Los Sacramentos
Acto de contrición: la oración tradicional completa
El acto de contrición tradicional, «Señor mío Jesucristo», y el «Pésame, Dios mío», con su texto latino, el Yo pecador de la confesión y la doctrina de Trento y de san Pío X sobre la contrición perfecta e imperfecta.

El acto de contrición es la oración del arrepentimiento: en ella reconocemos delante de Dios que hemos pecado, detestamos la ofensa y prometemos no volver a pecar. Lo rezamos al confesarnos, al acostarnos por la noche y siempre que una falta pesa sobre la conciencia. Os presentamos aquí el texto tradicional en español —el «Señor mío Jesucristo» y el «Pésame, Dios mío»—, su forma latina, el Yo pecador que se dice en el confesonario, y la doctrina del Catecismo del Concilio de Trento y del de San Pío X sobre la contrición perfecta e imperfecta.
El acto de contrición en español: «Señor mío Jesucristo»
Esta es la forma tradicional que enseñaron durante siglos los catecismos de Astete y de Ripalda, la que tantos aprendimos de niños y la que conviene rezar entera al confesarse:
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Vos quien sois, Bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno. Ayudado de vuestra divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Amén.
Nótese que reúne los dos motivos del dolor: el amor a Dios («porque os amo sobre todas las cosas») y el temor de la pena («porque podéis castigarme con las penas del infierno»). Por eso sirve a la vez a quien tiene contrición perfecta y a quien todavía sólo alcanza la atrición. Y contiene el triple propósito que pide el sacramento: no volver a pecar, confesarse y cumplir la penitencia.
El «Pésame, Dios mío»
La otra fórmula tradicional, muy rezada en España y en América, sobre todo al empezar el rosario y al acostarse, es el «Pésame»:
Pésame, Dios mío, y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido. Pésame por el infierno que merecí y por el cielo que perdí; pero mucho más me pesa, porque pecando ofendí a un Dios tan bueno y tan grande como Vos. Antes querría haber muerto que haberos ofendido, y propongo firmemente no pecar más, y evitar todas las ocasiones próximas de pecado. Amén.
Es más breve que el «Señor mío Jesucristo» y fácil de aprender; por eso suele enseñarse también a los niños que se preparan para la Primera Comunión. Su orden es muy pedagógico: empieza por los motivos más bajos —el infierno merecido, el cielo perdido— y sube al más alto, la ofensa hecha a un Dios infinitamente bueno.
El acto de contrición corto
Cuando no hay tiempo para el texto entero —una tentación, una caída, un peligro repentino—, basta una jaculatoria que diga lo esencial. La más antigua está tomada del Evangelio: es la oración del publicano que, al fondo del templo, no se atrevía a levantar los ojos al cielo y se golpeaba el pecho diciendo:
Dios mío, ten misericordia de mí que soy un pecador.
Y el Señor añade que «éste volvió a su casa justificado» (San Lucas 18, 13-14, trad. Torres Amat). Lo importante no es la longitud de la fórmula, sino el dolor sincero y el propósito que expresa; quien reza la forma breve en un momento de urgencia hará después, con calma, el acto completo.
El acto de contrición en latín (Deus meus)
La fórmula latina más difundida en los libros de piedad tradicionales es la del Deus meus:
Deus meus, ex toto corde pœnitet me ómnium meórum peccatórum, éaque detéstor, quia peccándo, non solum pœnas a te iuste statútas proméritus sum, sed præsértim quia offéndi te, summum bonum, ac dignum qui super ómnia diligáris. Ídeo fírmiter propóno, adiuvánte grátia tua, de cétero me non peccatúrum peccandíque occasiónes próximas fugitúrum. Amen.
El «Yo pecador» de la confesión
No hay que confundir el acto de contrición con el Yo pecador: en español este nombre designa el Confiteor, la confesión general con que el penitente se acusa pecador antes de declarar sus pecados. En el confesonario se reza en la forma tradicional, dirigiéndose al sacerdote («y a vos, Padre»):
Yo pecador me confieso a Dios todopoderoso, a la bienaventurada siempre Virgen María, al bienaventurado San Miguel Arcángel, al bienaventurado San Juan Bautista, a los santos Apóstoles San Pedro y San Pablo, a todos los Santos, y a vos, Padre, que pequé gravemente con el pensamiento, palabra y obra, por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa.
Por tanto, ruego a la bienaventurada siempre Virgen María, al bienaventurado San Miguel Arcángel, al bienaventurado San Juan Bautista, a los santos Apóstoles San Pedro y San Pablo, a todos los Santos, y a vos, Padre, que roguéis por mí a Dios Nuestro Señor. Amén.
