Año litúrgico
El Adviento: la preparación para la Navidad
Qué es el Adviento, cuándo empieza y cuántas semanas dura, qué significa el tiempo morado y cómo vivir esta preparación para la Navidad según la tradición de la Iglesia y Dom Guéranger.

El Adviento abre cada año el calendario de la Iglesia. Es un tiempo de espera y de preparación, las cuatro semanas en que aguardamos la venida del Señor: su Nacimiento en Belén, que celebraremos en Navidad, y su retorno glorioso al fin de los tiempos. La palabra misma viene del latín adventus, «venida». Con él comienza el camino de fe que recorreremos a lo largo de todo el año.
Qué es el Adviento y cuándo empieza
El Adviento es el tiempo litúrgico que precede a la Navidad y con el que se inaugura el año litúrgico. Comienza el primer Domingo de Adviento —el más cercano a la fiesta de san Andrés apóstol, el 30 de noviembre— y se extiende hasta la Vigilia de Navidad, el 24 de diciembre.
Como recuerda el beato cardenal Schuster, «a diferencia de los antiguos sacramentarios, en los que el año comenzaba con la fiesta de Navidad, el Misal Romano inicia hoy su ciclo litúrgico», porque «la Encarnación del Verbo de Dios es el verdadero punto central, el milliarium aureum, que divide el largo curso de las edades de la humanidad».
Desde la época de san Gregorio Magno (siglo VI) la Iglesia Romana reserva cuatro semanas para el Adviento. Este tiempo de preparación no nació de una vez: los primeros testimonios, en la Galia y en España, se remontan a los siglos V y VI, con duraciones diversas, antes de que la forma romana de cuatro domingos se extendiera a toda la cristiandad latina.
El significado del Adviento
El significado del Adviento está contenido en su propio nombre: del latín adventus, «venida» o «llegada». Es la palabra con que el mundo antiguo anunciaba la llegada de un soberano. Aplicada a la liturgia, designa la venida del verdadero Rey, Cristo. De ahí que el Adviento tenga un sentido doble que conviene no perder de vista: recuerda la espera del pueblo de Israel, que durante siglos aguardó al Mesías prometido, y nos prepara a nosotros para acoger a ese mismo Salvador, tanto en el misterio de su Nacimiento que celebramos en Navidad como en su retorno glorioso al final de los tiempos. Vivir el Adviento es, pues, hacer nuestra esa larga espera y enderezar el alma para recibir al que viene.
Las cuatro semanas del Adviento
El Adviento se distribuye en cuatro Domingos, cada uno con su propio carácter. La Iglesia nos hace recorrer un único movimiento: el de la humanidad que espera a su Redentor, y el de Dios que viene a su encuentro. Dom Pius Parsch lo expresa con una imagen luminosa: en estas semanas «es como si Dios y el hombre caminaran al encuentro uno del otro».
A lo largo de estas cuatro semanas, la liturgia toma sus lecturas sobre todo del profeta Isaías, llamado «el príncipe de los profetas y el evangelista del Antiguo Testamento, porque es quien más claramente describe al Redentor y mejor expresa el anhelo de redención de la humanidad». Cada Domingo nos acerca un paso más a la Cuna de Belén.
El tercer Domingo recibe un nombre propio: Domingo Gaudete («Alegraos»), por las primeras palabras de su Introito. En él la Iglesia suaviza la austeridad del tiempo y deja entrever ya la alegría de la Navidad cercana: el sacerdote puede revestirse de color rosado, y vuelven al altar las flores y el órgano.
El primer Domingo de Adviento: cuándo cae cada año
El primer Domingo de Adviento es el que cae más cerca de la fiesta de San Andrés (30 de noviembre): siempre entre el 27 de noviembre y el 3 de diciembre. Como la fecha varía según el calendario de cada año, conviene tenerla a mano para preparar la corona y el pesebre. Estas son las fechas de los años recientes y próximos:
- Primer Domingo de Adviento 2021: 28 de noviembre de 2021.
- Primer Domingo de Adviento 2022: 27 de noviembre de 2022.
- Primer Domingo de Adviento 2023: 3 de diciembre de 2023.
- Primer Domingo de Adviento 2024: 1 de diciembre de 2024.
- Primer Domingo de Adviento 2025: 30 de noviembre de 2025.
