Novenas
Novena a la Virgen de Fátima
El texto completo de la novena tradicional a Nuestra Señora de Fátima: el ofrecimiento diario, la oración inicial y final, y las nueve meditaciones para preparar la fiesta del 13 de mayo.

En Fátima, la Santísima Virgen pidió tres cosas: la oración del Rosario, la penitencia por los pecadores y la devoción a su Inmaculado Corazón; esta novena las reúne para que rezándola nueve días le presentemos, por su intercesión, la gracia que más necesitamos. Es la novena de quien busca paz en el hogar, conversión de un ser querido, salud del cuerpo o del alma, o alivio para los difuntos, poniéndolo todo en el Corazón de la Madre. Se reza tradicionalmente del 4 al 12 de mayo, para culminar en la fiesta de Nuestra Señora de Fátima, el 13 de mayo, aniversario de la primera aparición de 1917.
Para qué sirve esta novena y cuándo rezarla
La devoción de Fátima no es una fórmula para forzar la voluntad de Dios, sino una escuela de confianza filial. La Virgen no prometió a los pastorcitos comodidad ni prodigios a la carta, sino un camino: rezar, reparar y consagrarse a su Corazón. Por eso esta novena sirve para toda intención honesta y católica —la conversión de un pariente alejado, la paz entre esposos, el trabajo digno, la salud de un enfermo, el descanso de un difunto—, siempre pidiéndola «para mayor gloria de Dios, honra vuestra y provecho de nuestras almas», como reza el propio texto. Si desea entender mejor qué es y cómo obra una novena, puede leer nuestra explicación de qué es una novena.
Aunque su lugar propio son los nueve días que preceden al 13 de mayo, esta novena puede rezarse en cualquier época del año, siempre que se necesite acudir a la Madre. Muchos la unen también a la devoción de los primeros sábados que la misma Virgen pidió.
El texto completo de la novena a la Virgen de Fátima
Cada día se comienza con el Ofrecimiento y la Oración inicial, se reza después la oración propia del día, y se concluye con un Padre Nuestro, un Ave María, un Gloria y la Oración final.
Ofrecimiento para todos los días
¡Dios mío! Yo creo, adoro, espero y os amo. Os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no os aman.
¡Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo!, yo os adoro profundamente y os ofrezco el preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los tabernáculos del mundo, en reparación por los ultrajes con que Él es ofendido; y por los méritos infinitos de su Santísimo Corazón y por la intercesión del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pecadores.
Oración inicial
Oh Santísima Virgen María, Reina del Rosario y Madre de misericordia, que os dignasteis manifestar en Fátima la ternura de vuestro Inmaculado Corazón trayéndonos mensajes de salvación y de paz, confiados en vuestra misericordia maternal y agradecidos por las bondades de vuestro amantísimo Corazón, venimos a Vos para rendiros el tributo de nuestra veneración y amor. Concédenos las gracias que necesitamos para cumplir fielmente vuestro mensaje de amor, y la que os pedimos en esta Novena, para mayor gloria de Dios, honra vuestra y provecho de nuestras almas. Así sea.
(Se reza a continuación la oración del día correspondiente.)
Oración final
¡Oh Dios, cuyo Unigénito, con su vida, muerte y resurrección, os mereció el premio de la salvación eterna! Os suplicamos nos concedáis que, meditando los misterios del Santísimo Rosario de la Bienaventurada Virgen María, imitemos los ejemplos que nos enseñan y alcancemos el premio que prometen. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Primer día (Día 1) — Penitencia y reparación
¡Oh Santísima Virgen María, Madre de los pecadores arrepentidos!, que apareciendo en Fátima dejaste transparecer en vuestro rostro celestial una leve sombra de tristeza, para indicar el dolor que os causan los pecados de los hombres, y que con maternal compasión exhortaste a no afligir más a vuestro Hijo con la culpa y a reparar los pecados con la mortificación y la penitencia. Dadnos la gracia de un sincero dolor de los pecados cometidos y la resolución generosa de reparar con obras de penitencia y mortificación todas las ofensas que se cometen contra vuestro Divino Hijo y contra vuestro Corazón Inmaculado.
Padre Nuestro, Ave María, Gloria y oración final.
