Los Sacramentos
Examen de conciencia para la confesión: guía completa
Un examen de conciencia completo para la confesión, según el Catecismo de San Pío X: las preguntas sobre los diez mandamientos, los mandamientos de la Iglesia, los siete pecados capitales y los deberes del propio estado, con un esquema para adultos, jóvenes y niños.

El examen de conciencia es la búsqueda de los pecados cometidos desde la última confesión bien hecha, para poder confesarlos. El Catecismo de San Pío X lo define así: «El examen de conciencia es una búsqueda atenta de los pecados que se han cometido desde la última confesión bien hecha». Aquí tenéis un examen completo, en cuatro partes, con las preguntas concretas que conviene hacerse en cada una: los diez mandamientos de Dios, los mandamientos de la Iglesia, los siete pecados capitales y los deberes del propio estado.

Qué es el examen de conciencia
Para hacer una buena confesión, recuerda el Catecismo, se necesitan cinco cosas: el examen de conciencia, el dolor de haber ofendido a Dios, el propósito de no pecar más, la acusación de los pecados y la satisfacción o penitencia. El examen va primero porque sin él lo demás queda en el aire: no se puede detestar lo que no se conoce ni acusar lo que no se ha recordado.
La Escritura lo manda desde antiguo: «Examinemos y escudriñemos nuestros pasos, y convirtámonos al Señor» (Lamentaciones 3, 40, trad. Torres Amat). Y el salmista pide a Dios la luz que el examen necesita: «Pruébame, oh Dios mío, y sondea mi corazón: examíname y reconoce mis pasos; mira si hay en mí algún proceder vicioso y condúceme por el camino de la eternidad» (Salmo 138, 23-24).
Cómo hacer el examen de conciencia
Antes de buscar los pecados, se pide luz. «Para confesarnos bien debemos, ante todo, rogar de todo corazón al Señor que nos dé luz para conocer todos nuestros pecados y fuerza para detestarlos». Después se vuelve con la memoria a la última confesión bien hecha y se repasa lo ocurrido desde entonces.

Cuatro reglas hacen útil el examen:
- Se miran las cuatro maneras de pecar: por pensamientos, palabras, obras y omisiones. También se peca dejando de hacer el bien debido.
- En los pecados mortales se busca el número: «En el examen debemos buscar también el número de los pecados mortales». Si no se recuerda el exacto, se busca el que más se acerca a la verdad.
- Se anota la circunstancia que cambia la especie del pecado (un robo de una cosa sagrada, una mentira bajo juramento), no la historia que lo rodea.
- Se dedica el tiempo necesario: «más o menos tiempo según la necesidad», dice el Catecismo, según el número de los pecados y el tiempo transcurrido, pero sin angustia: el fin no es el temor escrupuloso, sino la verdad.
El Catecismo pide también examinarse «sobre los malos hábitos y las ocasiones de pecado», porque de ahí nacen las caídas repetidas.
¿Mortal o venial?
Mientras uno se examina, hay que distinguir. «Para que un pecado sea mortal se necesitan tres cosas: materia grave, plena advertencia y perfecto consentimiento de la voluntad». Hay materia grave «cuando se trata de una cosa notablemente contraria a la ley de Dios y de la Iglesia»; plena advertencia, «cuando se conoce perfectamente que se hace un mal grave»; perfecto consentimiento, «cuando se quiere deliberadamente hacer una cosa, aunque se sepa que es culpable». Si falta alguna de las tres, el pecado es venial: conviene confesarlo, pero no es obligatorio. Muchas preguntas de la lista siguiente tocan una materia grave; si hubo plena advertencia y perfecto consentimiento, se trata de pecado mortal. Esta distinción libra de dos extremos: el del laxo, que no ve pecado en ninguna parte, y el del escrupuloso, que ve pecado mortal donde no lo hay.
I. Examen por los diez mandamientos de Dios
Los mandamientos de la ley de Dios son diez: los tres primeros miran a Dios, los siete restantes al prójimo y a nosotros mismos. Los enunciamos según el Catecismo de San Pío X.

