Salmos
Salmo 20 (Salmo 19 en la Vulgata): Óigate el Señor en el día de la tribulación
El Salmo 20 completo (Salmo 19 en la Vulgata), en español según la versión de Torres-Amat y en latín. La oración por el rey en el día de la batalla: 'Óigate el Señor en el día de la tribulación'.

Hay salmos que el alma reza por sí misma, y hay salmos que un pueblo entero reza por otro. El Salmo 20 es de estos últimos: es la oración que el pueblo de Israel elevaba por su rey antes de la batalla. "Óigate el Señor en el día de la tribulación", clamaban; "envíete socorro desde el Santuario". Es uno de los grandes salmos de intercesión: la voz de quienes se quedan rogando por quien lucha. La Iglesia lo ha hecho suyo para rogar por sus pastores y —leído a la luz de Cristo— por el Rey verdadero, el Ungido del Padre.
Aquí tienen el Salmo 20 completo, en español según la versión de Torres-Amat y en latín, con la explicación de lo que la tradición católica ha visto siempre en él.
Salmo 20 o Salmo 19: una advertencia sobre la numeración
Este salmo aparece en algunas Biblias como Salmo 20 y en otras como Salmo 19. No son dos salmos distintos: es el mismo texto contado de dos maneras. El texto hebreo y la Vulgata latina —la Biblia de la Iglesia desde San Jerónimo— numeran los salmos con un desfase: lo que el hebreo (y la mayoría de las Biblias modernas) llaman Salmo 20, la Vulgata y el latín litúrgico lo llaman Salmo 19. Lo reconocerán siempre por sus primeras palabras: Exaudiat te Dominus, "Óigate el Señor". Aquí lo titulamos Salmo 20 por ser la forma más buscada, pero al citar el latín y la versión de Torres-Amat verán el número 19.
Salmo 20 completo (en español, según Torres-Amat)
Así reza el salmo entero en la versión castellana de Félix Torres-Amat, hecha sobre la Vulgata:
Para el fin: Salmo de David.
Óigate el Señor en el día de la tribulación: defiéndate el Nombre del Dios de Jacob.
Envíete socorro desde el Santuario, y sea tu firme apoyo desde Sión.
Tenga presentes todos tus sacrificios, y séale gratísimo tu holocausto.
Concédate lo que desea tu corazón, y cumpla todos tus designios.
Nosotros nos alegraremos por tu salud, y nos gloriaremos en el Nombre de nuestro Dios.
Otorgue el Señor todas tus peticiones. Ahora veo que el Señor ha puesto en salvo a su Ungido. Él le oirá desde el cielo, que es su Santuario: en su poderosa diestra está la salvación.
Unos confían en sus carros armados, otros en sus caballos; mas nosotros invocaremos el Nombre del Señor nuestro Dios.
Ellos se hallaron envueltos en los lazos, y cayeron; pero nosotros nos realzamos, y estamos llenos de vigor.
Oh Señor, salva al rey, y óyenos en el día en que te invocáremos.
Salmo 20 en latín (Salmo 19 de la Vulgata)
La Iglesia ha cantado este salmo en latín durante siglos, en el Oficio Divino. Conviene conocer al menos sus primeras palabras, Exaudiat te Dominus, que tantas veces se elevaron por reyes cristianos en víspera de combate:
In finem. Psalmus David.
Exáudiat te Dóminus in die tribulatiónis; prótegat te nomen Dei Iacob.
Mittat tibi auxílium de sancto, et de Sion tueátur te.
Memor sit omnis sacrifícii tui, et holocáustum tuum pingue fiat.
Tríbuat tibi secúndum cor tuum, et omne consílium tuum confírmet.
Laetábimur in salutári tuo; et in nómine Dei nostri magnificábimur.
Ímpleat Dóminus omnes petitiónes tuas; nunc cognóvi quóniam salvum fecit Dóminus christum suum. Exáudiet illum de caelo sancto suo; in potentátibus salus déxterae eius.
Hi in cúrribus, et hi in equis; nos autem in nómine Dómini Dei nostri invocábimus.
Ipsi obligáti sunt, et cecidérunt; nos autem surréximus, et erécti sumus.
Dómine, salvum fac regem, et exáudi nos in die qua invocavérimus te.
Qué significa el Salmo 20
El salmo se mueve en dos voces. Primero habla el pueblo, que bendice al rey antes de la lucha: pide que Dios lo oiga, lo defienda con su Nombre, le envíe socorro "desde el Santuario" —no por la fuerza de las armas, sino desde el lugar donde mora Dios— y le conceda los deseos de su corazón. Repárese en que primero se mencionan "sacrificios" y "holocaustos": antes de pelear, el rey ha orado y ofrecido a Dios; la batalla se gana de rodillas antes que con la espada.
Luego una sola voz responde con certeza: "Ahora veo que el Señor ha puesto en salvo a su Ungido". La oración ha sido oída; la victoria está ya descontada en Dios. Y el salmo culmina en su verso más célebre, que opone dos confianzas: "Unos confían en sus carros armados, otros en sus caballos; mas nosotros invocaremos el Nombre del Señor". El mundo se apoya en su fuerza; el creyente, en el Nombre de Dios. Los primeros "cayeron"; los segundos "nos realzamos, y estamos llenos de vigor".
