Novenas
Novena a Santa Filomena
El texto completo de la novena a Santa Filomena, virgen y mártir: la oración de todos los días y los nueve días, con la historia de esta poderosa devoción para casos difíciles y causas imposibles.

La novena a Santa Filomena es una de las devociones más queridas del pueblo católico para presentar a Dios, por la intercesión de esta joven virgen y mártir, las peticiones más difíciles, urgentes y aparentemente imposibles. Se reza durante nueve días seguidos —a menudo los que preceden a su antigua fiesta del 11 de agosto, suprimida en 1961— pidiendo con humildad y confianza una gracia concreta: la salud de un enfermo, la conversión de un ser querido, la paz en el hogar, el sustento honrado, un hijo o la fortaleza en la prueba. Su gran devoto, el santo Cura de Ars, le atribuía todos los prodigios obtenidos en su parroquia, y la piedad popular la invoca como abogada de las causas desesperadas.
Nota sobre el texto. Esta novena no es un texto litúrgico: es la difundida por el P. Paul O'Sullivan, O.P., en un libro con nihil obstat e imprimatur, y su oración final es la aprobada con el culto por Gregorio XVI en 1837. Desde 1961 santa Filomena no tiene culto litúrgico, de modo que el Misal de 1962 no le da colecta.
La oración de todos los días
El texto que damos es la novena difundida por el dominico Paul O'Sullivan en su libro sobre «la querida santita del Cura de Ars», publicado con nihil obstat e imprimatur. Cada día se hace la señal de la cruz y se reza esta oración común, con la petición; se añaden un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria, y se pasa a la meditación del día:
Oh santa Filomena, dígnate rogar por mí durante esta novena hecha en tu honor. Tú sabes lo que espero de tu intercesión.
(Exprésese aquí, en los términos que se quiera, el favor que se desea obtener, el mismo durante los nueve días.)
Santa Filomena, en quien el santo Cura de Ars ponía toda su confianza, ¡yo también confío en ti! Santa Filomena, Virgen y Mártir, ruega por nosotros.
Los nueve días
Día 1 — El sepulcro de la catacumba
Con el pensamiento, oh santa Filomena, desciendo a aquella catacumba romana donde tus sagrados restos quedaron sepultados durante siglos. Venero estas reliquias de una Virgen mártir de los primeros tiempos de la Iglesia, y leo luego en los tres ladrillos que cerraban tu sepulcro esta suave inscripción: ¡PAX TECUM FILUMENA! La paz sea contigo, hija de la luz. Santa Filomena, tu nombre significa Amada. Sí, en verdad, tus precoces virtudes, tu pureza virginal, tu valor en el sacrificio te merecieron ser aquí abajo, antes aún de serlo en el Cielo, una de aquellas almas a quienes Jesús amó de modo particular. Y ahora, tras tu inmolación sangrienta, ¡reposas en la paz, en la paz eterna!
Oh santa Filomena, alcánzame huir del pecado, permanecer en la gracia de Dios y poseer así siempre la paz de la buena conciencia, para que también yo tenga un lugar privilegiado en el corazón de mi Dios.
Día 2 — La vida oculta
Oh santa Filomena, sólo a la aurora del siglo diecinueve salió tu humilde tumba, como por azar, del olvido. Hasta entonces se ignoraba incluso tu existencia y tu nombre. ¿Cómo transcurrió tu existencia en la tierra? Lo ignoramos. Sabemos solamente que se acabó en pocos años y que fue humilde como tu sepulcro. ¡Oh, la vida oculta, la vida modesta y oscura, cómo la realzas a los ojos del cristiano! Es la vida de Jesús en Nazaret, y fue la tuya, dulce Virgen mártir.
Enséñame a apreciarla y a amarla. Hazme despreciar y huir, como merecen, las vanidades de un mundo culpable. Que a tu ejemplo me apegue a los deberes de mi estado, por humildes y laboriosos que sean, para que, cumpliéndolos, también yo realice la divina Voluntad.
