Oraciones
Te Deum (A Ti, oh Dios, te alabamos)
El Te Deum —el gran himno de acción de gracias de la Iglesia— en español y en latín. Texto completo del Te Deum laudamus, su origen, cuándo se canta y qué significa cada estrofa.

El Te Deum —llamado así por sus dos primeras palabras latinas, Te Deum laudamus, "A Ti, oh Dios, te alabamos"— es el más solemne de los himnos de acción de gracias de la Iglesia. Cuando el corazón cristiano rebosa de gratitud, cuando se ha recibido una gran gracia, cuando termina un año o concluye una empresa bendecida por Dios, la Iglesia no improvisa palabras nuevas: entona el Te Deum. Es un torrente de alabanza que une el cielo y la tierra, los Ángeles y los hombres, los Apóstoles y los Mártires, en un solo coro que aclama a la Santísima Trinidad. Damos primero su texto íntegro, y después veremos de dónde nace y qué nos enseña.
El texto del Te Deum en español y en latín
He aquí el himno completo, en español y en el latín que canta la Iglesia desde hace más de quince siglos. Conviene leerlo despacio, pues está hecho para ser cantado, no recitado de prisa.
A Ti, oh Dios, alabamos:
a Ti, Señor, confesamos.
A Ti, eterno Padre,
toda la tierra venera.
A Ti todos los Ángeles,
los cielos y todas las potestades,
a Ti los Querubines y Serafines
con voz incesante proclaman:
Santo, Santo, Santo,
el Señor, Dios de los ejércitos.
Llenos están los cielos y la tierra
de la majestad de tu gloria.
A Ti el glorioso coro de los Apóstoles,
la falange digna de alabanza de los Profetas,
el ejército blanco de los Mártires te alaba.
A Ti, por toda la tierra,
la santa Iglesia te confiesa:
Padre de inmensa majestad;
a tu adorable,
verdadero y único Hijo;
y al Espíritu Santo consolador.
Tú eres el Rey de la gloria, oh Cristo.
Tú eres el Hijo eterno del Padre.
Tú, para liberar al hombre,
no rehusaste el seno de la Virgen.
Tú, vencido el aguijón de la muerte,
abriste a los creyentes el reino de los cielos.
Tú estás sentado a la diestra de Dios,
en la gloria del Padre.
Creemos que has de venir como Juez.
Te suplicamos, pues, socorre a tus siervos,
que con tu preciosa Sangre redimiste.
Haz que sean contados entre tus santos
en la gloria eterna.
Salva, Señor, a tu pueblo,
y bendice tu heredad.
Rígelos y enaltécelos
por toda la eternidad.
Día tras día te bendecimos,
y alabamos tu nombre por siempre,
por los siglos de los siglos.
Dígnate, Señor, en este día
guardarnos de todo pecado.
Ten misericordia de nosotros, Señor,
ten misericordia de nosotros.
Descienda, Señor, tu misericordia sobre nosotros,
según hemos esperado en Ti.
En Ti, Señor, he esperado:
no sea yo confundido eternamente.
Y en latín, tal como resuena en las iglesias y en los grandes días de la cristiandad:
Te Deum laudamus:
te Dominum confitemur.
Te aeternum Patrem,
omnis terra veneratur.
Tibi omnes Angeli,
tibi caeli et universae potestates:
Tibi Cherubim et Seraphim,
incessabili voce proclamant:
Sanctus, Sanctus, Sanctus,
Dominus Deus Sabaoth.
Pleni sunt caeli et terra
majestatis gloriae tuae.
Te gloriosus Apostolorum chorus,
Te Prophetarum laudabilis numerus,
Te Martyrum candidatus laudat exercitus.
Te per orbem terrarum
sancta confitetur Ecclesia:
Patrem immensae majestatis;
Venerandum tuum verum,
et unicum Filium;
Sanctum quoque Paraclitum Spiritum.
Tu Rex gloriae, Christe.
Tu Patris sempiternus es Filius.
Tu, ad liberandum suscepturus hominem,
non horruisti Virginis uterum.
Tu, devicto mortis aculeo,
aperuisti credentibus regna caelorum.
Tu ad dexteram Dei sedes,
in gloria Patris.
Judex crederis esse venturus.
Te ergo quaesumus, tuis famulis subveni,
quos pretioso sanguine redemisti.
