Nuestra Señora
Nuestra Señora del Perpetuo Socorro
El icono bizantino, la devoción redentorista y la novena del Perpetuo Socorro. Historia, oración y la verdad honesta sobre el origen de esta advocación mariana.

Pocas imágenes marianas se han difundido por el mundo entero como la de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. La encontramos en las parroquias de las grandes ciudades y en las capillas rurales de toda Latinoamérica, casi siempre acompañada de la misma promesa silenciosa: que la Madre de Dios socorre sin demora a quien la invoca. Conviene, sin embargo, mirar esta advocación con honestidad. No celebramos aquí una aparición ni una revelación privada, sino una imagen venerada —un antiguo icono— y una devoción que la Iglesia confió a una congregación religiosa en el siglo XIX. Eso basta, y eso es lo que vamos a contar.
Qué es el icono del Perpetuo Socorro
La Virgen del Perpetuo Socorro es, ante todo, un icono pintado según el estilo bizantino, del tipo que los orientales llaman Odigitria, "la que señala el camino". La Madre sostiene al Niño Jesús y dirige hacia Él la mirada del que contempla la imagen; no se ofrece a sí misma, sino a su Hijo.
Lo que distingue a este icono es la escena que lo habita. A izquierda y derecha aparecen dos arcángeles —San Miguel y San Gabriel— que muestran al Niño los instrumentos de su Pasión futura: la cruz, los clavos, la lanza. El Niño Jesús, al verlos, se vuelve hacia su Madre y, en el gesto, una de sus sandalias queda casi suelta, como de quien ha corrido a refugiarse. Las manos de María no retienen al Niño: lo sostienen y a la vez lo entregan. Toda la imagen es, por tanto, una meditación sobre la Pasión vista desde el corazón de la Madre, aquel corazón del que el anciano Simeón había profetizado:
Lo que será para ti misma una espada que traspasará tu alma. (Lucas 2, 35)
Quien reza ante este icono no contempla una escena dulce, sino el misterio entero de la Redención condensado en una mirada de niño asustado y en unas manos maternas que no apartan la cruz, sino que la acompañan.
El origen del icono: lo que sabemos y lo que no
Seamos honestos, porque la honestidad es parte de la piedad. El origen exacto del icono se pierde en la tradición. Se sabe con certeza documental que la imagen estuvo venerada durante siglos en Roma, en la iglesia de San Mateo, y que tras la destrucción de aquel templo el icono quedó casi olvidado. Lo demás —la fecha precisa de su factura, el nombre del iconógrafo, la ruta por la que llegó a Roma— pertenece más a la leyenda piadosa que a la historia comprobable, y así conviene presentarlo.
Lo verdaderamente seguro empieza en el siglo XIX. En 1865 el Papa Pío IX confió el icono a la Congregación del Santísimo Redentor, los redentoristas, fundada por san Alfonso María de Ligorio. La imagen fue trasladada a la iglesia romana de San Alfonso, en la vía Merulana, y el Papa pronunció una frase que se hizo célebre: "Hacedla conocer en todo el mundo." De ahí arranca la difusión universal de la devoción.
No fue, pues, una visión ni un mensaje del cielo lo que extendió esta advocación, sino el celo misionero de una congregación que tomó la imagen como estandarte. Esto, lejos de empobrecer la devoción, la sitúa donde debe estar: en la fe ordinaria de la Iglesia, que venera las imágenes santas no por lo que tienen de extraordinario, sino por Aquel y Aquella a quienes representan.
"Perpetuo Socorro": el sentido de un título
El título mismo es una pequeña teología. Perpetuo quiere decir que el auxilio de María no es ocasional ni reservado a los grandes momentos: es continuo, sostenido, a disposición de quien lo pide en cualquier hora. Socorro es palabra de urgencia, de quien acude a auxiliar al que está en peligro.
La Tradición católica ha cantado siempre esta cercanía maternal. Cuando el ángel saluda a María, la declara "llena de gracia" y la une al designio salvador desde el primer instante:
Dios te salve ¡oh llena de gracia! el Señor es contigo: bendita tú eres entre todas las mujeres. (Lucas 1, 28)
Y la propia Madre, en su cántico, anuncia que su intervención no terminaría con su vida terrena:
Porque ha puesto los ojos en la bajeza de su esclava: por tanto ya desde ahora me llamarán bienaventurada todas las generaciones. (Lucas 1, 48)
Invocarla como "Perpetuo Socorro" es, en el fondo, confesar lo que la Iglesia ha creído siempre: que la maternidad espiritual de María sobre los redimidos no caduca. Ella que conservaba todas las cosas, ponderándolas en su corazón (Lucas 2, 19), conserva también el cuidado de sus hijos.
La devoción redentorista y su difusión
Los redentoristas hicieron del Perpetuo Socorro el centro de una práctica devocional sencilla y popular: la novena perpetua, celebrada semanalmente —tradicionalmente los miércoles— ante el icono. En estas reuniones se leían las peticiones y los agradecimientos de los fieles, se cantaba, se oraba. La fórmula tuvo un éxito inmenso precisamente por su sencillez: no exigía grandes conocimientos, sino confianza.
