Oraciones
El Magníficat: El cántico de la Virgen María
El Magníficat —Engrandece mi alma al Señor— es el cántico que la Virgen María entonó en la Visitación. Su texto completo en español y en latín, su sentido y su lugar diario en las Vísperas.

El Magníficat —llamado así por su primera palabra latina, Magnificat, "engrandece"— es el cántico que la Santísima Virgen María pronunció en casa de su prima santa Isabel, en aquel encuentro que llamamos la Visitación. San Lucas lo recogió en su Evangelio (Lc 1, 46-55), y desde los primeros siglos la Iglesia lo canta cada tarde en las Vísperas, poniendo en labios de todos sus hijos las mismas palabras de la Madre de Dios. Es, a la vez, el más sublime cántico de alabanza salido de un corazón humano y la confesión más pura de la humildad. Demos primero su texto, y luego veamos de dónde nace y qué nos enseña.
El texto del Magníficat en español y en latín
He aquí el cántico tal como brotó de los labios de la Virgen, en español según la versión de Torres-Amat y en el latín que canta la Iglesia.
Engrandece mi alma al Señor,
y mi espíritu se llena de gozo en Dios mi Salvador.
Porque puso los ojos en la humildad de su esclava:
pues, en adelante, me llamarán bienaventurada todas las generaciones.
Porque ha hecho en mí grandes cosas el Todopoderoso,
y santo es su nombre.
Y su misericordia de generación en generación
sobre aquellos que le temen.
Desplegó el poder de su brazo;
dispersó a los soberbios de corazón.
Derribó del trono a los poderosos,
y ensalzó a los humildes.
Colmó de bienes a los hambrientos,
y a los ricos despidió vacíos.
Acogió a Israel su siervo,
acordándose de su misericordia,
como lo había prometido a nuestros padres,
en favor de Abraham y de su descendencia para siempre.
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Y el texto latino, que es el que se entona en el coro:
Magnificat anima mea Dominum:
Et exsultavit spiritus meus in Deo salutari meo.
Quia respexit humilitatem ancillae suae:
ecce enim ex hoc beatam me dicent omnes generationes.
Quia fecit mihi magna qui potens est:
et sanctum nomen ejus.
Et misericordia ejus a progenie in progenies timentibus eum.
Fecit potentiam in brachio suo:
dispersit superbos mente cordis sui.
Deposuit potentes de sede, et exaltavit humiles.
Esurientes implevit bonis: et divites dimisit inanes.
Suscepit Israel puerum suum, recordatus misericordiae suae.
Sicut locutus est ad patres nostros, Abraham et semini ejus in saecula.
Gloria Patri, et Filio, et Spiritui Sancto.
Sicut erat in principio, et nunc, et semper, et in saecula saeculorum. Amen.
La oración del Magníficat original y para imprimir
El texto que acabamos de dar es la oración del Magníficat original, es decir, las mismas palabras que san Lucas puso por escrito y que el Breviario Romano conserva sin cambios. No existe una "versión moderna" que sustituya a la del Evangelio: lo que cambia de una edición a otra es solo la traducción castellana, no el cántico en sí. La versión de Torres-Amat que aquí ofrecemos es una de las clásicas en español; la Vulgata latina es la que se canta en el coro.
Si deseas tener el Magníficat para imprimir, basta con copiar el texto español y latino de los recuadros anteriores en una hoja y conservarlo en tu libro de oraciones o junto al lugar donde rezas por la tarde. Tenerlo a mano —en latín y en español, uno frente a otro— ayuda a aprenderlo de memoria, que es el modo en que la Iglesia lo ha transmitido durante siglos.
El Magníficat en la Biblia: san Lucas 1, 46-55
El Magníficat se encuentra en la Biblia, en el primer capítulo del Evangelio según san Lucas, versículos 46 a 55. Es uno de los tres grandes cánticos que san Lucas recoge en su relato de la infancia de Jesús, junto con el Benedictus de Zacarías (Lc 1, 68-79) y el Nunc dimittis del anciano Simeón (Lc 2, 29-32). Los tres son cánticos evangélicos que la Iglesia ha tomado del texto sagrado para incorporarlos al Oficio Divino: el Benedictus a las Laudes, el Nunc dimittis a las Completas y el Magníficat a las Vísperas.