Día 3 — El lirio de la virginidad
Oh santa Filomena, la Iglesia te ha otorgado el título de Virgen. Fuiste inmolada en la primavera de tu vida, y habías permanecido pura en medio de un mundo pagano corrompido y corruptor. Eres como un hermoso lirio ensangrentado cuyo perfume, atravesando los siglos, ha llegado hasta nosotros. ¿No fue acaso tu amor de la virginidad lo que te hizo aceptar tan generosamente el martirio?
Los tiempos en que vivimos, oh Santita, ¿son menos malos que aquellos en que tú viviste? ¡A cuántos peligros están expuestas las almas creyentes! Guárdame en medio de este mundo. Dame al mismo tiempo el amor de la oración, que aparta los peligros y que, como decía tu santo amigo el Cura de Ars, hace a un alma pura todopoderosa sobre el corazón tan bueno de Nuestro Señor.
Día 4 — La palma del martirio
Oh santa Filomena, junto con el título de Virgen, la Iglesia te ha otorgado el título de Mártir. Aquella palma, pintada sobre tu sepulcro, prueba en efecto que diste a Jesucristo el supremo testimonio del amor. A los trece años dejaste la tierra, cuando la vida te sonreía, llena de promesas; pero para evitar la muerte habría sido preciso renegar de Dios, y tú no lo quisiste.
Santa Mártir, tú nos enseñas el precio de nuestra alma y cuán precioso es el tesoro de nuestra fe. Nos enseñas además que debemos soportarlo todo, sufrirlo todo, antes que abandonar nuestras prácticas religiosas y la obediencia a las leyes de la Iglesia. Alcánzame la fuerza en las pruebas, en las penas, en las enfermedades, con el valor de hacer, por amor de Dios, todos los sacrificios necesarios.
Día 5 — Los prodigios de Mugnano
Oh santa Filomena, fue en el santuario de Mugnano, en Italia, donde manifestaste primero tu benévolo poder. Apenas fueron allí honrados tus restos preciosos, se multiplicaron los milagros debidos a tu intercesión. Al pie de tu relicario fue curada, en particular, una moribunda traída de Francia, aquella misma que había fundado en Lyon la admirable obra de la Propagación de la Fe. Aquella curación movió al sumo Pontífice Gregorio XVI a aprobar tu culto, ya tan extendido. «Es una gran Santa», había dicho ya de ti el papa León XII.
Sí, oh amada de Cristo, lo creemos: eres verdaderamente una gran Santa. También un pueblo de la tierra de Francia, Ars, fue testigo de tus prodigios. Tu poder no ha disminuido en nada: pasa, pues, tu Cielo haciendo el bien en la tierra, y echa una mirada de compasión sobre quienes, todavía hoy, no esperan su curación sino del Cielo.
Día 6 — La querida santita del Cura de Ars
Oh santa Filomena, durante treinta años un sacerdote de Francia a quien la Iglesia ha canonizado, el Cura de Ars, no cesó de invocarte y de hacerte invocar. Te llamaba su querida santita, su cónsul, su encargada de negocios ante Dios. Por ti obtuvo san Juan María Vianney de Dios gracias y milagros sin número. A petición suya sanabas los cuerpos, convertías las almas. En verdad, parecías obedecerle como un niño a su padre.
Una oración ferviente, oh dulce Virgen Mártir, halla siempre el camino de tu corazón. Por eso, inspirándome en el ejemplo del santo Cura de Ars, insisto ante ti. A veces ponías a prueba su paciencia: si quieres probar mi fe, dame, junto con la perseverancia en la oración, la confianza segura de que Dios, rogado por ti, me concederá la gracia mejor.
Día 7 — El combate contra el infierno
Oh santa Filomena, se cuenta en la vida del santo Cura de Ars que te aparecías a él para confortarlo en medio de las luchas que había de sostener contra el infierno. Descendías hacia él del Cielo, bella y luminosa, trayéndole un reflejo de los divinos esplendores. ¿No decía acaso, en su lenguaje sencillo: «Con la santísima Virgen y santa Filomena nos conocemos bien»?
