Oraciones
Oración de la Noche
La oración de la noche cierra el día poniéndolo en manos de Dios: un breve examen de conciencia, el acto de contrición y la entrega del sueño a su custodia. Les traemos las oraciones de la noche tradicionales en español y latín, los salmos para dormir y un examen breve, según la práctica de siempre y la Sagrada Escritura en la traducción de Torres-Amat.

La oración de la noche es el último acto del día cristiano: el momento en que, antes de entregarnos al sueño, devolvemos a Dios la jornada que de Él recibimos. Nadie sabe si despertará; por eso los nuestros se acostaban siempre como quien se prepara, sin saberlo, para la última noche. Las oraciones de la noche no son largas ni complicadas. Son tres movimientos sencillos: dar gracias, examinar la conciencia y pedir perdón, y encomendar el cuerpo y el alma a la custodia de Dios. Les traemos aquí esas oraciones en español y en latín, un examen de conciencia breve y los salmos que la Iglesia ha rezado para dormir en paz, todo según la traducción de Félix Torres-Amat.
Qué es la oración de la noche
Antiguamente la jornada del cristiano se abría con la oración de la mañana y se cerraba con la de la noche, como el templo se abre y se cierra con la llave. La oración de la noche recoge lo vivido y lo presenta a Dios: lo bueno, para darle gracias; lo malo, para pedirle perdón. Es, en pequeño, lo que la Iglesia hace en el oficio de Completas, la última hora del rezo monástico, cuya súplica resume todo: "Visita, Señor, esta morada, y aleja de ella todas las asechanzas del enemigo."
No hace falta ser monje para vivir de este modo. Basta, al apagar la luz, no dejar caer el día como una piedra, sino ofrecerlo. El que se duerme en gracia de Dios duerme seguro, porque —dice el salmista— "yo me dormí, y me entregué a un profundo sueño" (Salmo 3, 6, trad. Torres-Amat) sin temor, sabiendo en manos de quién reposaba.
Las oraciones de la noche, paso a paso
1. La señal de la cruz y la acción de gracias
Comenzamos, como toda oración, con la señal de la cruz. Luego damos gracias por el día recibido, por la salud, el pan y la fe conservada:
Gracias os doy, Dios mío, por todos los beneficios que de vuestra liberalidad he recibido en este día y en toda mi vida. Vos me habéis creado, conservado y redimido; sea bendito vuestro santo nombre.
2. El examen de conciencia breve
Aquí está el corazón de la oración de la noche. A la luz de Dios repasamos las horas pasadas: pensamientos, palabras, obras y omisiones. No se trata de un escrúpulo angustioso, sino de una mirada serena y verdadera, porque "si confesamos humildemente nuestros pecados" (1 San Juan 1, 9, trad. Torres-Amat), Él es fiel y justo para perdonarnos.
Un examen breve recorre cuatro puntos:
- Agradezco a Dios los bienes del día.
- Pido luz para conocer mis faltas: "Ten piedad de mí, oh Dios, según la grandeza de tu misericordia" (Salmo 50, 3, trad. Torres-Amat).
- Examino mi día delante de Él: ¿en qué he ofendido a Dios o al prójimo, de pensamiento, palabra, obra u omisión?
- Me arrepiento y propongo la enmienda para mañana.
Si durante el día hubo enojo o discordia, este es el momento de soltarlo, porque manda el Apóstol: "Si os enojáis, no queráis pecar; no se ponga el sol sobre vuestra ira" (Efesios 4, 26, trad. Torres-Amat). Nunca dejen que la noche caiga sobre un rencor.
3. El acto de contrición
Reconocidas las faltas, las detestamos y pedimos perdón con el acto de contrición, que es la oración propia del arrepentimiento:
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Vos quien sois, Bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido. Ayudado de vuestra divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar. Amén.
Deus meus, ex toto corde poenitet me omnium meorum peccatorum, eaque detestor, quia peccando non solum poenas a te iuste statutas promeritus sum, sed praesertim quia offendi te, summum bonum.
