Oraciones
Oración a San Antonio de Padua
La oración tradicional a San Antonio de Padua, patrono de los objetos perdidos — en español y en latín, con el responsorio 'Si quaeris miracula', su significado y la verdadera vida del santo franciscano, doctor de la Iglesia.

Pocos santos son tan queridos por el pueblo sencillo como San Antonio de Padua. En cuanto se pierde una llave, un anillo o algo más hondo todavía —la paz, la fe de un hijo, una persona amada—, el corazón cristiano se vuelve casi sin pensarlo hacia él. Lo llaman "el santo de los objetos perdidos", y con razón. Pero antes de ser el patrono de las cosas que se extravían, fue un gran predicador, un doctor de la Iglesia y un hombre enamorado de Cristo y de la Virgen. Aquí les ofrecemos la oración a San Antonio en español y en latín, el célebre responsorio Si quaeris miracula, su significado y la verdadera vida de este santo franciscano, para que recemos sabiendo a quién pedimos.
Quién fue San Antonio de Padua
Aunque lo llamamos "de Padua", San Antonio nació en Lisboa, en Portugal, hacia el año 1195, en una familia noble. De joven entró entre los Canónigos Regulares de San Agustín, donde se entregó al estudio de la Sagrada Escritura con una intensidad poco común; su memoria prodigiosa llegó a guardar de corazón buena parte de la Biblia.
El giro de su vida llegó al ver llegar a Portugal los cuerpos de los primeros mártires franciscanos, muertos por la fe en Marruecos. Aquel testimonio encendió en él el deseo del martirio: pidió pasar a la naciente Orden de San Francisco y partió como misionero. Pero Dios tenía otro camino, y una tormenta desvió su barco hasta Italia.
Allí se descubrió su don. En una ordenación, al faltar quien predicase, le pidieron unas palabras, y lo que brotó de aquel humilde fraile dejó a todos asombrados. Desde entonces San Francisco mismo lo destinó a la predicación. Antonio recorrió Italia y el sur de Francia combatiendo las herejías y convirtiendo pecadores con una elocuencia que ardía de caridad. Por eso la Iglesia lo proclamó Doctor de la Iglesia, con el bello título de Doctor Evangélico.
Murió joven, agotado por el trabajo apostólico, cerca de Padua el 13 de junio de 1231, con apenas treinta y seis años. La ciudad lo guarda como su gran tesoro, y de ahí el nombre con que lo conoce el mundo. Fue canonizado menos de un año después de su muerte.
Por qué es el patrono de los objetos perdidos
El título tan popular nace de un episodio de su vida. Cuenta la tradición que un novicio que dejó el convento se llevó un salterio —un libro de salmos con anotaciones— que Antonio usaba para enseñar. El santo rezó con insistencia por recuperarlo, y el joven, movido por una fuerza interior, volvió arrepentido y lo devolvió. De ahí creció la confianza del pueblo: si Antonio recuperó lo perdido, también nos ayudará.
Pero conviene entenderlo bien: San Antonio no es un "buscador de llaves" ni una fórmula mágica. Su patrocinio enseña algo mucho más hondo, que nada se pierde del todo para Dios. El Señor mismo comparó su misericordia con la mujer que busca con afán la moneda que se le ha caído:
Ó ¿qué mujer, teniendo diez dracmas ó reales de plata, [si pierde una de ellas, no enciende la luz, y barre la casa, y la busca con cuidado hasta encontrarla?] (Lc 15, 8)
Pedir a San Antonio por una cosa perdida es, en el fondo, un acto de confianza: creer que Dios cuida hasta los detalles pequeños de nuestra vida y que un santo amigo puede interceder por nosotros. Lo decisivo, perdamos lo que perdamos, es no perder nunca lo único necesario, que es la gracia de Dios.
El responsorio "Si quaeris miracula"
La oración más antigua y célebre a San Antonio es el responsorio Si quaeris miracula, compuesto poco después de su muerte por su hermano de hábito, el beato Julián de Espira. Durante siglos lo han rezado los fieles ante peligros y pérdidas. Lo ofrecemos primero en latín y luego en español.
Si quæris miracula, mors, error, calámitas, / dæmon, lepra fúgiunt, / ægri surgunt sani. / Cedunt mare, víncula; / membra resque pérditas / petunt et accípiunt / iúvenes et cánitas.
