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San Vicente mártir, diácono: historia, fiesta y oración
Quién fue san Vicente mártir, diácono de Zaragoza martirizado en Valencia en el año 304: su formación con el obispo san Valero, sus tormentos ante Daciano, el cuervo que defendió su cuerpo, su culto en Valencia, Lisboa y toda la Cristiandad, su fiesta del 22 de enero con san Anastasio el Persa en el calendario de 1962 y la oración de su Misa.
San Vicente mártir fue un diácono de la Iglesia de Zaragoza, discípulo del obispo san Valero, que murió en Valencia hacia el año 304, en la persecución de Diocleciano, después de sufrir el potro, los garfios, la parrilla ardiente y la cárcel. Es uno de los mártires más célebres de España, patrono de la ciudad de Valencia y del patriarcado de Lisboa, y su culto se extendió desde muy pronto por toda la Cristiandad. En el calendario de 1962 se celebra el 22 de enero, junto con san Anastasio el Persa, como fiesta de III clase de mártires, con ornamentos rojos.
Quién fue san Vicente mártir
Según el Breviario Romano, Vicente nació en Huesca, en la Hispania Citerior, y desde su primera edad se dio a los estudios. Aprendió las Sagradas Escrituras de san Valero, obispo de Zaragoza, que lo ordenó diácono y, aunque era muy joven, le confió la predicación: el obispo tenía un impedimento en el habla y no podía ejercer por sí mismo el oficio de predicar. Por eso la tradición lo llama san Vicente de Zaragoza, la Iglesia en la que sirvió, aunque murió en Valencia.
La persecución de Daciano
En el año 303 los emperadores Diocleciano y Maximiano publicaron sus edictos contra el clero cristiano. En Hispania los aplicó con especial crueldad el gobernador Daciano, que, según parece, ya había dado muerte en Zaragoza a dieciocho mártires recordados por el poeta Prudencio. Daciano hizo prender al obispo Valero y a su diácono Vicente, y los mandó llevar encadenados a Valencia. Allí los tuvo largo tiempo en la cárcel, padeciendo hambre y toda clase de miserias, con la esperanza de quebrar su constancia.
Cuando por fin comparecieron ante él, el gobernador se sorprendió al verlos firmes de ánimo y aún vigorosos de cuerpo, y reprendió a sus oficiales por no haberlos tratado según sus órdenes. Probó con amenazas y con promesas. Valero, por su dificultad para hablar, no respondía. Entonces Vicente le dijo: «Padre, si me lo mandas, hablaré». «Hijo —respondió Valero—, así como te encomendé la dispensación de la palabra de Dios, así te encargo ahora que respondas en defensa de la fe que confesamos». El diácono declaró al juez que estaban dispuestos a sufrirlo todo por el Dios verdadero, y que en semejante causa no hacían caso ni de amenazas ni de promesas. Daciano se contentó con desterrar al obispo; contra el diácono descargó toda su furia.
El martirio de san Vicente
San Agustín asegura que Vicente sufrió tormentos que ningún hombre habría podido soportar sin una fuerza sobrenatural, y que en medio de ellos conservó una paz que asombraba a sus mismos verdugos. Lo tendieron primero en el potro, atado de pies y manos, y le desgarraron la carne con garfios de hierro. Vicente, sonriendo, llamaba débiles y cobardes a los verdugos. Daciano, viendo la sangre que corría y el estado en que había quedado aquel cuerpo, tuvo que confesar que el valor de aquel joven clérigo lo había vencido. Le ofreció entonces una salida: si no quería sacrificar a los dioses, que al menos entregara los libros sagrados para ser quemados, como mandaban los edictos. El mártir respondió que temía menos los tormentos que una falsa compasión.
La parrilla
Enfurecido, Daciano lo condenó al más cruel de los suplicios: el fuego sobre una especie de parrilla de hierro, cuyas barras estaban erizadas de puntas enrojecidas por las brasas. Vicente subió a ella con alegría. Allí lo extendieron, y le frotaron las heridas con sal, que el fuego hacía penetrar más hondo en la carne. Las llamas, dice san Agustín, en lugar de atormentarlo parecían darle nuevo vigor: cuanto más sufría, mayor era el gozo interior de su alma. El tirano, fuera de sí, preguntaba sin cesar qué hacía y qué decía el mártir, y siempre le respondían que parecía cobrar a cada momento nuevas fuerzas.
