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San Antonio Abad: quién fue, su día y la bendición de animales
Quién fue san Antonio Abad, el padre de los monjes: su vida en el desierto de Egipto según san Atanasio, sus tentaciones, el fuego de san Antón, el cerdo y la cruz en tau, su día del 17 de enero, la bendición de los animales tal como la da el Ritual Romano, en latín y en español, y la oración del Misal de 1962.
San Antonio Abad (hacia 251-356), llamado también san Antonio el Grande o, en el habla popular, san Antón, fue un cristiano de Egipto que lo vendió todo para seguir a Cristo, vivió casi noventa años en el desierto y llegó a ser el padre de todos los monjes. La Iglesia celebra su fiesta el 17 de enero, fiesta de III clase en el calendario de 1962, y ese día es costumbre, en México, en España y en tantos otros lugares, llevar los animales a la iglesia para que el sacerdote los bendiga. Aquí encontraréis su vida según san Atanasio, el sentido de su imagen, la bendición de los animales tal como la da el Ritual Romano, en latín y en español, y la oración de su Misa.
No hay que confundirlo con san Antonio de Padua, el franciscano del siglo XIII al que se reza para encontrar lo perdido y cuya fiesta es el 13 de junio: el santo del cerdo y de la bendición de los animales es san Antonio Abad, el ermitaño egipcio, unos novecientos años anterior.
¿Quién fue san Antonio Abad?
Su juventud: «Si quieres ser perfecto»
Antonio nació hacia el año 251 en una aldea del Alto Egipto, al sur de Menfis, de padres cristianos y acomodados. Lo criaron en casa, apartado de las escuelas, de modo que solo sabía leer su propia lengua. Antes de cumplir veinte años quedó huérfano, dueño de una hacienda considerable y encargado de una hermana menor.
Unos seis meses después, al entrar en la iglesia, oyó leer el Evangelio del joven rico: «Si quieres ser perfecto, anda, y vende cuanto tienes, y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo» (Mt 19, 21, versión de Torres Amat). Lo tomó como dicho para él. Dio a sus vecinos las mejores tierras, vendió el resto y repartió el precio entre los pobres, guardando solo lo necesario para él y su hermana.
Poco después oyó en la iglesia otra palabra del Señor, «No andéis, pues, acongojados por el día de mañana» (Mt 6, 34), y entonces dio también lo que se había reservado, confió a su hermana a una casa de vírgenes y se retiró a la soledad. Así lo cuenta Butler, siguiendo la Vida escrita por san Atanasio; las lecciones del Breviario Romano en su fiesta recogen el primer episodio.
El combate en el desierto
Empezó viviendo cerca de su aldea, a imitación de un anciano que llevaba allí vida de ermitaño, y repartía el día entre el trabajo de manos, la oración y la lectura. Cuando oía hablar de algún solitario virtuoso iba a buscarlo para aprender de él; dice el Breviario que, a quien veía sobresalir en alguna virtud, procuraba imitarlo.
El demonio lo asaltó primero con pensamientos de apariencia buena —todo el bien que habría podido hacer con su fortuna, la dureza de la vida elegida—, después con imaginaciones impuras, y por fin con apariciones visibles. Antonio respondió con la vigilancia de los sentidos, el ayuno y la oración. Comía pan con un poco de sal y bebía agua, nunca antes de la puesta del sol, y a veces solo una vez cada tres o cuatro días; dormía sobre una estera o en el suelo.
Buscando más soledad se encerró en un antiguo sepulcro, donde un amigo le llevaba pan de tarde en tarde. Allí, dice su biógrafo, los demonios lo golpearon hasta dejarlo casi muerto. Al volver en sí, Antonio clamó: «¿Dónde estabas, Señor mío? ¿Por qué no viniste desde el principio a socorrerme?». Y una voz le respondió: «Antonio, aquí estaba, y miraba tu combate; y porque has resistido con valor, te protegeré siempre y haré tu nombre famoso en toda la tierra».
