Santos
San Timoteo, obispo y mártir: vida, cartas y oración
Quién fue san Timoteo, el discípulo más querido de san Pablo y primer obispo de Éfeso: su familia de Listra, sus viajes con el Apóstol, las dos cartas de san Pablo a Timoteo y sus consejos, su martirio según la tradición, su fiesta del 24 de enero en el calendario de 1962 y la oración de su Misa.
San Timoteo fue el discípulo más querido de san Pablo, su compañero en los viajes apostólicos y el primer obispo de Éfeso; a él dirigió el Apóstol las dos cartas que llevan su nombre en el Nuevo Testamento. Según la antigua tradición de la Iglesia de Éfeso, murió mártir, apedreado por los paganos a quienes reprochaba su idolatría. En el calendario de 1962 su fiesta se celebra el 24 de enero, como fiesta de III clase de obispo y mártir, con ornamentos rojos.
Quién fue san Timoteo
Timoteo nació en Listra, en Licaonia, una región del interior de Asia Menor (la actual Turquía). Su padre era gentil, es decir, pagano; su madre, Eunice, era judía, como su abuela Loida. Las dos mujeres abrazaron la fe cristiana, y san Pablo alaba su piedad en la segunda carta a su discípulo: «tengo presente aquella tu fe sincera, la cual primero se vio constantemente en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice, y estoy cierto de que igualmente está en ti» (2 Tim 1, 5). Desde niño Timoteo había estudiado las Sagradas Escrituras, como el mismo Apóstol le recuerda: «desde la niñez aprendiste las sagradas letras, que te pueden instruir para la salvación, mediante la fe que cree en Jesucristo» (2 Tim 3, 15).
El encuentro con san Pablo
Cuando san Pablo volvió a predicar en Licaonia, en su segundo viaje apostólico, los cristianos de Listra y de Iconio le hablaron muy bien de aquel joven. Los Hechos de los Apóstoles lo cuentan así: «Llegó Pablo a Derbe, y luego a Listra; donde se hallaba un discípulo llamado Timoteo, hijo de madre judía, convertida a la fe, y de padre gentil. Los hermanos que estaban en Listra y en Iconio hablaban con mucho elogio de este discípulo. Pablo, pues, determinó llevarle en su compañía» (Hch 16, 1-3).
Antes de partir, san Pablo lo circuncidó, «por causa de los judíos que había en aquellos lugares; porque todos sabían que su padre era gentil». El gesto sorprende, porque el mismo Apóstol se negó a circuncidar a Tito, nacido de padres gentiles. Butler lo explica con claridad: al negarse en el caso de Tito, san Pablo defendía la libertad del Evangelio frente a quienes querían imponer la circuncisión como obligatoria en la Ley nueva; al circuncidar a Timoteo, hijo de madre judía, lo hacía más aceptable a los judíos y mostraba que no era enemigo de su ley. San Juan Crisóstomo alaba aquí la prudencia del maestro y, añade Butler, la obediencia voluntaria del discípulo. Después, por la imposición de las manos, san Pablo le confió el ministerio de la predicación.
Compañero de viajes del Apóstol
Desde entonces Timoteo siguió a san Pablo por Macedonia y Grecia: Filipos, Tesalónica, Berea. Cuando la persecución obligó al Apóstol a salir de Berea, dejó allí a Timoteo para confirmar a los nuevos cristianos; desde Atenas lo envió después a Tesalónica, cuyos fieles sufrían una dura persecución, y Timoteo volvió a reunirse con él en Corinto para darle cuenta de su misión. Más tarde fue enviado a Macedonia y a Corinto, y acompañó a san Pablo en buena parte de su cautividad. Su nombre figura al frente de varias cartas del Apóstol, entre ellas la carta a los Filipenses y la carta a Filemón.
Pocas veces habla san Pablo de alguien con tanto cariño. A los filipenses les escribe: «no tengo ninguna persona tan unida de corazón y espíritu conmigo como él [...] habiéndome servido en la predicación del Evangelio como un hijo al lado de su padre» (Flp 2, 20-22). En sus cartas lo llama «hijo carísimo» y «varón de Dios». Butler añade que el mismo Timoteo sufrió prisión por Cristo y confesó su nombre ante muchos testigos, antes de ser puesto en libertad.