Los Padres leyeron este salmo de Cristo. La palabra latina del versículo 7, christum suum —"su Ungido"—, es precisamente Cristo. El verdadero Rey por quien la Iglesia eleva esta súplica es el Señor Jesús, que entró en la tribulación de la Pasión y de quien, resucitando, se dice con plena verdad: "el Señor ha puesto en salvo a su Ungido".
Salmo 20 como oración: para qué y cuándo rezarlo
El Salmo 20 es, ante todo, una oración de intercesión: se reza por otro. Por eso conviene de modo singular cuando alguien a quien amamos afronta una prueba grave —una operación, un juicio, una decisión difícil, un peligro— y queremos ponerlo en manos de Dios. Donde el texto dice "óigate el Señor", "concédate lo que desea tu corazón", pensamos en esa persona y rogamos por ella.
Conviene también para rezar por quienes tienen autoridad —los pastores de la Iglesia, los que gobiernan rectamente—, como hacía Israel por su rey; y para nuestras propias "batallas" interiores, recordando que la victoria no viene de los "carros y caballos" de nuestras fuerzas, sino del Nombre del Señor invocado con fe. No es un amuleto ni una fórmula de "buena suerte", como pretenden las supersticiones: es la confiada súplica de la Iglesia, que pone toda victoria en Dios.
Cuando la batalla pase y llegue la hora de dar gracias por la victoria recibida, el alma puede prolongar esta oración con el Salmo 145, el gran himno de alabanza al Rey eterno; y para no desear el mal de los enemigos sino aguardar el juicio de Dios, ayuda meditar el Salmo 37, que enseña a no inquietarse ante los malvados. Quien busque arraigar esa confianza en el conocimiento de Dios hará bien en orar también el Salmo 119, el gran canto a la Ley del Señor, y el Salmo 139, que confiesa la mirada de Dios que todo lo penetra.
Preguntas Frecuentes
¿Qué significa el Salmo 20?
El Salmo 20 es una oración del pueblo por su rey antes de la batalla: le desea que Dios lo oiga, lo defienda y le envíe socorro "desde el Santuario", y proclama que la verdadera fuerza no está en los "carros y caballos" sino en el Nombre del Señor. Su sentido profundo es la confianza absoluta en Dios frente a toda tribulación; leído a la luz de la fe, anuncia la victoria de Cristo, el Ungido del Padre.
¿Quién escribió el Salmo 20?
Lo escribió el rey David, como indica el propio encabezamiento del salmo —"Salmo de David"—. La tradición católica ha tenido siempre a David por el gran salmista, inspirado por el Espíritu Santo, y la Iglesia atribuye a su mano la mayor parte del salterio.
¿Qué dice el Salmo 19?
El Salmo 19 de la Vulgata es exactamente el mismo que el Salmo 20 hebreo. Dice, en boca del pueblo: "Óigate el Señor en el día de la tribulación... envíete socorro desde el Santuario", y termina con el grito "Oh Señor, salva al rey, y óyenos en el día en que te invocáremos". Es una súplica de intercesión por el rey y, en sentido cristiano, por Cristo Rey.
¿Cómo se reza el Salmo 20 como oración?
Se reza despacio, pensando en aquella persona o intención por la que se quiere interceder, pues es un salmo que se eleva por otro. Donde el texto dice "óigate el Señor" o "concédate lo que desea tu corazón", se aplica a quien afronta la prueba. La tradición lo cierra, como todos los salmos, con el Gloria al Padre, reconociendo que toda la oración se ordena a la gloria de Dios.
¿Para qué sirve el Salmo 20?
Sirve para interceder por quien atraviesa una tribulación o un peligro —un ser querido, los pastores, quienes gobiernan rectamente— y para reavivar la confianza en Dios en nuestras propias luchas. No es una fórmula mágica, sino una profesión de fe: que no confiamos en nuestras fuerzas ("carros y caballos"), sino en el Nombre del Señor, de quien viene toda victoria.
El Salmo 20 nos enseña a rezar por los demás con la certeza de que Dios escucha, y a no fundar nunca nuestra esperanza en la fuerza propia, sino en el Nombre del Señor. Que sepamos repetir con el pueblo de Dios: in nómine Dómini Dei nostri invocábimus. Si quieren seguir rezando con confianza, no dejen de conocer los grandes salmos de protección, entre ellos el Salmo 91, el Salmo 23 y el Salmo 27. Y para rezar por uno mismo en la noche de la prueba, junto a este salmo de intercesión va bien el Salmo 3, el grito de David perseguido por su propio hijo.
La app Iter Fidei trae los salmos y las oraciones, en latín y español, con audio. Descárgala aquí.
Fuentes. Sagrada Biblia, traducción de Félix Torres-Amat sobre la Vulgata latina (Salmo 19). Texto latino: Salterio de la Vulgata Clementina, Psalmus 19 (Exaudiat te Dominus). Comentarios según la tradición patrística sobre el salterio, que lee este salmo de Cristo, el Ungido del Padre.