La Fe
El Credo: Símbolo de los Apóstoles
El Credo o Símbolo de los Apóstoles es el resumen de toda la fe católica en doce artículos. Aquí lo tienen en español y en latín, con una breve explicación de cada artículo según el Catecismo de San Pío X.

El Credo —en latín, Credo, "creo"— es el resumen breve y completo de todo lo que un católico debe creer. Lo llamamos también el Símbolo de los Apóstoles, porque la antigua tradición de la Iglesia lo atribuye a los doce, que antes de dispersarse por el mundo habrían fijado en doce artículos la fe que iban a predicar. No es una oración como las demás: es la bandera de los cristianos, la contraseña por la que nos reconocemos hijos de una misma Madre.
Aquí lo tienen entero, en español y en latín, con una breve explicación de cada artículo tomada del Catecismo de San Pío X.
El Símbolo de los Apóstoles
Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor; que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen; padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos; subió a los cielos y está sentado a la diestra de Dios, Padre todopoderoso; desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.
Credo in Deum, Patrem omnipoténtem, Creatórem cæli et terræ. Et in Iesum Christum, Fílium eius únicum, Dóminum nostrum; qui concéptus est de Spíritu Sancto, natus ex María Vírgine; passus sub Póntio Piláto, crucifíxus, mórtuus, et sepúltus; descéndit ad ínferos, tértia die resurréxit a mórtuis; ascéndit ad cælos, sedet ad déxteram Dei Patris omnipoténtis; inde ventúrus est iudicáre vivos et mórtuos. Credo in Spíritum Sanctum, sanctam Ecclésiam cathólicam, sanctórum communiónem, remissiónem peccatórum, carnis resurrectiónem, vitam ætérnam. Amen.
Los doce artículos, uno por uno
El Catecismo de San Pío X divide el Símbolo en doce artículos. Repasémoslos brevemente.
1. Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Confesamos un solo Dios, que todo lo puede y que ha sacado de la nada cuanto existe. La Escritura abre con esta misma verdad:
En el principio crió Dios el cielo y la tierra. (Génesis 1, 1)
Y el salmista canta que toda la creación nace de su sola palabra:
Por la palabra del Señor se fundaron los cielos, y por el espíritu de su boca se formó todo su concierto y belleza. (Salmo 32, 6 — Vulgata; corresponde al Salmo 33, 6 del hebreo)
2. Y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor. El Hijo es Dios como el Padre, engendrado por Él desde toda la eternidad, no creado. Cuando Santo Tomás lo toca resucitado, lo confiesa sin rodeos:
Respondió Thomás, y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío! (Juan 20, 28)
3. Que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen. El Hijo de Dios se hizo verdadero hombre en el seno de la Virgen, sin obra de varón:
El Ángel en respuesta le dijo: El Espíritu Santo descenderá sobre ti, y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por cuya causa el fruto santo que de ti nacerá, será llamado Hijo de Dios. (Lucas 1, 35)
4. Padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado. Cristo sufrió y murió realmente, en un tiempo y un lugar concretos —bajo un gobernador que la historia conoce— para redimirnos del pecado.
5. Descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos. Su alma santísima bajó al "seno de Abrahán", donde esperaban los justos, para llevarlos consigo; y al tercer día venció a la muerte resucitando con su propio poder.
6. Subió a los cielos y está sentado a la diestra de Dios, Padre todopoderoso. Cuarenta días después de la Resurrección, Cristo ascendió en cuerpo y alma al cielo, donde reina como Dios y como hombre.
7. Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos. Al fin del mundo volverá glorioso para juzgar a todos los hombres. Los ángeles lo prometieron a los apóstoles el mismo día de la Ascensión:
Este Jesús, que separándose de vosotros se ha subido al cielo, vendrá de la misma suerte que le acabáis de ver subir allá. (Hechos 1, 11)
8. Creo en el Espíritu Santo. La tercera Persona de la Santísima Trinidad, Dios como el Padre y el Hijo, que procede de ambos y santifica las almas con sus dones y sus frutos. San Juan resume el misterio de un solo Dios en tres Personas:
Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son una misma cosa. (1 Juan 5, 7)
9. La santa Iglesia católica, la comunión de los santos. Creemos en la única Iglesia fundada por Cristo —una, santa, católica y apostólica— y en la unión de bienes espirituales entre los fieles de la tierra, las almas del purgatorio y los santos del cielo.
10. El perdón de los pecados. En la Iglesia, por los sacramentos del Bautismo y de la Penitencia, Dios borra verdaderamente los pecados.