1. Yo soy el Señor tu Dios: no tendrás otro Dios delante de mí. ¿He dudado voluntariamente de una verdad enseñada por la Iglesia, o me he avergonzado de la fe? ¿He puesto en peligro la fe con malas lecturas o compañías? ¿He desesperado de mi salvación, o he presumido salvarme sin conversión? ¿He consultado el horóscopo, adivinos, el tarot, médiums o el espiritismo, o he llevado amuletos? ¿He participado en ceremonias no católicas o en sectas, o me he inscrito en la masonería? ¿He puesto el dinero, el placer, los honores o el trabajo por encima de Dios? ¿He descuidado la oración diaria y los actos de fe, esperanza y caridad?
2. No tomarás en vano el nombre de Dios. ¿He blasfemado contra Dios, la Virgen o los Santos? ¿He jurado en falso o sin necesidad? ¿He hecho votos o promesas a Dios y no los he cumplido? ¿He usado el nombre de Dios, de Jesús o de María por costumbre o en broma? ¿He faltado al respeto a las cosas sagradas?
3. Acuérdate de santificar las fiestas. ¿He faltado a Misa el domingo o en una fiesta de precepto sin impedimento legítimo? ¿He llegado tarde por culpa mía, hasta perder una parte notable de la Misa? ¿He hecho trabajos serviles sin necesidad? ¿He reducido el domingo a un día de trabajo o de solas diversiones, sin ninguna práctica de piedad?
4. Honra a tu padre y a tu madre. ¿He desobedecido gravemente a mis padres o superiores legítimos? ¿Les he faltado al respeto, al amor o a la ayuda, sobre todo en la vejez o la enfermedad? ¿He faltado al respeto a las autoridades de la Iglesia? Si tengo autoridad (padre, patrono), ¿la he ejercido con justicia y bondad?
5. No matarás. ¿He hecho violencia o herido a alguien? ¿He deseado la muerte de alguien por odio o ira? ¿He participado, aconsejado o favorecido un aborto o una eutanasia? ¿He puesto en peligro la vida ajena conduciendo con imprudencia? ¿He dado escándalo, arrastrando a otros al pecado con palabras, ejemplos u omisiones? ¿He insultado, despreciado o humillado a alguien? ¿He guardado rencor o negado el perdón? ¿He dañado mi propia salud con excesos o drogas?
6. No cometerás impureza. ¿He cometido actos impuros, solo o con otros? ¿He tenido relaciones carnales fuera del matrimonio? ¿He sido infiel a mi cónyuge? En el matrimonio, ¿he usado la anticoncepción o actos contrarios a su fin? ¿He cometido pecados contra la naturaleza? ¿He faltado a la modestia en las miradas, las palabras o el vestido, dando a otros ocasión de pecado?
7. No robarás. ¿He robado o tomado cosas sin permiso? ¿He hecho trampa en el trabajo, en el comercio o en los impuestos? ¿He retenido lo que no es mío, o he dejado de restituir y de reparar los daños? ¿He negado el salario justo a quien trabaja para mí? ¿He descuidado la limosna que podía dar? Aquí el Catecismo es tajante: quien ha pecado contra este mandamiento no queda en paz solo con confesarse; está obligado a restituir en cuanto le sea posible.
8. No darás falso testimonio. ¿He calumniado, atribuyendo a otros faltas falsas? ¿He murmurado, revelando sin necesidad faltas verdaderas pero ocultas del prójimo? ¿He mentido, y con qué daño? ¿He juzgado temerariamente o sospechado el mal sin motivo? ¿He revelado secretos o traicionado confidencias? ¿He adulado por interés? ¿He dejado de reparar la fama que herí?
