Novenas
Novena al Sagrado Corazón de Jesús
La novena al Sagrado Corazón de Jesús, nacida de las revelaciones a Santa Margarita María Alacoque: las doce promesas, su estructura día por día y la oración para los nueve días.

Hay una devoción que la Iglesia ha amado con una ternura particular: la del Sagrado Corazón de Jesús, ese Corazón abierto por la lanza, del que brotaron sangre y agua sobre el mundo. La novena al Sagrado Corazón de Jesús es una manera de acercarse a esa fuente que la Iglesia ha enriquecido con indulgencias. Durante nueve días consecutivos nos detenemos ante ese Corazón, le ofrecemos nuestras miserias y le pedimos las gracias que solo el amor de Dios puede conceder.
Aquí os acompañamos paso a paso: de dónde nace esta devoción, qué son las célebres doce promesas, cómo se estructura la novena del Sagrado Corazón y con qué oración rezarla cada día.
El Corazón abierto: el fundamento de la devoción
Antes que devoción privada, el Sagrado Corazón es un dato del Evangelio. San Juan, testigo al pie de la Cruz, refiere que un soldado abrió con la lanza el costado de Cristo ya muerto, "le abrió el costado, y al instante salió sangre, y agua" (Juan 19, 34, versión de Torres Amat). Los Padres de la Iglesia vieron en ese costado abierto la puerta del Corazón de Dios, y en la sangre y el agua el signo de los sacramentos por los que vive la Iglesia.
El mismo Señor había anunciado el carácter de ese Corazón cuando dijo: "Venid a mí todos los que andáis agobiados con trabajos y cargas, que yo os aliviaré [...] aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón" (Mateo 11, 28-29). Adorar el Sagrado Corazón no es, pues, una novedad sentimental: es contemplar el amor con que el Verbo hecho carne nos ha amado hasta el extremo.
El Catecismo de San Pío X recuerda que la primera y mayor obligación del cristiano es amar a Dios sobre todas las cosas, y que ese amor se nutre de la oración y de la caridad hacia el prójimo. La devoción al Sagrado Corazón es precisamente una escuela de ese amor: nos enseña a corresponder, aunque sea pobremente, al Corazón que primero nos amó.
Santa Margarita María Alacoque y el origen de la novena
La forma moderna de esta devoción quedó ligada a una humilde religiosa visitandina, Santa Margarita María Alacoque (1647-1690), del monasterio de Paray-le-Monial, en Francia. Entre 1673 y 1675, según ella misma relató a sus superiores y a su director, el jesuita beato Claudio de la Colombière (canonizado en 1992), Nuestro Señor se le mostró repetidas veces descubriéndole su Corazón rodeado de espinas y coronado de fuego.
Conviene tener presente que estas apariciones pertenecen al orden de las revelaciones privadas: no añaden nada al depósito de la fe, y la Iglesia las propone como un estímulo piadoso, no como artículo que haya que creer con fe divina. Lo que sí ha aprobado y enriquecido con indulgencias es la devoción que de ellas brotó. Las relatamos, por tanto, para alimentar la piedad, remitiendo siempre a la doctrina común de la Iglesia.
De aquel mensaje nació la fiesta litúrgica del Sagrado Corazón, la práctica de la Comunión reparadora de los primeros viernes y, con el tiempo, la costumbre de honrar al Corazón de Jesús con novenas. Rezar la novena al Sagrado Corazón de Jesús es continuar esa larga corriente de almas que han buscado consolar a Cristo y dejarse amar por Él.
Las doce promesas del Sagrado Corazón
A Santa Margarita María se atribuyen las célebres doce promesas que el Señor habría hecho a quienes honran su Corazón. Conviene recordar de nuevo que pertenecen a la revelación privada; las recogemos como expresión de la confianza que la Iglesia ha alentado, no como fórmula mágica:
- Daré a estas almas todas las gracias necesarias para su estado.
- Estableceré y conservaré la paz en sus familias.
- Las consolaré en sus penas.
- Seré su refugio seguro durante la vida y, sobre todo, en la hora de la muerte.
- Derramaré abundantes bendiciones sobre todas sus empresas.
- Los pecadores hallarán en mi Corazón la fuente y el océano infinito de la misericordia.
- Las almas tibias se volverán fervorosas.
- Las almas fervorosas se elevarán a gran perfección.
