Novenas
Novena a Santa Lucía
El texto completo de la novena a Santa Lucía, virgen y mártir, patrona de la vista: la oración de cada día, cómo rezarla y su historia.

La novena a Santa Lucía es la súplica de nueve días con que acudimos a esta gloriosa virgen y mártir de Siracusa, patrona de la vista y de cuantos padecen de los ojos, para pedir por su poderosa intercesión la luz del cuerpo y del alma. Suele rezarse del 5 al 13 de diciembre, para concluir en el día de su fiesta, aunque puede hacerse en cualquier tiempo del año en que necesitemos alcanzar del Señor una gracia particular. La rezamos quienes sufrimos de la vista, quienes atravesamos una oscuridad interior, y todos los que deseamos imitar la pureza y la fortaleza de esta valiente esposa de Cristo.
Si es la primera vez que rezas una devoción de este género, conviene leer antes qué es una novena para entender su sentido y su fruto.
Nota sobre el texto. Esta novena es una composición de devoción moderna, sin texto litúrgico ni aprobación propia; la oración oficial de la Iglesia para la fiesta de Santa Lucía (13 de diciembre) es la colecta del Misal romano, que no se reproduce en esta página.
El texto completo de la novena a Santa Lucía
Este es el texto de la novena difundido en los devocionarios españoles. Puestos de rodillas ante un altar o una imagen de la Santa, nos persignamos, hacemos un breve acto de contrición y decimos las dos oraciones preparatorias (al Eterno Padre y a Santa Lucía), seguidas de tres Padrenuestros y tres Avemarías. Después se dicen las oraciones propias del día, se hace la súplica particular y se concluye con la oración final a Nuestro Señor Jesucristo. Quienes hacen esta novena conviene que se confiesen y comulguen el primer día, o al menos en alguno de los nueve.
Oración al Eterno Padre para todos los días
Dios mío y amorosísimo Padre mío, que por sola vuestra bondad infinita criasteis en el principio del mundo los cielos y la tierra, haciéndolo todo de la nada; Vos, Señor, que con suma sabiduría lo gobernáis todo, y con admirable providencia lo ordenáis del modo más conducente a vuestra honra y gloria: suplícoos, Señor, penetréis mi corazón con un rayo de vocación verdadera para hacer esta novena, y que me enseñéis, como sapientísimo Maestro, a pedir aquello que más me convenga para la salud espiritual de mi alma, disponiéndolo todo a mayor servicio vuestro, que así lo espero alcanzar de vuestra bondad y misericordia infinita. Amén.
Oración a Santa Lucía para todos los días
Gloriosa Virgen y Mártir Santa Lucía, a quien previno el Señor desde la tierna infancia con las bendiciones de su gracia, eligiéndoos el Eterno Padre por digna hija suya, el Hijo soberano por esposa amada, y el Espíritu divino por su agradable habitación, suplícoos Santa mía me alcancéis de la beatísima Trinidad un fervor devoto, para celebrar esta novena en honor vuestro, y que así como vuestra dichosa alma empezó a servir a Dios, inflamada de los ardores de su amor, no desistiendo de tan noble empeño hasta llegar a poseerle laureada de las dos coronas de virgen y mártir, así consiga yo, mediante vuestra intercesión poderosa, un verdadero amor suyo, para que amándole y sirviéndole en esta vida, logre después verle y gozarle en la eterna bienaventuranza. Amén.
Aquí se dicen tres Padrenuestros y tres Avemarías, y se continúa con las oraciones propias del día.
