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San Atanasio de Alejandría: vida, destierros y credo
San Atanasio de Alejandría (c. 297-373), obispo y doctor de la Iglesia, el defensor de la divinidad de Cristo contra los arrianos: el concilio de Nicea, sus cinco destierros, sus escritos, la verdad sobre el credo de san Atanasio, su fiesta del 2 de mayo y la oración del Misal de 1962.
San Atanasio (hacia 297-373), obispo de Alejandría y doctor de la Iglesia, es el gran defensor de la divinidad de Jesucristo contra la herejía de Arrio, que negaba que el Hijo fuera Dios igual al Padre. Asistió como diácono al concilio de Nicea (325), gobernó durante cuarenta y cinco años la sede de Alejandría y fue desterrado cinco veces por emperadores arrianos o paganos, sin ceder jamás en la fe. La Iglesia celebra su fiesta el 2 de mayo, aniversario de su muerte, y le atribuyó durante siglos el símbolo Quicumque, conocido como el credo de san Atanasio.
Quién fue san Atanasio
Juventud en Alejandría
Atanasio nació hacia el año 297 en Alejandría, en Egipto, de padres cristianos. Butler advierte que de su familia no se sabe casi nada, y que la anécdota del niño que «jugaba a la iglesia» en la playa y llamó la atención del obispo Alejandro es más que dudosa. Lo cierto es que recibió una excelente formación —literatura y filosofía griegas, retórica, derecho y doctrina cristiana— y que conocía la Sagrada Escritura de un modo excepcional. Aprendió la teología de maestros que habían sido confesores de la fe en la persecución de Maximiano.
Desde muy joven trató con los ermitaños del desierto, y sobre todo con el gran san Antonio Abad: «Yo fui su discípulo», escribió, «y como Eliseo vertía el agua en las manos de aquel otro Elías». Esa amistad con los monjes iba a salvarle la vida más de una vez.
Hacia el año 318 fue ordenado diácono y nombrado secretario del obispo Alejandro. De esa época data probablemente su primera gran obra, el tratado Sobre la Encarnación del Verbo.
Arrio y el concilio de Nicea
Hacia 323, un sacerdote de Alejandría llamado Arrio comenzó a enseñar públicamente que el Verbo de Dios no es eterno, que fue creado en el tiempo por el Padre y que, por tanto, sólo en sentido figurado puede llamarse Hijo de Dios. El obispo Alejandro lo condenó en un concilio de obispos egipcios, pero Arrio encontró apoyo en Eusebio de Nicomedia y otros prelados de Siria, y sus doctrinas, puestas en canciones populares, se difundieron por los puertos del Mediterráneo con una rapidez increíble.
En 325 se reunió el concilio de Nicea, el primero ecuménico, que proclamó que el Hijo es «de la misma sustancia que el Padre» —consubstantialem Patri, como cantamos en el Credo de la Misa— y confirmó la excomunión de Arrio. Atanasio asistió como acompañante de su obispo, sin voto; pero, como dice Butler, si no influyó en el concilio, el concilio marcó toda su vida, que fue en adelante un testimonio de la divinidad del Salvador y de la fe de Nicea.
Obispo de Alejandría
Poco después del concilio murió el obispo Alejandro, que había designado a Atanasio como sucesor. Fue elegido obispo de Alejandría en 328, sin haber cumplido aún treinta años. Comenzó visitando su inmensa diócesis, incluidos los grandes centros monásticos de la Tebaida, donde fue recibido como uno de los suyos, y consagró un obispo para Etiopía, donde la fe acababa de echar raíces.
Los cinco destierros de san Atanasio
La paz duró poco. Los arrianos, derrotados en Nicea, volvieron con fuerza de la mano de los emperadores. Cuando Constantino, presionado por Eusebio de Nicomedia, le ordenó readmitir a Arrio en la comunión, Atanasio respondió que la Iglesia católica no podía estar en comunión con herejes que atacaban la divinidad de Cristo. Desde entonces, sus enemigos no le dieron tregua: lo acusaron de exigir tributos, de traición, de haber roto un cáliz, y hasta de haber asesinado a un obispo melecio llamado Arsenio, que en realidad estaba vivo y escondido.
- Primer destierro (335-337). Condenado por el concilio de Tiro, amañado por sus adversarios, fue desterrado por Constantino a Tréveris, en las Galias. Volvió a la muerte del emperador.
- Segundo destierro (339-346). Depuesto de nuevo, con un obispo arriano impuesto por la fuerza en su sede, se refugió en Roma, donde el papa san Julio I lo declaró inocente en un sínodo, cuya sentencia confirmó el concilio de Sárdica. Volvió tras ocho años de ausencia, entre escenas de júbilo nunca vistas.
