Novenas
Novena a la Virgen de Lourdes
Reza la novena a la Virgen de Lourdes, patrona de los enfermos: texto completo con la oración preparatoria y los nueve días, cuándo empieza (del 3 al 11 de febrero) y el sentido tradicional de esta devoción mariana.

La novena a la Virgen de Lourdes es una manera muy querida de acudir a la Madre que se apareció a Santa Bernardita junto al manantial de Massabielle, patrona de los enfermos y consuelo de los que sufren. Se reza durante los nueve días que preceden a su fiesta, del 3 al 11 de febrero, aunque puede hacerse en cualquier época del año por una necesidad concreta, sobre todo por la salud del cuerpo y del alma. No es un conjuro que arranca favores del cielo, sino una escuela de confianza filial donde, de la mano de María, aprendemos a pedir con perseverancia y a sanar primero por dentro.
Nota sobre el texto. Esta novena es una composición de devoción moderna, sin texto litúrgico ni aprobación propia; la oración oficial de la Iglesia para la fiesta es la colecta de la Misa de la Aparición de la Bienaventurada Virgen María Inmaculada (11 de febrero), fiesta de III clase en el Misal romano de 1962.
Qué es una novena
Una novena es una oración que se repite durante nueve días consecutivos para pedir una gracia, dar gracias o prepararse para una fiesta. La palabra viene del latín novem, "nueve", y se ha visto en ese número un eco de los nueve días que la Santísima Virgen y los Apóstoles perseveraron unidos en oración, en el Cenáculo, esperando la venida del Espíritu Santo. Si quieres profundizar en su origen y su valor, puedes leer nuestra guía sobre qué es una novena.
Conviene recordar lo que enseña el Catecismo de San Pío X: a los Santos —y de modo eminentísimo a la Virgen— no les oramos como a quien concede las gracias por sí mismo, sino como a abogados que interceden por nosotros ante Dios, único autor de todo bien. Cuando decimos que la Virgen de Lourdes "nos sanó", queremos decir que lo obtuvo de Dios para nosotros. Así queda bien ordenada la devoción: el centro sigue siendo el Señor, y María es el camino seguro hacia Él.
Oración preparatoria para todos los días
Antes de rezar cada día purificamos el alma con un acto de contrición y elevamos la oración preparatoria, que es la misma durante los nueve días.
Acto de contrición.
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío, en quien creo, en quien espero y a quien amo sobre todas las cosas; humildemente postrado ante vuestra divina majestad, os pido me perdonéis todas las ofensas e ingratitudes que he cometido contra Vos. Conozco, Señor, que soy indigno de parecer ante vuestra presencia; por lo cual vengo a Vos por medio de vuestra amantísima Madre, a la que ruego interceda por mí, para alcanzarme el perdón de los pecados que yo de corazón aborrezco, y propongo con vuestra gracia no volver a cometer. Amén.
Oración preparatoria.
¡Oh María Inmaculada, Santísima Virgen de Lourdes! Deseando hacer esta novena con la mayor devoción de mi alma, y responder al llamamiento que en persona de la humilde Bernardita habéis hecho a todos vuestros hijos, me postro a vuestros pies para escuchar con atención vuestra voz, exponeros mis necesidades y solicitar vuestros amorosos cuidados. No me desechéis, Madre mía, a pesar de mi indignidad; atended únicamente al arrepentimiento que tengo por haber afligido vuestro maternal corazón y renovado la pasión de vuestro amantísimo Hijo; acudid en mi ayuda durante esta santa novena, en la cual me propongo purificar mi alma y conseguir, por vuestra intercesión, el favor especial que solicito de la Divina Majestad, y dar gracias a la misma por todos los beneficios recibidos, y especialmente por el que es motivo de estos obsequios. Amén.
Después de la oración de cada día se rezan tres Avemarías, añadiendo tras cada una la jaculatoria: "Virgen de Lourdes, rogad por nosotros", y se concluye con la oración final.
