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San Anselmo: biografía, argumento ontológico y oración
Quién fue san Anselmo de Canterbury (1033-1109): monje y abad de Bec, arzobispo de Canterbury desterrado dos veces por defender la libertad de la Iglesia, doctor de la Iglesia; su Proslogion, el «argumento ontológico», el Cur Deus homo, sus frases, su fiesta del 21 de abril en el calendario de 1962 y la oración del Misal.
San Anselmo de Canterbury (1033-1109) fue un monje benedictino nacido en Aosta, prior y luego abad de Bec, en Normandía, y arzobispo de Canterbury, en Inglaterra, que sufrió dos destierros por defender los derechos de la Iglesia frente a los reyes ingleses. Es también uno de los mayores pensadores cristianos: el autor del Proslogion, donde formuló la prueba de la existencia de Dios que los filósofos modernos llamaron «argumento ontológico», y del Cur Deus homo, sobre la razón de la Encarnación. Doctor de la Iglesia desde 1720, su fiesta se celebra en el calendario de 1962 el 21 de abril, como fiesta de III clase.
Quién fue san Anselmo de Canterbury
¿Dónde nació san Anselmo?
San Anselmo nació hacia el año 1033 en Aosta, en el norte de Italia, al pie de los Alpes. El Breviario da los nombres de sus padres, Gundulfo y Ermemberga, «nobles y católicos». A los quince años quiso hacerse monje, pero el abad al que se dirigió no lo admitió por temor al disgusto de su padre. Aquel deseo se enfrió: durante un tiempo vivió descuidado de la religión, años de los que se arrepintió siempre. El Breviario lo dice con sobriedad: aunque el ardor juvenil lo arrastró a veces a los halagos del mundo, pronto volvió al camino primero.
Muerta su madre, y en mala relación con un padre muy duro, dejó su tierra. Pasó unos tres años en Borgoña y llegó a Normandía, atraído por la fama de un gran maestro: Lanfranco, prior de la abadía de Bec.
Monje, prior y abad de Bec
Anselmo fue discípulo y amigo de Lanfranco, y en 1060, a los veintisiete años, tomó el hábito en Bec, bajo el abad Herluino. Tres años después, cuando Lanfranco fue nombrado abad de Caen, los monjes eligieron prior a Anselmo. Algunos murmuraron por su juventud; él los ganó con paciencia y dulzura, incluido su adversario más encarnizado, un joven indisciplinado llamado Osberno, al que condujo poco a poco a una vida fervorosa y al que cuidó con ternura en su última enfermedad.
El Breviario describe su vida de monje: tan dado al ayuno que parecía haber perdido el gusto por la comida; el día lo pasaba enseñando y respondiendo a quienes lo consultaban, y a la noche le quitaba horas de sueño para meditar las cosas divinas. Mientras fue prior escribió sus primeras grandes obras, el Monologion y el Proslogion. El papa san Gregorio VII, acosado entonces por grandes persecuciones, le escribía cartas llenas de afecto encomendándose a sus oraciones.
En 1078 fue elegido abad de Bec. Su biógrafo, el monje inglés Eadmero, cuenta que tenía un modo propio de enseñar, con ejemplos caseros que hasta los más sencillos entendían. A un abad que se quejaba del poco fruto que sacaba de sus alumnos le respondió con una comparación que Butler recoge: si plantáis un árbol y lo atáis por todas partes para que no extienda sus ramas, ¿qué árbol tendréis cuando después le deis espacio? Uno inútil, de ramas torcidas y enredadas. Así tratáis a vuestros muchachos, cuando los oprimís con miedos y golpes sin dejarles ninguna libertad.
Arzobispo de Canterbury
La abadía tenía tierras en Inglaterra, adonde Lanfranco había pasado como arzobispo de Canterbury. Muerto Lanfranco, el rey Guillermo el Rojo dejó la sede vacante durante años para quedarse con sus rentas. Una grave enfermedad lo asustó, y en 1093 nombró a Anselmo arzobispo. Anselmo se resistió alegando su edad y su poca salud, pero los obispos le pusieron a la fuerza el báculo en la mano y lo llevaron a la iglesia cantando el Te Deum.