4. La entrega del sueño y la protección de la noche
Por último, encomendamos el descanso a Dios y pedimos su custodia. Esta es la oración más antigua del cristiano que se acuesta, tomada del salmo:
Mas yo, Dios mío, dormiré en paz, y descansaré en tus promesas: porque tú, oh Señor, solo tú has asegurado mi esperanza. (Salmo 4, 9-10, trad. Torres-Amat)
In pace in idipsum dormiam et requiescam: quoniam tu, Domine, singulariter in spe constituisti me.
Se añade la antífona de Completas, que pone toda la noche bajo el amparo de Cristo:
Sálvanos, Señor, despiertos, y guárdanos dormidos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.
Salva nos, Domine, vigilantes, custodi nos dormientes; ut vigilemus cum Christo, et requiescamus in pace.
Y se cierra invocando al ángel de la guarda, que nos asiste también en el reposo:
Ángel de mi guarda, dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día. Amén.
Salmos para dormir en paz
La Sagrada Escritura misma nos da las palabras para el descanso. Tres salmos han sido siempre los preferidos para la noche:
- Salmo 4 — el salmo del "en paz me acostaré": "Mas yo, Dios mío, dormiré en paz" (Salmo 4, 9). Es el primer salmo de Completas.
- Salmo 90 (el "Qui habitat") — el salmo de la confianza bajo la sombra del Altísimo: "El que se acoge al asilo del Altísimo, descansará siempre bajo la protección del Dios del cielo" (Salmo 90, 1). Lo glosamos en Salmo 91.
- Salmo 50 (el Miserere) — para acompañar el examen y la contrición cuando la conciencia pesa: "Ten piedad de mí, oh Dios" (Salmo 50, 3). Lo tienen entero en Salmo 51.
Nota sobre la numeración: seguimos la Vulgata, como toda la tradición latina. El salmo que en las biblias modernas figura como 91 ("Qui habitat") es el 90 en la Vulgata, y el Miserere moderno (51) es el 50 latino. Verifiquen siempre por las primeras palabras, no solo por el número.
Oración de la noche para dar gracias a Dios
Antes que pedir, la noche es para agradecer. El día entero —la salud, el pan, el trabajo, las personas que nos rodean— ha sido un don no merecido, y el cristiano lo reconoce antes de dormir. Es la enseñanza del Apóstol: "Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios" (1 Tesalonicenses 5, 18, trad. Torres-Amat). Esta breve oración para dar gracias a Dios por la noche basta:
Gracias os doy, Señor, por este día que me habéis dado: por la vida y la fe, por el pan y el techo, por los que me aman y por los trabajos que me santifican. Todo lo bueno de hoy ha venido de Vos; recibidlo de vuelta como ofrenda, y perdonad lo que de mi parte fue ingratitud. Bendito seáis ahora y siempre. Amén.
Quien se duerme dando gracias se duerme en paz, porque ha puesto el día entero en su verdadero dueño.
Oración de la noche a Jesús
Dirigirse al Señor con su nombre propio, al cerrar los ojos, es la más sencilla de las oraciones. La Iglesia lo hace en Completas confiándose a Cristo que vela mientras dormimos. Esta oración de la noche a Jesús recoge esa entrega:
Jesús mío, antes de dormir vengo a Vos como el discípulo que reposaba sobre vuestro pecho. Velad Vos por mí esta noche, pues yo no puedo velar por mí mismo. En vuestras manos pongo mi cuerpo y mi alma; haced de mi sueño un descanso en vuestra paz, y que al despertar sea para serviros mejor. Corazón de Jesús, en Vos confío. Amén.
Se cierra con la antífona antigua: "Sálvanos, Señor, despiertos, y guárdanos dormidos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz."
