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San Lorenzo mártir: vida, parrilla, fiesta y oración
San Lorenzo, diácono y mártir de Roma (†258): su vida según los Padres, los tesoros de la Iglesia, la parrilla, sus frases, su fiesta del 10 de agosto en el calendario de 1962, su lazo con España y la oración del Misal para pedir su intercesión.
San Lorenzo mártir fue uno de los siete diáconos de la Iglesia de Roma, encargado de los bienes de la Iglesia y del socorro de los pobres, martirizado en agosto del año 258 durante la persecución del emperador Valeriano, cuatro días después del papa san Sixto II. La tradición de los Padres —san Ambrosio, san Agustín, el poeta Prudencio— cuenta que, cuando el prefecto de Roma le exigió los tesoros de la Iglesia, le presentó a los pobres, y que murió asado a fuego lento sobre una parrilla. Su fiesta se celebra el 10 de agosto, de segunda clase y con vigilia en el calendario de 1962, y su nombre se pronuncia cada día en el Canon de la Misa.
Quién es san Lorenzo, diácono y mártir
Butler, siempre cuidadoso, distingue lo cierto de lo que la piedad ha recibido de los antiguos. Lo cierto es poco y basta: Lorenzo era uno de los siete diáconos de Roma, cargo de gran confianza que llevaba anejos el cuidado de los bienes de la Iglesia y la distribución de las limosnas entre los pobres. En 257 el emperador Valeriano publicó sus edictos contra los cristianos; al año siguiente fue apresado y ejecutado el papa san Sixto II, y cuatro días después su diácono Lorenzo lo siguió al martirio. Fue sepultado en el cementerio de Ciriaca, en el ager Veranus de la vía Tiburtina, donde Constantino levantó la primera capilla sobre su tumba, origen de la basílica de San Lorenzo Extramuros, una de las basílicas patriarcales de Roma.
Desde el siglo IV, Lorenzo es uno de los mártires más venerados de la Iglesia romana. San León Magno, san Agustín, san Ambrosio y san Máximo de Turín predicaron en su fiesta, y Prudencio le dedicó un largo poema hacia el año 400.
Su origen, según la tradición española
Una antigua tradición aragonesa, muy viva en España, hace nacer a Lorenzo en Huesca, hijo de los santos Orencio y Paciencia, y lo une a san Sixto en sus años de estudio antes de que ambos marcharan a Roma. Es una tradición, no un dato que puedan garantizar los documentos de la época; pero explica por qué Huesca lo tiene por patrono y por qué su culto ha sido siempre tan fuerte en la península. A ella se une otra tradición, la que atribuye a san Lorenzo el envío a su tierra del cáliz que se venera hoy en la catedral de Valencia. Huesca honra también como hijo suyo a otro gran diácono mártir, san Vicente, muerto en Valencia hacia el año 304.
Historia de san Lorenzo mártir: los tesoros de la Iglesia
Los detalles que siguen vienen de san Ambrosio y de Prudencio, y Butler advierte con honradez que los historiadores han discutido su exactitud. Pero la Iglesia los ha hecho suyos en su liturgia durante dieciséis siglos, y en ellos está el alma de san Lorenzo.
Cuando conducían al papa Sixto al suplicio, su diácono lo seguía llorando: «Padre, ¿adónde vas sin tu diácono?». El papa le respondió: «No te abandono, hijo mío; dentro de tres días me seguirás». Lorenzo, lleno de alegría, buscó a todos los pobres, las viudas y los huérfanos de la ciudad y repartió entre ellos el dinero que tenía en sus manos, llegando a vender los vasos sagrados para aumentar la limosna.
El prefecto de Roma, convencido de que los cristianos escondían grandes riquezas, lo hizo llamar: «He oído que vuestros sacerdotes ofrecen en oro, que la sangre sagrada se recibe en copas de plata… Entrega esos tesoros: el emperador los necesita». Lorenzo respondió sin turbarse: «La Iglesia es rica, en efecto, y el emperador no tiene tesoro que se le iguale. Te mostraré una parte preciosa; pero dame tiempo para ponerlo todo en orden». El prefecto le concedió tres días.
Al tercer día, Lorenzo reunió una multitud de pobres —ancianos, ciegos, cojos, leprosos, huérfanos y viudas—, los colocó en filas e invitó al prefecto a ver el tesoro. Ante aquella asamblea de miseria, el prefecto le preguntó, amenazante, dónde estaban las riquezas prometidas. Y Lorenzo contestó: «Estos son los tesoros de la Iglesia».