Si buscas milagros, mira: / la muerte y el error huyen, / la miseria y el demonio, / la lepra y la enfermedad. / El mar calma sus furores, / sueltan los presos sus hierros, / miembros y cosas perdidas / recobran jóvenes y viejos.
℣. Ruega por nosotros, San Antonio. / ℟. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.
Estos versos resumen los frutos de su intercesión: liberación del mal, salud, paz y la recuperación de "las cosas perdidas". No se rezan como un conjuro que obligue a Dios, sino como una súplica humilde y confiada.
Oración tradicional a San Antonio de Padua
Esta es la oración con que los fieles invocan al santo, pidiendo por su intercesión tanto en las pérdidas materiales como, sobre todo, en las del alma. La damos en español y en latín.
Oh glorioso San Antonio de Padua, predicador del Evangelio y doctor de la Iglesia, que ardiste en amor a Cristo y a su santísima Madre, y a quien Dios concedió el don de hallar lo perdido y de socorrer a los necesitados: alcánzanos de Dios la gracia que humildemente te pedimos. Ayúdanos a recobrar lo que hemos extraviado, pero antes que nada lo que más importa: la gracia santificante, la fe firme y la paz del corazón. Líbranos de todo mal, condúcenos por el camino de la salvación y enséñanos a buscar siempre, ante todas las cosas, el reino de Dios. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Sancte Antóni de Padua, Evangélii prædicátor et Ecclésiæ doctor, qui amóre Christi et beatíssimæ Matris eius arduísti, et cui Deus donum invéniendi perdíta concéssit: ímpetra nobis a Deo grátiam quam humíliter pétimus. Ádiuva nos ut recuperémus quæ amísimus, et ante ómnia grátiam sanctificántem et fídei firmitátem et cordis pacem. Líbera nos ab omni malo et duc nos per viam salútis. Per Christum Dóminum nostrum. Amen.
Y porque toda oración nace de la confianza en la palabra de Cristo, recordemos su promesa, raíz de todo pedir cristiano:
Pedid, y se os dará: buscad, [y hallaréis: llamad, y se os abrirá.] (Lc 11, 9)
Conviene rezarla con sencillez, sin contar veces ni poner plazos a Dios. El santo intercede; el Señor concede lo que conviene a nuestra salvación.
Oración a San Antonio para el amor
Junto al patrocinio sobre las cosas perdidas, el pueblo cristiano acude a San Antonio para confiarle el deseo de un amor honesto, un buen noviazgo o un matrimonio según Dios. No es de extrañar: a un santo que ardió en amor a Cristo se le puede pedir también que interceda por nuestros afectos, para que sean rectos y conformes a la voluntad divina. Esta es una breve oración a San Antonio para el amor, que puede rezarse a continuación de la oración tradicional.
Glorioso San Antonio, tú que amaste a Dios sobre todas las cosas y al prójimo por amor de Dios, alcánzame la gracia de amar con un corazón limpio. Si es la voluntad del Señor, concédeme encontrar un amor honesto y fiel, fundado en la fe y ordenado al santo matrimonio; y si he de seguir otro camino, dame la paz de aceptarlo. Líbrame de todo afecto desordenado y enséñame a buscar primero el reino de Dios, sabiendo que lo demás se me dará por añadidura. Amén.
Una advertencia importante: pedir por el amor no es lo mismo que los llamados "amarres" o conjuros para atar la voluntad de otra persona. Eso no es oración cristiana, sino superstición, y la Iglesia siempre lo ha condenado. Se le pide a San Antonio que interceda; no se le manda, ni se obliga a nadie a amar. El amor verdadero respeta siempre la libertad, la propia y la ajena.
Por qué San Antonio es el santo del amor
A San Antonio se lo llama "el santo del amor" por dos motivos que conviene no confundir. El primero y verdadero es que toda su vida fue un incendio de caridad: amó a Cristo y a la Virgen hasta consumirse predicando, y enseñó a amar a Dios sobre todas las cosas. El segundo, más popular, viene de las costumbres: en muchos países se le invoca para hallar un buen esposo o esposa, y hay tradiciones piadosas en torno a su imagen. Está bien acudir a él con esta intención, siempre que se haga como una súplica confiada y no como un rito mágico. El "amor" del que San Antonio es maestro es, ante todo, el amor que viene de Dios y a Dios conduce.
