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Australia: el último territorio se dispone a legalizar la eutanasia
El último territorio australiano se dispone a legalizar la eutanasia; el arzobispo de Sídney advierte y defiende los cuidados paliativos.
El Territorio del Norte australiano, cuya capital es Darwin, se dispone a legalizar la eutanasia. Un proyecto de ley, presentado en julio por las autoridades locales, será sometido a votación en las próximas semanas. Si se aprueba, la «ayuda voluntaria a morir» será legal en todos los estados y territorios del país, siendo el Territorio del Norte el último donde seguía prohibida.
El arzobispo de Sídney, Mons. Anthony Fisher, advierte. Recuerda que Australia ha pasado, en pocos años, de una prohibición total a una situación en la que más de 14 000 personas han solicitado la eutanasia y más de 7 000 han muerto por ella. Señala presiones para extenderla a los enfermos de demencia o inconscientes, a los niños y a cualquiera que la reclame. Otro proyecto levantaría las prohibiciones federales para autorizar consultas de eutanasia en línea y por teléfono, una «telesalud» que sería en realidad una «telemuerte». El partido en el poder ha dejado a sus cargos electos un voto de conciencia.
El juicio de la Iglesia no varía. El quinto mandamiento, «No matarás», prohíbe quitar la vida a un inocente; y el Catecismo del Concilio de Trento enseña que esta prohibición alcanza tanto el homicidio de otro como el suicidio, pues el hombre no tiene más derecho sobre su propia vida que sobre la de su prójimo. Ningún sufrimiento, ningún consentimiento, ningún procedimiento llamado «voluntario» hace lícito lo que Dios prohíbe: la vida pertenece a Dios, que es el único que fija su término.
Frente a esta lógica, el llamamiento a una mejor atención paliativa se une a la vía que la Iglesia siempre ha sostenido: aliviar al moribundo y acompañarlo, sin apresurar jamás su fin. Pío XII lo enseñó a los médicos: es lícito calmar el dolor con remedios, aun a riesgo de abreviar la vida, con tal de que la muerte no sea querida ni buscada como medio; nunca es lícito darla. Ahí está la respuesta cristiana, no en el gesto que mata.
Fuentes. Catecismo del Concilio de Trento (1566), explicación del quinto mandamiento; Éxodo 20, 13 (Vulgata); Pío XII, alocución a los médicos anestesistas sobre la analgesia (24 de febrero de 1957).