Día 1
Oración deprecatoria al Señor. Misericordiosísimo Padre Eterno, fuente perenne de donde bajan infinitos arroyos de piedades, con que se riega la tierra estéril de los humanos corazones, y de cuya liberal mano desciende a este valle de lágrimas todo lo bueno: acordaos, Señor, de que por el grande amor que nos tenéis permitís que os invoquemos con el dulce nombre de Padre; y que así, mirándonos como hijos, olvidado de nuestras ingratitudes, se mueve vuestra piedad a socorrernos; y pasando adelante vuestro amor, nos mandáis, por boca de vuestro preciosísimo Hijo y Señor nuestro Jesucristo, que llamemos a las puertas de la misericordia, empeñando al mismo tiempo vuestra divina palabra de abrirlas y concedernos cuanto os pidamos dignamente. Así os suplico, Dios mío, me otorguéis la gracia que pido en esta novena, a mayor honra y gloria vuestra. Amén.
Oración deprecatoria a la Santa. Oh piadosa Virgen y Mártir Santa Lucía, cuya vida inocentísima fue toda una vida hostia, ofrecida en holocausto al verdadero Dios, padeciendo por su amor divino los más crueles tormentos que inventó la rabia de los tiranos, hasta dar el último aliento a los filos de una espada: alcanzadme, Santa mía, que imitando vuestra piedad sepa ofrecer al Señor, en recompensa de mis culpas, cualquier trabajo, contratiempo y persecución que padezca. Asimismo espero conseguir me alcanzaréis la gracia que pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, honra vuestra y bien espiritual de mi alma. Amén.
Día 2
Oración deprecatoria al Señor. Eterno Dios, que para dar a los hombres un espejo de humildad enviasteis al mundo a vuestro unigénito Hijo, vestido con el ropaje de esclavo siendo Rey de los reyes y Señor de los señores: concededme, Dios mío, me vea con los ojos de la meditación en el terso cristal de sus virtudes, donde en cada una hallaré muchos ejemplos de humildad que imitar, y a cuya vista conoceré mi pequeñez. Polvo soy, Señor, de polvo es mi principio y en polvo me he de volver; no permitáis que este vil polvo se levante, movido del viento de la vanidad y amor propio, para cegarme los ojos del entendimiento, persuadiéndome que soy algo cuando nada soy en la realidad. Concededme, además, la gracia que os suplico en esta novena, y el que llegue a conocerme, para que me anonade y humille. Amén.
Oración deprecatoria a la Santa. Oh cándida Virgen y Mártir Santa Lucía, encendida rosa de caridad, cuya perfecta virtud mostrasteis cuando, habiendo ido a la ciudad de Catania a pedir en el sepulcro de la bienaventurada Santa Águeda la salud de vuestra enferma madre, se os apareció la gloriosa virgen y os dio amorosa queja de que por su intercesión pedíais la gracia que vos misma podíais alcanzar. Alcanzadme, pues tan poderosa sois con el Señor, un verdadero conocimiento de mi pequeñez, con el que vea humildemente lo frágil de mi ser, lo dudoso de mi vida y lo cierto de mi muerte, para que no apetezca las vanas estimaciones del mundo, antes bien solicite sus desprecios; y asimismo facilitadme la gracia que os pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, honra vuestra y bien de mi alma. Amén.
Día 3
Oración deprecatoria al Señor. Generoso Padre mío, de cuya liberalidad son testigos infalibles los cielos y la tierra y cuanto en ellos resplandece, pues todo nos lo dais del tesoro de vuestras riquezas: concededme, Señor, que imitando esta generosidad reparta con mis prójimos los bienes que tengo, y apartad de mi corazón el desordenado apetito de las temporales riquezas, que insensiblemente arrastran los sentidos con su mentida hermosura. No permitáis, Dios mío, reine en mi alma la abominable peste de la avaricia; antes bien, que despreciando todos los bienes caducos y perecederos sólo apetezca los eternos de vuestra gloria. Concededme también la gracia que os pido en esta novena, y la pobreza de espíritu con que no solicite cosa de esta vida. Amén.