El rey, curado, olvidó sus promesas. Exigió dinero, se negó a proveer las abadías vacantes y a reunir los concilios que debían corregir los abusos, y quiso que el papa depusiera al arzobispo. Anselmo resistió «con constancia sacerdotal», dice el Breviario. En octubre de 1097 salió hacia Roma, sabiendo que el rey confiscaría sus bienes y no lo dejaría volver. El papa Urbano II lo recibió con todos los honores. En el concilio de Bari de 1098, Anselmo defendió con innumerables testimonios de la Escritura y de los Padres, contra los griegos, que el Espíritu Santo procede también del Hijo; y el mismo concilio, que quería excomulgar al rey de Inglaterra, se contentó con amenazarlo gracias a los ruegos del arzobispo perseguido.
Muerto Guillermo, el rey Enrique I lo llamó de nuevo, pero la paz duró poco: el rey quería investir él mismo a los obispos, lo que un sínodo romano acababa de prohibir. Anselmo se negó y conoció un segundo destierro. La cuestión se resolvió en 1107: el rey renunció a la investidura de obispos y abades, y la Iglesia permitió que los prelados le prestaran homenaje por sus bienes temporales. Enrique llegó a tenerle tal confianza que lo dejó como regente del reino durante una ausencia.
Su muerte
San Anselmo murió en Canterbury el 21 de abril de 1109, entre sus monjes. El Breviario destaca su fama de santidad, «sobre todo por su insigne devoción a la pasión de nuestro Señor y a la bienaventurada Virgen, su Madre». Butler recuerda su bondad con los más pobres y que fue de los primeros en oponerse a la trata de esclavos: en un concilio nacional de 1102 obtuvo que se prohibiera la costumbre de vender hombres como si fueran ganado. Dante lo coloca en el Paraíso, en el cielo del Sol, junto a san Juan Crisóstomo. El papa Clemente XI lo declaró doctor de la Iglesia en 1720.
La filosofía de san Anselmo: fe y razón
Butler lo llama «el padre de la escolástica», y el Breviario afirma que en sus libros aparece la norma que siguieron todos los teólogos que enseñaron la doctrina sagrada con método escolástico. Su principio es el de un monje que reza: la fe no teme a la razón, sino que la pone en marcha. Su programa cabe en tres palabras que él mismo puso como primer título del Proslogion: fides quaerens intellectum, «la fe que busca entender».
Hacia el final del primer capítulo del Proslogion, escrito en forma de oración, lo explica así:
«Neque enim quaero intelligere ut credam, sed credo ut intelligam.» — «Porque no busco entender para creer, sino que creo para entender».
No se trata de creer a ciegas ni de reducir la fe a lo que la razón demuestra, sino de partir de lo que Dios ha revelado y amarlo lo bastante para querer comprenderlo. En la misma línea están las grandes oraciones de san Agustín, al que Anselmo sigue de cerca.
El argumento ontológico de san Anselmo
¿Cómo argumenta san Anselmo la existencia de Dios?
En el capítulo segundo del Proslogion, Anselmo parte de una definición de Dios que todo creyente acepta:
«Et quidem credimus te esse aliquid quo nihil maius cogitari possit.» — «Y creemos, en efecto, que tú eres algo mayor que lo cual nada puede pensarse».
Después responde al «insensato» del salmo, el que dice que Dios no existe: «Dijo el insensato en su corazón: No hay Dios» (Sal 52, 1). Su razonamiento, resumido, es este:
- Incluso el insensato, cuando oye decir «algo mayor que lo cual nada puede pensarse», entiende lo que oye; por tanto, eso existe al menos en su entendimiento.
- Pero lo que existe en el entendimiento y además en la realidad es mayor que lo que existe solo en el entendimiento.
- Si aquello mayor que lo cual nada puede pensarse existiera solo en el entendimiento, podría pensarse algo mayor: lo mismo, pero existiendo también en la realidad. Lo cual es contradictorio.