9. No desearás la mujer de tu prójimo. ¿He consentido en pensamientos o deseos impuros, o me he detenido voluntariamente en ellos? ¿He mirado imágenes, vídeos o páginas pornográficas? ¿He leído libros, visto películas o escuchado conversaciones gravemente inmorales? Recordad la distinción del Catecismo: los malos pensamientos que vienen a la mente no son pecado por sí mismos, sino tentación; lo son cuando se consiente en ellos o uno se expone culpablemente al peligro de consentir.
10. No codiciarás los bienes ajenos. ¿He deseado de modo desordenado los bienes, la posición o el éxito ajenos, consintiendo en ese deseo? ¿He vivido en un lujo insolente ante los pobres que me rodean?
II. Examen por los mandamientos de la Iglesia
A los mandamientos de Dios la Iglesia añade los suyos, que «ayudan a observar los mandamientos de Dios». «Quebrantar deliberadamente un mandamiento de la Iglesia en materia grave es pecado mortal». El Catecismo de San Pío X los enuncia así:
- Oír misa todos los domingos y demás fiestas de guardar. ¿La he oído con devoción, o he estado voluntariamente distraído, he llegado tarde o salido antes?
- Ayunar durante la Cuaresma, en las Témporas y en las Vigilias mandadas; no comer carne los días prohibidos. ¿He guardado el ayuno y la abstinencia, o me he dispensado sin verdadera necesidad?
- Confesar al menos una vez al año y comulgar por Pascua. ¿He dejado pasar más de un año sin confesarme? ¿He descuidado la Comunión pascual? ¿He recibido algún sacramento en pecado mortal, es decir, de modo sacrílego? El Catecismo advierte que una confesión o una comunión sacrílega no cumple este precepto.
- Pagar los diezmos debidos a la Iglesia, según las costumbres. ¿He sostenido a la Iglesia y a sus ministros según mis posibilidades?
- No celebrar matrimonios en tiempo prohibido, es decir, con solemnidad desde el primer domingo de Adviento hasta la Epifanía y desde el primer día de Cuaresma hasta la octava de Pascua.
III. Examen por los siete pecados capitales
Los mandamientos muestran los actos; los vicios capitales, las raíces de donde brotan. El Catecismo los llama capitales «porque son la fuente y la causa de otros muchos vicios y pecados», y enseña que «se triunfa de los vicios capitales por el ejercicio de las virtudes opuestas». Los desarrollamos con más calma en la página sobre los siete pecados capitales.
- Soberbia (contra la humildad). ¿Me he puesto en primer plano para parecer superior? ¿He criticado a otros para resaltar mi superioridad? ¿Me he negado a obedecer o a aceptar un consejo, convencido de saberlo ya? ¿He excusado mis faltas y acusado las ajenas? ¿He despreciado a los sencillos?
- Avaricia (contra la liberalidad). ¿He sido duro con los pobres? ¿He acumulado por apego, sin necesidad? ¿Me ha consumido la ansiedad por el dinero? ¿He practicado la usura, aprovechando la necesidad ajena?
- Lujuria (contra la castidad). Los actos y pensamientos se examinan en el sexto y el noveno mandamiento; aquí se miran las ocasiones: ¿he buscado la ociosidad, las compañías que banalizan la impureza, las diversiones que debilitan la voluntad?
- Ira (contra la paciencia). ¿He albergado odio o rencor? ¿He buscado la venganza? ¿He gritado, insultado o tenido gestos violentos? ¿Me falta habitualmente paciencia con el cónyuge, los hijos o los compañeros?
- Gula (contra la abstinencia). ¿He bebido hasta perder el dominio de mí o dañar mi salud? ¿He comido por pura glotonería, sin medida? ¿Soy incapaz de ayunar ni un solo día?
- Envidia (contra el amor fraterno). ¿Me he entristecido del bien ajeno o alegrado de su mal? ¿He rebajado a otros para crecer yo? ¿Vivo comparándome sin cesar con los demás?
- Pereza (contra la diligencia y el fervor en el servicio de Dios). ¿He descuidado por pereza la Misa, los sacramentos, la oración? ¿He abreviado o atropellado mis oraciones? ¿He aplazado la confesión, la conversión, las buenas obras? ¿Vivo en la tibieza, sin rechazo abierto pero sin fervor?
