tomar el nombre dulcísimo de Madre del Perpetuo Socorro, te suplicamos que nos socorras en todo tiempo y en todo lugar: en nuestras tentaciones, después de nuestras caídas, en nuestras dificultades, en todas las miserias de la vida y sobre todo en la hora de nuestra muerte. Danos, oh Madre caritativa, el pensamiento y la costumbre de recurrir siempre a ti, pues estamos ciertos de que, si te invocamos fielmente, tú serás fiel en socorrernos.
(Exprésese aquí, con sencillez y claridad, la intención que se confía a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, la misma durante los nueve días.)
Alcánzanos, pues, esta gracia de las gracias: la gracia de orarte sin cesar y con la confianza de un niño, para que, por la virtud de esta oración fiel, obtengamos tu perpetuo socorro y la perseverancia final. Bendícenos, oh tierna y socorredora Madre; ruega por nosotros, ahora y en la hora de nuestra muerte. Así sea.

Día 1 — Las manos del Niño en la mano de María
«Simeón dijo a María: Y una espada traspasará tu propia alma». Mira primero a Aquel a quien María sostiene: Jesús, nuestro Salvador y nuestro Dios, Dueño absoluto de la vida y de la muerte, soberano Dispensador de todo bien. Y ve sus dos manitas puestas en la mano derecha de su Madre: le confía todo cuanto Él es y cuanto tiene.
Oh Madre del Perpetuo Socorro, vengo con gran confianza a orar al pie de tu imagen milagrosa. Aquel a quien tienes entre tus brazos es Jesús, nuestro Salvador y nuestro Dios; y tú, María, eres su Madre. Tienes, pues, todo poder para rogarle y ser escuchada.
Hoy, a pesar de mis pecados y de mi pequeñez, te pido, oh Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, tu poderosa intercesión, y te confío la intención de esta novena. Escucha mi oración, mira mi corazón e intercede tú misma por mí ante tu divino Hijo y ante su Padre, que es también nuestro Padre. Así sea.
Padrenuestro, tres Avemarías y Gloria; después, la oración final.
Día 2 — «He ahí a tu hijo»: la Madre de los hombres
«Viendo Jesús a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dijo a su madre: Mujer, he ahí a tu hijo». En aquel Niño tan débil que María estrecha contra su corazón, no ve solamente al Hijo de Dios, su Hijo: ve también a todos los hombres, hechos, por la voluntad de Dios y por su consentimiento en Nazaret y en el Gólgota, verdaderos hijos suyos.
Oh Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, con la sencillez confiada de un hijo desdichado, vengo a decirte cuánto sufro y cuánto me siento tentado de desesperar. Y sin embargo sé que soy hijo tuyo y que tú escuchas todas nuestras oraciones.
Oh Madre mía, tú conoces mi petición, la que te confié al comenzar esta oración: escúchala para mayor gloria de tu Hijo, nuestro Señor. Así sea.
Padrenuestro, tres Avemarías y Gloria; después, la oración final.
Día 3 — Los arcángeles y las grandezas de María
«Después dijo al discípulo: He ahí a tu madre». En el icono, el arcángel Gabriel presenta ya la cruz, él que saludó a María con el título único de «Llena de gracia»; y el arcángel Miguel lleva los demás instrumentos de la Pasión, recordando que ella reina sobre todos los ejércitos celestiales. Su mano derecha sostiene al Rey de reyes sin apretarlo: queda entreabierta, en actitud de ofrenda al Padre y de don a los hombres.
Oh Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, tú eres verdaderamente la Mujer bendita entre todas las mujeres, la Inmaculada, la Toda Santa, la obra maestra del Altísimo, la Reina de la tierra y de los cielos. Lejos de espantarme, tus privilegios no hacen sino aumentar mi confianza: si Dios, en su bondad, te hizo tan santa y tan poderosa, fue para nuestra salvación.
Oh Madre incomparable, si Dios queda por ello glorificado, concédeme la gracia que solicito de tu maternal ternura. Así sea.
Padrenuestro, tres Avemarías y Gloria; después, la oración final.