11. La resurrección de la carne. En el último día, todos los hombres resucitarán con su propio cuerpo, para no morir jamás.
12. Y la vida eterna. Amén. La eterna bienaventuranza del cielo, que consiste en ver y amar a Dios para siempre. El "Amén" final significa: así es, y así lo creo firmemente.
Cómo y cuándo rezamos el Credo
El Credo se reza al comienzo del Santo Rosario, después de la señal de la cruz, y abre las oraciones de la mañana. En la Misa solemne se canta una fórmula más extensa, el Símbolo niceno-constantinopolitano. Pero el Símbolo de los Apóstoles es el más antiguo y el más breve: el primero que aprende un niño y el último que murmura un moribundo. San Pedro de Verona, el fraile dominico asesinado por los herejes en 1252, murió, dice el Breviario, pronunciando el símbolo de la fe. Conviene saberlo de memoria, en español y en latín.
La oración del Credo católico completo
Cuando se busca el Credo católico completo, conviene saber que existen dos fórmulas legítimas, ambas verdaderas profesiones de fe de la Iglesia:
- El Símbolo de los Apóstoles —el que hemos transcrito arriba, en doce artículos—, el más antiguo y breve, propio del Bautismo, del Rosario y de las oraciones de la mañana.
- El Símbolo niceno-constantinopolitano, más extenso, fijado por los Concilios de Nicea (325) y Constantinopla (381) contra las herejías sobre la divinidad de Cristo y del Espíritu Santo. Es el que se canta en la Santa Misa solemne, después del Evangelio y de la homilía.
Las dos dicen la misma fe: el niceno desarrolla con mayor precisión lo que el de los Apóstoles confiesa con sencillez. Quien reza el Símbolo de los Apóstoles tiene ya el Credo entero de un católico; quien quiere el texto que se canta en Misa, busca el niceno. Para el uso diario y el Rosario basta y sobra la fórmula breve de los doce artículos. La Iglesia latina conserva además una tercera profesión de fe, más larga y doctrinal, que se reza en el Oficio divino: el Símbolo atanasiano o Quicumque, que lleva el nombre de san Atanasio, el gran defensor de la fe de Nicea.
El Credo para niños: cómo enseñarlo
El Credo es, según la antigua costumbre, la primera oración que un niño aprende de memoria, junto con la Señal de la Cruz, el Padre Nuestro y el Ave María. El Catecismo de San Pío X lo cuenta entre las cuatro oraciones que todo cristiano debe saber.
Para enseñarlo a los más pequeños, la Tradición aconseja unos pasos sencillos:
- Decirlo entero, sin trocearlo, cada noche con el niño, hasta que la fórmula se grabe por repetición. No es necesario que entienda al principio todas las palabras: primero se aprende, después se explica.
- Explicar un artículo cada día. Como son doce, en doce días el niño habrá oído el sentido de todo el Credo. Conviene partir de la división del Catecismo de San Pío X que damos más arriba.
- Unirlo al gesto del Rosario. Al rezar el Credo sobre el crucifijo de la corona, el niño asocia las palabras con un objeto y una acción, y las recuerda mejor.
Enseñar el Credo no es solo hacer memorizar un texto: es entregar al niño la fe entera en doce frases que le acompañarán toda la vida —y, Dios mediante, a la hora de la muerte.
"Credo a la Santa Muerte": por qué no existe en la Iglesia católica
Circula por internet una supuesta "oración del credo a la Santa Muerte". Es necesario decirlo con claridad y caridad: no es una oración católica, y la Iglesia la rechaza. El llamado culto a la "Santa Muerte" no forma parte de la fe católica ni del santoral; la "Santa Muerte" no es una santa, no figura en ningún martirologio ni ha sido nunca reconocida ni canonizada por la Iglesia.
El Credo católico —el que hemos rezado en este artículo— comienza precisamente confesando lo contrario de toda superstición: "Creo en Dios, Padre todopoderoso". Su último artículo no proclama un poder de la muerte, sino su derrota: "Creo en… la resurrección de la carne y la vida eterna." Para el cristiano, la muerte no es una potencia a la que rezar, sino el enemigo ya vencido por Cristo resucitado:
El postrer enemigo que será destruido, es la muerte. (1 Corintios 15, 26)
El Catecismo de San Pío X enseña que el primer Mandamiento prohíbe dar culto a cualquier criatura o entidad fuera del único Dios verdadero, y que la superstición —rendir a las criaturas el honor debido solo a Dios— es pecado grave contra la fe. Quien busca protección y consuelo ante la muerte no necesita ninguna devoción ajena a la Iglesia: tiene el Credo, el Rosario, la intercesión de la Santísima Virgen y de los verdaderos santos, y los sacramentos. No hay, pues, ningún "credo a la Santa Muerte" que un católico pueda rezar: hay un solo Credo, el de los Apóstoles, que confiesa al Dios vivo y la victoria sobre la muerte.