Texto completo de la novena: los nueve días
Día 1 — La fe
¡Oh Inmaculada María! Os pido humildemente la gracia de que se acreciente más y más cada día nuestra fe, y que obtengáis un rayo de luz divina para los que están sentados en las tinieblas del pecado. Extended más el reino de Dios, desterrad de entre nosotros todos los errores, y haced que nuestra patria, y esta ciudad principalmente, tengan siempre como su mayor gloria vivir en la fe de vuestro Santísimo Hijo, y que sus habitantes permanezcan unidos a la Santa Iglesia Romana hasta el último suspiro. Con este objeto os rezamos las siguientes Avemarías y deprecaciones.
Tres Avemarías, añadiendo después de cada una: "Virgen de Lourdes, rogad por nosotros". Después se dice la oración atribuida a San Bernardo (el Acordaos):
Acordaos, oh piadosísima Virgen María, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorado vuestra asistencia y reclamado vuestro socorro, haya sido abandonado. Animado con esta confianza, a Vos acudo, oh Virgen de las vírgenes, Madre; a Vos vengo, y, gimiendo bajo el peso de mis pecados, me postro a vuestros pies. No desechéis, oh Madre del Verbo, mis humildes súplicas; antes bien, escuchadlas benignamente y dignaos atenderlas. Amén.
(Y la oración final.)
Día 2 — La oración y el Rosario
¡Oh Virgen Inmaculada, Santísima Madre mía! Ya veo las lecciones de vida eterna que me dais en la gruta de Lourdes. Me enseñáis la práctica de la oración, tan recomendada por vuestro Santísimo Hijo; y en la especial complacencia con que pasáis las cuentas del rosario que pende de vuestras manos, mientras Bernardita pasa devotamente las del suyo, me dais a entender el agrado con que miráis esta hermosa devoción y cuánto os place que vuestros siervos os honren e invoquen con ella. Así lo haré, Señora, y desde hoy me propongo no pasar día alguno sin rezar una parte al menos del santo rosario. Os ruego me mantengáis constante en este mi propósito, y que lo rece siempre con fervor y devoción. Os saludo ahora con las siguientes Avemarías y deprecaciones.
Día 3 — La entrega a su servicio
¡Virgen Santísima de Lourdes! Agradecido a los innumerables beneficios que por vuestra mediación he recibido, y especialmente al de haber descendido del cielo a la tierra para llamarme, me ofrezco de nuevo a vuestro servicio, y os consagro mis potencias y sentidos, prefiriendo mil veces morir antes que ofender a vuestro divino Hijo, mi Redentor y todo mi bien. Confirmad, Señora, este mi buen deseo, y haced que sea fiel devoto vuestro en la tierra, para reinar eternamente con Vos en el cielo. Y a fin de alcanzar este favor, os saludo con las siguientes Avemarías y deprecaciones.
Día 4 — El dolor de los pecados
¡Oh Madre del amor hermoso, del temor y de la santa esperanza! A vuestros pies vengo lloroso, avergonzado y confuso. Yo soy el que con mis pecados llené de amargura vuestro corazón y de tristeza vuestro rostro. Mas no quiero desesperar, sabiendo que sois toda benigna y que recibís con entrañas de misericordia a todo el que acude a Vos arrepentido. A Vos acudo, Señora, con el corazón desgarrado por el dolor de mis culpas y resuelto a morir mil veces antes que volver a cometerlas. Volved hacia mí esos vuestros ojos misericordiosos y salvadme. Mirad también compasiva a todos los pecadores y atraedlos a la gracia de vuestro Santísimo Hijo. Por la conversión y salvación de ellos os rezo las siguientes Avemarías y deprecaciones.
Día 5 — Estrella del mar en la tribulación
¡Santísima Virgen María, Madre mía! A Vos me llego fatigado y sin fuerzas de tanto luchar con las adversidades de la vida. Mi corazón, cual frágil navecilla, es llevado por los vientos de las tribulaciones a merced de las olas desenfrenadas de los vaivenes del mundo, y corre a cada momento peligro de dar en los escollos del pecado o en el abismo de la desesperación. A Vos levanto mis ojos, que sois la Estrella de los mares; mostradme el rumbo seguro, guiad Vos misma la nave para que no naufrague en el mar proceloso de las tentaciones y trabajos, sino que llegue al feliz puerto de la salvación eterna. Para conseguir esta gracia, os saludo con las siguientes Avemarías y deprecaciones.
