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Santa Catalina de Siena: biografía, frases y oración
Quién fue santa Catalina de Siena, terciaria dominica, mística y consejera de papas: su vida según su confesor el beato Raimundo de Capua, los estigmas de Pisa, el regreso del papa de Aviñón, el Diálogo, sus frases, su fiesta el 30 de abril en el calendario de 1962 y la oración de la Iglesia.
Santa Catalina de Siena (1347-1380) es una virgen italiana, terciaria de la orden de Santo Domingo, que sin haber hecho estudios llegó a ser consejera de papas, pacificadora de ciudades y autora del Diálogo, una de las grandes obras de la mística cristiana. Recibió los estigmas de Cristo en Pisa, persuadió a Gregorio XI de volver de Aviñón a Roma y gastó sus últimas fuerzas por la unidad de la Iglesia; murió en Roma a los treinta y tres años. En el calendario de 1962 su fiesta es el 30 de abril, y la Iglesia la honra con una oración propia que damos en latín y en español.
No hay que confundirla con santa Catalina de Alejandría, virgen y mártir de los primeros siglos, cuya fiesta es el 25 de noviembre.
¿Quién fue santa Catalina de Siena?
Casi todo lo que sabemos de ella procede de su confesor, el beato Raimundo de Capua, dominico, que fue su director y en gran medida su discípulo, más tarde maestro general de la orden y su biógrafo, y de sus propias cartas. Butler resume su vida a partir de esas fuentes; el Breviario Romano la condensa en sus lecciones.
Infancia en Siena
Catalina nació en Siena en la fiesta de la Anunciación de 1347 (la fecha fue discutida por algún crítico del siglo XX), junto con una hermana gemela que murió poco después: eran las más pequeñas de veinticinco hijos. Su padre, Giacomo Benincasa, era un tintorero acomodado, y su madre se llamaba Lapa. La casa familiar se conserva todavía en Siena.
De niña era muy alegre, y al subir o bajar la escalera se arrodillaba en cada peldaño para rezar un Avemaría. A los seis años, volviendo con su hermano Esteban de casa de una hermana casada, se detuvo en medio de la calle, como arrebatada, con los ojos fijos en el cielo: había visto a Nuestro Señor sentado en gloria con san Pedro, san Pablo y san Juan, que le sonreía y la bendecía. Desde aquel momento, dice Butler, Catalina fue enteramente suya.
La celda interior
Cuando sus padres quisieron casarla, declaró que nunca se casaría y se cortó la cabellera. La familia la sometió a una persecución mezquina: la cargaron con los trabajos más bajos de la casa y le quitaron incluso su cuartito para que nunca estuviera sola. Ella lo soportó con una paciencia inalterable. Años después escribiría en el Diálogo que Dios le había enseñado a construir en su alma un refugio donde podía habitar en paz, sin que ninguna tormenta la turbara de verdad.
Su padre acabó cediendo. Catalina obtuvo, no sin dificultad, el hábito de las Hermanas de la Penitencia de Santo Domingo, las terciarias dominicas, y redobló sus mortificaciones. El Breviario subraya su extraordinaria abstinencia, y su texto anterior a 1960 cuenta que se la vio pasar del Miércoles de Ceniza a la Ascensión sin otro alimento que la sagrada Comunión. Sufrió también largas pruebas de desolación y tentaciones violentas; cuando el Señor volvió a manifestarse, ella le preguntó dónde estaba mientras su corazón era atormentado, y Él le respondió: «Hija, estaba en tu corazón, fortaleciéndote con mi gracia».
Los desposorios místicos
El martes de Carnaval de 1366, mientras Siena celebraba las fiestas, Catalina rezaba en su cuarto cuando se le apareció el Salvador con su Madre y una multitud celestial. La Virgen tomó la mano de la joven y la presentó a su Hijo, que puso en ella un anillo y la desposó consigo. El anillo permaneció visible para ella e invisible para los demás. Aquellos desposorios cerraron sus años de soledad.
Al servicio del prójimo
Poco después comprendió que debía salir al mundo para la salvación de las almas. Cuidó a los enfermos de los hospitales, escogiendo los casos más repugnantes, como el de una leprosa llamada Tecca, que le pagó con ingratitudes hasta que la venció su caridad. Durante la peste, dice un testigo, Tomás Caffarini, estaba siempre con los apestados, los preparaba a la muerte y los enterraba con sus propias manos.
Visitaba también a los condenados a muerte. El caso más conocido es el de un joven caballero de Perugia, Niccolò di Toldo: por su persuasión se confesó y comulgó, y ella lo acompañó hasta el cadalso y recibió en sus manos su cabeza cortada. Eran tantos los pecadores que se convertían por su palabra que tres dominicos fueron encargados especialmente de oír sus confesiones; quien quiera dar el mismo paso puede leer cómo confesarse bien.