El Catecismo recuerda además dos listas que no deben olvidarse: los seis pecados contra el Espíritu Santo (desesperar de la salvación, presumir salvarse sin mérito, combatir la verdad conocida, envidiar las gracias ajenas, obstinarse en los pecados, morir en la impenitencia final) y los cuatro pecados que claman venganza ante la faz de Dios (el homicidio voluntario, el pecado impuro contra el orden de la naturaleza, la opresión de los pobres y el negar el salario a los obreros).
IV. Examen por los deberes del propio estado
Es la parte más olvidada, y aquella en que muchos adultos más pecan. Cada uno tiene obligaciones propias según su estado, y Dios mismo las impone, porque nacen de sus mandamientos.
- Esposos. ¿He sido fiel en los actos, los pensamientos y las miradas? ¿He respetado el orden del matrimonio y su apertura a la vida? ¿He amado a mi cónyuge, soportando sus defectos, o he vivido en discordia?
- Padres. ¿He dado buen ejemplo a mis hijos? ¿He cuidado su educación cristiana, la oración en familia, la Misa, el rosario? ¿Los he preparado para la confesión y la comunión? ¿Los he apartado de las ocasiones de pecado, pantallas y malas compañías? ¿Los he corregido, y con caridad?
- Trabajadores y profesionales. ¿He sido honrado y diligente? ¿He dado un servicio justo a cambio del salario? Si soy patrono, ¿he pagado lo justo y asegurado condiciones justas?
- Hijos y jóvenes. ¿He obedecido y respetado a mis padres? ¿He estudiado y trabajado con empeño?
- Personas consagradas a Dios. ¿He sido fiel a mis votos y promesas, a la oración y a la regla?
Lista de pecados para el examen: el esquema para adultos
Quien busca una lista de pecados para repasar antes de confesarse ha de saber que ningún catálogo agota la conciencia: la lista despierta la memoria, no es un molde. Este es el esqueleto de todo el examen. Es el mismo para cada adulto; lo que cambia es el peso de cada punto según la propia vida.
- Oración: pedir luz para conocer los pecados y fuerza para detestarlos.
- Desde la última confesión bien hecha: ¿cuánto tiempo ha pasado? ¿Cumplí la penitencia? ¿Callé voluntariamente algún pecado?
- Diez mandamientos: Dios (fe, oración, blasfemia, Misa); el prójimo (padres y autoridades, vida, pureza, justicia, verdad); los deseos (noveno y décimo).
- Mandamientos de la Iglesia: Misa del domingo; ayuno y abstinencia; confesión anual y Comunión pascual; sostenimiento de la Iglesia; tiempos prohibidos.
- Siete pecados capitales: soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia, pereza.
- Deberes de estado: cónyuge, padre o madre, hijo, trabajador, consagrado.
- Para cada pecado grave: la especie, el número, la circunstancia que cambia la especie.
- Dolor y propósito: el acto de contrición y la ocasión concreta que hay que evitar.
Examen de conciencia para jóvenes
El joven se examina por los mismos mandamientos, pero hay terrenos donde la juventud es más combatida. Sin escrúpulo y sin disimulo, puede preguntarse: ¿He descuidado la oración y la Misa del domingo? ¿Me he avergonzado de ser católico delante de los compañeros? ¿He faltado al respeto o a la obediencia a mis padres y profesores? ¿He sido perezoso en el estudio, malgastando el tiempo en las pantallas? ¿He guardado la pureza en obras, miradas y pensamientos, o me he expuesto a imágenes y compañías peligrosas? ¿He mentido, copiado, robado cosas pequeñas, participado en burlas que humillan? ¿He bebido con desorden o me he dejado llevar por la ira?
