Oraciones
Las Letanías de la Humildad
Las letanías de la humildad, atribuidas al cardenal Merry del Val: el texto completo en español, su origen, qué piden sus tres movimientos y cómo rezarlas.

Las letanías de la humildad son una oración católica que pide al Señor librarnos del deseo de ser estimados y del temor de ser humillados, y desear que otros sean preferidos a nosotros. Se atribuyen comúnmente al cardenal Rafael Merry del Val (1865-1930), secretario de Estado del papa san Pío X, a quien la tradición presenta rezándolas cada día después de la Santa Misa. Es una oración severa —pide exactamente lo que la naturaleza caída resiste— y por eso la han amado las almas serias en la vida interior. Damos primero el texto completo.
El texto completo de las letanías de la humildad
Oh Jesús, manso y humilde de corazón, óyeme.
Del deseo de ser estimado, líbrame, Jesús.
Del deseo de ser amado,
Del deseo de ser ensalzado,
Del deseo de ser honrado,
Del deseo de ser alabado,
Del deseo de ser preferido a otros,
Del deseo de ser consultado,
Del deseo de ser aprobado,Del temor de ser humillado, líbrame, Jesús.
Del temor de ser despreciado,
Del temor de ser reprendido,
Del temor de ser calumniado,
Del temor de ser olvidado,
Del temor de ser ridiculizado,
Del temor de ser injuriado,
Del temor de ser juzgado con malicia,Que otros sean más amados que yo, Jesús, dame la gracia de desearlo.
Que otros sean más estimados que yo,
Que, en la opinión del mundo, otros crezcan y yo disminuya,
Que otros sean escogidos y yo sea dejado de lado,
Que otros sean alabados y yo pase inadvertido,
Que otros sean preferidos a mí en todo,
Que otros sean más santos que yo, con tal de que yo sea todo lo santo que deba ser.
Quién escribió la letanía de la humildad: el cardenal Merry del Val y su origen
Rafael Merry del Val nació en Londres en 1865, hijo de una familia de diplomáticos españoles, y murió en Roma en 1930. San Pío X lo hizo cardenal y su secretario de Estado en 1903, cuando tenía apenas treinta y ocho años; sirvió después como secretario del Santo Oficio hasta su muerte. Hombre de austeridad personal poco común, quedó unido a esta letanía, que según la tradición rezaba para su propia alma.
Conviene, sin embargo, ser exactos: el autor primero de la oración no se conoce con certeza. Una versión muy semejante figura ya en un manual de novicios traducido del francés y publicado en inglés en 1879-1880, cuando Merry del Val tenía catorce años. Lo más probable es que el cardenal hiciera suya una oración que ya circulaba, y que su nombre quedara ligado a ella por el uso que hizo de ella.
Ese uso explica el carácter con que ha llegado hasta nosotros: el examen diario de un hombre colocado en la cumbre del poder eclesiástico, que sabía que la cumbre es el lugar más peligroso para la soberbia.
Qué pide esta oración: tres movimientos
La letanía avanza en tres movimientos, cada uno más exigente que el anterior.
- Ser librado del deseo de la estima. Las primeras peticiones piden quedar libres del apetito de ser alabados, honrados, preferidos, consultados. No piden que nadie nos estime, sino dejar de necesitarlo.
- Ser librado del temor de la humillación. Las siguientes atacan el reverso del mismo mal: el miedo al desprecio, a la calumnia, al olvido. La soberbia vive tanto del deseo de honor como del pánico a perderlo. Quien teme ser juzgado con malicia por los hombres puede apoyarse en la oración del Justo Juez, porque solo el juicio de Cristo es perfectamente justo.
- El deseo positivo. Las últimas ya no piden ser librados de nada, sino recibir la gracia de desear que otros sean más amados, más estimados, escogidos antes que nosotros.
La petición final es la más honda: que otros sean más santos que yo, con tal de que yo sea todo lo santo que deba ser. No pide mediocridad; pide la muerte de la vanidad, dejando intacta la sed de santidad.
Cómo rezar las letanías de humildad
Las letanías de humildad no son una oración para recitar deprisa. Convienen después de la Sagrada Comunión, en el retiro o en el examen de la noche, cuando el alma puede mirar sin excusas sus propios apegos. A las primeras peticiones se responde líbrame, Jesús; a las últimas, Jesús, dame la gracia de desearlo. Cada invocación es una pequeña cirugía sobre la soberbia: rezada con honradez y constancia, hace su obra.
Conviene no asustarse de la resistencia interior que provoca. Sentir que uno no desea aún lo que pide es normal; por eso la oración no dice "yo lo deseo", sino "dame la gracia de desearlo". Quien la reza a diario junto al Santo Rosario tiene dos escuelas complementarias: la contemplación de los misterios de Cristo y el combate directo contra el amor propio.