- Bendeciré las casas donde se exponga y honre la imagen de mi Sagrado Corazón.
- Daré a los sacerdotes el don de mover los corazones más endurecidos.
- Quienes propaguen esta devoción tendrán su nombre escrito en mi Corazón.
- La llamada Gran Promesa: a quienes comulguen los primeros viernes de mes durante nueve meses seguidos, les concederé la gracia de la penitencia final, de modo que no mueran sin recibir los sacramentos.
Sobre esta última promesa cabe una advertencia sobria: no autoriza presunción ni dispensa de la vida cristiana. La Comunión solo aprovecha al que la recibe en estado de gracia y con las debidas disposiciones, como enseña el Catecismo de San Pío X al tratar de la Eucaristía. La Gran Promesa supone, pues, una vida que ya está vuelta hacia Dios, no un seguro contra la conversión perezosa.
Cómo rezar la novena del Sagrado Corazón
La novena del Sagrado Corazón se reza durante nueve días consecutivos. Aunque se puede hacer en cualquier momento del año, es tradición rezarla en los nueve días que preceden a la fiesta del Sagrado Corazón —fiesta de primera clase en el calendario de 1962, el viernes que sigue al segundo domingo después de Pentecostés, es decir, el que seguía a la antigua octava del Corpus— o bien a lo largo del mes de junio, consagrado a este misterio.
La estructura es sencilla y se repite cada día:
- Señal de la Cruz y un acto de presencia de Dios.
- Acto de contrición, para acercarse con el corazón limpio.
- Lectura breve o consideración sobre el amor del Corazón de Jesús.
- La oración de la novena (que damos abajo), con la petición particular.
- El acto de confianza, tres veces: "Corazón de Jesús, en Ti confío."
- Un Padrenuestro y un Gloria, o las letanías del Sagrado Corazón.
- El versículo y la colecta de la fiesta.
Lo esencial no es la cantidad de palabras, sino la constancia y la confianza. Quien se compromete a estos nueve días aprende a perseverar, y la perseverancia es ya un fruto del amor.
Oración para los nueve días
Esta es la oración diaria de la novena, tal como la tiene la aplicación Iter Fidei; se reza cada uno de los nueve días, presentando la intención, y se sella con el acto de confianza.
Nota sobre el texto. La novena al Sagrado Corazón, como práctica, está indulgenciada (Raccolta, ed. oficial de 1943, n. 218), pero esta forma concreta no tiene aprobación propia. Sus dos primeros párrafos son la oración «Oh Corazón santísimo de Jesús, fuente de toda bendición», indulgenciada por breve del 4 de diciembre de 1915 (Raccolta, n. 231); la súplica «En tu Corazón deposito…» es un añadido de devoción. El acto «Corazón de Jesús, en Ti confío» está también en la Raccolta (n. 195), y la oración oficial de la Iglesia para la fiesta es la colecta del Misal, que cierra cada día.
Oh Corazón santísimo de Jesús, fuente de toda bendición, te adoro, te amo, y con vivo dolor de mis pecados te ofrezco este pobre corazón mío. Hazme humilde, paciente, puro y enteramente obediente a tu voluntad.
Concédeme, buen Jesús, vivir en ti y para ti. Protégeme en medio de los peligros; consuélame en mis aflicciones; dame salud del cuerpo, auxilio en mis necesidades temporales, tu bendición sobre todas mis obras y la gracia de una santa muerte.
En tu Corazón deposito todas mis inquietudes. En toda necesidad acuda yo a ti con humilde confianza, diciendo: Corazón de Jesús, socórreme.
(Exprésese aquí, en silencio, la intención que se confía al Corazón de Jesús, la misma durante los nueve días.)
Acto de confianza (tres veces):
Corazón de Jesús, en Ti confío.
Cada día se concluye con el versículo y la colecta de la Misa del Sagrado Corazón del Misal de 1962:
℣. Jesús, manso y humilde de corazón.
℟. Haz nuestro corazón semejante al tuyo.Oremus. Deus, qui nobis in Corde Filii tui, nostris vulnerato peccatis, infinitos dilectionis thesauros misericorditer largiri dignaris: concede, quaesumus; ut, illi devotum pietatis nostrae praestantes obsequium, dignae quoque satisfactionis exhibeamus officium. Per eundem Dominum nostrum Iesum Christum Filium tuum, qui tecum vivit et regnat in unitate Spiritus Sancti Deus, per omnia saecula saeculorum. Amen.