- Primer Domingo de Adviento 2026: 29 de noviembre de 2026.
A partir de esa fecha se cuentan los cuatro Domingos hasta la Vigilia de Navidad. El cuarto Domingo puede caer muy cerca del 24 de diciembre, e incluso coincidir con él; en ese caso el Adviento se acorta en su última semana.
El sentido del Adviento: esperar al Señor
El Adviento no es solo una cuenta atrás hacia la Navidad. Es un tiempo espiritual con un doble sentido. Por un lado, nos prepara para celebrar el Nacimiento de Cristo, la primera venida del Verbo hecho carne. Por otro, nos dispone para su segunda venida al final de los tiempos, cuando vendrá como Juez y Rey.
Por eso este tiempo une el recogimiento con la esperanza. Dom Guéranger señala que la Iglesia recomienza el sagrado Ciclo «bajo los auspicios de María», pues la primera Estación del año se celebra en Santa María la Mayor, la Basílica que en Roma guarda la memoria de la Cuna de Belén: «Ningún lugar podría ser más adecuado para saludar la proximidad del Nacimiento divino, que ha de alegrar el cielo y la tierra y manifestar el sublime prodigio de una Virgen Madre».
Conviene notar el espíritu propio de este tiempo. Dom Guéranger lo distingue de la Cuaresma: aunque el Adviento es tiempo de penitencia, «el espíritu de esta Liturgia es de santo entusiasmo y ardiente anhelo por la venida del Verbo de Dios». No es una espera triste, sino vigilante y gozosa.
La liturgia del Adviento en el Misal de 1962
Quien sigue la Misa tradicional reconoce el Adviento por sus textos, que no cambian de un año a otro. Cada Domingo tiene su Introito, y de él toma a menudo su nombre:
- I Domingo — Ad te levavi: «A ti, Señor, levanto mi alma; Dios mío, en ti confío» (Salmo 24). Su colecta comienza Excita, quaesumus, Domine, potentiam tuam, et veni: «Despierta, Señor, tu poder, y ven».
- II Domingo — Populus Sion: «Pueblo de Sion, he aquí que el Señor vendrá a salvar a las naciones» (Isaías 30).
- III Domingo — Gaudete: «Alegraos siempre en el Señor; otra vez os digo: alegraos» (Filipenses 4).
- IV Domingo — Rorate caeli: «Derramad, cielos, vuestro rocío desde lo alto, y las nubes lluevan al Justo; ábrase la tierra y brote el Salvador» (Isaías 45, 8).
Después del tercer Domingo llegan las Témporas de Adviento: el miércoles, el viernes y el sábado de esa semana, días de penitencia, de ayuno y de oración en la disciplina tradicional de la Iglesia, como también la Vigilia de Navidad. La Misa del miércoles es la llamada Misa de la Anunciación o Missa aurea, con el Evangelio del anuncio del ángel a María. En 2026 las Témporas caen el 16, 18 y 19 de diciembre.
En los días feriales, donde la costumbre lo permite, se celebra también la Misa votiva de la Virgen en Adviento, que empieza con el mismo Rorate caeli: por eso se la llama Misa Rorate. La costumbre de celebrarla antes del alba, a la luz de las velas, se conserva en muchos lugares, y es una de las imágenes más bellas del Adviento.
Por último, del 17 al 23 de diciembre la Iglesia canta en las Vísperas, antes del Magníficat, las siete antífonas «O» (O Sapientia, O Adonai, O Radix Iesse, O Clavis David, O Oriens, O Rex gentium, O Emmanuel), que invocan al Mesías con sus títulos bíblicos y que el himno «Oh ven, oh ven, Emmanuel» resume en sus estrofas. En España este tiempo tiene además una fiesta propia: el 18 de diciembre, la Expectación del Parto de la Santísima Virgen, que el X Concilio de Toledo (656) fijó en esa fecha y que el pueblo llama «Nuestra Señora de la O», por esas mismas antífonas.
El tiempo morado: el color del Adviento
Durante el Adviento la Iglesia se viste de morado. Es el color de la penitencia y de la preparación interior, el mismo que se usa en la Cuaresma. El morado nos invita a entrar en nosotros mismos, a enderezar el camino del alma para recibir al que viene.