Aeterna fac cum sanctis tuis
in gloria numerari.
Salvum fac populum tuum, Domine,
et benedic hereditati tuae.
Et rege eos, et extolle illos
usque in aeternum.
Per singulos dies benedicimus te;
Et laudamus nomen tuum in saeculum,
et in saeculum saeculi.
Dignare, Domine, die isto
sine peccato nos custodire.
Miserere nostri, Domine,
miserere nostri.
Fiat misericordia tua, Domine, super nos,
quemadmodum speravimus in te.
In te, Domine, speravi:
non confundar in aeternum.
La letra del Te Deum: por qué se canta así
La letra del Te Deum que acabamos de dar no es un poema de rima ni de metro regular, sino una sucesión de versículos breves, hechos para alternarse entre dos coros o entre el celebrante y el pueblo. De ahí que en el texto latino y en su traducción española aparezcan los versos cortados de ese modo: cada línea es un aliento, una aclamación. Quien quiera aprender la letra de memoria hará bien en fijarse en los tres bloques —alabanza, aclamación a Cristo y súplica—, pues siguiendo ese hilo el himno se retiene con facilidad. La melodía gregoriana tradicional, en tono solemne, acompaña esta letra desde hace siglos; existe también un tono más sencillo, llamado ferial, para el uso cotidiano.
El Te Deum como oración de acción de gracias
Aunque su lugar propio es el canto litúrgico, el Te Deum es también una hermosa oración privada de acción de gracias que cualquier fiel puede rezar. No hace falta saber cantarlo: basta recitarlo despacio, como se reza un salmo, cuando el alma quiere agradecer a Dios un favor recibido —la curación de un enfermo, el feliz término de un trabajo, una gracia recibida en la oración—. Conviene cerrarlo con los versículos y la oración que la Iglesia añade después del himno, y que reproducimos aquí, pues completan la oración del Te Deum:
V. Bendigamos al Padre, y al Hijo, con el Espíritu Santo.
R. Alabémoslo y ensalcémoslo por todos los siglos.
V. Bendito eres, Señor, en el firmamento del cielo.
R. Y digno de alabanza y glorioso por los siglos.
V. Señor, escucha mi oración.
R. Y llegue a Ti mi clamor.Oremos. Oh Dios, cuyas misericordias son innumerables y el tesoro de cuya bondad es infinito: te damos gracias por los beneficios recibidos, suplicando sin cesar a tu clemencia que, así como atiendes a quienes te piden lo que desean, no los abandones, sino que los dispongas para los premios futuros. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
El origen del Te Deum laudamus
La tradición atribuyó durante mucho tiempo el Te Deum a san Ambrosio y a san Agustín, que lo habrían entonado juntos, alternándose verso a verso, la noche del bautismo del segundo, en Milán, hacia el año 387. Por eso se le ha llamado también el himno ambrosiano. Hoy los estudiosos lo sitúan más bien a finales del siglo IV, y muchos lo relacionan con san Niceta de Remesiana. Sea quien fuere la mano que lo compuso, lo cierto es que desde muy antiguo la Iglesia latina lo cantó como uno de sus tesoros, y así ha llegado hasta nosotros sin alteración sustancial.
Lo que importa no es tanto la firma como el contenido. El Te Deum no es obra de un solo hombre: recoge la fe de toda la Iglesia, condensa el Credo en forma de alabanza y pone en la boca del pueblo cristiano las mismas aclamaciones que los Serafines dirigen a Dios ante su trono. Por eso se cuenta entre las grandes oraciones poderosas de la tradición, cuya fuerza no está en la fórmula sino en la fe con que se rezan.
La estructura del himno: tres movimientos
Quien lo lee con atención descubre que el Te Deum se mueve en tres tiempos.
Alabanza a la Santísima Trinidad
La primera parte es pura adoración. Toda la creación —la tierra, los cielos, los Ángeles, los Querubines y Serafines— aclama a Dios con el Sanctus, el mismo "Santo, Santo, Santo" que oyó el profeta Isaías y que cantamos en cada Santa Misa. Luego se nombra a las tres Personas: el Padre de inmensa majestad, el Hijo único y verdadero, y el Espíritu Santo consolador. Es una verdadera confesión de fe en la Santísima Trinidad, envuelta en gloria.