- Luego aquello mayor que lo cual nada puede pensarse existe no solo en el entendimiento, sino también en la realidad: Dios existe.
Cómo define a Dios san Anselmo
La fórmula «aquello mayor que lo cual nada puede pensarse» no pretende abarcar a Dios, sino señalar su grandeza: en el capítulo quince del mismo libro Anselmo añade que Dios no solo es aquello mayor que lo cual nada puede pensarse, sino «algo mayor de lo que puede pensarse» (quiddam maius quam cogitari possit). Por eso el Proslogion es a la vez un argumento y una oración.
La historia del argumento
La prueba fue discutida desde el principio. Un monje llamado Gaunilón objetó que, con ese razonamiento, se podría demostrar la existencia de una isla perfectísima solo por pensarla; Anselmo le respondió que el argumento vale únicamente para Dios, cuyo ser no es el de una cosa que podría ser más o menos perfecta.
Santo Tomás de Aquino no lo aceptó. En la Suma teológica (I, q. 2, a. 1, ad 2) responde que, aunque alguien entienda que la palabra «Dios» significa algo mayor que lo cual nada puede pensarse, no se sigue que entienda que eso existe en la realidad, sino solo en su mente. Para santo Tomás, la existencia de Dios no es evidente para nosotros: se demuestra a partir de sus efectos, como explica en el artículo siguiente. Siglos más tarde, Descartes retomó el argumento en otra forma, y Kant lo criticó. Para la fe católica no hay que elegir entre ambos doctores: los dos enseñan que la razón puede conocer con certeza que Dios existe.
Obras de san Anselmo
Entre los escritos de san Anselmo destacan:
- Monologion: meditación sobre la existencia y la naturaleza de Dios, que él tituló primero Ejemplo de meditación sobre la razón de la fe.
- Proslogion: el «coloquio» con Dios donde formula su argumento; su primer título fue La fe que busca entender.
- Cur Deus homo («¿Por qué Dios se hizo hombre?»): el tratado que terminó en Italia, en su primer destierro, y que Butler llama el más célebre que se haya escrito sobre la Encarnación. Su título es su pregunta: por qué, para redimir al hombre, Dios mismo se hizo hombre.
- Los tratados sobre la verdad, el libre albedrío y el origen del mal, el escrito sobre la procesión del Espíritu Santo nacido del concilio de Bari, y sus numerosas cartas.
¿Cuál es la obra más importante de san Anselmo?
Depende del punto de vista: para los filósofos, el Proslogion, por su argumento; para los teólogos, el Cur Deus homo, que ha guiado durante siglos la reflexión sobre la Redención.
Frases de san Anselmo
- «Creo para entender» (credo ut intelligam).
- «La fe que busca entender» (fides quaerens intellectum).
- «Algo mayor que lo cual nada puede pensarse» (aliquid quo nihil maius cogitari possit).
- Eadmero cuenta que Anselmo encontró a un niño que tenía atado un pájaro por la pata con un hilo y lo hacía caer cada vez que intentaba volar. El santo rompió el hilo, y el biógrafo lo resume con una frase latina que Butler conserva: «ecce filum rumpitur, avis avolat, puer plorat, pater exsultat»: «se rompe el hilo, el pájaro se va volando, el niño llora y el padre se alegra».
La fiesta de san Anselmo en el calendario de 1962
En el calendario de 1962, san Anselmo se celebra el 21 de abril, día de su muerte, como fiesta de III clase, con ornamentos blancos. La Misa es la del común de doctores, In medio Ecclesiae: se dice el Gloria, pero no el Credo. El Evangelio es el de la sal de la tierra y la luz del mundo: «Vosotros sois la luz del mundo. No se puede encubrir una ciudad edificada sobre un monte» (Mt 5, 14). La epístola termina con las palabras de san Pablo que resumen la vida del arzobispo desterrado: «Combatido he con valor, he concluido la carrera, he guardado la fe» (2 Tim 4, 7).