La humildad, fundamento de la vida cristiana
La letanía no es un ejercicio de psicología, sino la petición de una virtud precisa. Nuestro Señor la señaló como la lección propia de su Corazón: "Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis el reposo para vuestras almas" (Mt 11, 29). Por eso la letanía se abre invocando a Jesús manso y humilde de corazón — el título con que la Iglesia venera al Sagrado Corazón de Jesús. Y el Señor añadió la ley que la letanía toma al pie de la letra: "quien se humilla, será ensalzado" (Lc 14, 11).
Santo Tomás de Aquino enseña que la humildad refrena el apetito desordenado de la propia excelencia (Suma Teológica, II-II, q. 161). San Agustín, preguntado por el camino hacia Dios, respondió que lo primero es la humildad, lo segundo la humildad y lo tercero la humildad. Sin ella, las demás virtudes se pudren en secreto, porque la soberbia sabe alimentarse incluso de las buenas obras. La letanía de la humildad es esta doctrina convertida en petición.
Las letanías en la tradición de la Iglesia
La letanía es una de las formas de oración más antiguas de la Iglesia: invocaciones breves a las que se responde con una misma fórmula, pidiendo con la insistencia que el Evangelio nos manda. Entre las letanías aprobadas para el culto público están las Letanías de los Santos, las del Santísimo Nombre de Jesús, las del Sagrado Corazón, las de San José y las Letanías Lauretanas — las letanías del Rosario que rezamos al terminar las cinco decenas.
Las letanías de la humildad no pertenecen a esa lista: son una devoción privada, ligada al nombre de un cardenal que la rezaba para su propia alma, y transmitida para uso de cualquier católico que quiera hacer la guerra a su soberbia. Por eso pueden rezarse a solas o en familia, enteras o por partes, sin rúbrica fija.
Preguntas Frecuentes
¿Qué son las letanías de la humildad?
Son una oración católica que pide a Jesús librarnos del deseo de ser estimados y del temor de ser humillados, y concedernos la gracia de desear que otros sean preferidos a nosotros. Avanzan en tres movimientos: contra el deseo de honor, contra el miedo al desprecio y hacia el deseo de que otros crezcan y nosotros disminuyamos.
¿Quién escribió las letanías de la humildad?
Se atribuyen comúnmente al cardenal Rafael Merry del Val (1865-1930), secretario de Estado del papa san Pío X y después secretario del Santo Oficio, que según la tradición las rezaba cada día después de la Misa. El autor primero no se conoce con certeza: una versión muy parecida se publicó ya en 1879-1880 en un manual de novicios traducido del francés.
¿Cómo se rezan las letanías de la humildad?
Despacio, preferiblemente después de la Comunión, en retiro o al examinar la conciencia por la noche. A las peticiones sobre el deseo y el temor se responde líbrame, Jesús; a las finales, Jesús, dame la gracia de desearlo. Por ser devoción privada no hay rúbrica fija; lo esencial es la honradez y la constancia.
¿Cuál es la diferencia entre las letanías de la humildad y las letanías del Rosario?
Las letanías del Rosario —las Letanías Lauretanas— son invocaciones a la Santísima Virgen aprobadas para el culto público, que se rezan al terminar el Rosario. Las letanías de la humildad son una devoción privada dirigida a Jesús, que no forma parte de la liturgia. Ambas comparten la misma forma: invocaciones breves con una respuesta repetida.
¿Qué es una letanía?
Una letanía es una forma de oración muy antigua: una serie de invocaciones cortas, dichas por quien dirige, a las que se responde con una misma fórmula. El ritmo de la repetición fija la mirada del corazón y hace pedir con insistencia. La Iglesia aprueba varias letanías para el culto público y admite muchas otras como devoción privada.
¿Qué son las letanías de la confianza?
Con ese nombre circula una oración reciente, compuesta en el siglo XXI por una religiosa de las Hermanas de la Vida en Nueva York sobre el modelo de las letanías de la humildad. No pertenece al corpus tradicional de la Iglesia. Quien busca una oración probada de confianza en la misericordia divina tiene la propia letanía de la humildad —que es, en el fondo, un acto de confianza total— y devociones tradicionales como la novena al Sagrado Corazón de Jesús.
Iter Fidei ofrece las letanías y las oraciones tradicionales de la Iglesia, en latín y en español con audio. Únase al acceso anticipado aquí.
Fuentes. Letanías de la humildad, atribuidas al cardenal Rafael Merry del Val (1865-1930), secretario de Estado de san Pío X; Sagrada Biblia, versión de Torres Amat (Mt 11, 29; Lc 14, 11); Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, II-II, q. 161; San Agustín, Carta 118 a Dióscoro.