El orden habitual es: el Yo pecador (muchos lo dicen hasta «por mi grandísima culpa»), la acusación de los pecados, los consejos y la penitencia que da el confesor, y por último el acto de contrición, que se reza mientras el sacerdote da la absolución.
Qué significa «contrición»
La palabra contrición quiere decir quebrantamiento, como una piedra molida y reducida a polvo. El Catecismo de San Pío X explica que se da este nombre al dolor de los pecados para significar que el corazón endurecido del pecador queda en cierto modo quebrantado por el dolor de haber ofendido a Dios. No es un sentimiento pasajero ni unas lágrimas exteriores: es un acto de la voluntad por el cual el alma, apartada de Dios por el pecado, se vuelve de nuevo hacia Él, detestando el mal que hizo.
Es lo que canta el rey David en el Miserere, el mayor de los salmos penitenciales, después de su caída (Salmo 50 de la Vulgata, trad. Torres Amat):
Ten piedad de mí, oh Dios, según la grandeza de tu misericordia; y según la muchedumbre de tus piedades, borra mi iniquidad.
Contra ti solo he pecado; y he cometido la maldad delante de tus ojos.
David no se queja del castigo: le duele sobre todo haber ofendido a Dios. Ese es el corazón de la verdadera contrición, y por eso el Salmo 51, el Miserere completo, es la mejor preparación del acto de contrición. La Iglesia lo reza con los otros salmos penitenciales, como el Salmo 6, «Señor, no me reprendas en tu furor».
Contrición perfecta y contrición imperfecta
El Concilio de Trento distingue dos clases de dolor, y conviene conocerlas bien.
La contrición perfecta (o contrición de caridad) es el dolor de los pecados nacido del amor de Dios, amado sobre todas las cosas por ser Él quien es, infinitamente bueno. Su efecto es admirable: enseña Trento que la contrición perfecta reconcilia al hombre con Dios aun antes de recibir el sacramento, pero no sin el deseo del sacramento, que ella incluye. Por eso la Iglesia nos exhorta a despertarla cuanto antes tras una caída grave, sin esperar a la confesión, que sigue siendo obligatoria para los pecados mortales.
La contrición imperfecta, llamada también atrición, nace de un motivo menos elevado: la fealdad del pecado o el temor del infierno. No es un dolor fingido —Trento lo declara don de Dios e impulso del Espíritu Santo—, pero por sí solo no justifica fuera del sacramento. Unida a la absolución del sacerdote, sin embargo, basta para obtener el perdón.
En la práctica conviene apoyarse en ambos motivos, como hace el «Señor mío Jesucristo»: «porque os amo sobre todas las cosas» (contrición perfecta) y «porque podéis castigarme con las penas del infierno» (atrición).
El acto de contrición en el sacramento de la Penitencia
La confesión no se reduce a una lista de pecados recitada al sacerdote. El Catecismo de Trento enseña que la Penitencia consta de tres actos del penitente: la contrición del corazón, la confesión de la boca y la satisfacción de la obra. De los tres, la contrición es como el alma: sin verdadero dolor de los pecados y sin propósito de enmienda no hay perdón posible.
La contrición empuja por sí misma hacia la confesión: el que de verdad se duele de haber ofendido a Dios siente la necesidad de abrir su conciencia, como cantaba el salmista:
Te manifesté mi delito, y dejé de ocultar mi injusticia. (Salmo 31, 5, trad. Torres Amat)
El profeta Joel lo resume en una imagen inolvidable: «Rasgad vuestros corazones, y no vuestros vestidos; y convertíos al Señor Dios vuestro: puesto que el Señor es benigno, y misericordioso» (Joel 2, 13, trad. Torres Amat). El acto de contrición es precisamente eso: rasgar el corazón, no la ropa. Para preparar la acusación, nuestro examen de conciencia para la confesión recorre los mandamientos de Dios y de la Iglesia, los pecados capitales y los deberes de estado, y la guía sobre cómo confesarse bien da las palabras exactas del confesonario; el examen de conciencia de la app Iter Fidei los lleva siempre consigo.
El acto de contrición en el catecismo
La doctrina está fijada con precisión en los catecismos tradicionales. El Concilio de Trento (sesión XIV, capítulo 4) define la contrición como «un dolor del alma y detestación del pecado cometido, con propósito de no pecar en adelante». El Catecismo Romano, redactado tras Trento para los párrocos, la expone como el primero de los tres actos del penitente. El Catecismo Mayor de San Pío X la llama un pesar o detestación de los pecados cometidos que nos hace proponer no pecar más, y distingue la contrición perfecta de la imperfecta o atrición. Enseña además que es cosa buena y muy útil hacer a menudo el acto de contrición, sobre todo antes de dormir y en cuanto advertimos haber caído en pecado mortal.
