Actualidad
Terremoto en Colombia: la Iglesia de luto llama a la oración y a la caridad
Un terremoto de magnitud 7,4 asoló el occidente de Colombia el 10 de agosto de 2026, dejando más de cien muertos; el episcopado llama a la oración y a la caridad mientras la Iglesia se moviliza.

Un terremoto de magnitud 7,4 sacudió el occidente de Colombia el lunes 10 de agosto de 2026, hacia las 7:34, hora local. El epicentro se situó cerca del municipio de San José del Palmar, en el departamento del Chocó, a una profundidad de unos 103 kilómetros. Descrito como el temblor más fuerte registrado en el país en el siglo XXI, se sintió hasta Bogotá, Medellín, Cali, Pereira y Armenia, y más allá de las fronteras, en Ecuador, Venezuela y Panamá.
El balance sigue siendo provisional y disputado. Un primer informe gubernamental habla de 111 muertos y 87 heridos, con 1.575 viviendas dañadas, 37 destruidas y 61 edificios derrumbados; otros recuentos, más tardíos, elevan el número de muertos por encima de 130 y el de heridos por encima de 570, sin contar numerosos desaparecidos. En Cali habrían caído tres hospitales y unos cuarenta edificios; en Pereira se reportan unos sesenta muertos. Al menos ocho niños figurarían entre las víctimas. El presidente declaró el estado de catástrofe nacional, siendo la primera prioridad rescatar a las personas sepultadas. Las operaciones se suspendieron en seis aeropuertos del occidente mientras se verificaban las pistas.
En Manizales, una torre lateral de la basílica-catedral neogótica de Nuestra Señora del Rosario, terminada en 1939, se derrumbó durante una misa transmitida en directo; el sacerdote interrumpió la celebración. Iglesias parroquiales, hospitales y escuelas figuran entre los edificios afectados.
Ante la muerte, la Iglesia no razona primero en cifras sino en almas. El quinto mandamiento nos ordena preservar y socorrer la vida del prójimo; las obras de misericordia corporales nos mandan dar de comer al hambriento, dar cobijo a quien ha perdido su techo, sepultar a los muertos. Y porque el hombre no puede devolver la vida que no da, la caridad se prolonga en oración por aquellos a quienes la tierra se ha llevado, para que les sea concedido el descanso eterno.
Es esta doble obligación la que el episcopado colombiano recordó desde Bogotá: llamamiento a la oración y a la solidaridad, invitación a que la nación se reconozca «una sola familia» y responda al sufrimiento de sus hermanos con generosidad y responsabilidad. El arzobispo de Bogotá, el cardenal Luis José Rueda Aparicio, exhortó a sus compatriotas a buscar el punto de encuentro para seguir avanzando juntos, no solo para levantar los muros de las casas, sino para reconstruirse «desde el corazón» como sociedad unida. La movilización material siguió a la palabra: los bancos de alimentos de las arquidiócesis de Bogotá y de Bucaramanga, así como la oficina colombiana de Ayuda a la Iglesia Necesitada, se pusieron al servicio de los damnificados.
La tierra que tiembla predica lo que el siglo quisiera callar: que la vida es un depósito y no una posesión, y que el día de su restitución no lo conoce nadie. A los vivos, la obra de caridad; a los muertos, el sufragio de la oración.
Fuentes. Catecismo del Concilio de Trento (1566), sobre el quinto mandamiento y sobre las obras de misericordia corporales; Evangelio según san Mateo, V, 7 («Bienaventurados los misericordiosos: porque ellos alcanzarán misericordia»); Libro de Tobías, sobre la sepultura de los muertos; Dom Guéranger, sobre el sufragio de los vivos por los difuntos.