Hacia el año 285, con unos treinta y cinco años, cruzó el brazo oriental del Nilo y se instaló en unas ruinas en lo alto de un monte, donde vivió casi veinte años sin ver apenas a nadie, salvo al que le llevaba pan cada seis meses.
Padre de los monjes
Hacia el año 305, cediendo a la insistencia de los que querían vivir bajo su dirección, bajó de su monte y organizó su primer monasterio, en el Fayum: no un gran edificio, sino celdas dispersas de ermitaños que lo tenían por padre. Fundó otros después, como el de Pispir, cerca del Nilo, y los visitaba de tiempo en tiempo, aunque prefería volver a su celda de la montaña.
Enseñaba a sus monjes a pensar cada mañana que quizá no llegarían a la noche, y cada noche que quizá no verían la mañana, y a hacer cada acción como si fuera la última de su vida. Les decía que la perfección no está en la mortificación, sino en el amor de Dios. Y les repetía, según las lecciones antiguas del Breviario Romano (anteriores a la reforma de 1960, que las abrevió): «Creedme, hermanos: Satanás teme las vigilias de los piadosos, sus oraciones, sus ayunos, la pobreza voluntaria, la misericordia y la humildad, y sobre todo el amor ardiente a Cristo nuestro Señor; con la sola señal de la santísima cruz huye debilitado». De ahí la importancia que la tradición monástica dio siempre a la señal de la cruz.
Una vez vio en visión la tierra entera cubierta de lazos, tan espesos que parecía imposible dar un paso sin caer, y preguntó temblando: «Señor, ¿quién podrá escapar de todos?». Una voz le respondió: «La humildad, Antonio».
En Alejandría: con los mártires y contra los arrianos
En el año 311, durante la persecución de Maximino, bajó a Alejandría para sostener a los confesores de la fe, sin provocar a los jueces ni entregarse por su cuenta. Hacia el 355, ya muy anciano, volvió a la ciudad a petición de los obispos para refutar a los arrianos: predicó que el Hijo de Dios no es una criatura, sino de la misma sustancia que el Padre. Fue el gran amigo de san Atanasio de Alejandría, el defensor de la fe de Nicea, que lo acompañó hasta las puertas de la ciudad y que escribió después su Vida.
Hacia el año 337, el emperador Constantino y sus hijos le escribieron para encomendarse a sus oraciones. A sus monjes, sorprendidos, les dijo: «No os admiréis de que el emperador nos escriba, siendo un hombre como yo; admiraos más bien de que Dios haya escrito para nosotros y nos haya hablado por su Hijo».
A unos filósofos que se burlaban de que viviera sin libros les respondió que su libro era la naturaleza creada, y que ese libro estaba siempre abierto delante de él.
Su muerte
Presintiendo su fin, visitó por última vez a sus monjes y se retiró a su monte, cerca del mar Rojo, con dos discípulos, Macario y Amatas. Les mandó enterrarlo en secreto, para que nadie embalsamara su cuerpo ni lo venerara con vanidad, y les dejó en herencia sus pobres vestidos: una piel de oveja y el manto para el obispo Atanasio, en señal de comunión con él; la otra piel para el obispo Serapión; el cilicio para ellos. «Adiós, hijos míos; Antonio se va y ya no estará con vosotros». Estiró los pies y expiró en paz.
Era el año 356, probablemente el 17 de enero, día en que lo conmemoran los martirologios más antiguos. Tenía ciento cinco años, dicen Butler y el Breviario. Hacia el 561, según la tradición, sus restos fueron descubiertos y llevados a Alejandría, después a Constantinopla y, en la Edad Media, a Francia, al Delfinado, cerca de Vienne.