Oración de la noche a la Virgen María
Es costumbre muy nuestra terminar el día bajo el manto de la Madre, encomendándole sobre todo la hora incierta de la muerte, que el sueño figura cada noche. Para ello sirve la segunda parte del Ave María —"ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte"— y la antigua súplica de la Salve. Esta oración de la noche a la Virgen María la condensa:
Santa María, Madre de Dios, en esta noche os entrego mi descanso. Cubridme con vuestro manto, alejad de mí toda asechanza, y ruega por mí, ahora y en la hora de mi muerte. A Vos, dulzura y esperanza nuestra, encomiendo mi alma. Amén.
Muchos rezan también, antes de dormir, las tres avemarías por la pureza y la perseverancia final, devoción recomendada por San Alfonso María de Ligorio.
Oración de la noche por los hijos
Velar por los hijos también de noche es deber y consuelo de los padres. La oración del padre o la madre que, antes de acostarse, encomienda a Dios a sus hijos —presentes o lejos— es de las más gratas a su misericordia. Esta breve oración de la noche por los hijos puede rezarse junto a su lecho o a distancia:
Señor, en tus manos pongo esta noche a mis hijos. Guárdalos del mal mientras duermen, envía a su lado el ángel de su guarda, y consérvalos en tu gracia. Lo que yo no alcanzo a cuidar, cuídalo Tú; lo que no puedo enseñarles, enséñaselo Tú. Que vivan y mueran siendo tuyos. Amén.
Oración de la noche para niños
Conviene enseñar pronto a los pequeños a no dormirse sin rezar. Bastan dos oraciones cortas que un niño puede aprender de memoria: la jaculatoria al ángel de la guarda y una entrega sencilla a Jesús. Esta es la oración de la noche para niños:
Jesús, José y María, os doy el corazón y el alma mía. Cuidadme mientras duermo y despertadme bueno. Amén.
Ángel de mi guarda, dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día.
Acostúmbrenlos a hacer primero la señal de la cruz y a dar gracias por algo concreto del día. Así aprenden, desde niños, que la noche se entrega a Dios.
Oraciones católicas para rezar en la noche (la práctica diaria)
Quien busca cada noche su oración católica del día encuentra en la Iglesia un orden fijo y probado: no hace falta inventar nada nuevo cada jornada. El esquema de siempre es el de Completas, reducido para el seglar:
- Señal de la cruz y acción de gracias por el día.
- Examen de conciencia breve (los cuatro puntos de más arriba).
- Acto de contrición.
- Un salmo de la noche (Salmo 4 o Salmo 90).
- Padre Nuestro, Ave María y Salve.
- Entrega del sueño y jaculatoria al ángel de la guarda.
Este es el contenido fijo de toda buena red de oraciones de la noche: lo mismo cada día, porque la fidelidad vale más que la novedad. Sobre la palabra "oración milagrosa" conviene una advertencia: ninguna oración obra por su fórmula ni por el número de veces que se repite, como si fuera un conjuro. La oración cristiana es petición confiada al Padre, no mecánica mágica; lo "milagroso" es la gracia de Dios, que se da a quien pide con fe y resignación a su voluntad, no a quien recita palabras exactas.
Oración para la noche de San Juan
La víspera de San Juan Bautista (23 al 24 de junio) ha juntado siempre, en los pueblos, costumbres cristianas y supersticiones paganas en torno al fuego, el agua y las hierbas. La Iglesia honra al Precursor con su vigilia litúrgica; lo cristiano de esa noche no es el augurio ni el "ritual", sino bendecir a Dios por el que vino "a preparar sus caminos" (San Lucas 1, 76). Esta es una oración para la noche de San Juan sana, libre de toda superstición:
San Juan Bautista, voz que clama en el desierto y amigo del Esposo, en tu noche te pedimos no fuego de agüeros sino la luz de la penitencia que predicaste. Enséñanos a menguar para que Cristo crezca en nosotros, y guarda esta noche y este año en la gracia de Dios. Amén.