Día 4 — La Estrella de la mañana y la Estrella del mar
«Apareció en el cielo una gran señal: una Mujer vestida de sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza». En la frente de la Virgen brilla una estrella radiante. ¿No es acaso la Estrella de la mañana, que anuncia el día de la salvación? ¿No es la Estrella del mar, que hace resplandecer la esperanza en medio de las más negras tempestades?
Oh Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, tu maternal mirada conforta nuestros corazones inquietos y heridos. ¡Cómo nos haces ligera la carga del deber y suave el yugo de Cristo Jesús! La evocación de tu nombre devuelve la paz a nuestra alma turbada.
Oh Madre tan digna de ser amada, yo te amo; por ti y contigo amo a tu divino Hijo. Oh santa Madre de la esperanza, si Dios puede ser glorificado por ello, concédeme la gracia que solicito en esta novena. Así sea.
Se reza además el himno Ave maris stella. Padrenuestro, tres Avemarías y Gloria; después, la oración final.

Día 5 — La Madre de los dolores
«Derramen mis ojos lágrimas noche y día, y no cesen, porque la virgen hija de mi pueblo ha sido herida con gran quebranto, con golpe muy doloroso». Aquel a quien María sostiene es una pequeña víctima escapada del odio de Herodes; es también el que será crucificado bajo Poncio Pilato. El Niño mira la cruz que le presenta el ángel y recibe ya su golpe en el corazón; y su Madre sufre con Él ante esa evocación profética.
Como tú, oh María, me compadezco de los sufrimientos de tu Hijo; y, como Él, me compadezco de los tuyos. Mi compasión es tanto más viva cuanto que son también mis propios pecados los que, clavando a Jesús en la cruz, torturaron tu alma tan amante.
Es, pues, en nombre de tus dolores ofrecidos por nosotros que hoy te ruego. Alcánzanos la contrición de todos nuestros pecados y el valor de evitarlos en adelante. Dígnate también acoger la petición que te dirijo en esta novena, si acaso es conforme a la voluntad de Dios sobre mí. Así sea.
Padrenuestro, tres Avemarías y Gloria; después, la oración final.
Día 6 — La Madre compasiva
«El Señor ha pisado en el lagar a la virgen hija de Judá… Por eso lloro; mis ojos se deshacen en lágrimas». En el icono, los ojos de la Virgen no miran al Niño: nos miran a nosotros, pobres pecadores. Dulce es al alma abrumada encontrar un corazón amigo que sepa compadecer; pero cuando ese corazón es el de una madre, y de una madre como María, siempre atenta, es uno de los mayores consuelos de la vida.
Oh Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, porque eres buena y porque eres nuestra Madre, te compadeces fácilmente de nuestras penas. A tus pies vengo, pues, a recobrar ánimo: estoy seguro de que no abandonarás al hijo que recurre a ti.
Escucha el clamor de mi miseria. Oh María, di a mi alma la palabra que consuela, y concédeme el favor que imploro de tu bondad, si acaso es conforme a la voluntad de Dios sobre mí. Así sea.
Se reza además la Salve. Padrenuestro, tres Avemarías y Gloria; después, la oración final.
Día 7 — La tesorera de las gracias
«La madre de Jesús dijo a los sirvientes: Haced todo lo que Él os diga». En Caná, María advirtió la necesidad antes que todos, y el primer milagro de su Hijo fue obtenido por su oración. Por voluntad de Jesús, ella es la medianera de las gracias que Él quiere darnos: es, según la hermosa expresión de la devoción, la tesorera de Dios.
Oh Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, Madre de los dolores, tus sufrimientos unidos a los de Jesús cooperaron a nuestra salvación. Madre de los hombres, y muy particularmente de la Iglesia, ya que así lo quieres: ven en nuestra ayuda, ven.
Sé que un alma fiel en invocarte tiene asegurada tu protección y no puede perderse, por poco que acepte escucharte e imitarte. Alcánzame, a semejanza tuya, la fidelidad en el servicio de los intereses de Dios; y, si tal es su voluntad, el favor que solicito en esta novena de tu maternal ternura. Así sea.
Padrenuestro, tres Avemarías y Gloria; después, la oración final.
