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San Ambrosio de Milán: quién fue, obras, frases y oración
Quién fue san Ambrosio de Milán, obispo y doctor de la Iglesia: el gobernador aclamado obispo, su lucha contra el arrianismo, su firmeza ante los emperadores, el bautismo de san Agustín y lo que dijo a santa Mónica, sus himnos (Aeterne rerum Conditor, en latín y en español), sus obras y frases, su fiesta del 7 de diciembre y la oración del Misal de 1962.
San Ambrosio de Milán (hacia 340-397) fue un alto funcionario romano al que el pueblo de Milán aclamó obispo cuando todavía no estaba bautizado, y que llegó a ser uno de los cuatro grandes doctores de la Iglesia latina. Defendió la fe de Nicea contra los arrianos, recordó a los emperadores que también ellos están sometidos a la ley de Cristo, compuso himnos latinos que la Iglesia sigue cantando en el Breviario y bautizó a san Agustín. Su fiesta se celebra el 7 de diciembre, aniversario de su consagración episcopal, como fiesta de III clase en el calendario de 1962.
Quién fue san Ambrosio de Milán
Dónde nació san Ambrosio
Nació en Tréveris, en la Galia, probablemente hacia el año 340 (otros dicen 339), cuando su padre, también llamado Ambrosio, era prefecto del pretorio de las Galias, uno de los cargos más altos del Imperio. Muerto el padre cuando Ambrosio era todavía niño, la madre volvió a Roma con sus hijos y los educó con gran cuidado. Ambrosio debió mucho a ella y a su hermana mayor, santa Marcelina, que recibió el velo de las vírgenes consagradas; su hermano san Sátiro compartió después con él la vida de Milán.
Aprendió el griego, fue buen poeta y orador y se dedicó a la abogacía. El prefecto del pretorio de Italia, Anicio Probo, lo tomó como asesor, y el emperador Valentiniano I lo nombró gobernador de Liguria y Emilia, con residencia en Milán, entonces capital administrativa del Imperio de Occidente. Al despedirlo, Probo le dijo sin saber lo que profetizaba: «Ve, y gobierna más como obispo que como juez».
El gobernador aclamado obispo
En 374 murió Auxencio, obispo arriano de Milán durante casi veinte años. La ciudad se dividió en bandos: unos querían un obispo arriano, otros uno católico. Para evitar desórdenes, el gobernador acudió a la iglesia donde se reunía la asamblea y exhortó al pueblo a la paz. Mientras hablaba, una voz gritó: «¡Ambrosio, obispo!», y toda la asamblea, católicos y arrianos a la vez, repitió el grito.
Ambrosio era cristiano, pero solo catecúmeno: no había recibido aún el bautismo. Intentó huir de Milán y se escondió en casa de un senador, pero el emperador aprobó la elección y él acabó cediendo. Fue bautizado y, una semana después, el 7 de diciembre de 374, recibió la consagración episcopal. Tenía unos treinta y cinco años. Dio a los pobres sus bienes muebles, sus tierras a la Iglesia, y se puso a estudiar la Sagrada Escritura y a los Padres, sobre todo a Orígenes y a san Basilio, bajo la guía del sacerdote san Simpliciano, que sería después su sucesor.
Qué hizo san Ambrosio: el pastor de Milán
Su vida de obispo fue de sencillez y de trabajo incesante. Celebraba cada día el Santo Sacrificio por su pueblo y cualquiera podía verlo y hablarle a cualquier hora. En diez años limpió la diócesis del arrianismo. Predicaba con frecuencia sobre la virginidad consagrada a Dios, y a petición de su hermana reunió esos sermones en un tratado célebre, Sobre las vírgenes.
Cuando los godos devastaron las provincias del Imperio, gastó todo lo que pudo en rescatar cautivos y llegó a fundir los vasos de oro de la Iglesia. A los arrianos que lo acusaban de sacrilegio les respondió que era mejor salvar almas que oro: «Si la Iglesia posee oro, es para usarlo en favor de los necesitados, no para guardarlo».
Frente a los emperadores
Ambrosio no buscó el poder, pero no tuvo miedo de los poderosos.
- El altar de la Victoria. Cuando el senador pagano Símaco pidió que se restableciera en el Senado el altar de la diosa Victoria, alegando que «no se puede llegar por un solo camino a un misterio tan grande», Ambrosio le respondió con un escrito que convenció al joven Valentiniano II de no restaurarlo.