Oración deprecatoria a la Santa. Oh humilde Virgen y Mártir Santa Lucía, paraíso ameno de las delicias del Señor, que despreciando generosamente las riquezas de esta vida, con liberal desasimiento suplicasteis a vuestra madre que, en recompensa de la salud que le habíais alcanzado del Altísimo, diese a los pobres cuanto os pudiese pertenecer por razón de dote, quedando vuestra alma rica, habiendo logrado la preciosa gala de la liberalidad, para celebrar desposorios castísimos con Jesucristo Señor nuestro. Alcanzadme, Santa mía, un corazón desasido de los bienes perecederos, y que arranque de él todo amor y deseo desordenado, como espinas y abrojos que impiden que mi alma produzca sazonados frutos de virtudes. Asimismo conseguidme la gracia que os pido en esta novena, a mayor honra y gloria de Dios. Amén.
Día 4
Oración deprecatoria al Señor. Omnipotente Dios, que criasteis al hombre para sentarlo a vuestra mesa, ofreciéndole los sabrosos manjares de la gloria y convidándole con las dulzuras de las espirituales delicias; Vos, Señor, que con sabiduría infinita nos hicisteis un medio entre los ángeles y los brutos, formándonos de cuerpo terreno y de espiritual alma: concededme, Dios mío, la virtud de la templanza, para que contentándome con el preciso alimento no apetezca lo superfluo, y os suplico me otorguéis la gracia que os pido en esta novena, si es para mayor honra y gloria vuestra. Amén.
Oración deprecatoria a la Santa. Oh penitente Virgen y Mártir Santa Lucía, ameno campo no de frutos terrestres y perecederos, sino de celestiales flores que produjo en tu alma la virtud de la templanza, como se vio claramente en tus continuos ayunos, abstinencias y vigilias. Oh fragante rosa, que conservasteis la más singular hermosura, no por el jugo que recibíais de la tierra, sino por el rocío de la gracia que en vos destilaba el Cielo: alcanzadme, Santa mía, hambre y sed de los manjares de la gloria, un espiritual apetito de las celestiales viandas y un eficaz deseo de sustentarme en aquella celestial mesa. También os suplico me impetréis la gracia que pido en esta novena, a mayor honra y gloria de vuestro querido y amado esposo Jesús. Amén.
Día 5
Oración deprecatoria al Señor. Divino Señor y criador mío, tan amante de la castidad que a sus amadores concedéis plaza en las escuadras angélicas, haciendo coro con estos celestiales espíritus: dadme, Dios mío, a conocer la nobleza y hermosura de esta virtud, para que enamorados mis sentidos y potencias de su belleza no pierdan la modestia y recato necesarios para conservarla, antes bien, cerrados con la llave de vuestro santo temor, preserven mi alma pura y limpia de todo apetito sensual. Otorgadme, además, Señor, la gracia que os pido en esta novena, a mayor honra y gloria vuestra. Amén.
Oración deprecatoria a la Santa. Oh casta Virgen y Mártir Santa Lucía, blanca y cándida azucena, cuyos armiños no pudo manchar toda la malicia del demonio, induciendo al juez Pascasio a que os llevaran al lugar público pecaminoso donde fuese amancillada vuestra pureza; lo que no consintió vuestro Esposo, haciendo milagrosamente que ni las fuerzas de los verdugos ni la violencia de forzudos bueyes pudiesen moveros de la tierra que pisabais. Alcanzadme, oh Santa mía, que persevere yo inmóvil en la virtud de la castidad, y que no prevalezcan contra mí ni las asechanzas del enemigo común ni las tentaciones, sino que resistiendo animosamente salga victorioso de todas ellas. También os suplico me alcancéis la gracia que os pido en esta novena, a mayor honra y gloria del Señor. Amén.
Día 6
Oración deprecatoria al Señor. Pacientísimo Dios mío, ¡cuántas veces mis pecados han irritado vuestra infinita justicia! Pero vuestra infinita misericordia os ha quitado siempre de las manos la espada que yo mismo había puesto en ellas. Suplícoos, Señor, adornéis mi alma con la preciosa joya de la paciencia; y si se alborotare contra mí el dilatado y soberbio mar del mundo, acometiéndome con las olas de sus persecuciones, dadme paciencia, Señor, pues no tengo de qué quejarme si me ofenden, acordándome de lo mucho que os he ofendido. Concededme, os ruego, la gracia que pido en esta novena, a mayor honra y gloria vuestra. Amén.