Valerosa Mártir, también yo deseo conocerte bien, a ti y a la Virgen bendita que aplasta la cabeza de la serpiente infernal. Satanás multiplica los asaltos contra las almas bautizadas; la toma especialmente con las almas de los más pequeños. Oh santita del Cura de Ars, haz impotente su rabia. Dame un horror cada vez mayor del pecado, para que no tenga sobre mí imperio alguno. Fortaléceme en medio de las tentaciones y dame la victoria.
Día 8 — La apóstol de lo sobrenatural
Oh santa Filomena, del mundo desaparecerían poco a poco las verdades del Evangelio si, de vez en cuando, Dios no nos las mostrara vivas en un alma llena de fe. Al salir de la gran revolución que acumuló tantas ruinas, fuiste como la mensajera de Dios y la apóstol de lo sobrenatural. En muchas almas tus prodigios han vuelto a encender o han reanimado la fe.
Tu misión, oh Virgen de Cristo, no está aún acabada. El deseo de los goces, las pasiones malas, las doctrinas perversas han ejercido sus estragos en demasiadas almas de nuestro tiempo y de nuestro país. Hay hombres que se empeñan en arrojar la religión consoladora del corazón de los humildes y de los pequeños. Combate, te lo ruego, su acción perversa; haz que yo mismo ejerza en torno a mí una influencia cristiana y saludable.
Día 9 — La paz del Cielo
Oh santa Filomena, después de las pruebas de la tierra, después de los tormentos del martirio, allá arriba reposas en la paz. Gozas de la visión sin fin de aquel Dios a quien tanto amaste. De todas tus penas, de todos tus sufrimientos, no te queda ya sino el gozo de haberlos aceptado generosamente, y una gloria eterna. ¡Qué feliz eres!
Para mí es todavía el destierro lejos de la casa de nuestro Padre. Mira las miradas de mi corazón dirigidas hacia ti. Escucha mi ferviente oración. Esta novena no se acabará sin que yo te suplique, oh dulce y poderosa Filomena, que me continúes tu ayuda y tu protección. Por ti imploro la gracia final, la dicha de contemplar, contigo y con el santo Cura de Ars, a Aquel que hace en el Cielo las eternas delicias de los elegidos.
Oración final para todos los días
Cada día termina con el versículo y la oración aprobada con el culto de la santa por Gregorio XVI en 1837:
℣. Ruega por nosotros, santa Filomena.
℟. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.Oremos. Oh Dios, dador de todos los bienes, que en tu sierva Filomena consagraste la palma del martirio junto con la flor de la virginidad: une nuestras almas a ti en la caridad por su intercesión, para que, apartados los peligros, alcancemos los premios eternos. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
Oremus. Deus, omnium largitor bonorum, qui in famula tua Philumena cum virginitatis flore martyrii palmam consecrasti: mentes nostras eius intercessione tibi caritate coniunge, ut amotis periculis praemia consequamur aeterna. Per Christum Dominum nostrum. Amen.
El Padrenuestro, el Avemaría y el Gloria al Padre de cada día se ofrecen por la intención de la novena. Otras plegarias a la santa están en nuestra oración a Santa Filomena.
La novena para una causa difícil o imposible
Muchos buscan esta novena a Santa Filomena para casos difíciles, para peticiones desesperadas o para una causa imposible. Santa Filomena es honrada precisamente como patrona de las causas desesperadas, olvidadas e imposibles. Conviene recordar que la novena no es un conjuro ni una fórmula mágica que fuerce a Dios: es una súplica humilde y confiada. Se pide lo bueno y honesto —la salud, la reconciliación, el pan de cada día, la conversión de un hijo, la paz de un matrimonio— y se deja el resultado en las manos de Dios, que sabe darnos siempre lo mejor. Para intenciones semejantes puede acompañarse con la oración para casos difíciles o unirse a la novena a San Judas Tadeo, otro poderoso patrono de las causas desesperadas.