- Las basílicas de Milán. En 385 y 386 la emperatriz Justina, arriana, exigió una basílica para el culto arriano. Ambrosio se negó: «He dicho lo que debe decir un obispo; que el emperador haga lo que debe hacer un emperador». Sitiado por las tropas imperiales dentro de la basílica con su pueblo, enseñó a los fieles a cantar salmos e himnos compuestos por él, en dos coros alternos. De entonces es su frase más célebre: «El emperador está dentro de la Iglesia, no por encima de ella».
- Teodosio y la matanza de Tesalónica. En 390 el emperador Teodosio ordenó una represalia en la que fueron asesinadas unas siete mil personas en el circo de Tesalónica. Ambrosio le escribió de su puño y letra una carta en la que le exigía penitencia pública y le advertía que no podría ofrecer el sacrificio en su presencia hasta que la cumpliera. El emperador se despojó de las insignias imperiales y lloró públicamente su pecado en la iglesia. La escena dramática del obispo que le cierra la puerta de la catedral es una leyenda posterior, que la crítica ha desmontado; la realidad, contada por san Agustín y por el propio Ambrosio, es más sencilla y más grande: un emperador que hizo penitencia como el último de los fieles.
San Ambrosio y san Agustín
En 384 llegó a Milán, como profesor oficial de retórica, un joven africano llamado Agustín, recomendado precisamente por Símaco. Fue a escuchar a Ambrosio para juzgar su elocuencia, y poco a poco la doctrina entró con las palabras. En sus Confesiones cuenta que a veces entraba en el cuarto del obispo, lo encontraba leyendo en silencio, sin mover los labios, y se marchaba sin atreverse a interrumpirlo. Ambrosio bautizó a Agustín en la noche de Pascua del año 387, junto con su hijo Adeodato y su amigo Alipio.
Una antigua leyenda cuenta que en aquel bautismo los dos santos improvisaron a coro el Te Deum, alternando los versos; por eso se le llamó «himno ambrosiano». Es solo una leyenda: el Te Deum es ciertamente antiguo, pero su autor es incierto, y hoy se atribuye con probabilidad a Nicetas de Remesiana. Las oraciones de san Agustín son, ellas sí, fruto directo de aquella conversión.
Qué le dijo san Ambrosio a santa Mónica
Santa Mónica siguió a su hijo a Milán y se puso bajo la dirección de Ambrosio. Agustín cuenta en las Confesiones que el obispo, cada vez que lo veía, prorrumpía en alabanzas de ella y lo felicitaba por tener semejante madre. Cuando Mónica quiso seguir en Milán la costumbre africana de llevar comida y vino a las tumbas de los mártires, Ambrosio lo había prohibido, y ella obedeció sin discutir. Y cuando ella dudó si debía ayunar el sábado, como en Roma, o no, como en Milán, Agustín consultó por ella a Ambrosio, que respondió, según refiere el propio Agustín en una de sus cartas: «Cuando estoy aquí no ayuno el sábado; cuando estoy en Roma, ayuno el sábado», es decir, que siguiera la costumbre de la Iglesia donde se encontrara.
En cambio, la famosa frase «es imposible que se pierda el hijo de tantas lágrimas» no la dijo san Ambrosio: según las Confesiones (libro III), fue un obispo africano a quien Mónica acudió años antes, cuando Agustín era todavía maniqueo. La novena a santa Mónica y la oración a santa Mónica recogen la confianza de esta madre que Ambrosio tanto admiraba.
El himno de san Ambrosio: Aeterne rerum Conditor
A Ambrosio se le considera el padre de la himnodia latina. Durante el asedio de la basílica enseñó al pueblo himnos sencillos compuestos por él, de estrofas de cuatro versos, para que cantara la fe. De varios himnos atribuidos a él, el más seguro es Aeterne rerum Conditor, el canto del gallo al alba, que el Breviario Romano reza en Laudes de los domingos durante la parte invernal del año. Este es su texto latino en el Breviario de 1962, con una traducción española fiel:
Aeterne rerum Conditor,
Noctem diemque qui regis,
Et temporum das tempora,
Ut alleves fastidium.Nocturna lux viantibus
A nocte noctem segregans,
Praeco diei iam sonat,
Iubarque solis evocat.Hoc excitatus Lucifer
Solvit polum caligine:
Hoc omnis erronum cohors
Viam nocendi deserit.Hoc nauta vires colligit,
Pontique mitescunt freta:
Hoc, ipsa petra Ecclesiae,
Canente, culpam diluit.Surgamus ergo strenue:
Gallus iacentes excitat,
Et somnolentos increpat,
Gallus negantes arguit.Gallo canente, spes redit,
Aegris salus refunditur,
Mucro latronis conditur,
Lapsis fides revertitur.Iesu, labantes respice,
Et nos videndo corrige:
Si respicis, labes cadunt,
Fletuque culpa solvitur.Tu, lux, refulge sensibus,
Mentisque somnum discute:
Te nostra vox primum sonet,
Et vota solvamus tibi.Deo Patri sit gloria,
Eiusque soli Filio,
Cum Spiritu Paraclito,
Nunc et per omne saeculum.