Examen de conciencia para niños
Para los más pequeños se sigue el mismo orden con preguntas a su medida. ¿He rezado por la mañana y por la noche? ¿He ido a Misa el domingo y me he portado bien? ¿He obedecido a mis papás? ¿He dicho mentiras o palabras feas? ¿He pegado, insultado o tratado mal a mis hermanos o compañeros? ¿He cogido cosas que no son mías? ¿He hecho trampas? ¿He sido perezoso o envidioso? Para la primera confesión bastan unas pocas, bien explicadas; las indicaciones para los padres están en la guía sobre cómo confesarse. El examen del niño debe dejarlo en paz y con ganas de ser mejor, nunca asustado.
El examen de cada noche y el examen particular
El Catecismo recomienda examinarse también cada noche: «Se hace más fácil el examen para la confesión haciendo cada noche el examen de conciencia sobre las acciones del día». Bastan unos minutos antes de dormir: dar gracias a Dios por el día, pedir luz, repasar las horas (pensamientos, palabras, obras, omisiones), rezar el acto de contrición y proponer un punto concreto para el día siguiente. Es lo que la Iglesia hace cada noche en Completas, que comienzan con un examen y el Confiteor.
Junto a él, la tradición espiritual recomienda el examen particular, que viene de los Ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola: en lugar de repasar toda la conciencia, se centra cada día en un solo defecto dominante, se cuentan al mediodía y a la noche las veces que se ha caído en él y se renueva el propósito. Es un instrumento sencillo y muy eficaz para arrancar de raíz un mal hábito, en lugar de confesar siempre los mismos pecados sin enmendarse. Muchos buscan también los guiones de examen que difunden hoy movimientos como el Opus Dei: la práctica del examen diario y del examen particular que recomiendan es la misma, de origen ignaciano.
Examen de conciencia para imprimir
Muchos buscan un examen de conciencia para imprimir o en PDF y llevarlo a la iglesia. No ofrecemos ningún archivo, y es a propósito: todo el examen está en esta página y se puede imprimir tal cual desde el navegador. Pero una hoja de papel es una ayuda pobre justo donde más falta hace, y una hoja con los propios pecados escritos se pierde, se olvida en el misal, alguien la encuentra.
La app Iter Fidei para la confesión contiene este mismo examen en cuatro partes, hecho para el momento de la confesión. Marcáis las preguntas que os tocan, cada una señalada M o V según la gravedad habitual de la materia; los pecados marcados se recogen en un cuaderno privado, que se borra cuando registráis la confesión; una ayuda doctrinal os guía sobre materia grave, plena advertencia y perfecto consentimiento cuando no sabéis si un pecado es mortal; y una guía paso a paso os acompaña en el confesonario, desde el «Ave María Purísima» hasta el acto de contrición. Únase al acceso anticipado aquí.
Una nota sobre los exámenes de conciencia modernos
Quien busca en internet encuentra muchos exámenes de conciencia recientes, algunos difundidos por oficinas eclesiásticas o movimientos. Descansan sobre los mismos mandamientos. Nosotros seguimos la estructura del Catecismo de San Pío X, que añade dos marcos a menudo olvidados: los siete vicios capitales, que bajan a las raíces, y los deberes del propio estado, donde los adultos más faltan. Sea cual sea el esquema, el valor del examen no está en la hoja, sino en la sinceridad y el dolor de quien lo hace.
Frases de la Escritura para el examen de conciencia
Algunas palabras de la Escritura ayudan a entrar en el espíritu justo (trad. Torres Amat):
- «Por tanto examínese a sí mismo el hombre: y de esta suerte coma de aquel pan, y beba de aquel cáliz» (1 Corintios 11, 28).
- «Si dijéremos que no tenemos pecado, nosotros mismos nos engañamos, y no hay verdad en nosotros. Pero si confesamos humildemente nuestros pecados, fiel y justo es él para perdonárnoslos, y lavarnos de toda iniquidad, según su promesa» (1 Juan 1, 8-9).
- «Padre mío, pequé contra el cielo, y contra ti» (Lucas 15, 18), la palabra del hijo pródigo que vuelve a casa.