Aclamación a Cristo Redentor
El himno se vuelve entonces hacia el Hijo: "Tú eres el Rey de la gloria, oh Cristo." En pocos versos recorre todo el misterio de la Redención —la Encarnación en el seno de la Virgen, la victoria sobre la muerte, la apertura del cielo, la sesión a la diestra del Padre y el retorno como Juez—. Es, en miniatura, el mismo recorrido que confesamos en el Credo.
Súplica humilde y confiada
El tercer movimiento cambia de tono: de la alabanza pasa a la petición. "Socorre a tus siervos, que con tu preciosa Sangre redimiste." Aquí el himno se hace oración por la Iglesia, por el pueblo de Dios, por cada alma que desea perseverar sin pecado. Termina con un acto de esperanza tomado de los Salmos: "En Ti, Señor, he esperado: no sea yo confundido eternamente." Así, el Te Deum no nos deja en la pura emoción, sino que nos devuelve, humildes y confiados, a las manos de Dios.
Cuándo se canta el Te Deum
El Te Deum es por excelencia el himno de la acción de gracias solemne. La Iglesia lo canta:
- Al final del Oficio de Maitines los domingos y fiestas, dentro del rezo del Oficio Divino, salvo en tiempos de penitencia como la Cuaresma.
- En las grandes solemnidades del año litúrgico, señaladamente en la noche de Navidad y en la Vigilia de Pascua.
- En la elección de un Papa, en la consagración de obispos, en la canonización de un santo.
- Como acción de gracias por un beneficio recibido: el fin de una guerra, una victoria, el aniversario de un acontecimiento dichoso, el cierre del año civil.
Existe la piadosa costumbre, además, de cantar o rezar el Te Deum la última noche del año, para dar gracias a Dios por todos los bienes recibidos en los doce meses pasados. La Iglesia concede indulgencia a quienes así lo hacen.
Preguntas Frecuentes
¿Qué significa Te Deum?
Te Deum laudamus significa en latín "A Ti, oh Dios, te alabamos". Son las dos primeras palabras del himno, y de ellas toma su nombre, como ocurre con tantas oraciones latinas. Es, ante todo, un canto de alabanza y de acción de gracias a Dios.
¿Quién escribió el Te Deum?
La tradición lo atribuyó a san Ambrosio y san Agustín, por lo que se le llamó "himno ambrosiano". Los estudios modernos lo sitúan a finales del siglo IV y muchos lo vinculan a san Niceta de Remesiana. En todo caso, es un himno antiquísimo que la Iglesia ha cantado sin interrupción durante más de mil quinientos años.
¿Cuándo se canta el Te Deum?
Se canta en acción de gracias solemne: al final de los Maitines de los domingos y fiestas, en las grandes solemnidades como Navidad y Pascua, en la elección de un Papa, y siempre que se quiere dar gracias a Dios por un beneficio importante. Es costumbre cantarlo también la última noche del año.
¿Es lo mismo el Te Deum que el Gloria?
No, aunque ambos son grandes himnos de alabanza. El Gloria de la Misa y el Te Deum comparten el espíritu de la doxología, pero son textos distintos. El Te Deum es más largo, recorre toda la fe trinitaria y termina en súplica, y se reserva a la acción de gracias solemne fuera de la Misa.
¿Dónde encontrar la letra completa del Te Deum?
La letra completa del Te Deum, en español y en latín, se encuentra al comienzo de este artículo. Es un himno de unos treinta versículos breves dividido en tres partes: alabanza a la Trinidad, aclamación a Cristo Redentor y súplica final. Se reza o se canta entero, sin omitir versos.
¿Cómo se reza el Te Deum en español?
Se reza recitando despacio el himno, de principio a fin, en actitud de acción de gracias. Si se desea seguir la costumbre de la Iglesia, conviene añadir al final los versículos y la oración "Oh Dios, cuyas misericordias son innumerables…", que cierran la oración del Te Deum.
¿Hay indulgencia por rezar el Te Deum?
Sí. La Iglesia ha concedido indulgencia a quienes recitan o cantan el Te Deum en acción de gracias, de modo particular el 31 de diciembre, último día del año, para agradecer a Dios los beneficios recibidos.
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Sources. Texto litúrgico del Te Deum según el Breviario Romano (forma tradicional); versión española cotejada con la tradición hispana. Citas bíblicas según la versión de Torres-Amat. Atribución histórica según la tradición ambrosiana y los estudios sobre san Niceta de Remesiana.