Oración a San Antonio para casos difíciles
Como a otros grandes intercesores, los fieles se vuelven a San Antonio en los casos difíciles: una enfermedad grave, un trabajo que no llega, una deuda que ahoga, un conflicto sin salida. El responsorio Si quaeris miracula recuerda precisamente que ante su intercesión "la muerte y el error huyen, la miseria y el demonio". Esta breve súplica puede unirse a la oración principal.
San Antonio de Padua, ayuda de los afligidos y amparo de los que nada pueden, acudo a ti en esta hora difícil. Presenta a Dios mi necesidad (dígase la intención) y alcánzame, si conviene a mi salvación, el remedio que busco. Y si el Señor dispone otra cosa, dame fe para confiar, paciencia para esperar y fortaleza para llevar mi cruz tras Cristo. Por tu poderosa intercesión, líbrame de todo mal. Amén.
Recemos sin desesperar y sin poner condiciones a Dios. A veces el mayor milagro no es que cambie la situación, sino que cambie nuestro corazón para llevarla con paz.
Oración a San Antonio para la reconciliación de pareja
Quienes atraviesan una ruptura o una crisis en su matrimonio piden a San Antonio por la reconciliación de la pareja. Es una intención noble, sobre todo cuando se trata de salvar un vínculo legítimo ante Dios. Recuérdese siempre que la oración pide el bien y la paz, nunca forzar a nadie ni recuperar una unión a cualquier precio.
San Antonio, amigo de la paz, te confío esta relación herida. Si es la voluntad de Dios y para bien de las almas, alcánzanos la gracia de la reconciliación: ablanda los corazones endurecidos, sana las heridas, devuelve el perdón y restaura el amor verdadero, fundado en el respeto y en la fe. Donde haya rencor, pon caridad; donde haya orgullo, humildad. Y si esta unión no ha de seguir, danos a ambos paz y el bien de nuestras almas. Amén.
En toda crisis conyugal conviene buscar también el consejo de un buen sacerdote y los auxilios de la gracia, sobre todo la confesión. La oración no sustituye los deberes ni la prudencia, sino que los sostiene.
Oración a San Antonio para un milagro urgente
Cuando la necesidad apremia, los fieles piden a San Antonio por un milagro urgente. Hay que rezar con fe viva, pero también con humildad: lo que para nosotros es urgente, Dios lo ve en el orden de nuestra salvación eterna. Un "milagro" no es arrancar a Dios un favor, sino abrirnos a su poder y a su misericordia.
Oh poderoso San Antonio, a quien Dios concedió obrar prodigios, acudo a ti con urgencia en esta gran necesidad (dígase la intención). Si es para gloria de Dios y bien de mi alma, intercede para que pronto se me conceda lo que tanto pido. Aumenta mi fe, sostén mi esperanza y, sobre todo, hágase en mí la voluntad de Dios, que todo lo dispone para el bien de los que le aman. Amén.
La verdadera urgencia del cristiano es no perder jamás la gracia de Dios. Todo lo demás, por grave que sea, está en sus manos, y Él nunca abandona a quien lo busca.
San Antonio de Padua y San Antonio Abad: no confundirlos
Conviene aclarar una confusión frecuente, porque hay dos santos muy distintos llamados Antonio. El de este artículo es San Antonio de Padua, fraile franciscano del siglo XIII, doctor de la Iglesia y patrono de los objetos perdidos, cuya fiesta es el 13 de junio. Otro muy distinto es San Antonio Abad, también llamado San Antonio del Desierto o "el Grande", el padre de los monjes egipcios (siglos III-IV), cuya fiesta se celebra el 17 de enero y a quien se invoca como protector de los animales y contra las enfermedades. Si alguien busca la oración a San Antonio Abad, ha de saber que se trata de este eremita del desierto, no del santo de Padua. Ambos son grandes intercesores, pero su vida y su patrocinio son diferentes.
Preguntas Frecuentes
¿Quién fue San Antonio de Padua?
Fue un fraile franciscano nacido en Lisboa hacia 1195 y muerto cerca de Padua en 1231. Gran conocedor de la Sagrada Escritura y uno de los más célebres predicadores de su tiempo, combatió las herejías y convirtió a innumerables pecadores. La Iglesia lo canonizó casi de inmediato y lo proclamó Doctor de la Iglesia con el título de Doctor Evangélico.