Junto al color, la liturgia del Adviento adopta otros signos de sobriedad: se omite el Gloria en la Misa del tiempo, el altar no se adorna con flores y el órgano calla, salvo para sostener el canto. Todo en este tiempo habla de una espera atenta, de un silencio que se prepara para acoger la Palabra. Solo el Domingo Gaudete rompe brevemente esa austeridad con el color rosado, anuncio de la alegría inminente.
Este uso del morado es uno de los rasgos que más fácilmente reconocen los fieles: cuando el sacerdote aparece revestido de este color al comenzar el año, sabemos que el Adviento ha llegado y que la Navidad se acerca.
La corona de Adviento: una luz que crece
Entre las costumbres más queridas de este tiempo está la corona de Adviento. Es una corona de ramas verdes —signo de la vida y de la esperanza— sobre la que se disponen cuatro velas, una por cada Domingo del Adviento. Tres son de color morado y la cuarta, la del Domingo Gaudete, suele ser rosada, en armonía con la liturgia.
Cada Domingo se enciende una vela más, de modo que la luz va creciendo a medida que se acerca la Navidad. Así, la corona se convierte en una catequesis viva dentro del hogar: la oscuridad del invierno cede paso a la luz, anuncio de Aquel que es «la luz del mundo».
Muchas familias la hacen bendecir al comienzo del Adviento y la acompañan con una breve oración cada Domingo. Conviene saber que el Ritual Romano de 1962 no trae una bendición propia para la corona —las que hoy circulan son posteriores, como el Bendicional de los años ochenta—; el sacerdote puede bendecirla con la bendición general para cualquier cosa (Benedictio ad omnia) del Ritual. Si desean preparar la suya y aprender a rezarla en familia, hemos dedicado una guía completa a la corona de Adviento.
El significado de la corona de Adviento
El significado de la corona de Adviento es, ante todo, catequético: cada uno de sus elementos enseña una verdad de la fe. La forma circular, sin principio ni fin, recuerda la eternidad de Dios y el amor que no se acaba. Las ramas verdes, que se mantienen vivas en pleno invierno, hablan de la esperanza y de la vida que no muere. Las cuatro velas marcan las cuatro semanas de espera, y la luz que crece de Domingo en Domingo anuncia a Cristo, «la luz que ilumina a todo hombre que viene a este mundo». Así, la corona no es un mero adorno, sino un signo que predica en silencio dentro del hogar.
Los colores de las velas de Adviento
Los colores de las velas de Adviento siguen los de la liturgia. Lo tradicional es disponer tres velas moradas y una rosada:
- Las tres velas moradas corresponden al primer, segundo y cuarto Domingo. El morado es el color de la penitencia y de la preparación, el mismo que viste la Iglesia durante todo el Adviento.
- La vela rosada se enciende el tercer Domingo, el Domingo Gaudete, en el que la liturgia permite el color rosado como anuncio de la alegría de la Navidad cercana.
Algunas familias añaden en el centro una vela blanca, que se enciende en la noche de Navidad para representar a Cristo ya nacido; es una costumbre piadosa, no exigida por la liturgia. Conviene saber que la corona de Adviento es una costumbre reciente: nació en 1839 en Hamburgo, en el ámbito luterano, con el pastor Johann Hinrich Wichern, y no entró en las iglesias católicas alemanas hasta los años veinte del siglo pasado (Colonia, 1925). Los colores morado y rosa son una adaptación católica a la liturgia romana. Bella y provechosa, pero sin la antigüedad de los usos litúrgicos.
Cómo hacer una corona de Adviento
Para hacer una corona de Adviento en casa basta con materiales sencillos:
- La base. Una corona de ramas verdes —pino, abeto, ciprés o laurel— montada sobre un aro de mimbre, alambre o espuma floral. Si se prefiere, sirve también una base de ramas artificiales que pueda guardarse de un año a otro.
- Las cuatro velas. Tres moradas y una rosada, repartidas de forma equidistante sobre la corona. Conviene fijarlas bien para evitar que la llama alcance las ramas.
- El adorno. Pueden añadirse piñas, lazos morados o algunas bayas, sin recargar el conjunto: la sobriedad conviene al espíritu del tiempo.
- La bendición. Antes de encender la primera vela, se puede pedir al sacerdote que la bendiga con la bendición general del Ritual; en casa, el padre de familia puede empezar con una oración de la liturgia del día, como la colecta del primer Domingo. A partir de ahí se enciende una vela cada Domingo.