Día 6 — La penitencia
Postrado ante el trono de vuestra majestad, Dios mío, yo imploro vuestra piedad y misericordia. Vengo a Vos arrepentido, como el hijo pródigo, por haberme alejado de Vos por el pecado, y quisiera borrar con mis lágrimas, y aun con mi sangre, las ofensas que os he hecho. ¡Perdón, Señor! No lo merezco, porque muchas veces he despreciado vuestra gracia y reincidido en mis culpas; pero en este día siento movido mi corazón con especial arrepentimiento de mis pecados, y deseos de no volverlos a cometer jamás. Vos, Madre de misericordia, que no queréis la muerte del pecador, sino que se convierta y viva; Vos que me amonestáis por medio de Bernardita a que haga penitencia de mis pecados, Vos ayudadme a hacerla digna y cumplida de todos ellos. Y para que me alcancéis la gracia de no volverlos a cometer, os rezo las siguientes Avemarías y deprecaciones.
Día 7 — La buena confesión
¡Santísima Virgen María, Madre mía! Acercándome ya al final de esta novena que estoy celebrando en obsequio y honor vuestro, no quiero resistir más a los llamamientos interiores que me incitan a sellarla con una buena confesión de todas mis culpas. Sí, quiero confesarme bien para recibir dignamente a vuestro Santísimo Hijo el último día de la novena. Vos, Señora, que me inspiráis este deseo, alcanzadme gracia para practicarlo, a fin de que mi confesión sea grata a los divinos ojos, y mi alma quede enteramente purificada, y lleve en adelante una vida perfectamente cristiana y conforme con los preceptos de la ley divina. Con este objeto os rezo las siguientes Avemarías y deprecaciones.
Día 8 — La pureza para la Comunión
¡Oh Inmaculada María, toda hermosa, pura y sin mancha desde el primer instante de vuestra Concepción! Alcanzadme la pureza de alma y cuerpo, y la limpieza de toda culpa, para que pueda acercarme dignamente al Santísimo Sacramento del altar. Si el ciervo sediento corre presuroso a las aguas cristalinas para apagar su sed, sedienta se halla mi alma por acercarse a ese Sacramento de bondad y de amor. Obtenedme, Virgen Santa, tal gracia al recibir mañana a vuestro Santísimo Hijo en la Comunión, que jamás llegue a echarlo de mi alma por el pecado, porque sin Jesús, que es mi vida, mi dicha y todo mi consuelo, no puedo vivir ni tener paz en mi corazón. Para conseguir esto, os saludo con las siguientes Avemarías y deprecaciones.
Día 9 — La perseverancia final
¡Inmaculada y Santísima Madre de Dios! Altísimas lecciones me habéis dado en esta novena; saludables y amorosas invitaciones he recibido; no quiero ser ingrato ni obstinado. Decididamente me propongo servir a Dios con fidelidad, amarle con todo el afecto de mi alma, y honraros a Vos como a Madre mía queridísima. Imprimid estos afectos en mi corazón para que jamás los olvide; obtenedme la gracia de perseverar constantemente en estos santos pensamientos hasta exhalar el último suspiro de mi vida, mereciendo, ahora y siempre, vuestra protección, hasta que tenga la dicha de gozar en el cielo de las infinitas delicias que Dios tiene preparadas para los que le aman. Y a fin de que estos mis propósitos os sean más aceptables, os saludo con las siguientes Avemarías y deprecaciones.
Oración final para todos los días
Inmaculada Señora y Madre mía, por el grande amor que mostrasteis a los hombres, dignándoos aparecer en una tosca gruta e instruir a la joven y dichosa Bernardita, os ruego me hagáis merced de alegrar mi corazón con vuestras influencias soberanas. Y así, Señora, como hicisteis brotar en la gruta de Lourdes aquel manantial riquísimo de cristalinas y saludables aguas para remedio del cuerpo, derramad sobre mi pobre alma las dulcísimas y fértiles aguas de la gracia, que apaguen mi sed por las cosas de la tierra y limpien mi espíritu, para que sea digno de los goces purísimos del cielo. Amén.