Cuídense, en esta noche, de las prácticas adivinatorias —saltar hogueras "por suerte", echar las cartas, ritos de "atracción"— que la fe condena por contrarias al primer mandamiento. Celebrar a San Juan es rezarle, no buscar augurios.
Una advertencia: la noche y las falsas devociones
Buscando "oración de la noche" aparece a veces la llamada "oración a la Santa Muerte" o ritos nocturnos de "suerte" y de "amor". Hay que decirlo con claridad y caridad: la Santa Muerte no es una santa, no existe tal devoción en la Iglesia, y su culto está expresamente reprobado. La Iglesia venera a los santos —hombres y mujeres que vivieron en gracia de Dios— y honra a los difuntos rezando por ellos; pero no diviniza a la muerte ni le pide favores. Pedir a la muerte "que alguien sueñe conmigo", que vuelva un amor o que caiga un castigo es superstición y trato con lo que no es de Dios.
La verdadera oración de la noche no busca dominar a nadie ni forzar el porvenir: entrega el sueño a Dios y descansa en su providencia. Si alguien se ha mezclado en estos ritos, el camino de vuelta es la confesión y el acto de contrición, no otro rito más.
Preguntas Frecuentes
¿Qué salmo debo leer antes de dormir?
El más propio es el Salmo 4 (Vulgata), que la Iglesia reza al comenzar Completas: "Mas yo, Dios mío, dormiré en paz, y descansaré en tus promesas" (Salmo 4, 9, Torres-Amat). Junto a él, el Salmo 90 ("Qui habitat") es el gran salmo de la confianza nocturna. Cualquiera de los dos es la mejor lectura antes de apagar la luz.
¿Cuál es el salmo que dice "en paz me acostaré"?
Es el Salmo 4 según la numeración de la Vulgata. En la traducción de Torres-Amat dice: "Mas yo, Dios mío, dormiré en paz, y descansaré en tus promesas" (Salmo 4, 9). En latín: In pace in idipsum dormiam et requiescam. Es el verso que da nombre a toda la oración de la noche.
¿Cuál es la oración de la noche con el Salmo 91?
El "Salmo 91" de las biblias modernas es el Salmo 90 de la Vulgata, el Qui habitat, el gran salmo de la protección nocturna: "No temerás terrores nocturnos... con sus alas te hará sombra" (Salmo 90, 4-5, Torres-Amat). Rezarlo al acostarse, junto con el acto de contrición y la antífona de Completas "Sálvanos, Señor, despiertos, y guárdanos dormidos", es la oración de la noche más completa para confiar la casa y el sueño a Dios. Lo glosamos entero en Salmo 91.
¿Qué salmo leer cuando no puedo dormir?
Cuando el desvelo viene de la inquietud o el remordimiento, conviene el Salmo 50 (Miserere), que aquieta el alma pidiendo perdón: "Ten piedad de mí, oh Dios, según la grandeza de tu misericordia" (Salmo 50, 3). Si el desvelo es de temor, el Salmo 90 ("Qui habitat") devuelve la confianza: "No temerás terrores nocturnos" (Salmo 90, 5). Rézenlo despacio, repitiendo un verso hasta que el corazón descanse.
¿Qué dice la Biblia sobre el ángel de la guarda?
El Señor afirma que cada alma tiene un ángel que la custodia: "Mirad que no despreciéis a alguno de estos pequeñitos" (San Mateo 18, 10), porque —concluye el Evangelio— sus ángeles ven sin cesar el rostro del Padre celestial. La tradición lee también en el Salmo 90 la promesa de que Dios manda a sus ángeles guardarnos en todos nuestros caminos; de ahí la antigua jaculatoria "Ángel de mi guarda, dulce compañía" que cierra la oración de la noche.
¿Cómo se reza el acto de contrición?