La cárcel iluminada
Lo arrojaron después a un calabozo cuyo suelo estaba cubierto de cascos de vasijas rotas, para que, desnudo y rendido por el sueño, las aristas le abrieran de nuevo las heridas; le pusieron los pies en el cepo y prohibieron que nadie le diera de comer ni lo visitara. Pero, cuenta el Breviario, una claridad resplandeciente llenó de pronto aquella oscura prisión; y el carcelero, añade Butler, que vio por las rendijas la celda iluminada y a Vicente caminando y alabando a Dios, se convirtió allí mismo a la fe cristiana.
Daciano, dice Butler, lloró de rabia, pero mandó que dejaran descansar al prisionero. Los fieles pudieron por fin visitarlo, curaron sus heridas y empaparon paños en su sangre, que guardaron como reliquias. Le prepararon un lecho blando; y apenas lo tendieron en él, su alma voló a Dios. El Breviario fija su muerte el 22 de enero (undecimo Kalendas Februarii): «superadas la crueldad del fuego, del hierro y de los verdugos, voló vencedor a la corona celestial del martirio».
El cuervo que defendió su cuerpo
Daciano mandó arrojar el cuerpo sin sepultura en un campo. Pero, según el Breviario, un cuervo lo defendió maravillosamente de las aves y de un lobo, con las garras, el pico y las alas. Sabido esto, el gobernador ordenó hundirlo en alta mar; pero el cuerpo, devuelto a la orilla por designio divino, fue sepultado por los cristianos. Este es el relato de la tradición, y Butler advierte que las Actas de san Vicente fueron adornadas con bastante libertad por un compilador muy posterior a los hechos; lo seguro, añade, es su nombre y su orden de diácono, el lugar y la época de su martirio y el lugar de su sepultura. Por eso el cuervo es el emblema más característico de san Vicente en el arte antiguo, a veces posado sobre una rueda de molino.
El culto a san Vicente mártir
Muy pocos mártires han sido tan honrados en la Iglesia antigua. El poeta hispano Prudencio le dedicó el quinto himno de su Peristephanon, el libro de las coronas de los mártires, y Butler sigue su relato en lo esencial. San Agustín predicó varios sermones en su fiesta y dice haber tenido ante sí las actas de su martirio. Su nombre figura en el canon de la Misa ambrosiana, y en las letanías de los santos se le invoca entre los mártires, justo después de san Esteban y de san Lorenzo, los otros dos grandes diáconos mártires: en las imágenes que solo llevan la dalmática y la palma, advierte Butler, es casi imposible distinguir a uno de otro.
San Vicente mártir en Valencia, Zaragoza y Lisboa
Sus reliquias, cuya historia es confusa, se veneran en muchos lugares: Valencia y Zaragoza, Castres, Le Mans, París, Lisboa, Bari. Valencia, la ciudad de su martirio, lo tiene por patrono. La Iglesia de Lisboa lo venera también como patrono: el rey Alfonso I de Portugal hizo trasladar sus restos a la catedral de la ciudad en el siglo XII. En Borgoña, dice Butler, es patrono de los viñadores, probablemente porque su nombre sugiere algún parentesco con el vino (vinum); de ahí su patronazgo tradicional sobre viñadores y vinateros en otras tierras. Numerosas iglesias y parroquias llevan el nombre de san Vicente mártir o de san Vicente diácono y mártir.
No hay que confundirlo con otros dos grandes santos de igual nombre: san Vicente Ferrer, el predicador dominico valenciano del siglo XV, y san Vicente de Paúl, el apóstol de la caridad del siglo XVII.
San Anastasio el Persa
El 22 de enero la Iglesia une a san Vicente un mártir muy distinto, san Anastasio el Persa. Cuando el rey persa Cosroes tomó Jerusalén en el año 614 y se llevó la reliquia de la Santa Cruz, un joven soldado de su ejército llamado Magundat comenzó a interesarse por la religión cristiana. Dejó las armas, se instruyó, y en Jerusalén recibió el bautismo de manos del obispo Modesto, tomando el nombre de Anastasio, que en griego evoca la resurrección. Se hizo monje en un monasterio cercano a la ciudad en el año 621.
Deseoso de dar la vida por Cristo, fue a Cesarea de Palestina, entonces bajo dominio persa, donde fue apresado, encadenado y azotado por confesar la fe: «Escribe lo que quieras —dijo al gobernador—: soy cristiano; te lo repito, soy cristiano». Llevado a Asiria ante el rey, rechazó las promesas y las amenazas, y fue ejecutado con unos setenta cristianos en el año 628, un 22 de enero. Según el Breviario, sus reliquias fueron llevadas a Jerusalén y después a Roma, al monasterio de las Aguas Salvias, donde, dice Butler, se guardaron en la iglesia de San Vicente; por eso, explica Butler, estos dos mártires que nada tuvieron que ver en vida se celebran juntos en una misma fiesta. El segundo concilio de Nicea, en el año 787, invocó contra los iconoclastas una imagen milagrosa de este mártir.