Los estigmas de santa Catalina
En 1375 Catalina estaba en Pisa. Un domingo, después de comulgar en la pequeña iglesia de Santa Cristina, contemplaba el crucifijo, arrebatada en éxtasis, cuando vio venir al Señor crucificado con gran luz, y de las cicatrices de sus llagas salieron cinco rayos hacia sus manos, sus pies y su corazón. El Breviario añade un detalle: comprendiendo el misterio, rogó al Señor que las cicatrices no se vieran, y al instante los rayos cambiaron su color de sangre en luz pura. El dolor que sentía era tan grande que, si Dios no lo hubiera mitigado, habría creído morir. Los estigmas fueron visibles sólo para ella durante su vida, y claramente visibles después de su muerte.
Por eso, añadía el Breviario anterior a 1960, la piedad de los fieles pinta en las imágenes de santa Catalina esos rayos dirigidos a las cinco llagas.
Santa Catalina y el papa de Aviñón
Desde hacía setenta y cuatro años los papas residían en Aviñón, lejos de Roma, con una curia casi enteramente francesa. Catalina, que ya había escrito varias veces a Gregorio XI, llegó a Aviñón el 18 de junio de 1376, en principio como mediadora de Florencia, que estaba en guerra con la Santa Sede y bajo entredicho. Aquella misión fracasó por la doblez de los florentinos; pero el Breviario cuenta que Catalina mostró al papa que conocía por revelación divina un voto que él había hecho, conocido sólo de Dios, de volver a Roma. «Cumplid lo que habéis prometido», le dijo según Butler. Gregorio se decidió, y el 13 de septiembre de 1376 salió de Aviñón hacia Roma.
Volvió a Florencia en medio de los tumultos, en peligro de muerte, y acabó por obtener la paz entre la ciudad y la Santa Sede bajo el sucesor de Gregorio, Urbano VI. El Breviario anterior a 1960 dice que fue tan apreciada por ambos papas que desempeñó legaciones en su nombre.
El Gran Cisma y su muerte
En 1378, a la muerte de Gregorio XI, algunos cardenales declararon nula la elección de Urbano VI y eligieron un antipapa en Aviñón: comenzaba el Gran Cisma de Occidente. Catalina se agotó escribiendo a príncipes y señores de Europa para que reconocieran al papa legítimo, y a Urbano mismo, a veces para sostenerlo y a veces para moderar su dureza. El papa la llamó a Roma.
A principios de 1380 sufrió una extraña crisis en la que la nave de la Iglesia pareció aplastarla, y se ofreció como víctima por ella. Ya no se recuperó. El 21 de abril sufrió una parálisis, y ocho días después, el 29 de abril de 1380, a los treinta y tres años, murió en Roma en brazos de su amiga Alessia Saracini.
¿Dónde está enterrada santa Catalina de Siena?
Su cuerpo reposa en Roma, en la iglesia dominica de Santa María sobre Minerva; su cabeza se venera en Siena, en la basílica de Santo Domingo.
Obras de santa Catalina de Siena
El Diálogo
De vuelta en Siena tras la paz de Florencia, cuenta Raimundo de Capua, «se ocupó activamente en la composición de un libro que dictó bajo la inspiración del Espíritu Santo»: el Diálogo, conocido también como el tratado de la divina Providencia, obra mística en forma de conversación entre el alma y Dios. El Breviario lo resume en una frase: «su doctrina fue infusa, no adquirida». Butler cuenta que, en Siena, en Aviñón y en Génova, teólogos doctos le plantearon cuestiones difíciles y se retiraron desconcertados por la sabiduría de sus respuestas.
Las cartas
Se conservan unas cuatrocientas cartas suyas, dirigidas a papas y príncipes, a sacerdotes y soldados, a religiosos y a seglares. Las que escribió a Gregorio XI unen un profundo respeto con una franqueza y una familiaridad asombrosas: lo llama «mi dulce babbo», mi dulce papá.
Santa Catalina de Siena: frases
Estas palabras proceden de su vida y de sus escritos, tal como los recoge Butler:
- «Cumplid lo que habéis prometido» (a Gregorio XI, sobre su voto de volver a Roma).
- «Hija, estaba en tu corazón, fortaleciéndote con mi gracia» (respuesta del Señor, contada por la santa).
- «Mi dulce babbo» (así llamaba al papa en sus cartas).
- Dios le enseñó, escribe en el Diálogo, a construir en su alma un refugio donde ninguna tormenta pudiera turbarla de verdad.
Oración a santa Catalina de Siena
La oración de la Iglesia el 30 de abril
La Misa de santa Catalina tiene oraciones propias. La colecta, tal como la trae el Misal de 1962, pide alegrarnos con su fiesta y aprovechar el ejemplo de tan gran virtud:
Oremus. Da, quǽsumus, omnípotens Deus: ut, qui beátæ Catharínæ Vírginis tuæ natalícia cólimus; et ánnua solemnitáte lætémur, et tantæ virtútis proficiámus exémplo. Per Dóminum nostrum Jesum Christum, Fílium tuum: qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.