Amen.
Eterno Creador de todas las cosas,
que gobiernas la noche y el día
y das a los tiempos sus tiempos
para aliviar nuestro cansancio.Luz nocturna de los caminantes,
que separa una noche de otra,
ya suena el heraldo del día
y llama al resplandor del sol.Despertado por él, el lucero
libra el cielo de tinieblas;
por él, toda la turba de los errantes
abandona el camino del mal.Por él, el marinero recobra las fuerzas
y se calman las olas del mar;
por él, la misma piedra de la Iglesia,
al oírlo cantar, lava su culpa.Levantémonos, pues, con presteza:
el gallo despierta a los que yacen,
increpa a los soñolientos,
el gallo reprende a los que niegan.Al canto del gallo vuelve la esperanza,
se devuelve la salud a los enfermos,
se esconde el puñal del ladrón,
vuelve la fe a los caídos.Jesús, mira a los que vacilan,
y corrígenos con tu mirada:
si nos miras, caen las manchas
y con el llanto se borra la culpa.Tú, luz, resplandece en nuestros sentidos,
disipa el sueño de la mente:
que nuestra voz te cante a ti primero
y te cumplamos nuestros votos.Gloria sea a Dios Padre
y a su único Hijo,
con el Espíritu Paráclito,
ahora y por todos los siglos.
Amén.
La «piedra de la Iglesia» que lava su culpa al canto del gallo es san Pedro, que lloró amargamente después de negar a su Maestro. El texto del Breviario es el de la revisión de los himnos hecha bajo Urbano VIII (1632), que retocó ligeramente el original ambrosiano.
Obras de san Ambrosio
Sus escritos nacen casi todos de la predicación. Entre los principales:
- Exposición del Evangelio según san Lucas, su gran comentario bíblico.
- Hexamerón, sermones sobre los seis días de la creación.
- Sobre los deberes de los ministros (De officiis), tratado de moral cristiana escrito para su clero.
- Sobre las vírgenes, dedicado a su hermana Marcelina.
- Sobre la fe, escrito en 377 para el emperador Graciano, contra los arrianos.
- Sobre los misterios, catequesis a los recién bautizados sobre el bautismo y la Eucaristía.
- Sobre el bien de la muerte, uno de sus últimos tratados.
- Sus cartas y sus oraciones fúnebres por su hermano Sátiro y por los emperadores Valentiniano II y Teodosio.
Frases de san Ambrosio
- «Donde está Pedro, allí está la Iglesia» (Ubi Petrus, ibi Ecclesia), en su comentario al salmo 40.
- «El emperador está dentro de la Iglesia, no por encima de ella».
- «Si la Iglesia posee oro, es para usarlo en favor de los necesitados, no para guardarlo».
- «He dicho lo que debe decir un obispo; que el emperador haga lo que debe hacer un emperador».
- «No he vivido entre vosotros de manera que me avergüence de vivir más; ni temo morir, porque tenemos un buen Señor». Fue su respuesta a quienes le pedían que rogara por alargar su vida.
La muerte de san Ambrosio
Cayó enfermo en 397, cuando dictaba un comentario sobre el salmo 43. Su secretario y biógrafo, el diácono Paulino, cuenta que vio una llama en forma de pequeño escudo cubrir su cabeza y entrar en su boca, y que no pudo seguir escribiendo; el comentario quedó interrumpido en el versículo 24. El día de su muerte permaneció varias horas con los brazos extendidos en forma de cruz, orando. San Honorato de Vercelli le dio el Cuerpo del Señor, y poco después expiró, el 4 de abril de 397, Viernes Santo. Tenía unos cincuenta y siete años. Sus reliquias reposan bajo el altar mayor de la basílica de San Ambrosio de Milán.
El mismo Paulino refiere que, siendo Ambrosio niño de cuna, un enjambre de abejas se posó sobre su rostro y entró y salió de su boca sin hacerle daño, y que su padre lo tomó por presagio de un gran destino; la tradición vio en ello el anuncio de su elocuencia. De ese relato procede la colmena con que a menudo se le representa y la devoción de los apicultores, que lo tienen por patrono. La Iglesia de Milán conserva su propio rito, llamado ambrosiano, que lleva su nombre, y en su canon lo nombra cada día.
