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San Juan Crisóstomo: quién fue, obras, frases y oración
Quién fue san Juan Crisóstomo, la «boca de oro», arzobispo de Constantinopla y doctor de la Iglesia: su vida en Antioquía, sus homilías, el tratado Sobre el sacerdocio, sus destierros y su muerte, sus frases, la Divina Liturgia que lleva su nombre, su fiesta del 27 de enero y la oración del Misal de 1962.
San Juan Crisóstomo (hacia 347-407) fue sacerdote de Antioquía y arzobispo de Constantinopla, el más grande predicador de la Iglesia griega, y por eso la posteridad le dio el sobrenombre de Crisóstomo, «boca de oro». Defendió a los pobres, reformó a su clero, reprendió los abusos de la corte imperial y murió en el destierro diciendo: «Gloria a Dios por todo». En el calendario de 1962 su fiesta se celebra el 27 de enero, con rango de III clase; es doctor de la Iglesia y patrono celestial de los predicadores.
¿Quién fue san Juan Crisóstomo?
Antioquía: la madre viuda y el maestro pagano
Juan nació hacia el año 347 en Antioquía de Siria, una de las grandes ciudades del Imperio. Era hijo único de Segundo, jefe de las tropas imperiales, y de Antusa, que quedó viuda a los veinte años y repartió su vida entre la educación de su hijo y la piedad. Su ejemplo impresionó tanto al maestro pagano de Juan que este exclamó: «¡Qué mujeres hay entre los cristianos!».
Ese maestro era Libanio, el retórico más célebre de su tiempo. Juan aventajó pronto a sus maestros, y se cuenta que Libanio, preguntado en su lecho de muerte quién debía sucederle en su escuela, respondió: «Juan, si los cristianos no nos lo hubieran robado».
Monje en las montañas
Como era frecuente entonces, Juan no recibió el bautismo hasta pasados los veinte años, cuando estudiaba leyes. Poco después, con su amigo Basilio y otros compañeros, siguió las enseñanzas de Diodoro de Tarso, y en 374 se unió a los ermitaños que vivían en las montañas al sur de Antioquía. Pasó cuatro años bajo la dirección de un viejo monje sirio y dos más solo, en una cueva. La humedad le arruinó la salud y en 381 tuvo que volver a la ciudad.
El predicador de Antioquía
Ese mismo año fue ordenado diácono por san Melecio, y en 386 el obispo Flaviano lo ordenó sacerdote y le confió la predicación. Durante doce años predicó varios días por semana, a menudo varias veces el mismo día. Para él, la instrucción y el cuidado de los pobres eran el primer deber de todos, y no dejaba de recordar a sus oyentes la obligación de la limosna.
En 387, una revuelta contra un nuevo impuesto terminó con las estatuas del emperador Teodosio derribadas y hechas pedazos. Mientras el anciano obispo Flaviano viajaba a Constantinopla a implorar el perdón imperial, Juan sostuvo a la ciudad aterrada con sus veintiuna homilías «Sobre las estatuas», predicadas durante la Cuaresma. Teodosio perdonó, y desde entonces la palabra de Juan fue una fuerza en todo el Oriente.
Arzobispo de Constantinopla
En 397 murió Nectario, arzobispo de Constantinopla, y el emperador Arcadio decidió llamar a Juan a la sede imperial. Por miedo a un tumulto en Antioquía, lo sacaron de la ciudad con un pretexto y lo llevaron a la capital a toda prisa. Fue consagrado el 26 de febrero de 398.
Suprimió los gastos de aparato de sus predecesores y los empleó en los pobres y en hospitales; reformó a su clero; reprendió la vanidad y el lujo de la capital. Con los pecadores arrepentidos era un padre lleno de ternura; con los impenitentes, inflexible. Envió un obispo a los escitas y otro a los godos, dirigió a viudas santas como santa Olimpíades y exhortaba incluso a los seglares a levantarse de noche para alabar a Dios con el clero. Era hombre de intensa oración.
Los dos destierros
Su libertad de palabra le ganó enemigos poderosos: el arzobispo Teófilo de Alejandría y la emperatriz Eudoxia, que se tuvo por aludida en sus sermones contra la vanidad de las mujeres ricas. En 403, Teófilo reunió a treinta y seis obispos en una finca de Calcedonia llamada «la Encina»; aquel conciliábulo, al que Juan se negó a comparecer porque no era un concilio legítimo, lo depuso con acusaciones falsas o frívolas, y el emperador lo desterró.
Antes de partir, Juan predicó: «Me rodean violentas tempestades, y sin embargo no tengo miedo, porque estoy sobre la roca. Aunque el mar ruja y las olas se levanten, no pueden hundir la nave de Jesucristo. No temo la muerte, que para mí es ganancia; ni el destierro, porque del Señor es la tierra entera; ni la pérdida de los bienes, porque desnudo vine al mundo y nada puedo llevarme».