Que el cántico esté en la Biblia tiene una consecuencia importante: cuando rezamos el Magníficat no recitamos una composición piadosa de autor desconocido, sino palabra inspirada de Dios, las mismas sílabas que el Espíritu Santo puso en labios de la Virgen y que el evangelista transmitió fielmente. Por eso ocupa un lugar distinto al de otras oraciones marianas de composición eclesiástica.
El origen del cántico: la Visitación
El Magníficat no es una oración compuesta en el silencio de un escritorio, sino un cántico nacido de un encuentro. Apenas el ángel le hubo anunciado que sería Madre del Salvador, María partió de prisa a la montaña de Judá para visitar a su prima Isabel, que esperaba un hijo en su vejez. Al saludo de María, el niño que Isabel llevaba —san Juan Bautista— saltó de gozo en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó: "Bendita tú entre las mujeres" (Lc 1, 42). Es entonces cuando la Virgen responde, no alabándose a sí misma, sino refiriéndolo todo a Dios: Engrandece mi alma al Señor.
Por eso el Magníficat es inseparable de aquel misterio gozoso. Quien medita el segundo misterio del rosario —la Visitación— está contemplando precisamente la escena en que este cántico se elevó por primera vez. Puedes profundizar en él al rezar los misterios del rosario y al recorrer el santo rosario completo.
El eco del Antiguo Testamento
María no improvisa con palabras extrañas a su pueblo: canta con las Escrituras que conocía de memoria. Su cántico recoge el del cántico de Ana, madre de Samuel, y los acentos de los salmos. Es la voz de toda la antigua alianza que, en la humilde doncella de Nazaret, llega por fin a su cumplimiento. Así, el Magníficat enlaza el Antiguo y el Nuevo Testamento: la promesa hecha a Abraham se cumple en el fruto de aquel vientre virginal.
Qué nos enseña el Magníficat
Tres notas resuenan a lo largo del cántico. Primero, la humildad: María se proclama "esclava" del Señor, y atribuye toda su grandeza no a sus méritos, sino a la mirada de Dios sobre su pequeñez. "Porque puso los ojos en la humildad de su esclava." Aquí está la lección que los Padres del desierto repetían sin cesar: Dios resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes.
Segundo, la justicia de Dios, que invierte el orden de los hombres: derriba del trono a los poderosos y ensalza a los humildes, colma a los hambrientos y despide vacíos a los ricos. No es una proclama política, sino el anuncio de cómo obra la misericordia divina, que mira el corazón y no la apariencia.
Tercero, la fidelidad a las promesas: Dios "se acuerda" de su misericordia y cumple lo prometido a nuestros padres. El cántico termina mirando hacia Abraham, recordándonos que la salvación que María lleva en su seno es la realización de una espera de siglos.
"Me llamarán bienaventurada todas las generaciones"
Hay una frase del Magníficat que la Iglesia ha cumplido al pie de la letra: "en adelante, me llamarán bienaventurada todas las generaciones." Cada vez que rezamos el Ave María o la Salve, cumplimos aquella profecía. La devoción a María no es un añadido tardío: estaba ya anunciada en sus propias palabras, inspiradas por el Espíritu Santo.
Cuándo y cómo se reza el Magníficat
En la liturgia tradicional, el Magníficat es el cántico propio de las Vísperas, la oración de la tarde. Cada día, al caer el sol, la Iglesia entera —en los monasterios, en las parroquias, en el rezo privado de tantos fieles— lo entona como cumbre de la hora vespertina, acompañado de incienso en las celebraciones solemnes. Es el modo en que, día tras día, la Esposa de Cristo hace suyas las palabras de su Madre.
Puedes rezarlo solo o en familia, al terminar la jornada, como acción de gracias por los dones recibidos. Si deseas integrarlo en una oración más amplia, encaja naturalmente en la oración de la noche o junto a otros cánticos como el Gloria al Padre, con el que el propio Magníficat se cierra. Quien desea seguir el Oficio completo lo encuentra en Divinum Officium.
El canto del Magníficat: el cántico de María en gregoriano
Más que recitado, el Magníficat está hecho para ser cantado. En la tradición de la Iglesia es, ante todo, un cántico —no por nada san Lucas lo presenta como un brote de gozo—, y su lugar natural es el canto gregoriano de las Vísperas. Existen ocho tonos para entonarlo, uno por cada modo gregoriano, de modo que la melodía del Magníficat se adapta a la antífona propia de la fiesta del día. En las solemnidades se canta de forma más ornada y, en muchos lugares, mientras se incensa el altar.
