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San Justino mártir: biografía, Apologías y Eucaristía
Quién fue san Justino mártir, el filósofo que buscó a Dios en todas las escuelas y lo halló en Cristo: su conversión, sus dos Apologías y el Diálogo con Trifón, la descripción de la Misa del domingo en la Primera Apología, las «semillas del Verbo», las actas de su martirio ante el prefecto Rústico, su fiesta del 14 de abril en el calendario de 1962 y la oración del Misal.
San Justino mártir es el primer gran apologista cristiano cuyas obras se conservan: un filósofo pagano del siglo II que recorrió todas las escuelas de su tiempo buscando a Dios, lo encontró en Cristo y, sin quitarse el manto de filósofo, dedicó su vida a explicar la fe a emperadores, paganos y judíos. Murió decapitado en Roma hacia el año 165, condenado por el prefecto Rústico junto con seis compañeros. En el calendario de 1962 su fiesta se celebra el 14 de abril, como fiesta de III clase, con ornamentos rojos.
Quién fue san Justino mártir
Un griego nacido en Samaria
Justino nació hacia el año 100 en Flavia Neápolis, la antigua Siquem de Samaria, la actual Nablus. El Breviario lo llama «hijo de Prisco, de linaje griego». Sus padres eran paganos y, aunque nació en tierra de Israel, no sabía hebreo. Recibió una esmerada educación en retórica, poesía e historia, y de ahí pasó a la filosofía, que entonces era, para los espíritus serios, el camino para conocer a Dios.
Un filósofo en busca de Dios
Él mismo cuenta, al comienzo del Diálogo con Trifón, la historia de su búsqueda. Primero se hizo discípulo de un estoico, pero lo dejó al ver que no podía enseñarle nada sobre Dios. Un maestro peripatético lo decepcionó desde el primer día porque le pidió enseguida sus honorarios. Un pitagórico le exigió que antes aprendiera música, geometría y astronomía. Por fin un platónico de renombre le prometió llevarlo a la contemplación de Dios, y Justino creyó por un tiempo haber llegado a la meta.
El anciano junto al mar
Un día, paseando por un campo cerca del mar —quizá en Éfeso— y meditando una máxima de Platón, se encontró con un anciano de aspecto venerable. Conversaron, y el desconocido le habló de una filosofía más alta que todas las que había estudiado: la que Dios había revelado a los antiguos profetas de los hebreos y que había llegado a su plenitud en Jesucristo. Le aconsejó, sobre todo, que pidiera con fervor que se le abrieran las puertas de la luz, porque esas cosas solo se comprenden si Dios las da a entender. El Breviario lo resume así: «instruido por una iluminación de lo alto, por medio de un anciano desconocido y de aspecto venerable, abrazó la filosofía de la verdadera fe cristiana».
Justino se puso a leer las Escrituras. Ya antes le había impresionado el valor de los cristianos. Lo escribe él mismo (traducción nuestra sobre el texto que da Butler): «Aun cuando me contentaba con las doctrinas de Platón, al oír que se acusaba a los cristianos y verlos ir sin miedo a la muerte y a todo lo que se tiene por terrible, comprendí que tales hombres no podían vivir en la vida de vicios que se les atribuía». Tenía unos treinta años cuando se hizo cristiano; no sabemos dónde ni cuándo fue bautizado.
San Justino, filósofo y apologista
Hasta entonces, los cristianos, muchos de ellos gente sencilla, preferían soportar las calumnias antes que exponer sus misterios a la profanación. Justino pensaba que muchos abrazarían la fe si se la explicaba bien. Conservó el manto de filósofo, enseñó, discutió con paganos, herejes y judíos, y acabó instalándose en Roma, donde abrió una escuela. Allí se enfrentó en público con un filósofo cínico llamado Crescente, al que dejó en evidencia; según Butler y el Breviario, las intrigas de este hombre fueron la causa de su arresto.
Escritos de san Justino mártir
De sus obras solo se conservan íntegras tres:
- La Primera Apología, dirigida al emperador Antonino Pío, a sus hijos, al senado y al pueblo romano. Justino protesta contra la condena de los cristianos por el solo nombre, refuta las acusaciones de ateísmo e inmoralidad, muestra que son súbditos pacíficos y, al final, describe el bautismo y la reunión cristiana del domingo.