Oremos. Concédenos, te rogamos, Dios todopoderoso, que quienes celebramos el nacimiento para el cielo de tu bienaventurada virgen Catalina nos alegremos con su solemnidad anual y aprovechemos el ejemplo de tan gran virtud. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, Dios, por todos los siglos de los siglos. Amén.
La poscomunión recuerda que la mesa celestial sostuvo incluso su vida corporal, como cuenta el Breviario de sus largos ayunos:
Æternitátem nobis, Dómine, cónferat, qua pasti sumus, mensa cœléstis: quæ beátæ Catharínæ Vírginis vitam étiam áluit temporálem. Per Dóminum nostrum Jesum Christum, Fílium tuum: qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.
Concédanos la eternidad, Señor, la mesa celestial con que hemos sido alimentados, la misma que sustentó también la vida temporal de la bienaventurada virgen Catalina. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, Dios, por todos los siglos de los siglos. Amén.
Quien desee pedir su intercesión durante nueve días puede rezar esta colecta del 22 al 30 de abril; la aplicación Iter Fidei trae además una novena a santa Catalina de Siena. Su gran hermano en la orden de Santo Domingo, santo Tomás de Aquino, es otro de los maestros de la doctrina que la Iglesia propone a los fieles.
¿Qué día se celebra santa Catalina de Siena?
En el calendario de 1962, santa Catalina de Siena se celebra el 30 de abril, fiesta de III clase, con Gloria y sin Credo. En el Breviario tiene un solo nocturno con una lección histórica contraída; las tres lecciones más largas sobre su vida son las del oficio anterior a 1960. La fecha cae en tiempo pascual, y la Misa lleva entonces sus cantos con aleluya; en los raros años en que el 30 de abril cae dentro de la octava de Pascua o en el domingo in albis, que son de I clase, no se celebra ni se conmemora; si cae en otro domingo, sólo se hace su conmemoración.
Fue canonizada en 1461 por el papa Pío II, como recuerdan Butler y el Breviario, y en 1939 Pío XII la declaró patrona de Italia junto con san Francisco de Asís.
La mirada de la tradición
Varias honras de santa Catalina son posteriores a los libros de 1962, y conviene fecharlas con exactitud. El calendario de 1969 trasladó su memoria al 29 de abril, día de su muerte. El 4 de octubre de 1970, el papa Pablo VI la proclamó doctora de la Iglesia. Y en 1999 Juan Pablo II la declaró copatrona de Europa. Ninguno de estos títulos figura en el Misal ni en el Breviario de 1962, que la honran como virgen el 30 de abril. Lo que la tradición dice de su doctrina está ya en sus lecciones: «su doctrina fue infusa, no adquirida». Quien quiera conocer a otros santos católicos de su talla encontrará en el calendario tradicional a los grandes maestros de la vida espiritual.
Preguntas Frecuentes
¿Quién fue santa Catalina de Siena?
Una virgen de Siena (1347-1380), terciaria dominica, mística y consejera de los papas Gregorio XI y Urbano VI, autora del Diálogo y de unas cuatrocientas cartas.
¿Qué hizo santa Catalina de Siena?
Cuidó a enfermos y apestados, convirtió a pecadores y condenados, pacificó ciudades enfrentadas, contribuyó al regreso del papa de Aviñón a Roma y defendió al papa legítimo en el Gran Cisma.
¿Fue mártir santa Catalina de Siena?
No. La Iglesia la honra como virgen, no como mártir; murió de enfermedad en Roma, consumida por sus trabajos por la Iglesia. La mártir es santa Catalina de Alejandría.
¿Cómo fue la muerte de santa Catalina de Siena?
Tras una crisis a principios de 1380, en la que se ofreció como víctima por la Iglesia, sufrió una parálisis el 21 de abril y murió ocho días después, el 29 de abril de 1380, a los treinta y tres años.
¿Por qué es doctora de la Iglesia?
Por la profundidad de su doctrina espiritual, que el Breviario ya llamaba «infusa, no adquirida». El título de doctora le fue dado en 1970 por Pablo VI, después de los libros de 1962.
¿Qué día se celebra santa Catalina de Siena?
El 30 de abril en el calendario de 1962. El calendario de 1969 la celebra el 29 de abril.
La aplicación Iter Fidei trae el Misal y el Breviario de 1962 con la Misa y el oficio de santa Catalina de Siena, su novena y el calendario tradicional, en latín y en español. Únase al acceso anticipado aquí.
Fuentes. Alban Butler, Vidas de los santos (30 de abril); Breviario Romano de 1962, lecciones de santa Catalina de Siena; Misal Romano de 1962, Misa de santa Catalina de Siena.