Día 8 — La Madre de misericordia
«El nombre de la virgen era María. El ángel Gabriel entró donde ella y le dijo: Dios te salve, llena de gracia, el Señor es contigo». Cuando pienso en mi miseria, me hallo audaz al dirigirme a ti, toda Inmaculada, e implorar tus favores. Pero tu dulce imagen me invita a la confianza: ¿no eres tú la Madre de misericordia, que no busca méritos que premiar, sino males que sanar?
¿No proclama tu mismo título de Madre del Perpetuo Socorro que Dios te envía a nosotros para aliviarnos en su Nombre de todas nuestras miserias? A tu clemencia apelo, pues, hoy, y mi confianza reposa toda entera en tu indulgente y compasiva bondad.
A ti toca protegernos, socorrernos y consolarnos del modo que sepas más conforme a la voluntad de nuestro común Padre que está en los cielos. Así sea.
Padrenuestro, tres Avemarías y Gloria; después, la oración final.
Día 9 — La acción de gracias y la confianza
«Quien cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre». Henos aquí al término de los nueve días. La sandalia del Niño que cuelga de su pie dice bastante que Dios nunca abandona del todo al hombre; y la mano de María que sostiene las suyas dice bastante que tampoco ella suelta lo que se le ha confiado. Sólo resta dar gracias y abandonarse.
Oh Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, heme aquí llegado al término de esta novena, en la que cada día vine a postrarme a tus pies. Hoy más que nunca mi súplica sube hacia ti, ardiente y confiada. Por tu Hijo crucificado por nosotros, por tus dolores unidos a los suyos, por tu amor misericordioso, por tu título mismo de Madre del Perpetuo Socorro, escúchame, si tal es la voluntad de Dios.
Oh Madre mía, mi confianza es tan grande que ya desde ahora te doy gracias: gracias por las gracias del pasado, gracias por las que espero de tu inagotable amor. Oh Madre socorredora, como Jesús te dio a nosotros, danos ahora a Jesús para siempre, porque Él es la Gracia de las gracias. Así sea.
Se reza además el Acordaos. Padrenuestro, tres Avemarías y Gloria; después, la oración final.
Oración final (para todos los días)
℣. Te has hecho para nosotros, oh Señora, un refugio.
℟. Un auxilio en las necesidades y en la tribulación.Oremos. Señor Jesucristo, que nos diste por Madre siempre pronta a socorrernos a tu Madre María, cuya insigne imagen veneramos: concédenos, te rogamos, que, implorando sin cesar su maternal auxilio, merezcamos experimentar perpetuamente el fruto de tu Redención. Tú que vives y reinas con Dios Padre en la unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
Oremus. Domine Iesu Christe, qui Genetricem tuam Mariam, cuius insignem venerámur imáginem, Matrem nobis dedísti perpétuo succúrrere parátam: concéde, quaesumus; ut nos, matérnam eius opem assídue implorántes, redemptiónis tuae fructum perpétuo experíri mereámur. Qui vivis et regnas cum Deo Patre in unitate Spiritus Sancti Deus, per omnia saecula saeculorum. Amen.
Se añade la antigua antífona Sub tuum praesidium:
Sub tuum praesidium confugimus, sancta Dei Genitrix. Nostras deprecationes ne despicias in necessitatibus, sed a periculis cunctis libera nos semper, Virgo gloriosa et benedicta. Amen.
Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios. No deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien líbranos siempre de todo peligro, ¡oh Virgen gloriosa y bendita! Amén.
Y se concluye con la invocación y la señal de la cruz:
Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, ruega por nosotros.
Variantes de la novena según tu intención
Esta es una sola novena, pero se busca de muchas maneras. Aquí aclaramos cada una para que reces con confianza y sin confundirte con devociones ajenas a la fe.
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Novena del milagro a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. Con este nombre circula en el mundo hispano otra novena muy difundida, del siglo XX, que se atribuye al redentorista P. Ramón Sarabia; se llama así porque cada día se pide «un milagro» para gloria de Dios, sometiéndose a su voluntad. Es un texto reciente que no reproducimos aquí; la novena que damos arriba es la redentorista tradicional, y en ella cabe exactamente la misma petición.