- La Segunda Apología, que parece un apéndice de la primera, escrita después de una nueva injusticia contra los cristianos en Roma.
- El Diálogo con Trifón, la defensa de la fe cristiana frente al judaísmo, en forma de conversación con un judío llamado Trifón; en sus primeros capítulos cuenta su conversión.
El Breviario añade que, al presentar sus apologías a los emperadores, obtuvo que se moderara por un tiempo la matanza de cristianos. Escribió también contra las herejías un tratado que se ha perdido y que, según Butler, aprovechó san Ireneo de Lyon.
La Primera Apología y la Misa del domingo
Los capítulos 65 a 67 de la Primera Apología son la descripción más antigua y detallada de la Misa que se conserva fuera del Nuevo Testamento. Justino la escribe para disipar las calumnias de los paganos, y su contenido puede resumirse así:
- El domingo, que él llama, como los paganos, «el día del sol», todos los cristianos de la ciudad y del campo se reúnen en un mismo lugar.
- Se leen las memorias de los apóstoles, que se llaman evangelios, o los escritos de los profetas.
- El que preside exhorta a los presentes a imitar lo que se ha leído; después todos se levantan y oran juntos.
- Se presentan pan, vino y agua. El que preside eleva oraciones y acciones de gracias al Padre por el Hijo y el Espíritu Santo, y el pueblo responde: Amén.
- Los diáconos distribuyen a cada uno de los presentes el pan y el vino consagrados, y los llevan a los ausentes.
- Ese alimento se llama Eucaristía, y solo pueden recibirlo los bautizados que creen lo que se enseña y viven como Cristo mandó. Porque, dice Justino, no se recibe como pan común ni como bebida común: así como Jesucristo se hizo carne por el Verbo de Dios, así se nos ha enseñado que ese alimento es la carne y la sangre de aquel Jesús encarnado.
- Los que tienen bienes dan lo que quieren; lo recogido queda en manos del que preside, que socorre con ello a huérfanos, viudas, enfermos, presos y forasteros.
- Se reúnen el domingo porque es el primer día, en que Dios comenzó la creación, y porque en ese día Jesucristo resucitó de entre los muertos.
Quien asiste hoy a la Misa tridentina reconoce en este relato del siglo II la misma estructura: las lecturas, la predicación, la oración, el ofertorio del pan y del vino mezclado con agua, la gran oración de acción de gracias, el Amén del pueblo y la Comunión. Es también un testimonio precioso de la fe en la presencia real, apenas un siglo después de los apóstoles. La secreta de su fiesta lo recuerda: el santo mártir defendió con valentía este «admirable misterio» contra las calumnias de los impíos.
Las «semillas del Verbo»
Justino enseñó que Cristo es el Verbo de Dios, del que participa en alguna medida todo el género humano. En la Segunda Apología habla de una «semilla del Verbo» sembrada en todos los hombres: los filósofos y poetas que dijeron cosas verdaderas las alcanzaron en la medida de esa participación, pero solo de modo parcial, mientras que en Cristo el Verbo se ha manifestado entero. De ahí su conclusión, que es también una de sus frases más citadas: todo lo que se ha dicho rectamente entre los hombres nos pertenece a los cristianos. No es una invitación a mezclar religiones, sino lo contrario: toda verdad viene del Verbo, y por eso solo en Cristo se encuentra completa.
Frases de san Justino mártir
Estas frases proceden de sus propias obras y de las actas de su martirio. Las damos en traducción nuestra:
- «Es deber nuestro dar a conocer nuestra doctrina, para no incurrir en la culpa y en el castigo de los que pecan por ignorancia».
- «Todo lo que se ha dicho rectamente entre todos los hombres nos pertenece a nosotros, los cristianos».
- «Sigo a los cristianos porque tienen la verdad».
- «Nadie que esté en su sano juicio abandona la verdad por la mentira».
- «No lo pienso: lo sé, y no tengo de ello la menor duda».