El acto de contrición en el rosario
En España y en América es costumbre antigua comenzar el rosario con un acto de contrición, para disponer el alma con humildad antes de meditar los misterios. No forma parte estricta del rosario, pero es una práctica piadosa muy extendida. Para ello se reza el «Señor mío Jesucristo» o el «Pésame, Dios mío»; así lo indican muchas guías de cómo rezar el rosario paso a paso.
Cómo hacer un buen acto de contrición
- Recogerse un momento ante Dios y reconocer con sencillez que hemos pecado.
- Despertar el dolor, mirando a quién hemos ofendido: a Dios, sumo Bien, Padre y Redentor nuestro, y a Cristo crucificado por nuestros pecados. Pedid la gracia de un dolor que nazca del amor.
- Detestar el pecado cometido: no sólo sus consecuencias, sino el mal mismo de la ofensa.
- Proponer firmemente la enmienda: no volver a pecar y huir de las ocasiones próximas.
- Rezar la fórmula, en español o en latín, dándole el sentido que las palabras encierran. Tras una caída grave, despertad cuanto antes la contrición perfecta y acudid después a la confesión.
No hace falta sentir lágrimas. La contrición es ante todo un acto de la voluntad, no de la sensibilidad: basta querer de veras no haber ofendido a Dios y no volver a hacerlo. Quien la hace bien dispone también su alma para ganar la indulgencia plenaria, que exige el desapego de todo pecado.
Acto de contrición para imprimir (PDF)
No ofrecemos un archivo PDF: el texto completo del «Señor mío Jesucristo», del «Pésame» y del Yo pecador está arriba y se imprime tal cual desde el navegador. Mejor aún, la app Iter Fidei lo lleva siempre consigo, junto con el examen de conciencia y las oraciones de la confesión, sin conexión, en latín y en español. Únase al acceso anticipado aquí.
Preguntas Frecuentes
¿Qué es el acto de contrición?
Es la oración por la que nos arrepentimos de los pecados delante de Dios: reconocemos haberlo ofendido, detestamos la ofensa y proponemos no volver a pecar. Expresa el primero y más necesario de los tres actos del penitente en el sacramento de la Penitencia.
¿Cuál es la oración del acto de contrición?
La forma tradicional es el «Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío…», cuyo texto completo damos arriba. También es tradicional el «Pésame, Dios mío, y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido…», y en latín el Deus meus.
¿El «Yo pecador» es el acto de contrición?
No. El Yo pecador es el Confiteor, la confesión general que el penitente reza al comenzar la confesión, antes de declarar sus pecados. El acto de contrición se reza al final, mientras el sacerdote da la absolución.
¿Cuál es la diferencia entre contrición perfecta e imperfecta?
La contrición perfecta nace del amor de Dios, amado sobre todas las cosas, y, según el Concilio de Trento, reconcilia con Dios aun antes de confesarse, porque incluye el deseo del sacramento. La imperfecta o atrición nace de la fealdad del pecado o del temor del infierno; no basta por sí sola fuera del sacramento, pero es suficiente para recibir con fruto la absolución.
¿Cómo hacer un acto de contrición perfecto?
Mirando no al castigo, sino a Dios mismo: doleos de haberlo ofendido por ser Él infinitamente bueno y digno de ser amado sobre todas las cosas. Pedid esa gracia, detestad el pecado y proponed la enmienda con el deseo de confesaros. En peligro de muerte sin sacerdote, ese acto es el camino ordinario del perdón.
¿Cuál es el acto de contrición corto?
El más breve es la jaculatoria del publicano: «Dios mío, ten misericordia de mí que soy un pecador». Entre las fórmulas completas, el «Pésame, Dios mío» es la más corta y la que suele enseñarse a los niños.
¿Cuándo se reza el acto de contrición?
En la confesión, mientras el sacerdote da la absolución; cada noche, al terminar el examen de conciencia; al comenzar el rosario, según la costumbre hispana; y en cuanto advertimos haber caído en pecado grave. San Pío X recomienda hacerlo a menudo, para obtener la gracia de hacerlo bien en la hora de la muerte.
La app Iter Fidei trae las oraciones, los salmos y las novenas, en latín y español, con audio. Únase al acceso anticipado aquí.
Fuentes. Concilio de Trento, sesión XIV, Doctrina sobre el sacramento de la Penitencia (cap. 4, de la contrición); Catecismo del Concilio de Trento (Catecismo Romano), parte II, «Del sacramento de la Penitencia»; Catecismo Mayor de San Pío X, «De la Penitencia»; catecismos de Astete y de Ripalda; Sagrada Biblia, traducción de Félix Torres Amat (Salmos 50 y 31; San Lucas 18; Joel 2).