En el Breviario de 1962, como fiesta de III clase, tiene un solo nocturno, y su vida se lee en una sola lección abreviada. Cuando el 21 de abril cae en Semana Santa o en la octava de Pascua, días de I clase, la fiesta no se celebra ese año; si cae en domingo, prevalece el domingo. El calendario de 1969 conservó su memoria en la misma fecha.
San Anselmo es uno de los grandes hijos de la orden de san Benito, y su obra abre el camino que recorrerá, casi dos siglos después, el gran doctor dominico santo Tomás de Aquino, aun cuando no acepte su argumento.
Oración a san Anselmo
La oración de la Iglesia en la fiesta de san Anselmo es la colecta del común de doctores del Misal Romano de 1962, con su nombre. La damos tal como la trae el Misal, y en una traducción española fiel:
Deus, qui pópulo tuo ætérnæ salútis beátum Ansélmum minístrum tribuísti: præsta, quǽsumus; ut, quem Doctórem vitæ habúimus in terris, intercessórem habére mereámur in cælis. Per Dóminum nostrum Jesum Christum, Fílium tuum: qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.
Oh Dios, que diste a tu pueblo al bienaventurado Anselmo como ministro de la salvación eterna: concédenos, te rogamos, que merezcamos tener por intercesor en los cielos a quien tuvimos por doctor de la vida en la tierra. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en unidad del Espíritu Santo, Dios, por todos los siglos de los siglos. Amén.
Quien quiera pedir por su intercesión la luz para comprender y amar mejor la fe puede rezar esta colecta nueve días seguidos antes del 21 de abril, a la manera de una novena, como se hace con la novena a san Benito, padre de los monjes de Bec.
Preguntas Frecuentes
¿Quién fue san Anselmo?
Un monje benedictino nacido en Aosta hacia 1033, prior y abad de Bec, arzobispo de Canterbury desde 1093, desterrado dos veces por defender la libertad de la Iglesia, filósofo y teólogo, doctor de la Iglesia. Murió el 21 de abril de 1109.
¿Cuándo y dónde nació san Anselmo?
Hacia el año 1033, en Aosta, ciudad del norte de Italia, al pie de los Alpes. Por eso se le llama a veces san Anselmo de Aosta.
¿Cómo se le conoce a san Anselmo?
Como san Anselmo de Canterbury, por su sede; también como san Anselmo de Aosta, por su patria, o de Bec, por su monasterio. Butler lo llama «el padre de la escolástica».
¿Qué es el argumento ontológico de san Anselmo?
La prueba de la existencia de Dios que expone en el capítulo segundo del Proslogion: si Dios es aquello mayor que lo cual nada puede pensarse, no puede existir solo en el pensamiento, porque entonces podría pensarse algo mayor; luego existe también en la realidad.
¿Por qué santo Tomás rechaza el argumento de san Anselmo?
Porque, según santo Tomás, entender lo que significa la palabra «Dios» no basta para saber que existe en la realidad: la existencia de Dios no es evidente para nosotros y se demuestra a partir de sus efectos.
¿Qué significa «fides quaerens intellectum»?
«La fe que busca entender»: el primer título que Anselmo dio al Proslogion. Expresa su método: partir de la fe y buscar comprender, con la razón, lo que se cree.
¿Qué aportó san Anselmo a la filosofía?
Una manera de unir fe y razón que preparó la escolástica, el argumento ontológico, y una teología de la Redención, la del Cur Deus homo, que ha marcado toda la teología posterior.
La aplicación Iter Fidei trae el Misal y el Breviario de 1962, con la Misa y el Oficio de san Anselmo, y el calendario tradicional, en latín y en español. Únase al acceso anticipado aquí.
Para conocer a los demás santos del calendario y el sentido de su culto, podéis leer nuestra página sobre los santos católicos.
Fuentes. Misal Romano de 1962, fiesta de san Anselmo, obispo, confesor y doctor de la Iglesia (21 de abril), común de doctores; Breviario Romano, lecciones de san Anselmo; san Anselmo, Proslogion, prólogo y caps. 1-2; santo Tomás de Aquino, Suma teológica, I, q. 2, a. 1; Alban Butler, Vidas de los santos (21 de abril); Sagrada Biblia, versión de Torres Amat.