De Roma la devoción pasó a las misiones redentoristas de América, donde echó raíces hondas. En no pocos países latinoamericanos la Virgen del Perpetuo Socorro se convirtió en patrona de ciudades, diócesis y obras de caridad. Su fiesta se celebra el 27 de junio.
Como en toda devoción mariana auténtica, el icono no es un fin: es una ventana. Lo recordamos siempre que hablamos de la veneración de las imágenes, sea de la Virgen de Guadalupe o de cualquier otra advocación. Honramos la imagen por respeto a la persona representada, y a través de la Madre llegamos al Hijo.
La novena del Perpetuo Socorro
Una novena es una oración hecha durante nueve días consecutivos, a imitación de los nueve días que los Apóstoles y María perseveraron en oración entre la Ascensión y Pentecostés. La novena del Perpetuo Socorro suele rezarse del 18 al 26 de junio, preparando la fiesta del día 27, aunque puede hacerse en cualquier momento de necesidad.
Su estructura tradicional es sencilla. Cada día se reza:
- La señal de la cruz y un acto de contrición.
- La oración a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, presentando con confianza la propia petición.
- Tres Avemarías y la Salve, propias de toda piedad mariana.
- La petición particular del día y la acción de gracias.
He aquí una oración tradicional para acompañar la novena:
Oh Madre de Perpetuo Socorro, concededme que invoque siempre vuestro poderosísimo nombre, porque vuestro nombre es auxilio del que vive y salvación del que muere. ¡Oh María purísima! Que vuestro nombre esté de hoy en adelante siempre en mis labios. No tardéis, Señora, en socorrerme cuando os invoque, porque en todas las ocasiones en que os he invocado me habéis socorrido y consolado. Amén.
Quien desee fundamentar esta práctica en la oración común de la Iglesia hará bien en repasar primero las oraciones católicas que toda novena presupone: el Padrenuestro, el Avemaría, la Salve. Sobre ese suelo firme, la novena del Perpetuo Socorro no es una técnica para obtener favores, sino un ejercicio de perseverancia confiada.
Una palabra sobre la confianza
La devoción al Perpetuo Socorro corre a veces el riesgo de reducirse a una especie de seguro contra desgracias. Conviene corregir ese desvío. María socorre, sí, perpetuamente; pero su socorro no consiste en cumplir todos nuestros deseos, sino en conducirnos a su Hijo. El icono lo dice sin palabras: las manos de la Madre sostienen al Niño que mira la cruz. Quien se acoge al Perpetuo Socorro se acoge, en realidad, al camino de la Redención.
Por eso esta advocación se entiende bien junto a la devoción a los santos católicos, que no son sino hombres y mujeres que se dejaron socorrer hasta el final. Pedir el auxilio de María es pedir la gracia de perseverar como ellos perseveraron, hasta que la espada anunciada por Simeón —la misma que contemplamos en Nuestra Señora de los Dolores— se transforme, también para nosotros, en participación gozosa de la victoria de Cristo. La Madre que nos socorre sin cesar es la misma a quien la Iglesia invoca como María Auxiliadora, auxilio de los cristianos, y como Nuestra Señora del Carmen, que cubre a sus hijos con su escapulario.
Preguntas Frecuentes
¿Qué es Nuestra Señora del Perpetuo Socorro?
Es una advocación mariana centrada en un antiguo icono bizantino de tipo Odigitria, en el que la Virgen sostiene al Niño Jesús mientras dos arcángeles le muestran los instrumentos de la Pasión. No se trata de una aparición, sino de una imagen venerada cuya devoción difundieron los padres redentoristas desde el siglo XIX.
¿Cuándo es el día de la Virgen del Perpetuo Socorro?
Su fiesta se celebra el 27 de junio. La novena preparatoria suele rezarse los nueve días anteriores, del 18 al 26 de junio.
¿Qué es una novena y cómo se reza la del Perpetuo Socorro?
Una novena es una oración hecha durante nueve días seguidos, a imitación de los nueve días de espera de los Apóstoles y María antes de Pentecostés. La del Perpetuo Socorro se reza con la señal de la cruz, la oración propia a la Virgen, tres Avemarías, la Salve y la petición particular de cada día.
¿Cuál es el origen del icono del Perpetuo Socorro?
Seamos honestos: el origen exacto se pierde en la tradición y muchos detalles pertenecen a la leyenda piadosa. Lo documentado es que el icono se veneró durante siglos en Roma y que en 1865 el Papa Pío IX lo confió a los redentoristas con el encargo de "hacerlo conocer en todo el mundo".
¿Por qué se llama "Perpetuo Socorro"?
Porque el título expresa que el auxilio maternal de María no es ocasional, sino continuo y siempre disponible para quien lo invoca. Perpetuo significa "sin interrupción"; socorro, "auxilio en la necesidad".
¿Es lo mismo venerar el icono que adorarlo?
No. La Iglesia adora únicamente a Dios. A las imágenes santas, como este icono, se les rinde veneración: el honor pasa de la imagen a la persona representada, y a través de María llegamos siempre a Cristo.
Véase también virgen del rocio.
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Fuentes. Sagrada Biblia, traducción de Félix Torres Amat (Evangelios de San Lucas). Tradición devocional de la Congregación del Santísimo Redentor sobre el icono de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro; encargo de S.S. Pío IX (1865) de difundir la imagen. Estructura de la novena según la práctica redentorista tradicional.