San Timoteo, primer obispo de Éfeso
Al volver de Roma hacia Oriente, san Pablo dejó a Timoteo en Éfeso para gobernar aquella Iglesia, oponerse a los falsos maestros y ordenar sacerdotes y diáconos. San Juan Crisóstomo y otros Padres entienden que el Apóstol le confió el cuidado de las Iglesias de Asia, y la tradición lo nombra siempre primer obispo de Éfeso. El Breviario Romano lo resume en su lección: llegados ambos a Éfeso, Timoteo «fue ordenado obispo por el Apóstol, para que gobernase aquella Iglesia».
Era todavía joven, y san Pablo lo anima a no dejarse intimidar por ello: «Pórtate de manera que nadie te menosprecie por tu poca edad: has de ser dechado de los fieles en el hablar, en el trato, en la caridad, en la fe, en la castidad» (1 Tim 4, 12). Sabemos también que Timoteo no bebía más que agua y que sus austeridades le habían quebrantado la salud, hasta el punto de que el Apóstol le escribió: «No prosigas en beber agua sola, sino usa de un poco de vino por causa de tu estómago y de tus frecuentes enfermedades» (1 Tim 5, 23). San Juan Crisóstomo, citado por Butler, comenta con finura: no dijo simplemente «toma vino», sino «un poco de vino»; y no porque Timoteo necesitara ese consejo, sino porque lo necesitamos nosotros.
Las cartas de san Pablo a Timoteo
Las dos cartas de san Pablo a Timoteo forman, con la carta a Tito, las llamadas cartas pastorales: no son tratados para una comunidad, sino instrucciones de un apóstol a un pastor sobre el gobierno de la Iglesia, la sana doctrina y la vida del clero.
Por qué escribe san Pablo a Timoteo
San Pablo escribe a Timoteo porque lo ha dejado al frente de la Iglesia de Éfeso y quiere guiarlo desde lejos. La primera carta le da normas para la oración pública, para la elección de obispos y diáconos, para el cuidado de las viudas y para combatir a los que enseñaban doctrinas extrañas; en ella define a la Iglesia como «la casa de Dios, que es la Iglesia del Dios vivo, columna y apoyo de la verdad» (1 Tim 3, 15). La lección del Breviario recoge la tradición antigua según la cual la primera fue escrita desde Laodicea y la segunda desde Roma; Butler sitúa la redacción de la primera en Macedonia.
La segunda carta de san Pablo a Timoteo fue escrita desde Roma, cuando el Apóstol estaba encadenado y veía cercana su muerte. Es casi su testamento espiritual, «un desahogo de su corazón», dice Butler, lleno de ternura hacia este hijo queridísimo: lo llama a su lado, lo anima en sus pruebas, le pide que reavive el fuego del Espíritu Santo recibido en su ordenación y le anuncia tiempos difíciles para la Iglesia. En ella se lee la despedida del Apóstol:
«Que yo ya estoy a punto de ser inmolado, y se acerca el tiempo de mi muerte. Combatido he con valor, he concluido la carrera, he guardado la fe. Nada me resta sino aguardar la corona de justicia que me está reservada, y que me dará el Señor en aquel día como justo juez» (2 Tim 4, 6-8).
El capítulo 3 de esta segunda carta contiene además el gran texto sobre la Escritura: «Toda escritura inspirada de Dios es propia para enseñar, para convencer, para corregir a los pecadores, para dirigir a los buenos en la justicia o virtud: en fin para que el hombre de Dios o el cristiano sea perfecto, y esté apercibido para toda obra buena» (2 Tim 3, 16-17). Quien quiera leer estas cartas en una traducción católica fiel encontrará orientación en nuestra guía sobre qué Biblia católica leer.