Del examen al dolor y al propósito
El examen prepara la confesión, pero no es la confesión. Conocidos los pecados, debe seguir el dolor con el propósito, expresado en el acto de contrición; y para encender ese dolor, nada mejor que el salmo penitencial de David, el Miserere. Después vienen la acusación al sacerdote, la penitencia y la absolución, que explicamos paso a paso en la guía sobre cómo confesarse bien. Y el dolor no necesita ser perfecto para bastar: en la confesión basta el arrepentimiento nacido del temor del castigo, con tal que sea sincero. Lo que importa es no quedarse en la lista: quien conoce sus pecados y no va a confesarlos ha hecho solo la mitad del camino.
Preguntas Frecuentes
¿Cómo se hace un examen de conciencia?
Pidiendo primero luz a Dios y recordando después, delante de Él, los pecados aún no confesados cometidos por pensamientos, palabras, obras y omisiones, contra los mandamientos de Dios y de la Iglesia y contra los deberes del propio estado. Lo más práctico es seguir un orden: los diez mandamientos, los mandamientos de la Iglesia, los siete pecados capitales y los deberes de estado, buscando el número de los pecados mortales.
¿Cuánto debe durar el examen de conciencia?
El tiempo necesario, dice el Catecismo: más o menos según el número y la gravedad de los pecados y el tiempo pasado desde la última confesión. Para quien se confiesa a menudo y se examina cada noche, bastan unos minutos; para quien vuelve tras muchos años, conviene dedicarle más tiempo, sin angustia.
¿Hay que recordar el número exacto de los pecados?
De los pecados mortales hay que buscar el número; si no se recuerda el exacto, se dice el aproximado («unas cinco veces», «una vez por semana durante un año»). De los veniales no es necesario.
¿Qué se necesita para que un pecado sea mortal?
Tres cosas a la vez: materia grave (algo notablemente contrario a la ley de Dios y de la Iglesia), plena advertencia (saber que se hace un mal grave) y perfecto consentimiento de la voluntad (quererlo deliberadamente). Si falta alguna, el pecado es venial.
¿Hay que confesar también los pecados veniales?
No es obligatorio, pero es muy bueno hacerlo: «Estamos obligados a confesarnos de todos los pecados mortales, pero es bueno confesar también los veniales». La confesión frecuente de los veniales ayuda a conocerse y a corregirse.
¿Es pecado olvidar un pecado en la confesión?
No. Quien por puro olvido calla un pecado mortal hace una buena confesión, con tal que haya puesto el debido cuidado en el examen; queda perdonado, pero hay que acusarlo la próxima vez. Ocultarlo por vergüenza, en cambio, profana el sacramento y es un grave sacrilegio.
¿Cómo ayudar a un niño a hacer el examen de conciencia?
Con pocas preguntas sencillas sobre la oración, la Misa, la obediencia, las mentiras, las palabras feas, el trato a los hermanos, las cosas ajenas y la pereza. Conviene explicarle antes que pida a Dios ayuda para recordar y que se arrepienta de corazón, y que el examen lo deje en paz.
¿Existe un examen de conciencia para imprimir o en PDF?
No ofrecemos PDF: todo el examen está en esta página y se imprime tal cual. La app Iter Fidei contiene la versión completa para marcar pregunta por pregunta, con un cuaderno privado y la guía del confesonario.
La app Iter Fidei os acompaña en la confesión: el examen de conciencia en cuatro partes, un cuaderno privado y la guía paso a paso del confesonario. Únase al acceso anticipado aquí.
Fuentes. Catecismo Mayor de San Pío X (los mandamientos de Dios y de la Iglesia; el sacramento de la Penitencia: el examen; los vicios capitales y los pecados más graves); Catecismo del Concilio de Trento (Catecismo Romano), parte III, sobre el Decálogo; san Ignacio de Loyola, Ejercicios espirituales (examen particular); Sagrada Biblia, traducción de Félix Torres Amat (Lamentaciones 3, 40; Salmo 138, 23-24; 1 Corintios 11, 28; 1 Juan 1, 8-9; Lucas 15, 18).