El canto del Magníficat comienza siempre por su entonación latina, Magnificat anima mea Dominum, y prosigue alternando los versículos entre los dos coros. Quien quiera aprender la melodía hará bien en empezar por el tono más sencillo y seguir el texto latino que damos arriba, versículo a versículo. No hace falta voz educada: la Iglesia ha puesto este cántico en boca de todos sus hijos, doctos y sencillos, precisamente porque es la oración de una humilde doncella.
Conviene distinguir el verdadero cántico de María de las muchas canciones modernas que llevan su nombre o se inspiran en él. La sustancia del Magníficat no está en la música, sino en el texto evangélico; cualquier melodía que respete fielmente esas palabras puede ayudar a la oración, pero el cántico que la Iglesia canta a diario es el de Lc 1, 46-55.
La Virgen del Magníficat en la piedad y el arte
Bajo el título de Virgen del Magníficat se ha representado a María en numerosas obras de arte cristiano, mostrándola en el momento de pronunciar su cántico o escribiéndolo, rodeada de ángeles. La advocación recuerda que el Magníficat es, por excelencia, el cántico de la Virgen: la oración en que la Madre de Dios se nos muestra tal como es, enteramente vuelta hacia el Señor y vaciada de sí misma. Contemplar a la Virgen del Magníficat es aprender de ella la actitud del alma que todo lo refiere a Dios y nada se atribuye.
Preguntas Frecuentes
¿Qué significa la palabra "Magníficat"?
Es la primera palabra del cántico en latín, Magnificat, que significa "engrandece" o "glorifica". En español el cántico empieza precisamente así: "Engrandece mi alma al Señor." Por costumbre antigua, muchas oraciones se nombran por su primera palabra latina, como el Pater Noster o el Credo.
¿Quién compuso el Magníficat?
Lo pronunció la Santísima Virgen María en la Visitación, según narra san Lucas en su Evangelio (Lc 1, 46-55). No es, pues, una composición posterior, sino las propias palabras de la Madre de Dios, recogidas por el evangelista e inspiradas por el Espíritu Santo.
¿Cuándo se reza el Magníficat?
En la liturgia tradicional es el cántico propio de las Vísperas, la hora de la tarde del Oficio Divino. Se reza o canta cada día. También puede rezarse en privado como oración de acción de gracias al terminar la jornada.
¿Cuál es la diferencia entre el Magníficat y el Ave María?
El Ave María es una oración dirigida a la Virgen, compuesta con las palabras del ángel y de santa Isabel. El Magníficat, en cambio, son palabras de la propia Virgen dirigidas a Dios: es ella quien alaba al Señor. Uno reza a María; el otro es la oración de María.
¿El Magníficat se reza en el rosario?
No forma parte del rezo ordinario de las decenas, pero está íntimamente ligado al segundo misterio gozoso, la Visitación, que es la escena en que María lo pronunció. Meditar ese misterio es contemplar el momento en que nació este cántico.
¿Dónde está el Magníficat en la Biblia?
En el Evangelio según san Lucas, capítulo 1, versículos 46 a 55, dentro del relato de la Visitación. Es uno de los tres cánticos evangélicos de san Lucas, junto con el Benedictus (Lc 1, 68-79) y el Nunc dimittis (Lc 2, 29-32).
¿Cuál es el Magníficat en latín?
Comienza con las palabras Magnificat anima mea Dominum, et exsultavit spiritus meus in Deo salutari meo. Es la versión de la Vulgata, la que se canta en el coro de las Vísperas, y la que hemos transcrito íntegra más arriba.
¿Se canta o se reza el Magníficat?
Ambas cosas. Por su naturaleza es un cántico y la Iglesia lo canta a diario en gregoriano, con ocho tonos según el modo de la antífona del día; pero también puede rezarse de modo recitado, en privado o en familia, como acción de gracias al atardecer.
Véase también visperas.
La app Iter Fidei trae las oraciones, los salmos y las devociones, en latín y español, con audio. Descárgala aquí.
Sources. Evangelio según san Lucas 1, 46-55 (versión Torres-Amat); Breviario Romano, Vísperas; Dom Prosper Guéranger, El Año Litúrgico.