Preguntas Frecuentes
¿Cuántos artículos tiene el Credo?
El Símbolo de los Apóstoles consta de doce artículos, que la tradición atribuye a los doce Apóstoles. Los primeros tratan de Dios Padre y de la creación; los siguientes, de Jesucristo, su Hijo —su encarnación, pasión, muerte, resurrección y venida gloriosa—; y los últimos, del Espíritu Santo, la Iglesia, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna.
¿Quién fue Poncio Pilato?
Poncio Pilato fue el gobernador romano de Judea que condenó a Jesucristo a la cruz, aun confesándolo inocente. El Credo lo nombra —"padeció bajo el poder de Poncio Pilato"— para anclar la Pasión de Cristo en la historia real: no es un mito, sino un hecho ocurrido en un tiempo y bajo una autoridad que la historia conoce.
¿Qué es la comunión de los santos?
Es la unión de todos los miembros de la Iglesia en una sola familia: los fieles de la tierra, las almas que se purifican en el purgatorio y los santos del cielo. Por ella participamos unos de los bienes espirituales de los otros —oraciones, méritos y sacrificios—, de modo que ningún cristiano se salva solo, sino sostenido por todo el Cuerpo de Cristo.
¿Cuándo se reza el Credo?
El Credo abre las oraciones de la mañana y se reza al comienzo del Santo Rosario, sobre el crucifijo de la corona, antes del primer Padre Nuestro. En la Santa Misa solemne se canta una fórmula más extensa, el Símbolo niceno-constantinopolitano. El Credo no es propiamente una petición, sino una profesión de fe: antes de pedir, el cristiano declara en quién cree, y por eso encabeza tantas devociones, como el Padre Nuestro y el Ave María.
¿Quién escribió el Credo?
La tradición lo atribuye a los doce Apóstoles, que antes de separarse habrían compuesto este resumen de la fe —de ahí el nombre de "Símbolo de los Apóstoles". Su forma fue fijándose en los primeros siglos como la profesión bautismal de la Iglesia de Roma. No tiene un único autor humano: es la voz de toda la Iglesia apostólica.
¿Cuál es el Credo católico completo?
Hay dos fórmulas legítimas del Credo, y ambas son completas. El Símbolo de los Apóstoles, en doce artículos, es el más breve y antiguo: es el que se reza en el Rosario y en las oraciones de la mañana. El Símbolo niceno-constantinopolitano es más extenso y es el que se canta en la Santa Misa solemne. Las dos confiesan la misma fe; para el uso diario basta el Símbolo de los Apóstoles que damos íntegro en este artículo.
¿Es el Credo una oración católica?
Sí. El Credo es, junto con el Padre Nuestro, el Ave María y la Señal de la Cruz, una de las oraciones fundamentales que todo católico debe saber de memoria. Pero no es una petición como las demás: es una profesión de fe, la declaración solemne de todo lo que la Iglesia cree. Por eso encabeza el Rosario y las devociones: antes de pedir, el cristiano confiesa en quién cree.
¿Cómo enseñar el Credo a los niños?
Conviene hacerlo rezar entero cada noche, hasta que lo aprenda por repetición, y explicarle después un artículo cada día siguiendo la división del Catecismo de San Pío X. Unirlo al gesto del Rosario —rezándolo sobre el crucifijo de la corona— ayuda al niño a recordarlo. Es, por tradición, la primera oración que aprende un cristiano.
¿Existe un "credo a la Santa Muerte"?
No. El llamado culto a la "Santa Muerte" no es católico y la Iglesia lo rechaza: no es una santa reconocida ni figura en el santoral. El Credo católico confiesa lo contrario de toda superstición —"Creo en Dios, Padre todopoderoso"— y proclama la victoria sobre la muerte: "Creo en… la resurrección de la carne y la vida eterna." Dar culto a la muerte es un pecado grave contra el primer Mandamiento. Hay un solo Credo, el de los Apóstoles.
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Fuentes. Símbolo de los Apóstoles (texto litúrgico tradicional, español y latín); Catecismo de la Doctrina Cristiana de San Pío X (división y explicación de los doce artículos); Sagrada Escritura según la versión de Félix Torres Amat. Para los Salmos se ha seguido la numeración de la Vulgata, indicando la correspondencia con el texto hebreo.