Oración deprecatoria a la Santa. Oh paciente Virgen y Mártir Santa Lucía, finísimo diamante de la tolerancia, como se vio en los crueles tormentos con que el juez Pascasio intentó quebrantar vuestra fortaleza, logrando sólo que se descubriesen los preciosos quilates de vuestra paciencia. Alcanzadme, oh Santa mía, de vuestro querido Esposo, una perfecta tranquilidad, paz y sosiego, para que no se levante en mi alma la furiosa borrasca de odios, iras y deseos de venganza contra los que me ofenden, antes bien les ofrezca gustoso la otra mejilla, como el Señor nos lo dejó encomendado. Asimismo suplicadle me conceda la gracia que os pido en esta novena, a mayor honra y gloria suya. Amén.
Día 7
Oración deprecatoria al Señor. Sempiterno Dios y amantísimo Padre mío, cuyo amor con el hombre es tan grande que os obligó a enviarnos a vuestro unigénito Hijo y Señor nuestro para que nos redimiese de la potestad del infierno y nos enseñase el camino de la gloria: haced, Señor, que se imprima en nuestros corazones una ardiente y fervorosa caridad, para que amándonos unos a otros seamos reputados por verdaderos discípulos de Jesucristo; y apartad de mi corazón todo género de envidias del bien de mis prójimos, no permitiendo que me entristezca por sus felicidades. Llenadlos, Dios mío, a todos de bienes espirituales y temporales, y concededme a mí la gracia que os pido en esta novena, a mayor honra y gloria vuestra.
Oración deprecatoria a la Santa. Oh amante Virgen y Mártir Santa Lucía, encendido clavel de caridad, cuya perfecta virtud os unió tan estrechamente con Jesús, vuestro amado Esposo, que anhelabais padecer por su amor los mayores tormentos; y así, cuando vuestro cuerpo fue cercado de encendida leña, pez y resina ardiente, no permitió el Señor que las llamas consumiesen vuestra vida, y en medio de la hoguera le rogabais dulcemente por la salud espiritual de los mismos verdugos. Alcanzadme, Santa mía, que imitándoos en la caridad, aunque me vea rodeado de trabajos, contratiempos y persecuciones, no desfallezca en amar y servir a mi Dios, antes en medio de las tribulaciones sepa pedirle por los mismos que me ofenden. Conseguidme de su piedad infinita la gracia que solicito en esta novena, a mayor honra y gloria suya. Amén.
Día 8
Oración deprecatoria al Señor. Increado Padre mío, que habéis adornado al hombre de un entendimiento para conoceros, de una voluntad para amaros y de una memoria para acordarse de los beneficios que le hacéis, concediéndole piadoso el tiempo de esta vida para que lo emplease en vuestro santo servicio: apartad, Señor, de mi corazón la pereza que ha tantos años que lo posee, malogrando por mi flojedad y tibieza uno y otro día, sin saber si llegaré al de mañana. Dadme, Dios mío, un espíritu pronto y fervoroso, con que no deje pasar un instante que no lo emplee en agrado vuestro, ayudado de los fervores y auxilios de vuestra gracia; y concededme lo que os pido en esta novena, a mayor honra y gloria vuestra. Amén.