Oración a san Ambrosio
La oración que la Iglesia reza el 7 de diciembre es la colecta del común de doctores, que el Misal Romano de 1962 aplica a san Ambrosio:
Deus, qui populo tuo aeternae salutis beatum Ambrosium ministrum tribuisti: praesta, quaesumus; ut, quem Doctorem vitae habuimus in terris, intercessorem habere mereamur in caelis. Per Dominum nostrum Iesum Christum, Filium tuum: qui tecum vivit et regnat in unitate Spiritus Sancti Deus, per omnia saecula saeculorum. Amen.
Oh Dios, que diste a tu pueblo al bienaventurado Ambrosio como ministro de la salvación eterna: concédenos, te rogamos, que merezcamos tener por intercesor en los cielos al que tuvimos en la tierra por doctor de la vida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en unidad del Espíritu Santo, Dios, por todos los siglos de los siglos. Amén.
La aplicación Iter Fidei incluye además una novena a san Ambrosio, que se reza del 29 de noviembre al 7 de diciembre por la fidelidad a la fe y la libertad de la Iglesia.
La oración de san Ambrosio antes de la Misa
En la preparación para la Misa, el Misal Romano propone a los sacerdotes una larga oración que empieza Summe Sacerdos et vere Pontifex y que la tradición puso bajo el nombre de san Ambrosio. Los estudiosos la consideran hoy obra de un autor medieval, probablemente Juan de Fécamp (siglo XI); no deja por eso de ser una de las grandes oraciones eucarísticas de la piedad latina.
Cuándo se celebra san Ambrosio
San Ambrosio no se celebra el día de su muerte, sino el 7 de diciembre, aniversario de su consagración episcopal, fecha en que lo honran también las Iglesias de Oriente. El 4 de abril cae siempre en Cuaresma o en el tiempo pascual. En el calendario de 1962 es una fiesta de III clase, con ornamentos blancos y conmemoración de la feria de Adviento; al día siguiente llega la gran fiesta de la Inmaculada Concepción. El calendario reformado de 1969 mantuvo su memoria en la misma fecha.
Con san Jerónimo, san Agustín y san Gregorio Magno, Ambrosio es uno de los cuatro grandes doctores de la Iglesia latina, cuyas fiestas Bonifacio VIII mandó celebrar con especial solemnidad en 1298. Es, con san Atanasio en Oriente, la gran figura de la resistencia católica al arrianismo, y uno de los grandes padres de la Iglesia entre los santos católicos.
Preguntas Frecuentes
¿Quién fue san Ambrosio en resumen?
Obispo de Milán de 374 a 397, padre y doctor de la Iglesia. Antiguo gobernador romano, fue aclamado obispo siendo catecúmeno, combatió el arrianismo, hizo frente a los emperadores, compuso himnos y bautizó a san Agustín.
¿Por qué san Ambrosio se celebra el 7 de diciembre?
Porque es el aniversario de su consagración como obispo, el 7 de diciembre de 374. Murió el 4 de abril de 397, fecha que cae siempre en Cuaresma o en el tiempo pascual.
¿Por qué san Ambrosio es santo y doctor de la Iglesia?
Por la santidad de su vida de pastor y por la autoridad de su doctrina. Es uno de los cuatro grandes doctores latinos, junto con san Jerónimo, san Agustín y san Gregorio Magno.
¿Qué relación tuvieron san Ambrosio y san Agustín?
Agustín, profesor de retórica en Milán, se convirtió escuchando sus sermones, y Ambrosio lo bautizó en la Pascua de 387.
¿Escribió san Ambrosio el Te Deum?
No. La leyenda de que lo compusieron él y san Agustín en el bautismo de este no tiene fundamento. Sí son suyos himnos como Aeterne rerum Conditor.
¿Qué dice san Ambrosio sobre la Iglesia?
Que «donde está Pedro, allí está la Iglesia», y que el emperador está dentro de la Iglesia, no por encima de ella.
¿De qué es patrono san Ambrosio?
De Milán y su Iglesia, y, por la leyenda de las abejas narrada por su biógrafo, de los apicultores.
La aplicación Iter Fidei trae el Misal y el Breviario de 1962, con la Misa de san Ambrosio, sus himnos en Laudes y la novena a san Ambrosio, en latín y en español. Únase al acceso anticipado aquí.
Fuentes. Misal Romano de 1962, fiesta de san Ambrosio, obispo, confesor y doctor de la Iglesia (7 de diciembre); Breviario Romano de 1962, himno Aeterne rerum Conditor; Alban Butler, Vidas de los santos (7 de diciembre).