El martirio de san Justino
Las actas del proceso de san Justino y sus compañeros están entre las más antiguas y fidedignas que se conservan. Detenido en su segunda estancia en Roma, compareció ante el prefecto de la ciudad, Rústico. Resumimos el interrogatorio según el texto que trae Butler:
—¿Qué ciencia estudias? —preguntó el prefecto.
—Las he estudiado todas, una tras otra. Pero acabé abrazando la doctrina de los cristianos, aunque desagrade a los que viven en el error.
Preguntado por esa doctrina, Justino confesó, dice el Breviario, que los cristianos creen en un solo Dios, creador de todas las cosas visibles e invisibles, y confiesan al Señor Jesucristo, Hijo de Dios, anunciado por los profetas, que vendrá a juzgar al género humano. Cuando el prefecto quiso saber dónde se reunían, Justino no delató a sus hermanos: respondió que el Dios de los cristianos no está encerrado en ningún lugar, y dio solo la casa donde él vivía, la de un tal Martín, junto a las termas de Timoteo, donde cualquiera podía ir a escuchar la verdadera doctrina.
—¿Así que eres cristiano?
—Sí, soy cristiano.
—Si te hago azotar y decapitar, ¿crees que subirás al cielo?
—Si sufro lo que dices, espero recibir la recompensa de los que guardan los mandamientos de Cristo. No lo pienso: lo sé, y no tengo de ello la menor duda.
—Acércate y sacrifica a los dioses.
—Nadie que esté en su sano juicio abandona la verdad por la mentira.
—Si no obedeces, serás atormentado sin piedad.
—No deseamos otra cosa que sufrir por nuestro Señor Jesucristo y así salvarnos.
Los demás —seis compañeros, cinco hombres y una mujer— confesaron la misma fe. Fueron azotados y decapitados, y algunos fieles recogieron en secreto sus cuerpos y les dieron sepultura. Era hacia el año 165, bajo el emperador Marco Aurelio. El que había buscado la sabiduría en todas las escuelas la encontró, como había anunciado el Señor: «cualquiera que me confesare delante de los hombres, también el Hijo del hombre le confesará ó reconocerá por suyo delante de los ángeles de Dios» (Lc 12, 8). Es el Evangelio de su Misa.
Su muerte une a Justino con los otros grandes testigos del siglo II, como san Policarpo de Esmirna, martirizado en el estadio de Esmirna unos años antes.
La fiesta de san Justino en el calendario de 1962
En el calendario de 1962, san Justino se celebra el 14 de abril, como fiesta de III clase, con ornamentos rojos y la Misa propia Narraverunt mihi. Ese mismo día se hace conmemoración de los santos mártires Tiburcio, Valeriano y Máximo. No se dice Credo. Su Misa y su Oficio fueron extendidos a toda la Iglesia por el papa León XIII, como recuerda la última lección del Breviario anterior a 1960; el Martirologio Romano lo conmemora ese mismo día.
Como el 14 de abril cae a menudo en Cuaresma o en Pascua, conviene precisar lo que dicen las rúbricas de 1960. Si cae en un día ferial del tiempo de Pasión (la Cuaresma), prevalece la feria, que es también de III clase, y san Justino solo se conmemora en la Misa y en el Oficio. Si cae en el Domingo de Ramos, en Semana Santa, en la octava de Pascua o en el domingo in albis, días de I clase, ese año no se celebra. Si cae en domingo, prevalece el domingo. En el Breviario de 1962, como fiesta de III clase, tiene un solo nocturno, y su vida se lee en una sola lección abreviada.
La epístola de la Misa es la de san Pablo sobre la locura de la cruz, la misma que inspira la oración del día: «mas nosotros predicamos sencillamente á Cristo crucificado, lo cual para los judíos es motivo de escándalo, y parece una locura á los gentiles; si bien para los que han sido llamados á la fe tanto judíos, como griegos, es Cristo la virtud de Dios y la sabiduría de Dios» (1 Cor 1, 23-24). Para un filósofo que había buscado la sabiduría en Platón, no podía elegirse texto más justo.
El calendario reformado de 1969 trasladó su memoria al 1 de junio. Los libros de 1962, que seguimos en Iter Fidei, la conservan el 14 de abril.