Oración deprecatoria a la Santa. Oh laboriosa Virgen y Mártir Santa Lucía, que como oficiosa abeja, volando día y noche por las ramas del Líbano de la Iglesia, hicisteis en vuestra alma un panal sabrosísimo de heroicas virtudes con que regalar a vuestro divino Esposo; y como el mismo Dios, enamorado, os concedió la aureola del martirio, para que con los rubíes y corales que vertió vuestra garganta a los filos de la espada se aumentase el valor de los actos de amor con que os adornabais. Alcanzadme, Santa mía, que sepa yo también ejercitarme toda mi vida en servir y amar al Señor, y que por mi ociosidad y desidia no me parezca a aquella viña sin fruto o higuera estéril que, como árboles inútiles, fueron condenados al fuego eterno. Pedid también a Dios que me conceda la gracia que solicito en esta novena, a mayor honra y gloria suya. Amén.
Día 9
Oración deprecatoria al Señor. Dios inmenso, principio y fin de todas las cosas, que por ser tan perfectas publican ser obras dignas de vuestro poder, resplandeciendo en ellas, como en cristalino espejo, vuestros soberanos atributos: bendígante, Señor, todas las obras de vuestras manos, alábente y glorifíquente por tantos beneficios como de Vos reciben; y principalmente yo os doy infinitas gracias porque me habéis concedido empezar y concluir esta novena, en que os he pedido las principales virtudes, para que adornada de ellas mi alma sea digna morada vuestra. Finalmente, os ruego me otorguéis la merced que solicito y el especialísimo don de la perseverancia en el bien obrar, con que logre la corona que tenéis ofrecida a los que perseveran en vuestro santo servicio hasta la muerte. Amén.
Oración deprecatoria a la Santa. Oh feliz Virgen y Mártir Santa Lucía, girasol amante del Sol de justicia, que olvidada de la tierra que habitabais corristeis dichosamente a beber los rayos celestiales, sin desviaros un paso de la perfección por más estorbos que el enemigo común solicitó poneros, peleando tan varonilmente que merecisteis las dos aureolas de virgen y mártir: gózome, Santa mía, de que el coro de los ángeles os recibiese, de que los mártires os diesen mil enhorabuenas por ver en su jerarquía vuestro valor y constancia, de que las vírgenes cantasen a Dios nuevos cánticos de alabanza por veros en su compañía, y, finalmente, de que Jesús, vuestro amado dueño, os recibiese como a esposa. Y pues tan poderosa sois con el Señor, espero de vuestro patrocinio me alcancéis lo que pido en esta novena, con auxilios de gracia para enmendarme y perseverar hasta el fin de mi vida en servir y amar a Dios, y conseguir después acompañaros en la gloria. Amén.
Oración final a Nuestro Señor Jesucristo para todos los días
Señor mío Jesucristo, verdadero Dios y hombre, que por solo vuestro infinito amor descendisteis del cielo a la tierra y os vestisteis del saco de la naturaleza humana en el purísimo vientre de María Santísima, Madre y Señora nuestra, y compadecido de que el enemigo común, como lobo carnicero, hubiese hecho presa en mi pobre alma, padecisteis cruelísimos tormentos hasta morir afrentosamente clavado en un madero, resucitando glorioso al tercer día, triunfando de la muerte y del demonio: no permitáis, Señor, que por mi fragilidad vuelva yo a ser esclavo de tan fiero enemigo; antes bien, dadme auxilios de vuestra gracia para formar un acto de verdadera contrición con que me pese de haberos ofendido, sólo por ser Vos quien sois, con propósito firme de no volver más a ofenderos; y concededme la petición que hago en esta novena, y el perseverar en vuestro santo servicio hasta el fin de mi vida, para que mi alma logre después veros y gozaros por eternidades en la gloria, donde vivís y reináis en unidad del Padre y del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.
Las variantes de esta novena
Muchos buscan esta devoción para una intención muy concreta. Sea cual sea tu necesidad, el corazón de la novena es siempre el mismo: pedir con humildad y confianza, dejando a la voluntad de Dios el modo de responder.
Novena a Santa Lucía para la vista y para curar los ojos
La novena a Santa Lucía para la vista es la petición más extendida, porque la piedad cristiana tiene a esta santa por patrona de los ojos y de cuantos padecen ceguera o enfermedad ocular. Al rezar la novena para curar los ojos, unimos la súplica por la salud del cuerpo a la petición de la luz del alma: que el Señor nos conceda ver rectamente su voluntad. Puedes acompañarla con nuestra oración a Santa Lucía y, cuando pidas por un enfermo, con esta oración por los enfermos.