Variantes de la novena
Muchos buscan esta oración con una intención muy concreta. Todas caben dentro del mismo texto: basta añadir tu petición en la oración preparatoria, donde se menciona "el favor especial que solicito".
- Novena a la Virgen de Lourdes por los enfermos. Es su forma más propia, pues Lourdes es el gran santuario de los enfermos. Encomienda a la persona enferma en la oración preparatoria y pide, antes que la salud del cuerpo, la del alma y la conformidad con la voluntad de Dios. Acompáñala con nuestra oración por los enfermos o la oración para pedir salud.
- Novena para una causa difícil o imposible. La misma novena sirve para las situaciones que humanamente parecen sin salida: la Virgen no promete hacernos felices en esta vida, pero sí en la otra, así que pedimos con fe y aceptamos lo que Dios disponga. Complétala con la oración para casos difíciles.
- Novena breve a la Virgen de Lourdes. Si dispones de poco tiempo, reza cada día la oración preparatoria, la del día correspondiente, las tres Avemarías con su jaculatoria y la oración final: es la novena completa en su forma esencial, sin añadidos.
- Novena a la Virgen de Lourdes en PDF o para imprimir. El texto de esta página contiene la novena íntegra: puedes copiarlo o imprimirlo tal cual para rezarlo en familia o llevarlo contigo. En la aplicación de Iter Fidei tienes además una novena a Nuestra Señora de Lourdes siempre a mano, incluso sin conexión.
Cómo se reza esta novena
La novena a la Virgen de Lourdes se suele rezar durante los nueve días que preceden a su fiesta: comienza el 3 de febrero y termina el 11 de febrero, día de la aparición, de modo que el noveno día coincide con la fiesta y la corona con la celebración litúrgica de Nuestra Señora de Lourdes.
Cada día se reza igual: primero el acto de contrición y la oración preparatoria; después la oración propia del día; a continuación las tres Avemarías con la jaculatoria "Virgen de Lourdes, rogad por nosotros"; y por último la oración final. El primer día se añade la oración atribuida a San Bernardo (el Acordaos).
Conviene rezarla con el Rosario en las manos, pues la Virgen se apareció con uno y desgranaba sus cuentas con Bernardita; si aún no lo rezas a diario, esta novena es buena ocasión para empezar: aquí tienes cómo rezar el Rosario. Y como culmina en la Comunión, lo mejor es prepararla con una buena confesión, tal como pide el texto del séptimo día. No hace falta ir a Lourdes ni tener agua del manantial: basta el corazón contrito y la confianza filial.
Quién fue Nuestra Señora de Lourdes: la historia de la devoción
La devoción nació de dieciocho apariciones de la Santísima Virgen a una niña pobre y enfermiza, Bernardita Soubirous, de catorce años, en Lourdes, al pie de los Pirineos franceses. La primera fue el 11 de febrero de 1858: yendo a recoger leña junto al río Gave, Bernardita vio, en el hueco de una roca de la gruta de Massabielle, "una Señora vestida de blanco, con un ceñidor azul y un rosario colgado del brazo", que pasaba en silencio las cuentas mientras la niña rezaba su Rosario. Casi nadie la creyó, pero la Señora volvió.
Le pidió que acudiera a la gruta cada día durante quince días y le dijo aquellas palabras que resumen todo Lourdes: "No prometo hacerte feliz en este mundo, sino en el otro". La invitó a orar por los pecadores y a hacer penitencia, y el 25 de febrero le mandó beber y lavarse en una fuente que nadie conocía; Bernardita escarbó en el suelo y brotó un hilo de agua turbia que en una semana corría en abundancia: es el manantial de Lourdes, junto al cual se han registrado innumerables curaciones; algunas de ellas, tras el examen más riguroso, la Iglesia las ha reconocido como milagrosas.
El 25 de marzo, fiesta de la Anunciación, Bernardita preguntó de nuevo a la Señora quién era. Entonces la aparición, juntando las manos sobre el pecho y alzando los ojos al cielo, respondió en el dialecto de la región: "Yo soy la Inmaculada Concepción". La niña, que ignoraba el sentido de esas palabras, las repitió sin cesar por el camino para no olvidarlas. Aquella confesión venía a confirmar, de labios de la misma Virgen, el dogma de la Inmaculada Concepción que el Papa Pío IX había definido apenas cuatro años antes, en 1854. La última aparición fue el 16 de julio, fiesta de Nuestra Señora del Carmen.