El primer destierro fue breve: un temblor de tierra asustó a la emperatriz, que pidió su regreso, y la ciudad entera salió a recibirlo con antorchas. Pero poco después, cuando se inauguró ante la iglesia de Santa Sofía una estatua de plata de Eudoxia con juegos y desórdenes, Juan los condenó públicamente. Sus enemigos volvieron a la carga, las tropas invadieron las iglesias el Sábado Santo, y en junio de 404 Juan fue desterrado de nuevo. El papa san Inocencio I tomó su defensa y pidió un concilio, pero la corte de Oriente lo impidió.
La muerte en Comana: «Gloria a Dios por todo»
Lo llevaron primero a Cucuso, una aldea en los montes de Armenia, tras setenta días de camino. Desde allí escribió cartas a santa Olimpíades y el tratado Que nadie puede dañar al que no se daña a sí mismo. Como su influencia seguía viva, ordenaron trasladarlo aún más lejos, a Pitio, en la orilla oriental del mar Negro. Los soldados lo hicieron caminar bajo el sol abrasador y bajo la lluvia. Cerca de Comana pasaron la noche junto a la capilla del mártir san Basilisco, que, según el relato que recogen Butler y el Breviario, se le apareció y le dijo: «Juan, hermano, mañana estaremos juntos».
Al día siguiente, agotado, pidió quedarse; no le hicieron caso, pero a las pocas millas, viendo que se moría, lo devolvieron a la capilla. Allí lo revistieron de blanco, recibió la Eucaristía y, armándose con la señal de la cruz, dijo sus últimas palabras: «Gloria a Dios por todo». Era el 14 de septiembre de 407, fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz.
En 438 su cuerpo fue llevado solemnemente a Constantinopla y depositado el 27 de enero en la iglesia de los Apóstoles; el emperador Teodosio II, hijo de Arcadio y Eudoxia, pidió perdón ante sus reliquias por el pecado de sus padres. Según el Breviario Romano, sus restos fueron trasladados más tarde a Roma y sepultados en la basílica de San Pedro del Vaticano.
Obras de san Juan Crisóstomo
Es uno de los Padres griegos de los que más escritos se conservan. Lo esencial de su obra son sus homilías, muchas de ellas comentarios de libros enteros de la Escritura, en particular de las cartas de san Pablo, a quien profesó una admiración extraordinaria. Las lecciones antiguas del Breviario dicen que muchos lo creyeron digno de que el mismo Apóstol le dictara lo que escribía y predicaba. A ellas se suman las homilías Sobre las estatuas, numerosos sermones de circunstancias, tratados morales y numerosas cartas, muchas escritas desde el destierro.
Sobre el sacerdocio
Entre sus tratados, el más célebre es Sobre el sacerdocio, sobre la grandeza y la responsabilidad del ministerio sacerdotal.
Frases de san Juan Crisóstomo
Algunas palabras suyas que nos han transmitido sus biógrafos y el Breviario:
- «Si has caído una segunda vez, o aun mil veces, en el pecado, ven a mí y serás curado». (A los pecadores, en Constantinopla.)
- «Muchos artesanos se levantan de noche para trabajar, y los soldados velan de centinela; ¿no podéis vosotros hacer otro tanto para alabar a Dios?». (Exhortando a los seglares a la oración nocturna.)
- «Estoy sobre la roca. Aunque el mar ruja y las olas se levanten, no pueden hundir la nave de Jesucristo». (Antes de su primer destierro.)
- Que nadie puede dañar al que no se daña a sí mismo. (Título del tratado escrito en el destierro.)
- «Gloria a Dios por todo». (Sus últimas palabras.)
San Juan Crisóstomo y la Eucaristía
Crisóstomo habló con particular ternura del amor de Dios que se nos da en la Eucaristía y exhortó a los fieles a acercarse a ella con frecuencia, y quiso morir, como lo cuenta el Breviario, fortalecido con el sacramento. Quien quiera prolongar esa enseñanza en la oración puede pasar un rato ante el Santísimo con la Hora Santa.
La Divina Liturgia de san Juan Crisóstomo
La liturgia eucarística más usada en las Iglesias de rito bizantino, católicas y ortodoxas, se llama Divina Liturgia de san Juan Crisóstomo: la tradición se la atribuye. El Misal Romano, por su parte, que conserva la Misa tridentina, honra a san Juan Crisóstomo con una oración propia el 27 de enero.