¿Por qué San Antonio es el patrono de los objetos perdidos?
Por un episodio de su vida: un novicio se llevó un libro de salmos que el santo usaba, y Antonio rezó con tanta insistencia que el joven volvió arrepentido y lo devolvió. De ahí nació la confianza del pueblo en pedirle por todo lo que se extravía. En el fondo, su patrocinio enseña que nada se pierde del todo para Dios, que cuida hasta los detalles más pequeños de nuestra vida.
¿Para qué sirve la oración a San Antonio?
Sirve, como toda oración a un santo, para pedir su intercesión ante Dios. Tradicionalmente se le pide por las cosas perdidas, los enfermos y la conversión de los pecadores, pero su mayor patrocinio se dirige a lo del alma: recobrar la gracia, la fe y la paz. No es una fórmula mágica, sino una súplica humilde y confiada.
¿Sirve la oración a San Antonio para el amor o para encontrar pareja?
La piedad popular acude a San Antonio para pedir un buen noviazgo o un matrimonio cristiano, y no hay nada malo en ello: a un santo se le puede confiar también el deseo legítimo de formar una familia. Pero conviene entenderlo bien. No es un "amarre" ni una fórmula para atar la voluntad de otra persona —eso sería superstición—, sino una súplica humilde para que Dios, por intercesión del santo, conceda, si conviene, un amor honesto y según su voluntad. Pídase con la oración de arriba, añadiendo la intención propia.
¿Por qué San Antonio de Padua es el santo del amor?
Sobre todo porque su vida entera fue caridad: amó a Cristo y a la Virgen hasta consumirse, y predicó incansablemente el amor a Dios y al prójimo. De ahí, y de algunas costumbres populares, nació la confianza de pedirle por un buen noviazgo o un matrimonio cristiano. Es legítimo acudir a él con esa intención, siempre como una súplica humilde y no como un rito mágico ni un "amarre".
¿Cómo rezar a San Antonio en casos difíciles o por un milagro urgente?
Se le reza con fe y humildad, exponiéndole la necesidad concreta y confiando en su intercesión ante Dios. Puede usarse la oración tradicional añadiendo la intención propia, o las oraciones breves que ofrecemos arriba. Lo esencial es no poner plazos ni condiciones a Dios: el santo intercede y el Señor concede lo que conviene a nuestra salvación, que a veces es darnos paz para llevar la cruz más que cambiar la situación.
¿Es lo mismo San Antonio de Padua que San Antonio Abad?
No. San Antonio de Padua es el fraile franciscano del siglo XIII, doctor de la Iglesia y patrono de los objetos perdidos, cuya fiesta es el 13 de junio. San Antonio Abad es un eremita egipcio de los siglos III-IV, padre de los monjes, protector de los animales, cuya fiesta es el 17 de enero. Son dos santos distintos.
¿Cuándo es el día de San Antonio de Padua?
Su fiesta se celebra el 13 de junio, día de su muerte en 1231. Es la fecha en que los fieles lo honran de modo especial, asisten a Misa donde es posible y le confían sus peticiones. En muchos lugares se acostumbra también la bendición del "pan de San Antonio" para los pobres.
Para seguir rezando con los santos
- Novena a San Antonio de Padua, para acompañar la oración durante nueve días.
- Oración para encontrar cosas perdidas, con el responsorio Si quaeris miracula a San Antonio.
- Oración a San José, patrono de la Iglesia universal y de la buena muerte.
- Oración a San Judas Tadeo, apóstol y patrono de las causas difíciles y desesperadas.
- Oración a Santa Rita, abogada de los imposibles.
- Santos católicos, el índice de toda la familia de los santos y su intercesión.
- Oraciones católicas, el índice de las principales plegarias de la Tradición.
- El Padre Nuestro, la oración que el mismo Señor nos enseñó.
La app Iter Fidei trae las oraciones, las novenas y los salmos, en latín y español, con audio. Únase al acceso anticipado aquí.
Fuentes. Sagrada Biblia, traducción de Félix Torres Amat (Lc 15, 8; Lc 11, 9). Responsorio Si quaeris miracula del beato Julián de Espira. Vida de San Antonio de Padua (la Assidua, primera biografía, c. 1232) y tradición franciscana. Martirologio Romano (13 de junio). Bula de canonización de Gregorio IX (1232) y proclamación como Doctor de la Iglesia por Pío XII (1946).