Segundo día (Día 2) — Santidad de vida
¡Oh Santísima Virgen María, Madre de la divina gracia!, que vestida de nívea blancura te apareciste a unos pastorcitos sencillos e inocentes, enseñándonos así cuánto debemos amar y procurar la inocencia del alma, y que pediste por medio de ellos la enmienda de las costumbres y la santidad de una vida cristiana perfecta. Concédenos misericordiosamente la gracia de saber apreciar la dignidad de nuestra condición de cristianos y de llevar una vida en todo conforme a las promesas bautismales.
Padre Nuestro, Ave María, Gloria y oración final.
Tercer día (Día 3) — Amor a la oración
¡Oh Santísima Virgen María, vaso insigne de devoción!, que te apareciste en Fátima teniendo pendiente de vuestras manos el Santo Rosario, y que insistentemente repetías: «Orad, orad mucho», para alejar por medio de la oración los males que nos amenazan. Concédenos el don y el espíritu de oración, la gracia de ser fieles en el cumplimiento del gran precepto de orar, haciéndolo todos los días, para así poder observar bien los santos mandamientos, vencer las tentaciones y llegar al conocimiento y amor de Jesucristo en esta vida y a la unión feliz con Él en el Cielo.
Padre Nuestro, Ave María, Gloria y oración final.
Cuarto día (Día 4) — Amor a la Iglesia
¡Oh Santísima Virgen María, Reina de la Iglesia!, que exhortaste a los pastorcitos de Fátima a rogar por la Iglesia y el Papado, e infundiste en sus almas sencillas una gran veneración y amor hacia ellos. Infunde también en nosotros el espíritu de veneración y docilidad hacia la autoridad de la Santa Iglesia, de adhesión inquebrantable a sus enseñanzas, y un gran amor y respeto a todos los ministros de la santa Iglesia, por medio de los cuales participamos de la vida de la gracia en los sacramentos.
Padre Nuestro, Ave María, Gloria y oración final.
Quinto día (Día 5) — María, salud de los enfermos
¡Oh Santísima Virgen María, salud de los enfermos y consoladora de los afligidos!, que movida por el ruego de los pastorcitos, obraste ya curaciones en vuestras apariciones en Fátima, y habéis convertido ese lugar, santificado por vuestra presencia, en receptáculo de vuestras misericordias maternales en favor de todos los afligidos. A vuestro Corazón maternal acudimos llenos de filial confianza, mostrando las enfermedades de nuestras almas y todas las aflicciones y dolencias de nuestra vida. Lanzad sobre ellas una mirada de compasión y remediadlas con la ternura de vuestras manos, para que así podamos serviros y amaros con todo nuestro corazón y con todo nuestro ser.
Padre Nuestro, Ave María, Gloria y oración final.
Sexto día (Día 6) — María, refugio de los pecadores
¡Oh Santísima Virgen María, refugio de los pecadores!, que enseñasteis a los pastorcitos de Fátima a rogar incesantemente al Señor para que no caigamos en las penas eternas del infierno, y que manifestaste a uno de ellos que los pecados de la carne son los que más almas arrastran a aquellas terribles llamas. Infundid en nuestras almas un gran horror al pecado y el santo temor de la justicia divina, y al mismo tiempo despertad en nosotros la compasión por la suerte de los pecadores y un santo celo para trabajar, con nuestras oraciones, ejemplos y palabras, por su conversión y la nuestra.
Padre Nuestro, Ave María, Gloria y oración final.
Séptimo día (Día 7) — María, alivio de las almas del Purgatorio
¡Oh Santísima Virgen María, Reina del Purgatorio!, que enseñasteis a los pastorcitos de Fátima a rogar a Dios por las almas del Purgatorio, especialmente por las más abandonadas. Encomendamos a la inagotable ternura de vuestro maternal Corazón todas las almas que padecen en aquel lugar de purificación, en particular las de todos nuestros allegados y familiares y las más abandonadas y necesitadas; alíviales sus penas y llévalas pronto a la mansión eterna de la luz y de la paz, para allí cantar perpetuamente vuestras misericordias.
Padre Nuestro, Ave María, Gloria y oración final.
Octavo día (Día 8) — María, Reina del Rosario
¡Oh Santísima Virgen María!, que en vuestra última aparición te diste a conocer como la Reina del Santísimo Rosario, y en todas ellas recomendasteis el rezo de esta devoción como el remedio más seguro y eficaz para todos los males y calamidades que nos afligen, tanto del alma como del cuerpo, tanto públicas como privadas. Infunde en nuestras almas una profunda estima de los misterios de nuestra Redención que se conmemoran en el rezo del Rosario, para así vivir siempre de sus frutos. Concédenos la gracia de ser siempre fieles a la práctica de rezarlo diariamente para honrarte, acompañando vuestros gozos, luces, dolores y glorias, y así merecer vuestra maternal protección y asistencia en todos los momentos de la vida, y especialmente en la hora de la muerte.