Qué hizo san Antonio Abad
San Antonio no fue el primer ermitaño: antes de él hubo ascetas cristianos que vivían retirados cerca de las ciudades. Pero fue él quien se adentró en el desierto, reunió discípulos y les dio un modo de vida; por eso la Iglesia lo llama padre de los monjes. Su Vida, escrita por san Atanasio poco después de su muerte, recorrió el Oriente y el Occidente, fue traducida pronto al latín y despertó vocaciones por todas partes. Su ejemplo y sus enseñanzas, dice Butler, han servido de regla a la vida monástica en todos los siglos siguientes, y en Oriente varias comunidades religiosas aseguran todavía seguir su regla.
Las tentaciones de san Antonio Abad
Las luchas de Antonio contra el demonio, contadas por san Atanasio, se convirtieron en uno de los grandes temas del arte cristiano: «las tentaciones de san Antonio». Los pintores representaron al ermitaño rodeado de monstruos, golpeado, tentado por figuras seductoras, y sin embargo en paz, con la mirada puesta en Dios.
El sentido de esas escenas no es el espanto, sino la victoria. Las lecciones antiguas del Breviario lo resumen así: el enemigo del género humano atacó al santo joven con diversas tentaciones, «que él vencía con el ayuno y la oración». Y lo que Antonio enseñaba a sus monjes vale para todo cristiano: el demonio no puede nada contra el que vela, ora, se humilla y ama a Cristo.
Cómo se representa a san Antonio Abad: el cerdo, la tau y la campana
La imagen de san Antonio Abad, en retablos y estampas, es inconfundible: un anciano de larga barba con hábito de monje, un bastón en forma de T (la tau, la cruz egipcia), una campanilla, un libro, a veces llamas a los pies, y casi siempre un cerdo. Cada atributo tiene su historia:
- La tau puede indicar su edad y su autoridad de abad, o recordar el uso constante de la señal de la cruz en su lucha contra los demonios.
- El cerdo representaba al principio al demonio vencido. Pero desde el siglo XII cobró otro sentido: los Hermanos Hospitalarios de San Antonio, fundados en Francia en 1096, obtuvieron en muchos lugares el privilegio de dejar sus cerdos alimentarse libremente en los bosques; el cerdo pasó a ser el animal del santo.
- La campanilla se colgaba al cuello de esos cerdos, o la tocaban los propios hermanos para anunciar su paso; acabó siendo un atributo de su patrono.
- El libro recuerda el gran libro de la naturaleza, que suplía para él todos los demás.
- Las llamas evocan el fuego de san Antón.
El fuego de san Antón
Se llamó así a una terrible enfermedad que asoló Europa en la Edad Media, con especial violencia en el siglo XI, y que quemaba los miembros como un fuego interior; hoy se sabe que la causaba el cornezuelo del centeno. Los enfermos acudían a las reliquias del santo en Francia y a los hospitales de los antonianos, y se contaron numerosas curaciones por su intercesión. De ahí su enorme popularidad en los siglos XII y XIII.
San Antonio Abad, patrono de los animales
Probablemente por su relación con el cerdo, dice Butler, el pueblo cristiano empezó a invocarlo como patrono de los animales domésticos y del ganado, y bajo su protección se pusieron los gremios de carniceros y otros oficios ligados a los animales. Es también, como padre de los monjes, el modelo de los religiosos y ermitaños, y se le invocaba contra el fuego de san Antón.
¿Qué se le pide a san Antonio Abad? Ante todo, lo que la Iglesia misma le pide en su bendición: la salud y la protección de los animales que Dios ha dado al hombre para su trabajo y su sustento, y la liberación de los peligros de esta vida. Y, por su ejemplo, la fuerza en las tentaciones, la humildad y el desprendimiento de los bienes de la tierra.
La bendición de los animales del 17 de enero
El día de san Antonio Abad, en muchos pueblos de España, de México y de otros países, los fieles llevan a la iglesia sus caballos, mulas, burros, perros, gatos y aves para que el sacerdote los bendiga. La costumbre nació del trabajo del campo: los animales eran indispensables para la labranza y el transporte, y sus dueños pedían a Dios que los preservara de la enfermedad y del accidente.