Versión corta de la novena
Cuando no se dispone de tiempo, basta rezar cada día, con recogimiento, la oración común de todos los días con su petición, el Padrenuestro, el Avemaría y el Gloria, y la oración final. Es la novena en su forma esencial.
Novena en PDF para imprimir
Muchos buscan la novena a Santa Filomena en PDF o un texto para imprimir. El texto completo de esta página puede copiarse e imprimirse libremente para uso devocional: basta seleccionarlo, guardarlo en un documento y llevarlo consigo estos nueve días. En lugar de una hoja suelta, llévala en la aplicación Iter Fidei: esta misma novena, día por día, con la oración final en latín y en español, incluso sin conexión. Únase al acceso anticipado aquí.
Cómo se reza esta novena
Rezar una novena es sencillo: consiste en repetir una oración durante nueve días consecutivos, a imitación de los nueve días que los Apóstoles y la Santísima Virgen pasaron en oración entre la Ascensión y Pentecostés (si quieres profundizar, lee qué es una novena). Para rezar la novena a Santa Filomena:
- Elige un momento fijo cada día —la mañana o la noche son ideales— y persevera los nueve días sin interrupción.
- Comienza con la señal de la cruz, reza la oración común con un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria, la meditación y oración propias del día, y cierra con la oración final.
- Formula una sola petición clara y ofrécela con confianza filial, dispuesto a aceptar la voluntad de Dios.
- Prepara el alma con la gracia: quien pueda, que se acerque a la confesión y a la Santa Comunión durante estos días, pues la oración del alma en gracia es mucho más agradable a Dios.
Si rezas la novena para llegar a su antigua fiesta, comiénzala el 2 de agosto, de modo que el noveno día caiga el 10, víspera del 11 de agosto. Pero la novena puede rezarse en cualquier momento del año en que aprieta la necesidad.
Quién fue Santa Filomena: la historia de la devoción
Santa Filomena es venerada como mártir de la Iglesia primitiva, aunque su culto no floreció hasta el siglo XIX. En mayo de 1802, explorando la catacumba de Santa Priscila, en Roma, se hallaron los restos de una joven de unos trece años. Sepultada junto a ellos había una ampolla con residuos de sangre —señal antigua de martirio— y tres ladrillos de barro cocido con los símbolos del ancla, la palma, el lirio, el azote y la flecha, y la inscripción Pax tecum Filumena, «la paz sea contigo, Filomena». Se la veneró como una virgen que había dado la vida por Cristo.
En 1805 las reliquias fueron trasladadas a Mugnano del Cardinale, cerca de Nápoles, donde se conservan hasta hoy y donde comenzaron a obrarse prodigios extraordinarios. La devoción se extendió con una rapidez asombrosa. En 1835, Paulina Jaricot —fundadora en Lyon de la Obra de la Propagación de la Fe y del Rosario Viviente—, desahuciada por los médicos, acudió a Mugnano y sanó junto a las reliquias. Aquella curación movió al Papa Gregorio XVI a aprobar el culto público de Santa Filomena, con Misa y Oficio propios, el 30 de enero de 1837, fijando su fiesta el 11 de agosto; la tuvo además por patrona del Rosario Viviente. Era un hecho insólito, tratándose de una mártir de la que no se conserva relato histórico alguno de su vida.
Su devoto más célebre fue San Juan María Vianney, el santo Cura de Ars, que atribuía a Santa Filomena las innumerables gracias y conversiones de su parroquia, le levantó una capilla y la llamaba familiarmente su «querida santita», su «cónsul», su «encargada de negocios ante Dios».
La mirada de la tradición: Santa Filomena y el calendario de 1962
Conviene decirlo con honradez, porque toca directamente al rito de 1962. Por la instrucción de la Sagrada Congregación de Ritos del 14 de febrero de 1961, la fiesta de Santa Filomena del 11 de agosto, que nunca había figurado en el calendario general y se celebraba por concesión en muchos lugares, fue suprimida de todos los calendarios particulares, por falta de documentos históricos fiables sobre su vida (lo que de ella se contaba procedía de revelaciones privadas). Por eso el calendario de 1962 ya no la contiene: el 11 de agosto se hace conmemoración de los santos Tiburcio y Susana, y su Misa y su Oficio propios dejaron de celebrarse.