Diez consejos de san Pablo a Timoteo
Los consejos de san Pablo a Timoteo valen para todo pastor y, en su medida, para todo cristiano. Recogemos diez, con las palabras de la traducción de Torres Amat:
- No temer la juventud: «Pórtate de manera que nadie te menosprecie por tu poca edad» (1 Tim 4, 12).
- Ser ejemplo: «has de ser dechado de los fieles en el hablar, en el trato, en la caridad, en la fe, en la castidad» (1 Tim 4, 12).
- Leer y enseñar: «aplícate a la lectura, a la exhortación y a la enseñanza» (1 Tim 4, 13).
- No descuidar la gracia recibida: «No malogres la gracia que tienes por la consagración» (1 Tim 4, 14).
- Velar sobre sí mismo: «Vela sobre ti mismo, y atiende a la enseñanza de la doctrina [...] haciendo esto, te salvarás a ti, y también a los que te oyeren» (1 Tim 4, 16).
- Buscar las virtudes: «sigue en todo la justicia, la piedad, la fe, la caridad, la paciencia, la mansedumbre» (1 Tim 6, 11).
- Combatir por la fe: «Pelea valerosamente por la fe» (1 Tim 6, 12).
- Reavivar el don de Dios: «te exhorto, que avives la gracia de Dios, que reside en ti por la imposición de mis manos» (2 Tim 1, 6), «porque no nos ha dado Dios a nosotros un espíritu de timidez, sino de fortaleza, y de caridad, y de templanza» (2 Tim 1, 7).
- No avergonzarse del Evangelio: «no te avergüences del testimonio de nuestro Señor [...] antes bien padece y trabaja a una conmigo por el evangelio» (2 Tim 1, 8).
- Predicar a tiempo y a destiempo: «predica la palabra de Dios con toda fuerza y valentía, insiste con ocasión y sin ella, reprende, ruega, exhorta con toda paciencia y doctrina» (2 Tim 4, 2).
La Misa de san Timoteo en el Misal de 1962 toma su epístola de la primera carta (1 Tim 6, 11-16): el Apóstol exhorta a su discípulo a pelear valerosamente por la fe y a guardar el mandato sin mancha hasta la venida de Jesucristo.
El martirio de san Timoteo
Los martirologios antiguos llaman a Timoteo mártir. Sus Actas, escritas en Éfeso probablemente en el siglo IV o V y resumidas por Focio, cuentan que bajo el emperador Nerva, hacia el año 97, Timoteo quiso oponerse a una fiesta pagana llamada Katagogia, en la que los efesios recorrían la ciudad en grupos, con un ídolo en una mano y un garrote en la otra; y que los paganos lo mataron a pedradas y golpes. Hay que leer este relato con la prudencia que merecen unas actas tardías, aunque recoge una tradición antigua de la Iglesia efesina.
La lección del Breviario Romano narra el martirio con sobriedad: Timoteo, no pudiendo soportar que se ofreciera a los ídolos el sacrificio debido solo a Dios, intentó apartar al pueblo de Éfeso de la impiedad mientras inmolaba a Diana en su fiesta; fue cubierto de piedras y, casi muerto, los cristianos lo retiraron y lo llevaron a un monte vecino a la ciudad, donde durmió en el Señor el 24 de enero (nono Kaléndas Februárii).
Butler añade que hay buenos testimonios del traslado de lo que se tenía por sus reliquias a Constantinopla en tiempos del emperador Constancio, y que san Juan Crisóstomo y san Jerónimo hablan, como de cosa sabida, de los prodigios ocurridos junto a su sepulcro.
Oración a san Timoteo
La oración de la Misa de san Timoteo en el Misal Romano de 1962 es la del común de un mártir pontífice. La damos en latín y en nuestra traducción:
Orémus. Infirmitátem nostram réspice, omnípotens Deus: et, quia pondus própriæ actiónis gravat, beáti Timothei Mártyris tui atque Pontíficis intercéssio gloriósa nos prótegat. Per Dóminum nostrum Jesum Christum, Fílium tuum: qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.