Oración a san Vicente mártir
La oración de la Misa del 22 de enero en el Misal Romano de 1962 es propia de esta fiesta. La damos en latín y en nuestra traducción:
Orémus. Adésto, Dómine, supplicatiónibus nostris: ut, qui ex iniquitáte nostra reos nos esse cognóscimus, beatórum Mártyrum tuórum Vincéntii et Anastásii intercessióne liberémur. Per Dóminum nostrum Jesum Christum, Fílium tuum: qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.
Oremos. Atiende, Señor, a nuestras súplicas, para que nosotros, que por nuestra iniquidad nos reconocemos culpables, seamos librados por la intercesión de tus bienaventurados mártires Vicente y Anastasio. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, Dios, por todos los siglos de los siglos. Amén.
Es una oración de penitentes: no pide ante todo la fortaleza de los mártires, sino el perdón, confiando en la intercesión de quienes vencieron el miedo por amor a Cristo.
Cuándo es el día de san Vicente mártir
El día de san Vicente mártir es el 22 de enero. En el calendario de 1962 es la fiesta de santos Vicente y Anastasio, mártires, de III clase, con ornamentos rojos. La víspera, 21 de enero, se celebra a santa Inés, virgen y mártir, y dos días después, el 24, a san Timoteo, obispo y mártir: la segunda quincena de enero reúne en la liturgia a algunos de los mártires más venerados de la Iglesia antigua.
¿Dónde es festivo san Vicente mártir?
San Vicente es fiesta mayor allí donde es patrono, empezando por Valencia, y en las localidades que lo tienen por titular; el carácter de día festivo lo fija cada año el calendario laboral de cada lugar.
El calendario reformado de 1969 conserva a san Vicente el 22 de enero, como memoria libre, pero ya no menciona en el calendario romano general a san Anastasio el Persa. Quien sigue los libros de 1962, como la Misa tridentina y el Breviario, celebra a los dos mártires juntos, como lo hizo la Iglesia de Roma durante siglos. Ambos tienen su lugar entre los santos católicos que dieron la vida por Cristo.
Preguntas Frecuentes
¿Quién fue san Vicente mártir?
Un diácono de la Iglesia de Zaragoza, nacido en Huesca según el Breviario, que fue torturado y murió por la fe en Valencia hacia el año 304, durante la persecución de Diocleciano, bajo el gobernador Daciano.
¿Por qué se le llama san Vicente diácono y mártir?
Porque era diácono del obispo san Valero de Zaragoza, que le había confiado la predicación, y porque murió mártir de la fe.
¿Cómo murió san Vicente mártir?
Después del potro, los garfios y la parrilla ardiente, fue arrojado a un calabozo sembrado de cascos rotos; murió poco después, cuando los fieles le habían preparado un lecho.
¿Qué significa el cuervo de san Vicente?
Según la tradición, un cuervo defendió su cuerpo, abandonado sin sepultura, de las aves y de un lobo. Por eso el cuervo es su emblema.
¿De qué es patrono san Vicente mártir?
Es patrono de la ciudad de Valencia y del patriarcado de Lisboa, y la tradición lo hace patrono de los viñadores.
¿Por qué se celebra con san Anastasio?
Porque las reliquias de san Anastasio el Persa, martirizado en el año 628, fueron llevadas a Roma, al monasterio de las Aguas Salvias, y guardadas en una iglesia de san Vicente; desde entonces se les celebra juntos el 22 de enero.
¿Es el mismo que san Vicente Ferrer o san Vicente de Paúl?
No. San Vicente mártir es un diácono del siglo IV; san Vicente Ferrer, un dominico del siglo XV, y san Vicente de Paúl, un sacerdote francés del siglo XVII.
La aplicación Iter Fidei trae el Misal y el Breviario de 1962, con la Misa y el oficio de los santos Vicente y Anastasio cada 22 de enero, en latín y en español. Únase al acceso anticipado aquí.
Fuentes. Misal Romano de 1962, fiesta de los santos Vicente y Anastasio, mártires (22 de enero); Breviario Romano de 1962, lecciones del 22 de enero; Letanías de los santos; Alban Butler, Vidas de los santos (22 de enero).