- Tercer destierro (356-362). El emperador Constancio, decidido a aplastarlo, obtuvo su condena en los concilios de Arlés y de Milán. Una noche, mientras celebraba una vigilia, los soldados forzaron las puertas de la iglesia; Atanasio escapó —nunca supo cómo— y desapareció en el desierto, donde los monjes lo tuvieron oculto seis años. De esa época datan muchas de sus obras principales.
- Cuarto destierro (362-363). Juliano el Apóstata, que lo llamaba con desprecio «ese hombrecillo», lo desterró como «perturbador de la paz y enemigo de los dioses». Perseguido en barco por el Nilo, mandó virar hacia la galera imperial; a los soldados que preguntaban por el fugitivo se les respondió: «No está lejos; remad deprisa si queréis alcanzarlo». Y siguieron de largo.
- Quinto destierro (365-366). El emperador Valente desterró de nuevo a los obispos ortodoxos; Atanasio pasó cuatro meses escondido en las afueras de Alejandría, hasta que el emperador, temiendo una revuelta del pueblo, revocó la orden.
Cinco veces desterrado, diecisiete años en el exilio: así resumió Butler aquella vida. Los últimos siete años los pasó en paz en su sede. Murió en Alejandría el 2 de mayo de 373. Sus reliquias fueron llevadas más tarde a Constantinopla y después a Venecia.
«Atanasio contra el mundo»
En los peores años de la crisis, cuando el emperador había impuesto fórmulas ambiguas a casi todos los obispos, san Jerónimo escribió: «El mundo entero gimió y se asombró de verse arriano». El papa Liberio, desterrado a Tracia y quebrantado en cuerpo y espíritu, llegó a aceptar por un tiempo la condena de Atanasio que le arrancaron. De ahí la frase que la posteridad ha repetido: Athanasius contra mundum, Atanasio contra el mundo. No fue un rebelde: fue el obispo que, apoyado por Roma cuando Roma pudo hablar libremente, mantuvo la fe de Nicea cuando parecía perdida.
El credo de san Atanasio
El llamado credo de san Atanasio o símbolo Quicumque —por su primera palabra: «Todo el que quiera salvarse…»— es una exposición solemne de la fe en la Santísima Trinidad y en la Encarnación. Durante siglos se atribuyó a san Atanasio, y por eso lleva su nombre. Los estudiosos, ya mucho antes de 1958, mostraron que fue compuesto originalmente en latín, en Occidente, probablemente en el sur de las Galias hacia los siglos V-VI: no es obra de Atanasio, que escribía en griego, pero sí es fiel expresión de la doctrina por la que él luchó. La Iglesia lo ha recibido como uno de sus símbolos de fe.
¿Por qué surge el credo de san Atanasio? Para fijar con precisión, frente a las herejías trinitarias y cristológicas, que adoramos «a un solo Dios en la Trinidad, y a la Trinidad en la unidad, sin confundir las personas, ni separar la sustancia». En el Breviario de 1962 se reza en Prima el domingo de la Santísima Trinidad. El texto completo, en latín y en español, con su historia, está en nuestra página sobre el Símbolo atanasiano, y la doctrina que expone, en la Santísima Trinidad, un solo Dios en tres Personas.
Escritos de san Atanasio
Aunque la mayoría de sus obras nacieron de la controversia, Butler subraya que bajo esa guerra de palabras late siempre un sentimiento espiritual profundo. Las principales son:
- Sobre la Encarnación del Verbo, su obra de juventud, sobre por qué Dios se hizo hombre.
- Discursos contra los arrianos, su gran defensa de la divinidad del Hijo.
- Apología contra los arrianos y Apología a Constancio, en defensa propia y de la fe de Nicea.
- Cartas a Serapión, sobre la divinidad del Espíritu Santo, que completan su doctrina trinitaria; quien quiera profundizar en ella puede leer el Espíritu Santo, tercera Persona de la Trinidad.
- Vida de san Antonio, escrita probablemente en sus últimos años, que dio a conocer el monacato en todo el mundo cristiano y contribuyó a la conversión de san Agustín.
- Carta a Marcelino sobre los salmos, una pequeña joya que enseña a rezar cada salmo según el estado del alma.
- Cartas festales, en las que anunciaba cada año la fecha de Pascua. La trigésima novena, del año 367, contiene la lista de los libros de la Escritura que se leían en la Iglesia: es la famosa «lista de san Atanasio», importante testimonio sobre el canon del Nuevo Testamento.
Frases de san Atanasio
- «El Verbo de Dios se hizo hombre para que nosotros fuésemos hechos dioses» (Sobre la Encarnación, 54): la divinización del hombre por la gracia, fruto de la Encarnación.
- «La Iglesia católica no puede tener comunión con herejes que atacan la divinidad de Cristo», su respuesta a Constantino.
- Sobre la agonía de Cristo, contra los arrianos que veían en ella una prueba de que no era Dios: el Señor no tuvo miedo como Dios, sino que, haciéndose hombre, tomó sobre sí nuestro temor para quitárnoslo, «y así como destruyó la muerte con la muerte, así con este llamado temor quitó nuestro temor».