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Novena a la Virgen del Perpetuo Socorro para una causa imposible o un caso difícil. No hace falta un texto distinto: reza esta misma novena y presenta tu causa difícil en la oración diaria, en el lugar de la petición. La Virgen es refugio de los desesperados. Si tu apuro es grande, puedes acompañarla con la oración para casos difíciles.
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Novena breve del Perpetuo Socorro. Cuando el tiempo apremia, reza cada día sólo la oración diaria con tu petición, tres Avemarías y la invocación «Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, ruega por nosotros». Es la forma abreviada legítima; lo esencial es la constancia de los nueve días.
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Novena en PDF o para imprimir. El texto de esta página puede imprimirse directamente desde esta página (usa la opción «Imprimir» de tu navegador y elige «Guardar como PDF»). Así tendrás la novena entera en una hoja para rezarla ante la imagen o llevarla al templo.
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Novena día por día (día 1, día 2, día 3…). Cada jornada tiene arriba su meditación propia, con su encabezado. Vuelve cada día a la sección correspondiente: el primer día a «Las manos del Niño en la mano de María», el segundo a «He ahí a tu hijo», y así sucesivamente hasta el noveno.
Una advertencia de caridad: la Virgen del Perpetuo Socorro se invoca siempre para bienes verdaderos —la salud, la paz del hogar, la conversión de un ser querido, la provisión honrada del pan, una reconciliación—. Nunca es un conjuro ni sirve para dañar, «amarrar» o dominar a nadie. Pedir con violencia lo que Dios no quiere no es oración cristiana; pedir con confianza filial, sometiéndonos a Su Voluntad, sí lo es.
Cómo se reza esta novena
Una novena son nueve días seguidos de oración. Para llegar rezando a la fiesta del 27 de junio, conviene comenzar el 18 de junio. Pero puede hacerse en cualquier época del año: se empieza el día en que aprieta la necesidad y se reza nueve días sin interrupción.
Cada día se guarda el mismo orden: señal de la cruz, oración diaria con la petición, meditación y oración del día, Padrenuestro, tres Avemarías y Gloria, y oración final. Muchos fieles añaden una vela encendida ante la imagen y, si les es posible, la Santa Misa y la Comunión el día de la fiesta. Es también costumbre acudir a la Confesión durante la novena, para pedir con el alma limpia. Si quieres unir la novena al Rosario, aquí tienes cómo rezar el Santo Rosario.
La historia de la santa imagen y de la devoción
La devoción al Perpetuo Socorro está unida a una imagen concretísima: un antiguo icono de estilo bizantino-cretense que representa a la Madre de Dios sosteniendo al Niño Jesús. A ambos lados aparecen dos arcángeles —San Miguel y San Gabriel— que muestran al Niño los instrumentos de la Pasión: la cruz y los clavos, la lanza y la esponja. El Niño, sobrecogido al contemplar lo que le espera, se refugia en su Madre con tal ímpetu que una de sus sandalias queda medio suelta, colgando del pie; detalle en el que la piedad tradicional ha visto el alma que, aun huyendo de Dios por el pecado, queda sujeta a Él por el hilo tenue de la devoción a María. Los ojos de la Virgen no miran al Niño, sino a quien contempla la imagen: nos mira a nosotros.

Según la tradición, el icono llegó a Roma desde Creta a fines del siglo XV y fue venerado durante siglos en la iglesia de San Mateo, en la vía Merulana. Perdido tras la destrucción del templo, fue reencontrado, y en 1866 el Papa Pío IX lo confió a los Misioneros Redentoristas —los hijos de San Alfonso María de Ligorio—, entregándoselo con un mandato que resume toda esta devoción: «Hacedla conocer al mundo.» La sagrada imagen fue entronizada en la iglesia de San Alfonso, en Roma, en 1866, y solemnemente coronada en 1867. Desde entonces los redentoristas la han difundido por todos los continentes, y su fiesta se celebra, donde está concedida, el 27 de junio.
Esta advocación pertenece de lleno a la tradición católica anterior al Concilio: el icono es antiquísimo, y su devoción popular, su coronación y su fiesta datan del siglo XIX, y la novena que damos lleva oraciones indulgenciadas por Pío IX. Quien la reza se une a millones de fieles que, ante la misma imagen, han encontrado auxilio. Venerar así un icono es lo que defendió san Juan Damasceno frente a los iconoclastas: no se honra la imagen por sí misma, sino a quienes representa.