No hace falta una corona costosa: lo importante es que sea ocasión de oración en familia. En nuestra guía de la corona de Adviento ofrecemos las oraciones para cada uno de los cuatro Domingos.
Dibujar la corona de Adviento con los niños
Muchas familias buscan un dibujo de la corona de Adviento para explicarla a los niños o para colorearla en casa. El esquema es siempre el mismo y fácil de reconocer: un círculo de ramas verdes con cuatro velas repartidas —tres moradas y una rosada— y, a menudo, una vela blanca en el centro. Dibujar la corona y colorear cada Domingo la vela encendida es una forma sencilla de catequesis para los más pequeños: así aprenden, semana a semana, que la luz crece a medida que se acerca la Navidad.
Coronas de Adviento elegantes y sobrias
Hoy se ven coronas de Adviento elegantes de muy diversos estilos. La elegancia no está reñida con el espíritu del Adviento, siempre que no eclipse su sentido: una corona hermosa pero sobria —ramas verdes naturales, velas de buena hechura, un lazo discreto— honra el tiempo litúrgico mejor que un adorno recargado. Conviene recordar que la corona es un signo de oración, no un objeto decorativo más entre las luces de la temporada. La belleza, cuando sirve para elevar el alma, es plenamente cristiana.
El calendario de Adviento: un camino día a día
El calendario de Adviento es otra costumbre muy extendida para contar los días que faltan hasta la Navidad. En su origen es una práctica devota: un calendario con una casilla o ventana para cada día, que se abre desde el comienzo de diciembre hasta el 24, descubriendo una imagen, un pasaje de la Escritura o una pequeña oración.
Vale la pena distinguir el calendario en su sentido cristiano de los muchos calendarios comerciales que hoy llevan el mismo nombre y que poco tienen que ver con la espera del Salvador. El calendario de Adviento más fecundo es el que ayuda a rezar: cada día, una breve lectura del profeta Isaías, una jaculatoria o un propósito de caridad. Así, lejos de ser una simple cuenta atrás, se convierte en un verdadero itinerario espiritual que dispone el corazón para la Navidad.
Para las familias con niños es un instrumento sencillo de catequesis: puede prepararse en casa con sobres o estampas, asociando a cada día un misterio de la venida del Señor. Lo esencial es que el calendario no sustituya la oración, sino que la suscite.
Cómo vivir el Adviento en familia
El Adviento es un tiempo propicio para la vida de fe del hogar. Además de la corona, la tradición ofrece muchos modos de vivirlo: la lectura de los profetas, en particular de Isaías; la oración nocturna, que la Iglesia eleva en estas «noches del Adviento, las más largas del año»; y la preparación del pesebre, que se monta poco a poco hasta la noche de Navidad y que la piedad tradicional conserva luego hasta la Candelaria, cuarenta días después.
También es tiempo de penitencia y de caridad. Conviene acercarse a la Confesión para preparar el alma, multiplicar las obras de misericordia y guardar el ayuno y la abstinencia de las Témporas, añadiendo alguna mortificación voluntaria. Antes del 8 de diciembre se reza la novena a la Inmaculada Concepción; la novena a Santa Lucía termina el 13, que en 2026 coincide con el Domingo Gaudete; y en los nueve últimos días, del 16 al 24 de diciembre, muchas familias, sobre todo en Hispanoamérica, rezan la novena de Aguinaldos. Quien así lo vive llega a la Navidad con el corazón dispuesto, como María, que «viene a nuestro encuentro, preparando la cuna para su Hijo».
Preguntas Frecuentes
¿Qué es el Adviento?
El Adviento es el tiempo litúrgico de cuatro semanas con el que comienza el año de la Iglesia. Es un tiempo de espera y preparación para la Navidad, que conmemora la venida de Cristo: su Nacimiento en Belén y su retorno glorioso al fin de los tiempos.
¿Cuándo empieza el Adviento?
El Adviento empieza el primer Domingo de Adviento, el más cercano al 30 de noviembre, fiesta de San Andrés. Se extiende durante cuatro Domingos hasta la Vigilia de Navidad, el 24 de diciembre.
¿Cuántas semanas dura el Adviento?
El Adviento dura cuatro semanas, marcadas por sus cuatro Domingos. Durante siglos la Iglesia Romana ha reservado este tiempo de cuatro semanas para preparar la Navidad.