Esta bendición no es una invención popular: el Ritual Romano la trae en su apéndice con el título Benedictio equorum aliorumve animalium, «bendición de los caballos y otros animales». De sus tres oraciones, dos invocan expresamente al bienaventurado Antonio. El Ritual no la fija en una fecha; es la costumbre la que la ha unido a su fiesta del 17 de enero. Como todas las bendiciones del Ritual, la imparte un sacerdote. La damos según la edición del Ritual de Pustet de 1925, conforme a la edición típica, tal como la trae la aplicación Iter Fidei, primero en latín y después en español:
V. Adiutorium nostrum in nomine Domini.
R. Qui fecit caelum et terram.V. Dominus vobiscum.
R. Et cum spiritu tuo.Oremus. Deus, refugium nostrum, et virtus: adesto piis Ecclesiae tuae precibus, auctor ipse pietatis, et praesta; ut, quod fideliter petimus, efficaciter consequamur. Per Christum, Dominum nostrum. R. Amen.
Oremus. Omnipotens sempiterne Deus, qui gloriosum beatum Antonium, variis tentationibus probatum, inter mundi huius turbines illaesum abire fecisti: concede famulis tuis; ut et praeclaro ipsius proficiamus exemplo, et a praesentis vitae periculis eius meritis et intercessione liberemur. Per Christum, Dominum nostrum. R. Amen.
Oremus. Benedictionem tuam, Domine, haec animalia accipiant: qua corpore salventur, et ab omni malo per intercessionem beati Antonii liberentur. Per Christum, Dominum nostrum. R. Amen.
Et aspergantur aqua benedicta.
V. Nuestro auxilio está en el nombre del Señor.
R. Que hizo el cielo y la tierra.V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.Oremos. Oh Dios, refugio nuestro y fortaleza: asiste a las piadosas preces de tu Iglesia, tú que eres el autor mismo de la piedad, y concede que lo que fielmente pedimos lo consigamos eficazmente. Por Cristo, nuestro Señor. R. Amén.
Oremos. Dios omnipotente y eterno, que hiciste que el glorioso beato Antonio, probado por varias tentaciones, saliese ileso de los torbellinos de este mundo: concede a tus siervos aprovechar de su preclaro ejemplo y ser librados de los peligros de la vida presente por sus méritos e intercesión. Por Cristo, nuestro Señor. R. Amén.
Oremos. Reciban estos animales tu bendición, Señor, por la cual sean salvados en el cuerpo y librados de todo mal por la intercesión del beato Antonio. Por Cristo, nuestro Señor. R. Amén.
Y se asperjen con agua bendita.
«Beato» traduce aquí el latín beatus, que en los libros litúrgicos antiguos se dice también de los santos canonizados: el Ritual habla de san Antonio. Fijaos en el orden de la segunda oración: primero se pide aprovechar el ejemplo del santo, y solo después ser librados de los peligros. La bendición de los animales no es un amuleto; es la oración de la Iglesia que pone bajo la mano de Dios las criaturas que nos sirven.
En la bendición de un establo, el mismo apéndice del Ritual permite al sacerdote añadir las dos oraciones de san Antonio cuando los animales están reunidos en él, y contiene otras bendiciones para el mundo del campo: la del ganado, la de los animales gravemente enfermos, la de la sal o la avena que se da a los animales. Todas están reservadas al sacerdote.
Oración a san Antonio Abad
La oración de la Iglesia el 17 de enero
En el Misal Romano de 1962, la Misa de san Antonio Abad es la del común de los abades, Os iusti, con esta oración. La damos en latín y en una traducción española fiel:
Oremus. Intercessio nos, quaesumus, Domine, beati Antonii Abbatis commendet: ut, quod nostris meritis non valemus, eius patrocinio assequamur. Per Dominum nostrum Iesum Christum, Filium tuum: qui tecum vivit et regnat in unitate Spiritus Sancti Deus, per omnia saecula saeculorum. Amen.