Oración a san Justino mártir
La oración de la Iglesia en la fiesta de san Justino es la colecta propia del Misal Romano de 1962. La damos tal como la trae el Misal, y en una traducción española fiel:
Deus, qui per stultítiam Crucis eminéntem Jesu Christi sciéntiam beátum Justínum Mártyrem mirabíliter docuísti: ejus nobis intercessióne concéde; ut, errórum circumventióne depúlsa, fídei firmitátem consequámur. Per eúndem Dóminum nostrum Jesum Christum Fílium tuum, qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti, Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.
Oh Dios, que por la locura de la cruz enseñaste admirablemente al bienaventurado mártir Justino la eminente ciencia de Jesucristo: concédenos por su intercesión que, apartadas las asechanzas del error, alcancemos la firmeza de la fe. Por el mismo Señor nuestro Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en unidad del Espíritu Santo, Dios, por todos los siglos de los siglos. Amén.
La secreta de la Misa pide a Dios que reciba nuestras ofrendas, cuyo misterio defendió el santo:
Múnera nostra, Dómine Deus, benígnus súscipe: quorum mirábile mystérium sanctus Martyr Iustínus advérsum impiórum calúmnias strénue deféndit. Per Dóminum nostrum Jesum Christum, Fílium tuum: qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.
Recibe benigno, Señor Dios, nuestras ofrendas, cuyo admirable misterio defendió con valentía el santo mártir Justino contra las calumnias de los impíos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en unidad del Espíritu Santo, Dios, por todos los siglos de los siglos. Amén.
Quien desee pedir durante varios días la firmeza en la fe por intercesión de san Justino puede rezar esta colecta nueve días seguidos antes de su fiesta, a la manera de una novena.
Preguntas Frecuentes
¿Quién fue san Justino mártir?
Un filósofo griego nacido hacia el año 100 en Flavia Neápolis (Nablus), que se convirtió al cristianismo hacia los treinta años, defendió la fe en sus Apologías y en el Diálogo con Trifón, y murió decapitado en Roma hacia el año 165.
¿Por qué se le llama «mártir»?
Porque murió por la fe: condenado por el prefecto Rústico por negarse a sacrificar a los dioses, fue azotado y decapitado con seis compañeros. «Mártir» forma parte de su nombre para distinguirlo de otros santos llamados Justino.
¿Qué dice san Justino sobre la Eucaristía?
Que el pan y el vino consagrados no se reciben como alimento común, sino como la carne y la sangre de Jesucristo encarnado, y que solo pueden recibirlos los bautizados que viven según la fe. Lo explica en los capítulos 65 a 67 de su Primera Apología.
¿Por qué llama al domingo «el día del sol»?
Porque escribía para lectores paganos, que llamaban así al primer día de la semana. Explica que los cristianos se reúnen ese día porque en él comenzó Dios la creación y porque en él resucitó Jesucristo.
¿Qué son las «semillas del Verbo»?
La enseñanza de Justino según la cual todos los hombres participan en alguna medida del Verbo de Dios, de modo que lo verdadero que dijeron los filósofos procede de Él, aunque solo en Cristo se encuentre la verdad entera.
¿Cuándo es la fiesta de san Justino mártir?
En el calendario de 1962, el 14 de abril, fiesta de III clase. El calendario de 1969 la trasladó al 1 de junio.
¿Cuántas obras de san Justino se conservan?
Tres íntegras: la Primera Apología, la Segunda Apología y el Diálogo con Trifón. Otras, como su tratado contra las herejías, se han perdido.
La aplicación Iter Fidei trae el Misal y el Breviario de 1962, con la Misa y el Oficio de san Justino, y el calendario tradicional, en latín y en español. Únase al acceso anticipado aquí.
Para conocer a los demás santos del calendario y el sentido de su culto, podéis leer nuestra página sobre los santos católicos.
Fuentes. Misal Romano de 1962, fiesta de san Justino, mártir (14 de abril); Breviario Romano, lecciones de san Justino; san Justino, Primera Apología (caps. 46, 65-67) y Segunda Apología (caps. 8, 10, 13); Alban Butler, Vidas de los santos (14 de abril); Sagrada Biblia, versión de Torres Amat.