¿Por qué el color del Adviento es el morado?
El morado es el color de la penitencia y de la preparación interior. La Iglesia lo viste durante el Adviento para invitarnos a enderezar el camino del alma antes de la Navidad. La única excepción es el Domingo Gaudete, en que puede usarse el rosado como anuncio de la alegría cercana.
¿Qué es la corona de Adviento y cuándo se pone?
La corona de Adviento es una corona de ramas verdes con cuatro velas, una por cada Domingo. Se pone al comienzo del Adviento, antes del primer Domingo —muchas familias la hacen bendecir entonces—, y cada semana se enciende una vela más, de modo que la luz crece hasta la Navidad.
¿Cómo se reza la corona de Adviento?
Cada Domingo, antes o después de encender la vela correspondiente, la familia reza una breve oración propia del Adviento y puede leer un pasaje del profeta Isaías. Pueden encontrar las oraciones para cada Domingo en nuestra guía sobre la corona de Adviento.
¿Cuál es el significado del Adviento?
El significado del Adviento viene de la palabra latina adventus, «venida». Designa la venida de Cristo y tiene un doble sentido: recuerda la larga espera del pueblo de Israel antes de la primera venida del Salvador, su Nacimiento en Belén, y nos prepara para su segunda venida al fin de los tiempos. Vivirlo es hacer nuestra esa espera y disponer el alma para recibir al Señor.
¿Qué significa la corona de Adviento?
La corona de Adviento es un signo lleno de sentido. Su forma circular recuerda la eternidad de Dios; las ramas verdes, la esperanza y la vida; las cuatro velas, las cuatro semanas de espera; y la luz que crece cada Domingo anuncia a Cristo, luz del mundo. No es un simple adorno, sino una catequesis viva dentro del hogar.
¿Qué colores tienen las velas de Adviento?
La corona lleva tradicionalmente cuatro velas: tres moradas y una rosada. Las tres moradas corresponden al primer, segundo y cuarto Domingo, y el morado es el color de la penitencia. La vela rosada se enciende el tercer Domingo, el Domingo Gaudete, como anuncio de la alegría de la Navidad. Algunas familias añaden una vela blanca en el centro para encenderla en Navidad.
¿Cómo se hace una corona de Adviento?
Se monta una corona de ramas verdes sobre un aro de mimbre, alambre o espuma floral; se colocan en ella cuatro velas equidistantes (tres moradas y una rosada); se adorna con sobriedad —piñas, lazos o bayas— y, si se puede, se hace bendecir antes de encender la primera vela. No hace falta que sea costosa: lo importante es que sea ocasión de oración en familia.
¿Cuándo es el primer Domingo de Adviento?
El primer Domingo de Adviento es el más cercano a la fiesta de San Andrés (30 de noviembre) y cae siempre entre el 27 de noviembre y el 3 de diciembre. En 2024 fue el 1 de diciembre; en 2025, el 30 de noviembre; y en 2026 será el 29 de noviembre. A partir de esa fecha se cuentan los cuatro Domingos hasta la Vigilia de Navidad.
¿Qué es un calendario de Adviento en sentido cristiano?
En su origen, el calendario de Adviento es una práctica devota: un calendario con una casilla para cada día de diciembre hasta el 24, que descubre una imagen, un pasaje de la Escritura o una oración. Bien usado, no es una cuenta atrás comercial, sino un itinerario espiritual que dispone el corazón para la Navidad, especialmente útil para la catequesis de los niños.
El Adviento es la puerta del año litúrgico: el comienzo del camino que nos lleva a la Navidad y a la Epifanía y, más tarde, a la Cuaresma y a la Pascua. Es también el tiempo en que la Iglesia celebra a la Virgen en la fiesta de la Inmaculada Concepción. Vivámoslo con la mirada puesta en la Cuna de Belén.
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Fuentes. Misal Romano de 1962 (Propio del Tiempo de Adviento: Introitos, colectas, Témporas, Misa votiva Rorate); Breviario Romano (antífonas mayores del 17 al 23 de diciembre); Dom Prosper Guéranger, El Año Litúrgico; Beato Cardenal Schuster, Liber Sacramentorum; Dom Pius Parsch, El Año de Gracia de la Iglesia; Sagrada Escritura según la versión de Félix Torres Amat.