Novena a Santa Lucía para una causa imposible o difícil
Quien acude a Santa Lucía por un caso difícil o aparentemente imposible encuentra en ella una intercesora poderosa, pues su propia vida fue un triunfo de la gracia sobre lo imposible: ni el fuego ni la fuerza de los verdugos pudieron doblegarla. Presentamos la causa con paz, pidiendo lo que más convenga a la salvación de nuestra alma. Recuerda que la novena no es un conjuro ni una fórmula mágica que "obligue" al cielo: es la oración confiada de un hijo a su Padre, que siempre concede lo mejor.
Novena breve a Santa Lucía
Si dispones de poco tiempo, una novena breve a Santa Lucía puede consistir en rezar cada día la Oración a Santa Lucía para todos los días que figura arriba, seguida de un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria, presentando tu intención. Es una forma sencilla y del todo católica de sostener los nueve días cuando no se puede hacer la novena completa.
Novena a Santa Lucía en PDF y para imprimir
Para descargar la novena de Santa Lucía en PDF o tenerla para imprimir, basta con guardar esta página o copiar el texto de las oraciones en un documento. En la aplicación Iter Fidei la llevas siempre contigo, con la oración de cada día ordenada y sin necesidad de conexión.
Una hoja impresa se pierde; la aplicación Iter Fidei mantiene la oración a mano día tras día, con un recordatorio diario y el audio en latín. Únase al acceso anticipado aquí.
Cómo se reza esta novena
- Día de inicio. Lo habitual es comenzar el 5 de diciembre para concluir el 13 de diciembre, día de su fiesta. También puede rezarse en cualquier época del año ante una necesidad particular; en ese caso, se empieza nueve días antes de la fecha en que se desea terminar.
- Los nueve días. Cada día, ante un altar o imagen de la Santa, hacemos la señal de la cruz, un acto de contrición y las dos oraciones preparatorias, con tres Padrenuestros y tres Avemarías. Luego decimos las dos oraciones propias del día, presentamos nuestra súplica y cerramos con la oración final a Jesucristo.
- La confesión y la comunión. Conviene confesarse y comulgar el primer día de la novena, o al menos en alguno de los nueve, para acercarnos a la Santa con el alma en gracia.
- La fiesta. El 13 de diciembre, día de Santa Lucía, coronamos la novena asistiendo a la Santa Misa si es posible, y dando gracias por los favores recibidos. Su fiesta cae en pleno Adviento, y su nombre —que significa "luz"— anuncia bellamente la venida de Cristo, Luz del mundo.
Quién fue Santa Lucía: la historia de la devoción
Santa Lucía nació en Siracusa, en la isla de Sicilia, hacia el año 283, de padres nobles y cristianos. Perdió a su padre siendo aún niña, y quedó al cuidado de su madre, Eutiquia. Desde muy temprano consagró a Dios en secreto su virginidad, aunque su madre, ignorándolo, había concertado su desposorio con un joven de familia pagana.
Aquejada Eutiquia de un flujo de sangre que ningún remedio curaba, madre e hija peregrinaron al sepulcro de Santa Águeda, en la vecina ciudad de Catania. Mientras oraban, se apareció a Lucía la gloriosa mártir y le anunció que su madre quedaría sana por la fe de su hija, y que ella misma sería para Siracusa lo que Águeda era para Catania. Curada milagrosamente Eutiquia, Lucía obtuvo de ella permiso para repartir entre los pobres los bienes de su dote, desasiéndose por amor de Cristo de todas las riquezas de la tierra.