La devoción al Perpetuo Socorro es hermana de otras devociones marianas que quizá quieras conocer: la consagración a la Santísima Virgen, Nuestra Señora de los Dolores —pues la imagen misma nos habla de la Pasión— y las letanías de la Virgen.
Preguntas Frecuentes
¿Cuándo se reza la novena a la Virgen del Perpetuo Socorro?
Puede rezarse en cualquier época del año, siempre que haya una necesidad grave. La costumbre más extendida es rezarla los nueve días previos a su fiesta, del 18 al 26 de junio, para culminar el 27 de junio. En muchos templos se reza además, una vez por semana, la novena perpetua al Perpetuo Socorro.
¿Cuál es el día de la fiesta de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro?
Su fiesta se celebra el 27 de junio. En el calendario de 1962 no figura entre las fiestas de la Iglesia universal: es una fiesta concedida pro aliquibus locis, es decir, a los lugares y familias religiosas que la celebran, empezando por los Misioneros Redentoristas, a quienes el Papa Pío IX confió la santa imagen en 1866.
¿Qué es la «novena del milagro» del Perpetuo Socorro?
Es el nombre de una novena muy difundida en el mundo hispano, compuesta en el siglo XX y atribuida al redentorista P. Ramón Sarabia. Se llama «del milagro» porque cada día se pide «un milagro» para gloria de Dios, sometiéndose siempre a su voluntad. Por ser un texto reciente no la reproducimos; aquí damos otra novena, en la que puede presentarse la misma petición.
¿Se puede rezar esta novena para una causa imposible o un caso muy difícil?
Sí. La Virgen del Perpetuo Socorro es refugio precisamente de los que ya han llamado a todas las puertas. No se necesita otro texto: reza esta misma novena y expón tu causa difícil en la oración diaria. Confía, pero pide siempre que «se haga la voluntad de Dios», que es lo que de verdad nos conviene.
¿Existe una novena breve del Perpetuo Socorro?
Sí. Cuando falta tiempo, basta rezar cada día la oración diaria con la petición, tres Avemarías y la invocación final. Lo esencial de toda novena no es la extensión, sino la perseverancia durante los nueve días.
¿Puedo descargar o imprimir la novena en PDF?
Puedes imprimir el texto de esta página directamente desde tu navegador y guardarlo como PDF. Así dispondrás de la novena entera para rezarla ante la imagen, sin depender de una conexión.
Una hoja impresa se pierde; la aplicación Iter Fidei tiene esta misma novena siempre a mano, día tras día. Únase al acceso anticipado aquí.
¿Por qué se llama «del Perpetuo Socorro» y qué significa su imagen?
El título proclama que María socorre a sus hijos perpetuamente: en todo tiempo, en toda edad y en toda pena. La imagen lo expresa mostrando al Niño Jesús que, viendo los instrumentos de su Pasión en manos de los arcángeles, se refugia en su Madre; y a la Virgen que, sosteniéndolo, vuelve sus ojos hacia nosotros para socorrernos.
¿Con qué día debo empezar y en qué orden rezo cada jornada?
Empieza el primer día con la señal de la cruz y la oración diaria con tu petición, sigue con la meditación «Las manos del Niño en la mano de María» y su oración, reza un Padrenuestro, tres Avemarías y el Gloria, y termina con la oración final. Cada día siguiente repites la misma estructura cambiando sólo la meditación del día, hasta llegar al noveno.
En la app de Iter Fidei llevas siempre contigo esta novena y el tesoro de la oración católica tradicional, para rezar ante la Madre del Perpetuo Socorro estés donde estés. Únase al acceso anticipado aquí.
Fuentes. Novena a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro según usos de devoción extendidos (oraciones indulgenciadas por Pío IX, rescripto del 17 de mayo de 1866); Misal Romano, colecta de la fiesta del 27 de junio (pro aliquibus locis); Pío IX, concesión de la santa imagen a los Misioneros Redentoristas (1866).