La frase «lo que no ha sido asumido no ha sido redimido», que a menudo se le atribuye, es en realidad de san Gregorio Nacianceno, aunque expresa bien la doctrina de Atanasio.
La fiesta de san Atanasio, el 2 de mayo
San Atanasio se celebra el 2 de mayo, fiesta de tercera clase en el calendario de 1962, en pleno tiempo pascual. Es uno de los cuatro grandes doctores de la Iglesia griega, junto con san Basilio, san Gregorio Nacianceno y san Juan Crisóstomo. Su Misa, del común de doctores, canta en el introito: «En medio de la asamblea abrió su boca, y el Señor lo llenó del espíritu de sabiduría y de inteligencia».
Oración a san Atanasio
La oración de la Iglesia a san Atanasio es la colecta de su Misa en el Misal de 1962, del común de los confesores pontífices:
Exaudi, quaesumus, Domine, preces nostras, quas in beati Athanasii Confessoris tui atque Pontificis solemnitate deferimus: et, qui tibi digne meruit famulari, eius intercedentibus meritis, ab omnibus nos absolve peccatis. Per Dominum nostrum Iesum Christum Filium tuum, qui tecum vivit et regnat in unitate Spiritus Sancti Deus, per omnia saecula saeculorum. Amen.
Escucha, te rogamos, Señor, las preces que te presentamos en la solemnidad del bienaventurado Atanasio, tu confesor y obispo: y, ya que mereció servirte dignamente, absuélvenos de todos nuestros pecados por la intercesión de sus méritos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en unidad del Espíritu Santo, Dios, por todos los siglos de los siglos. Amén.
A san Atanasio se le pide la firmeza en la fe en tiempos de confusión, la fidelidad a la doctrina de la Iglesia aun a contracorriente, y una verdadera devoción a la divinidad de Cristo. Cada vez que se reza el Credo o se canta en la Misa tridentina el consubstantialem Patri, se repite la fe por la que él fue desterrado cinco veces.
Lo que nos enseña san Atanasio
El cardenal Newman lo llamó «el principal instrumento, después de los apóstoles, por el que las sagradas verdades del cristianismo han sido transmitidas y aseguradas al mundo». Atanasio enseña que la verdad sobre Cristo no es un detalle técnico de teólogos: si el Hijo no es Dios, no nos ha salvado. Y enseña que la fidelidad puede exigir quedarse casi solo, sin amargura y sin cisma, esperando la hora de Dios. Es uno de los grandes santos católicos a los que la Iglesia debe, humanamente hablando, la integridad de su fe.
Preguntas Frecuentes
¿Quién fue san Atanasio?
Un obispo de Alejandría del siglo IV, doctor de la Iglesia, que defendió la divinidad de Cristo contra los arrianos, asistió al concilio de Nicea y fue desterrado cinco veces por su fidelidad a la fe.
¿Qué hizo san Atanasio?
Defendió durante casi cincuenta años la fe de Nicea —que el Hijo es Dios, de la misma sustancia que el Padre—, escribió obras fundamentales sobre la Encarnación y la Trinidad, dio a conocer la vida de san Antonio y el ideal monástico, y gobernó la Iglesia de Alejandría en medio de persecuciones.
¿Escribió san Atanasio el credo que lleva su nombre?
No. El símbolo Quicumque fue compuesto en latín, en Occidente, probablemente en el siglo V o VI. Se le atribuyó por expresar con exactitud la doctrina que él defendió.
¿Fue excomulgado san Atanasio?
Fue condenado y depuesto por varios concilios dominados por los arrianos, y el papa Liberio, desterrado y bajo presión, llegó a aceptar por un tiempo su condena. Pero el papa san Julio I lo había declarado inocente, y la Iglesia lo venera como santo y doctor.
¿Cuándo es el día de san Atanasio?
El 2 de mayo, aniversario de su muerte en el año 373, fiesta de tercera clase en el calendario de 1962.
¿Cuántas veces fue desterrado san Atanasio?
Cinco veces, entre 335 y 366, por los emperadores Constantino, Constancio, Juliano el Apóstata y Valente. Pasó en total diecisiete años en el exilio.
¿Qué relación tuvo san Atanasio con san Antonio Abad?
Fue su discípulo en la juventud y su biógrafo: su Vida de san Antonio hizo conocer al padre de los monjes en todo el mundo cristiano. Los monjes del desierto lo escondieron durante sus destierros.
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Fuentes. Misal Romano de 1962, fiesta de san Atanasio, obispo, confesor y doctor (2 de mayo), común de doctores; Breviario Romano, símbolo Quicumque; Butler, Vidas de los Santos, 2 de mayo; san Atanasio, Sobre la Encarnación del Verbo, Vida de san Antonio, Carta festal XXXIX.