Después del examen, reconociendo las faltas del día, se reza: "Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero... me pesa de todo corazón de haberos ofendido... propongo firmemente nunca más pecar. Amén." En latín comienza Deus meus, ex toto corde poenitet me. Tienen el texto completo, la diferencia entre contrición perfecta e imperfecta y su lugar en la confesión en El Acto de Contrición.
¿Qué dice la Biblia sobre el arrepentimiento?
Que el reconocimiento humilde de los pecados obtiene el perdón: "si confesamos humildemente nuestros pecados" (1 San Juan 1, 9), Dios es fiel y justo para perdonarlos. El examen de la noche es justamente eso: poner la verdad del día delante de Dios y volver a Él con corazón contrito, sin dejar que el sol se ponga sobre nuestra ira (Efesios 4, 26).
¿Cómo es la oración de la noche para dar gracias a Dios?
Comienza reconociendo los dones del día —vida, fe, pan, personas, trabajos— porque "dad gracias en todo" (1 Tesalonicenses 5, 18). Puede rezarse así: "Gracias os doy, Señor, por este día que me habéis dado... todo lo bueno de hoy ha venido de Vos; recibidlo de vuelta como ofrenda." La acción de gracias es el primero de los tres movimientos de la oración de la noche, antes del examen y la entrega del sueño.
¿Cómo enseñar la oración de la noche a los niños?
Con dos oraciones cortas que puedan memorizar: "Jesús, José y María, os doy el corazón y el alma mía" y la jaculatoria "Ángel de mi guarda, dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día." Háganles hacer primero la señal de la cruz y dar gracias por algo concreto del día. Lo importante no es la longitud, sino la constancia: que aprendan a no dormirse nunca sin rezar.
¿Qué oración de la noche se reza a la Virgen María?
La más sencilla es la segunda parte del Ave María —"ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte"— a la que puede añadirse la Salve. Una fórmula breve: "Santa María, Madre de Dios, en esta noche os entrego mi descanso; cubridme con vuestro manto y ruega por mí, ahora y en la hora de mi muerte." Muchos rezan también las tres avemarías por la pureza y la perseverancia final, devoción recomendada por San Alfonso María de Ligorio.
¿Es buena la "oración a la Santa Muerte" por la noche?
No. La Santa Muerte no es una santa ni existe tal devoción en la Iglesia, y su culto está expresamente reprobado. La Iglesia venera a los santos y reza por los difuntos, pero no diviniza la muerte ni le pide favores. Pedirle que alguien sueñe con uno, que vuelva un amor o que caiga un mal es superstición contraria al primer mandamiento. La verdadera oración de la noche entrega el sueño a Dios y descansa en su providencia; quien se ha mezclado en estos ritos vuelve por la confesión, no por otro rito.
¿Existe una "oración milagrosa" para la noche?
Ninguna oración obra por su fórmula ni por repetirse un número exacto de veces, como si fuera un conjuro: eso sería superstición. La oración cristiana es petición confiada al Padre, y lo "milagroso" es siempre la gracia de Dios, que se concede a quien pide con fe y con resignación a su voluntad. Las oraciones de la noche de la tradición —Completas, los salmos, el acto de contrición— son las más probadas, no por mágicas, sino por fieles.
Hermanos de lectura
- La Oración de la Mañana
- El Acto de Contrición
- La Señal de la Cruz
- El Padre Nuestro
- Salmo 51 (el Miserere)
- Salmo 91 (Qui habitat)
- Oración para dormir en paz
La app Iter Fidei trae las oraciones, los salmos y las novenas, en latín y español, con audio. Únase al acceso anticipado aquí.
Fuentes. Breviario Romano, oficio de Completas (antífona Salva nos, capítulo y oraciones); Catecismo Mayor de San Pío X, "De la oración"; Catecismo del Concilio de Trento (Catecismo Romano), parte IV, "De la oración"; Sagrada Biblia, traducción de Félix Torres-Amat (Salmos 3, 4 y 50 —numeración Vulgata—; San Mateo 18; San Juan, 1.ª epístola, 1; Efesios 4).