Oremos. Oh Dios, que os dignasteis otorgarnos bondadosamente los infinitos tesoros de vuestro amor en el Corazón de vuestro Hijo, herido por nuestros pecados; concedednos, os suplicamos, que, al ofrecerle el devoto obsequio de nuestra piedad, le ofrezcamos también el obsequio de una digna reparación. Por el mismo Jesucristo, vuestro Hijo, nuestro Señor, que con Vos vive y reina en unidad del Espíritu Santo, Dios, por todos los siglos de los siglos. Amén.
Terminada la oración, conviene unirse a la Iglesia con un acto de reparación, ofreciendo al Corazón de Jesús el desagravio por las ofensas que recibe, sobre todo en el Santísimo Sacramento.
Quien desee profundizar en el sentido de esta devoción y en su lugar dentro de la liturgia tradicional puede leer nuestra página dedicada al Sagrado Corazón de Jesús. Y como toda novena, esta se sostiene mejor cuando se enmarca en la oración diaria: el rosario, las oraciones católicas de la mañana y la noche, y la frecuente meditación de los salmos de protección.
Preguntas Frecuentes
¿Qué es una novena católica?
Una novena es una práctica de oración que se repite durante nueve días consecutivos para pedir una gracia o preparar una fiesta. El número evoca los nueve días que los Apóstoles y la Virgen pasaron en oración entre la Ascensión y Pentecostés, esperando al Espíritu Santo. Su fuerza no está en una fórmula, sino en la perseverancia confiada con que el cristiano insiste ante Dios.
¿Cómo se reza la novena al Sagrado Corazón?
Se reza un mismo esquema durante nueve días: señal de la cruz, acto de contrición, una breve consideración sobre el amor del Corazón de Jesús, la oración de la novena con la petición particular, el acto de confianza "Corazón de Jesús, en Ti confío", un Padrenuestro y un Gloria (o las letanías) y la colecta de la fiesta. Lo importante es no interrumpir los nueve días.
¿Cuándo se reza la novena del Sagrado Corazón?
Puede rezarse en cualquier época, pero tradicionalmente se hace en los nueve días que preceden a la fiesta del Sagrado Corazón (el viernes que sigue al segundo domingo después de Pentecostés) o a lo largo del mes de junio, consagrado a este misterio. También es muy propia antes de iniciar la práctica de los primeros viernes.
¿Qué son las doce promesas del Sagrado Corazón?
Son doce gracias que, según las revelaciones a Santa Margarita María Alacoque, Nuestro Señor prometió a quienes honran su Corazón: paz en las familias, consuelo en las penas, refugio en la muerte y, sobre todas, la Gran Promesa de la gracia final para quienes comulguen los primeros viernes durante nueve meses. Pertenecen a la revelación privada y suponen siempre una vida vivida en gracia.
¿Quién fue Santa Margarita María Alacoque?
Fue una religiosa visitandina francesa (1647-1690) del monasterio de Paray-le-Monial, a quien se atribuyen las apariciones del Sagrado Corazón entre 1673 y 1675. Con la ayuda de su director, el beato Claudio de la Colombière, dio a conocer el mensaje del Corazón de Jesús, del que nacieron la fiesta litúrgica, la Comunión reparadora de los primeros viernes y la difusión de esta devoción.
¿Hay que estar en gracia para que valga la Gran Promesa?
Sí. Ninguna promesa dispensa de las disposiciones que la Iglesia siempre ha exigido. El Catecismo de San Pío X enseña que para comulgar bien hace falta estar en estado de gracia y acercarse con las debidas disposiciones. La Gran Promesa supone una vida ya vuelta hacia Dios; no es un atajo que sustituya la conversión y la perseverancia.
La app Iter Fidei trae las oraciones, las novenas, los salmos y el rosario, en latín y español, con audio. Únase al acceso anticipado aquí.
Fuentes. Sagrada Escritura, Biblia de Félix Torres Amat (Mateo 11, 28-29; Juan 19, 34); Catecismo de la Doctrina Cristiana de San Pío X (sobre el amor a Dios y las disposiciones para la Comunión); Misal Romano de 1962 (Misa del Sagrado Corazón); tradición devocional ligada a Santa Margarita María Alacoque y al monasterio de Paray-le-Monial.