Bernardita no sacó de ello vanidad ni provecho alguno: entró más tarde entre las Hermanas de la Caridad de Nevers, vivió oculta y enferma, y murió santamente en 1879, sin volver a tener visiones. La Iglesia examinó los hechos, aprobó la devoción, y el Papa San Pío X extendió a toda la Iglesia la fiesta de la Aparición de la Bienaventurada Virgen María Inmaculada el 11 de febrero. Desde entonces, Lourdes es el refugio de los enfermos del mundo entero, que acuden a la Madre a beber de las "aguas de la gracia". Puedes prolongar esta devoción con la novena a la Inmaculada Concepción o meditando el Ave María.
Preguntas Frecuentes
¿Cuándo empieza la novena a la Virgen de Lourdes?
La novena empieza el 3 de febrero y termina el 11 de febrero, día de la fiesta y de la primera aparición, sumando nueve días completos que preparan la fiesta. También puede rezarse en cualquier época del año cuando se tiene una necesidad particular, especialmente por un enfermo.
¿Para qué sirve la novena a la Virgen de Lourdes?
Sirve para acudir a la Madre de Dios pidiendo su intercesión, sobre todo por la salud del cuerpo y del alma. No es un remedio automático ni una fórmula mágica, sino una oración de conversión y confianza: pedimos la gracia que necesitamos, pero por encima de todo la fe, la penitencia y la conformidad con la voluntad de Dios, que es lo que la Virgen enseñó a Bernardita.
¿Cómo se reza la novena a la Virgen de Lourdes?
Cada día se reza el acto de contrición y la oración preparatoria, luego la oración propia del día, después tres Avemarías con la jaculatoria "Virgen de Lourdes, rogad por nosotros", y por fin la oración final. El primer día se añade la oración atribuida a San Bernardo. Conviene rezarla con el Rosario en las manos.
¿Hay una novena breve a la Virgen de Lourdes?
Sí. La forma esencial es rezar solamente la oración preparatoria, la oración del día, las tres Avemarías con su jaculatoria y la oración final. Es la misma novena, sin lecturas añadidas, ideal para quien dispone de poco tiempo.
¿Se puede rezar la novena a la Virgen de Lourdes por un enfermo?
Por supuesto; es su intención más propia, pues Lourdes es el santuario de los enfermos. Basta encomendar a la persona en la oración preparatoria, pidiendo ante todo la salud del alma y la gracia de aceptar la voluntad de Dios, sea cual sea el desenlace.
¿Hace falta agua de Lourdes o ir al santuario para rezarla?
No. El agua del manantial es un sacramental muy estimado, pero la novena se reza en cualquier lugar, con un corazón contrito y confiado. Lo que la Virgen pidió a Bernardita fue oración, penitencia y conversión, y eso lo puede ofrecer cualquiera desde su casa.
¿Qué relación tiene Lourdes con la Inmaculada Concepción?
Estrechísima: al preguntarle su nombre, la Virgen respondió "Yo soy la Inmaculada Concepción", confirmando el dogma definido por Pío IX en 1854. Por eso la fiesta lleva el título de la Aparición de la Bienaventurada Virgen María Inmaculada, y la devoción de Lourdes es inseparable del misterio de María concebida sin pecado.
En Iter Fidei encontrarás una novena a Nuestra Señora de Lourdes y cientos de oraciones tradicionales del rito de 1962, siempre contigo para rezar cada día al lado de la Madre. Únase al acceso anticipado aquí.
Fuentes. Sagrada Escritura (Biblia de Torres Amat); Butler's Lives of the Saints (Aparición de la Bienaventurada Virgen María Inmaculada, 11 de febrero); novena a Nuestra Señora de Lourdes según usos de devoción extendidos; Misal romano de 1962 (11 de febrero); Catecismo de San Pío X; Bula Ineffabilis Deus del Papa Pío IX (1854).