El pretendiente pagano, viéndose despreciado y sabiendo que la doncella distribuía su hacienda entre los necesitados, la denunció como cristiana ante Pascasio, gobernador de Siracusa, en tiempo de la persecución de Diocleciano. Interrogada, Lucía confesó con firmeza su fe y se negó a sacrificar a los ídolos. El juez ordenó que fuese conducida a un lugar infame para mancillar su pureza; mas Dios la hizo tan pesada e inmóvil que ni la fuerza de los hombres ni la de los bueyes uncidos pudieron arrastrarla.
Mandaron entonces rodearla de leña ardiente, y las llamas no la tocaron. Antes de morir profetizó la paz que pronto gozaría la Iglesia con la caída de los emperadores perseguidores. Finalmente, atravesada la garganta por la espada, alcanzó la doble corona de virgen y mártir hacia el año 304. Recibió aún la sagrada Comunión antes de entregar su alma.


Desde antiguo la Iglesia romana tuvo en gran veneración a Santa Lucía: su nombre figura en el Canon de la Misa, entre las santas mártires que nombramos en el Memento de los difuntos. Por el significado de su nombre —Lucía, "la que trae la luz"— y por una leyenda piadosa según la cual sus ojos fueron parte de su martirio y le fueron después restituidos, se la invoca como patrona de la vista y de los ciegos. Junto a otras vírgenes mártires de la antigüedad como Santa Filomena, Santa Lucía nos enseña que la verdadera luz es la de la fe, más preciosa que la de los ojos del cuerpo, y que en ella hemos de perseverar cultivando las virtudes hasta el fin.
Preguntas Frecuentes
¿Para qué sirve la novena a Santa Lucía?
Sirve para pedir por intercesión de la Santa la salud de la vista y de los ojos, la luz interior en las tinieblas del alma, la pureza, la fortaleza en las tribulaciones, y cualquier gracia que sea para gloria de Dios y bien de nuestra alma. Es, ante todo, una escuela de las virtudes que la Santa practicó heroicamente.
¿Cuándo se reza la novena a Santa Lucía?
Suele rezarse del 5 al 13 de diciembre, para terminar en su fiesta. Pero puede hacerse en cualquier momento del año en que necesitemos una gracia particular, comenzándola nueve días antes de la fecha en que deseemos concluirla.
¿Qué día es Santa Lucía?
La fiesta de Santa Lucía, virgen y mártir, se celebra el 13 de diciembre, en pleno tiempo de Adviento.
¿Por qué es Santa Lucía patrona de la vista y de los ojos?
Por dos motivos que se unieron en la piedad cristiana: su nombre significa "luz", y una leyenda piadosa cuenta que sus ojos formaron parte de su martirio y le fueron milagrosamente restituidos. Por eso se la invoca por los enfermos de la vista y por los ciegos.
¿Se puede rezar una novena breve a Santa Lucía?
Sí. Cuando no se dispone de tiempo, puede rezarse cada día solo la Oración a Santa Lucía para todos los días, con un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria, presentando la intención. Lo esencial es la constancia de los nueve días y la fe con que se pide.
¿Es necesario confesarse y comulgar para hacer la novena?
No es obligatorio, pero la tradición lo recomienda vivamente: conviene confesarse y comulgar el primer día de la novena, o al menos en alguno de los nueve, para acercarse a la Santa con el alma en gracia y disponer el corazón a recibir el fruto.
¿Puedo pedir a Santa Lucía por una causa difícil o imposible?
Sí, con toda confianza, presentándola siempre como una petición legítima —salud, paz, conversión, reconciliación— y dejando a Dios el modo de responder. La novena no es un conjuro ni una técnica para forzar milagros: es la oración humilde de un hijo que confía en la bondad de su Padre.
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Fuentes. Sagrada Escritura (Biblia de Torres Amat); Butler, Vidas de los Santos (13 de diciembre, Santa Lucía, virgen y mártir); Novena a la gloriosa virgen y mártir Santa Lucía, según devocionarios españoles; Canon Romano de la Santa Misa; Martirologio Romano.