Oremos. Te rogamos, Señor, que nos recomiende ante ti la intercesión del bienaventurado abad Antonio, para que alcancemos por su patrocinio lo que no podemos alcanzar por nuestros méritos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
En las letanías de los santos
San Antonio está entre los santos que la Iglesia invoca en las rogativas solemnes. En las letanías de los santos, su nombre abre la lista de los monjes y ermitaños, antes de san Benito, san Bernardo, santo Domingo y san Francisco:
Sancte Antoni, ora pro nobis.
San Antonio, ruega por nosotros.
¿Cuándo es el día de san Antonio Abad?
El día de san Antonio Abad es el 17 de enero, el día de su muerte según la tradición más antigua. En el calendario de 1962 es fiesta de III clase, con ornamentos blancos, y el Breviario reza ese día su vida en la lección de Maitines. El calendario reformado de 1969 conservó la misma fecha, como memoria obligatoria.
Ese mismo mes, el calendario tradicional reúne a otros grandes padres de los primeros siglos: san Policarpo, el 26 de enero, y san Juan Crisóstomo, que también empezó como ermitaño en las montañas de Antioquía, el 27.
Preguntas Frecuentes
¿Quién fue san Antonio Abad en pocas palabras?
Un egipcio del siglo III que, al oír el Evangelio del joven rico, vendió sus bienes, se retiró al desierto, venció las tentaciones con el ayuno y la oración, reunió a los primeros monjes y murió hacia el año 356 con más de cien años. San Atanasio escribió su vida.
¿Es lo mismo san Antonio Abad que san Antonio de Padua?
No. San Antonio Abad es el ermitaño egipcio de los siglos III y IV, patrono de los animales, celebrado el 17 de enero. San Antonio de Padua es un franciscano portugués del siglo XIII, doctor de la Iglesia, celebrado el 13 de junio; a él se reza la novena a san Antonio de Padua.
¿Por qué san Antonio Abad tiene un cerdo?
Al principio el cerdo representaba al demonio vencido. Desde el siglo XII se asoció a los Hospitalarios de San Antonio, cuyos cerdos podían alimentarse libremente en los bosques, y así se convirtió en el animal del santo y probablemente en el origen de su patronazgo sobre los animales.
¿Por qué se bendicen los animales el día de san Antonio Abad?
Porque el pueblo cristiano lo tiene por patrono de los animales domésticos. El Ritual Romano trae una bendición de los caballos y otros animales que invoca su intercesión, y la costumbre la ha unido a su fiesta del 17 de enero.
¿Puede un laico bendecir a los animales con la fórmula del Ritual?
No: la bendición del Ritual está reservada al sacerdote. Un laico puede, en cambio, encomendar sus animales a Dios con sus propias palabras o rezar la oración de la Misa de san Antonio.
¿Qué es el fuego de san Antón?
Una enfermedad medieval que quemaba los miembros, causada por el cornezuelo del centeno. Los enfermos se encomendaban a san Antonio y eran cuidados por los hermanos antonianos; de ahí el nombre y las llamas que aparecen en su imagen.
¿Quién escribió la vida de san Antonio Abad?
San Atanasio, obispo de Alejandría, que lo conoció personalmente. Su Vida de Antonio es la principal fuente sobre el santo y una de las obras que más han influido en la historia del monacato.
La aplicación Iter Fidei trae el Misal y el Breviario de 1962, con la Misa y el Oficio de san Antonio Abad, las bendiciones del Ritual Romano y el calendario tradicional, en latín y en español. Únase al acceso anticipado aquí.
Para conocer a los demás santos del calendario y el sentido de su culto, podéis leer nuestra página sobre los santos católicos.
Fuentes. Misal Romano de 1962, fiesta de san Antonio, abad (17 de enero); Breviario Romano, lecciones de Maitines del 17 de enero; Ritual Romano (Pustet, 1925, conforme a la edición típica), apéndice, Benedictio equorum aliorumve animalium; Alban Butler, Vidas de los santos (17 de enero); Sagrada Biblia, versión de Torres Amat.