Oración a san Juan Crisóstomo
La oración que la Iglesia reza el 27 de enero es propia del santo en el Misal Romano de 1962. La damos en latín y en una traducción española fiel:
Oremus. Ecclesiam tuam, quaesumus, Domine, gratia caelestis amplificet: quam beati Ioannis Chrysostomi Confessoris tui atque Pontificis illustrare voluisti gloriosis meritis et doctrinis. Per Dominum nostrum Iesum Christum, Filium tuum: qui tecum vivit et regnat in unitate Spiritus Sancti Deus, per omnia saecula saeculorum. Amen.
Oremos. Te rogamos, Señor, que la gracia celestial engrandezca a tu Iglesia, a la que quisiste ilustrar con los gloriosos méritos y la doctrina del bienaventurado Juan Crisóstomo, tu confesor y pontífice. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
La oración no pide al santo un favor particular, sino que la Iglesia crezca gracias a lo que él fue y enseñó: es la petición propia de un doctor.
¿Cuándo es el día de san Juan Crisóstomo?
En el calendario de 1962, el día de san Juan Crisóstomo es el 27 de enero, aniversario del traslado de sus reliquias a Constantinopla en 438. Es fiesta de III clase, con ornamentos blancos, con Gloria, sin Credo (rúbricas de 1960); el Breviario reza ese día su vida en Maitines. La víspera, el 26 de enero, la Iglesia celebra a san Policarpo, obispo y mártir.
El 27 de enero y el 13 de septiembre
La reforma del calendario de 1969 trasladó su memoria al 13 de septiembre, víspera del día de su muerte (el 14 de septiembre, fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz). Los libros de 1962, que seguimos en Iter Fidei, lo conservan el 27 de enero. En las Iglesias de Oriente su fiesta principal es el 13 de noviembre, y allí se le venera, con san Basilio y san Gregorio Nacianceno, como uno de los Tres Santos Jerarcas.
Doctor de la Iglesia y patrono de los predicadores
Con san Basilio, san Gregorio Nacianceno y san Atanasio, Juan Crisóstomo es uno de los cuatro grandes doctores de la Iglesia griega, como san Ambrosio de Milán, san Agustín, san Jerónimo y san Gregorio Magno lo son de la latina. El papa san Pío X lo declaró en 1909 patrono celestial de los predicadores, como recuerdan Butler y la lección de su fiesta en el Breviario. Como san Antonio Abad, cuya fiesta se celebra diez días antes, empezó su camino en la soledad de los ermitaños; pero Dios lo sacó de ella para hacer de él la voz de la Iglesia ante el pueblo y ante los emperadores.
Preguntas Frecuentes
¿Quién fue san Juan Crisóstomo en resumen?
Un sacerdote de Antioquía, nacido hacia 347, que llegó a ser arzobispo de Constantinopla en 398. Fue el mayor predicador de la Iglesia griega, defendió a los pobres y la disciplina de la Iglesia, fue desterrado dos veces por la corte imperial y murió en el destierro en 407. Es doctor de la Iglesia.
¿Por qué se llama Crisóstomo?
Crisóstomo significa en griego «boca de oro». El sobrenombre se le dio después de su muerte por la elocuencia de su predicación; el Breviario habla del «río de oro» de su palabra.
¿Cómo se convirtió en santo san Juan Crisóstomo?
Fue venerado como santo desde muy pronto: en 438, apenas treinta años después de su muerte, sus reliquias volvieron triunfalmente a Constantinopla y el emperador pidió perdón ante ellas. Es uno de los santos de la Iglesia antigua cuyo culto nació de la veneración de los fieles, antes de que existieran los procesos de canonización.
¿Dónde está enterrado san Juan Crisóstomo?
Murió cerca de Comana, en el destierro; en 438 lo llevaron a la iglesia de los Apóstoles de Constantinopla, y según el Breviario Romano sus restos fueron trasladados después a la basílica de San Pedro, en Roma.
¿Qué escribió san Juan Crisóstomo sobre el sacerdocio?
Un tratado, Sobre el sacerdocio, sobre la grandeza y la responsabilidad del ministerio sacerdotal. Es el más célebre de sus tratados.
¿De qué es patrono san Juan Crisóstomo?
De los predicadores: san Pío X lo declaró patrono celestial de quienes predican la palabra de Dios.
La aplicación Iter Fidei trae el Misal y el Breviario de 1962, con la Misa y el Oficio de san Juan Crisóstomo, y el calendario tradicional, en latín y en español. Únase al acceso anticipado aquí.
Para conocer a los demás santos del calendario y el sentido de su culto, podéis leer nuestra página sobre los santos católicos.
Fuentes. Misal Romano de 1962, fiesta de san Juan Crisóstomo, obispo, confesor y doctor de la Iglesia (27 de enero); Breviario Romano, lecciones de Maitines del 27 de enero; Alban Butler, Vidas de los santos (27 de enero).