El martirio en la parrilla
Furioso, el prefecto le prometió no una muerte rápida, sino una muerte lenta. Mandó preparar una gran parrilla con brasas debajo, y Lorenzo, desnudo y atado, fue puesto sobre ella. A los cristianos les pareció que su rostro estaba rodeado de una luz hermosa y que su cuerpo despedía un suave olor. San Agustín dice que no sentía los tormentos del perseguidor por la pasión con que deseaba poseer a Cristo, y san Ambrosio, que el fuego del amor divino ardía en su pecho con más fuerza que las llamas en su carne.
Después de mucho tiempo, se volvió al juez y le dijo con una sonrisa: «Dadme vuelta, que de este lado ya estoy asado». Y cuando lo volvieron: «Ya está asado; podéis comer». Luego, orando por la conversión de Roma, para que desde ella se extendiera la fe de Cristo por todo el mundo, entregó su alma a Dios.
Prudencio atribuye a esa oración la conversión de la ciudad: varios senadores que presenciaron su muerte se hicieron cristianos allí mismo y llevaron su cuerpo a hombros hasta la vía Tiburtina. Su muerte, escribe el poeta, fue la muerte de la idolatría en Roma.
Frases de san Lorenzo mártir
Las palabras que la tradición pone en sus labios se repiten desde hace dieciséis siglos:
- «Padre, ¿adónde vas sin tu diácono?»
- «Estos son los tesoros de la Iglesia.»
- «Dadme vuelta, que de este lado ya estoy asado.»
- Y la sentencia de san León Magno, en el sermón que el Breviario lee en su fiesta: «más débil fue el fuego que lo quemaba por fuera que el que ardía dentro» (segnior fuit ignis, qui foris ussit, quam qui intus accendit).
La segunda frase es la que mejor resume su vida: para un diácono, los pobres no son una carga de la Iglesia, sino su riqueza. Es el espíritu de las obras de misericordia, corporales y espirituales.
Milagros de san Lorenzo mártir
San Agustín asegura que Dios obró en Roma muchos milagros por la intercesión de san Lorenzo, y san Gregorio de Tours y Venancio Fortunato refieren otros en las Galias. Butler recoge el testimonio de la vida de santa Melania la Joven y la multitud de iglesias y oratorios dedicados al mártir como prueba de la confianza que los romanos ponían en su patrocinio. El mayor de sus milagros, según los Padres, fue el que pidió al morir: la conversión de Roma.
La fiesta de san Lorenzo, el 10 de agosto
En el calendario de 1962, san Lorenzo se celebra el 10 de agosto con fiesta de segunda clase, precedida el día 9 por su vigilia: un honor que en el calendario universal sólo comparte con muy pocos santos. Es uno de los mártires más honrados por la liturgia romana.
La Misa de su fiesta es un retrato del santo. El introito canta: «La alabanza y la hermosura están en su presencia: la santidad y la magnificencia en el lugar de su santificación» (Sal 95, 6). La epístola es la de san Pablo sobre la limosna alegre: «Haga cada cual la oferta conforme lo ha resuelto en su corazón, no de mala gana, o como por fuerza: porque Dios ama al que da con alegría» (2 Cor 9, 7). Y el Evangelio, el del grano de trigo: «Si el grano de trigo, después de echado en la tierra, no muere, queda infecundo; pero si muere, produce mucho fruto» (Jn 12, 24).
Las lágrimas de san Lorenzo
Hacia el 10 de agosto, cada año, el cielo nocturno se llena de estrellas fugaces. La piedad popular de Europa las llamó lágrimas de san Lorenzo, o chispas de su parrilla. Es una costumbre poética, no una creencia: pero tiene la virtud de hacer levantar los ojos al cielo en la noche de un mártir.
San Lorenzo y España: El Escorial
El 10 de agosto de 1557, día de san Lorenzo, las tropas de Felipe II vencieron en San Quintín. En acción de gracias, el rey levantó en la sierra de Madrid el monasterio de San Lorenzo de El Escorial, cuya planta en forma de rejilla se ha interpretado tradicionalmente como una evocación de la parrilla del mártir. En México, decenas de parroquias y pueblos llevan su nombre, de la Ciudad de México a Guadalajara.
San Lorenzo en el Canon de la Misa
Cada día, en el Canon romano, el sacerdote nombra a san Lorenzo en el Communicantes, junto a los apóstoles y a los grandes mártires de Roma: «…Xisto, Cornelio, Cipriano, Lorenzo, Crisógono…». El papa y su diácono, unidos en la muerte, siguen unidos en la oración de la Iglesia. Quien quiera comprender el sentido de esa memoria puede leer qué es la Misa, el santo sacrificio, y cómo se celebra en la Misa tridentina. Su nombre está también en las letanías de los santos, entre los mártires, inmediatamente después de san Esteban.