Oremos. Mira, Dios todopoderoso, nuestra flaqueza; y, pues nos abruma el peso de nuestras propias obras, protéjanos la gloriosa intercesión del bienaventurado Timoteo, tu mártir y pontífice. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, Dios, por todos los siglos de los siglos. Amén.
Es una oración humilde, que no pide grandes cosas sino ayuda en la debilidad. Se reza con fruto por los obispos y sacerdotes, por los jóvenes llamados al servicio de la Iglesia, por quienes enseñan la fe y por todos los que tienen la salud quebrantada, como la tuvo él.
Cuándo es el día de san Timoteo
En el calendario de 1962, el día de san Timoteo es el 24 de enero, fecha de su muerte según el Breviario, con rango de fiesta de III clase y ornamentos rojos. Dos días antes, el 22 de enero, se celebra a san Vicente, diácono y mártir, junto con san Anastasio; y el 25, al día siguiente de su fiesta, se celebra la Conversión de san Pablo: la liturgia pone así al discípulo junto al maestro. El 26 de enero el calendario de 1962 celebra a san Policarpo de Esmirna, otro obispo mártir de Asia Menor. Su compañero en las cartas pastorales, san Tito, tiene en ese mismo calendario su propia fiesta el 6 de febrero.
San Timoteo y san Tito
El calendario reformado de 1969 trasladó a san Timoteo al 26 de enero y lo unió en una sola memoria con san Tito, el otro destinatario de las cartas pastorales; de ahí que hoy se busque a menudo «san Timoteo y san Tito». Quien sigue los libros de 1962, como la Misa tridentina y el Breviario Romano, celebra a san Timoteo el 24 de enero y a san Tito el 6 de febrero. Ambos ocupan un lugar entre los santos católicos como modelos de los pastores formados directamente por un apóstol.
Preguntas Frecuentes
¿Quién fue san Timoteo?
Un cristiano de Listra, hijo de padre pagano y de madre judía convertida, que fue discípulo y compañero de san Pablo, primer obispo de Éfeso y, según la tradición, mártir hacia el año 97.
¿Por qué escribe san Pablo a Timoteo?
Porque lo había dejado como pastor de la Iglesia de Éfeso y quería instruirlo sobre la sana doctrina, el culto y la elección de los ministros; la segunda carta, escrita desde la prisión de Roma, es además su despedida.
¿Qué día se celebra san Timoteo?
El 24 de enero en el calendario de 1962; el 26 de enero, junto con san Tito, en el calendario reformado de 1969.
¿Cuántas cartas escribió san Pablo a Timoteo?
Dos: la primera y la segunda carta a Timoteo, que con la carta a Tito forman las cartas pastorales del Nuevo Testamento.
¿Por qué san Pablo le dijo a Timoteo que tomara un poco de vino?
Porque Timoteo solo bebía agua y sus penitencias le habían debilitado la salud: el Apóstol le aconsejó «un poco de vino por causa de tu estómago y de tus frecuentes enfermedades» (1 Tim 5, 23).
¿Cómo murió san Timoteo?
Según la tradición recogida en el Breviario, fue apedreado por los paganos de Éfeso cuando intentaba apartarlos del culto de Diana, y murió poco después en un monte cercano a la ciudad.
¿Qué significa el nombre Timoteo?
Es un nombre griego formado con las palabras que significan «honrar» y «Dios»: «el que honra a Dios».
La aplicación Iter Fidei trae el Misal y el Breviario de 1962, con la Misa y el oficio de san Timoteo cada 24 de enero, en latín y en español. Únase al acceso anticipado aquí.
Fuentes. Sagrada Escritura (traducción de Félix Torres Amat): Hch 16, 1-3; Flp 2, 20-22; 1 Tim 3, 15; 4, 12-16; 5, 23; 6, 11-12; 2 Tim 1, 2-8; 3, 14-17; 4, 1-8; Misal Romano de 1962, fiesta de san Timoteo, obispo y mártir (24 de enero); Breviario Romano de 1962, lecciones del 24 de enero; Alban Butler, Vidas de los santos (24 de enero).