Aquella supresión afectó al culto litúrgico, no a la devoción privada: sus reliquias siguen veneradas en Mugnano, y los fieles pueden rezarle esta novena, como lo hacía el santo Cura de Ars, sin presentarla como parte de la liturgia de la Iglesia.
Preguntas Frecuentes
¿Cómo se reza la novena a Santa Filomena?
Se reza durante nueve días seguidos. Cada día se hace la señal de la cruz, se dice la oración común con la petición que se desea, un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria, se medita la consideración propia del día (del primero al noveno) con su oración, y se concluye con el versículo y la oración final. Lo importante es la constancia y una intención clara y honesta.
¿Cuándo empieza la novena de Santa Filomena?
Puede rezarse en cualquier momento del año que apremie una necesidad. Si se quiere hacer coincidir con su antigua fiesta, se empieza el 2 de agosto, para que el último día caiga en la víspera del 11 de agosto, fecha que tuvo hasta 1961.
¿Cuál es el día de Santa Filomena?
Su fiesta, aprobada por Gregorio XVI en 1837, era el 11 de agosto. En 1961 fue suprimida de todos los calendarios particulares en que se celebraba, de modo que no figura en el calendario de 1962; el 11 de agosto sigue siendo, sin embargo, la fecha en torno a la cual sus devotos rezan la novena.
¿Sirve la novena a Santa Filomena para casos difíciles y causas imposibles?
Sí. Santa Filomena es honrada como patrona de las causas desesperadas, olvidadas e imposibles, y muchos fieles acuden a ella en las situaciones más angustiosas. Recuerda que la novena no es magia: es una súplica confiada. Se pide el bien —salud, reconciliación, sustento honrado, conversión, paz— y se deja el resultado en manos de Dios.
¿Qué se le pide a Santa Filomena?
Se le pide su intercesión en toda necesidad legítima: la salud de los enfermos, la protección de los niños, el don de los hijos, la pureza y la fortaleza de los jóvenes, la conversión de los pecadores, la paz del hogar y el auxilio en la hora de la muerte. Toda petición debe ordenarse siempre a la voluntad de Dios y al bien del alma.
¿Puedo rezar una versión corta de la novena?
Sí. Cuando falta tiempo, basta rezar cada día con recogimiento la oración común con la petición, un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria, y la oración final. Vale más una novena corta rezada con fe y constancia que una larga rezada de prisa y sin atención.
¿Dónde encuentro la novena de Santa Filomena en PDF o para imprimir?
Puedes copiar el texto de esta página, guardarlo en un documento y imprimirlo para tu uso devocional durante los nueve días. Mejor que un PDF: en la aplicación Iter Fidei tienes esta misma novena siempre disponible, incluso sin conexión. Únase al acceso anticipado aquí.
¿Es Santa Filomena una santa reconocida por la Iglesia?
No hubo un proceso de canonización ordinario: el Papa Gregorio XVI aprobó en 1837 su culto público, con Misa y Oficio propios, a raíz de los milagros de Mugnano. En 1961 la Sagrada Congregación de Ritos suprimió su fiesta de todos los calendarios, por falta de documentos históricos fiables sobre su vida; desde entonces no tiene culto litúrgico, pero la devoción privada y la veneración de sus reliquias en Mugnano siguen.
En Iter Fidei guardamos esta novena y cientos de oraciones tradicionales del rito de 1962, para que reces con la Iglesia de siempre esté donde estés. Únase al acceso anticipado aquí.
Fuentes. P. Paul O'Sullivan, O.P., Santa Filomena, la querida santita del Cura de Ars (con nihil obstat e imprimatur); Gregorio XVI, aprobación del culto de Santa Filomena y de su oración propia (30 de enero de 1837); Sagrada Congregación de Ritos, instrucción sobre los calendarios particulares (14 de febrero de 1961).