Oración a san Lorenzo mártir
La oración más antigua y segura a san Lorenzo es la colecta de su Misa en el Misal de 1962, que pide lo que él vivió: vencer un fuego con otro fuego.
Da nobis, quaesumus, omnipotens Deus: vitiorum nostrorum flammas exstinguere; qui beato Laurentio tribuisti tormentorum suorum incendia superare. Per Dominum nostrum Iesum Christum Filium tuum, qui tecum vivit et regnat in unitate Spiritus Sancti Deus, per omnia saecula saeculorum. Amen.
Te rogamos, omnipotente Dios, la gracia de que logremos apagar las llamas de nuestros vicios, tú que diste al bienaventurado Lorenzo superar el fuego de sus tormentos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en unidad del Espíritu Santo, Dios, por todos los siglos de los siglos. Amén.
Puede precederse de las palabras de la comunión de su Misa, tomadas del Evangelio (Jn 12, 26):
℣. Si alguno me sirve, que me siga.
℟. Y donde yo estoy, allí estará también mi servidor.
¿De qué es abogado san Lorenzo?
San Lorenzo es patrono de los diáconos, de los pobres y de quienes los socorren, y, por su parrilla, de los cocineros. Es patrono de Huesca y del monasterio de El Escorial. La piedad popular lo invoca también contra las quemaduras y el fuego. Se le pide sobre todo la gracia que pide su colecta: apagar el fuego de las pasiones con el fuego más fuerte del amor de Dios, y un corazón generoso con los necesitados.
Lo que nos enseña san Lorenzo
San Lorenzo enseña que el servicio a los pobres no es una tarea administrativa, sino una forma de culto: el mismo diácono que servía el cáliz en el altar distribuía las limosnas en la ciudad. Enseña también que la fortaleza cristiana no es dureza, sino alegría: murió bromeando con su verdugo, porque ya poseía, en la esperanza, lo que más amaba. Su vida y la de tantos mártires de los primeros siglos explican por qué la Iglesia venera a los santos católicos como amigos y modelos.
Preguntas Frecuentes
¿Quién es san Lorenzo diácono y mártir?
Uno de los siete diáconos de la Iglesia de Roma en el siglo III, encargado de los bienes de la Iglesia y de la ayuda a los pobres. Fue martirizado en agosto de 258, cuatro días después del papa san Sixto II, durante la persecución de Valeriano.
¿Cómo murió san Lorenzo?
Según la tradición recogida por san Ambrosio y Prudencio, quemado a fuego lento sobre una parrilla. Butler señala que algunos historiadores han dudado de este detalle, pero es el que la Iglesia ha conservado en su liturgia y en su arte.
¿Cuándo es la fiesta de san Lorenzo mártir?
El 10 de agosto, fiesta de segunda clase en el calendario de 1962, con vigilia el 9 de agosto.
¿Cuándo nació san Lorenzo mártir?
No se conoce la fecha de su nacimiento; se sabe sólo que murió joven, siendo diácono, en el año 258. La tradición aragonesa lo hace natural de Huesca.
¿Por qué es santo san Lorenzo mártir?
Porque dio su vida por Cristo en el martirio, que es el testimonio supremo de la fe. La Iglesia lo veneró desde el siglo IV y lo incluyó en el Canon de la Misa.
¿Cómo se representa a san Lorenzo?
Como un joven diácono vestido con dalmática, con la palma del martirio y la parrilla en la mano o a sus pies; a veces con una bolsa o un libro, signos de su oficio de administrador de los bienes de la Iglesia.
¿Qué son las lágrimas de san Lorenzo?
Es el nombre popular de la lluvia de estrellas fugaces que se ve cada año en torno al 10 de agosto. La piedad cristiana las asoció a las chispas de su parrilla o a sus lágrimas.
Reza el Oficio y la Misa de san Lorenzo con el Breviario y el Misal de 1962, en latín y en español, en la aplicación Iter Fidei. Únase al acceso anticipado aquí.
Fuentes. Sagrada Escritura (traducción de Félix Torres Amat): 2 Cor 9, 6-10; Jn 12, 24-26; Misal Romano de 1962, fiesta de san Lorenzo, mártir (10 de agosto) y su vigilia; Canon Romano de la Misa; Butler, Vidas de los Santos, 10 de agosto; san Ambrosio, De officiis, I, 41; Prudencio, Peristephanon, himno II.