Padre Nuestro, Ave María, Gloria y oración final.
Noveno día (Día 9) — El Inmaculado Corazón de María
¡Oh Santísima Virgen María, Madre nuestra dulcísima!, que escogiste a los pastorcitos de Fátima para mostrar al mundo las ternuras de vuestro Corazón misericordioso, y les propusiste la devoción al mismo como el medio con el cual Dios quiere dar la paz al mundo, como el camino para llevar las almas a Dios y como prenda suprema de salvación. Haced, ¡oh Corazón de la más tierna de las madres!, que sepamos comprender vuestro mensaje de amor y de misericordia, que lo abracemos con filial adhesión y que lo pongamos en práctica siempre con fervor; y así sea vuestro Corazón nuestro refugio, nuestro consuelo y el camino que nos conduzca al amor y a la unión con vuestro Hijo Jesús.
Padre Nuestro, Ave María, Gloria y oración final.
Variantes de la novena que se buscan a menudo
Novena a la Virgen de Fátima para una causa imposible o intención concreta. No hay una fórmula distinta para las causas difíciles: se reza esta misma novena, presentando la intención en la oración inicial, donde se pide «la que os pedimos en esta Novena». Fátima añade la certeza de que ninguna súplica confiada al Inmaculado Corazón se pierde, aunque la respuesta llegue por caminos imprevistos.
Versión corta de la novena. Si dispone de poco tiempo, basta con el Ofrecimiento, la Oración inicial, la oración propia del día, un Padre Nuestro, un Ave María, un Gloria y la Oración final; quien pueda, añada el Rosario completo, como pidió la Señora.
Novena a los pastorcitos de Fátima. Muchos fieles unen a esta novena la intercesión de los tres videntes —Lucía, Francisco y Jacinta—. En la oración del día puede añadirse: «Por la intercesión de los santos pastorcitos de Fátima, escuchad, Señora, nuestra súplica.»
Novena en PDF y para imprimir. Este texto puede leerse desde el teléfono o imprimirse en una hoja para rezarlo en familia o ante una imagen de la Virgen. Basta seleccionar el texto completo y guardarlo como PDF, o imprimir esta página para tener a mano la novena durante los nueve días.
Cómo se reza esta novena, día a día
Rezar bien la novena es sencillo:
- El día de inicio. Tradicionalmente se comienza el 4 de mayo, de modo que el noveno día caiga el 12 y la novena culmine en la fiesta del 13 de mayo. Si la reza en otra época, elija el día que quiera como primero y cuente nueve jornadas consecutivas.
- Los nueve días. Cada día, a ser posible a la misma hora, rece por este orden: el Ofrecimiento, la Oración inicial, la oración propia de ese día, un Padre Nuestro, un Ave María, un Gloria y la Oración final, manteniendo la misma intención durante todo el novenario.
- El Rosario. Como el corazón del mensaje de Fátima es el Rosario, conviene rezar además cada día al menos una parte, siguiendo nuestra guía de cómo rezar el Santo Rosario y de los misterios del Rosario.
- La fiesta. El 13 de mayo conviene coronar la novena con la Santa Misa, la Comunión y, si es posible, la renovación de la consagración a María y de su Inmaculado Corazón.
La constancia importa más que la solemnidad: mejor nueve días humildes y fieles que un solo día brillante seguido del olvido.
La historia de las apariciones de Fátima
Entre mayo y octubre de 1917, en plena Guerra Mundial, la Santísima Virgen se apareció seis veces a tres pastorcitos portugueses en la Cova de Iría, cerca de la aldea de Fátima: Lucía dos Santos, de diez años, y sus primos Francisco Marto, de nueve, y Jacinta Marto, de siete. El año anterior, un Ángel los había preparado, enseñándoles a adorar, a reparar y a recibir la Sagrada Eucaristía.
La primera aparición fue el 13 de mayo de 1917. La Señora, «más brillante que el sol», les pidió que volvieran allí el día 13 de cada mes durante seis meses y que rezaran el Rosario todos los días por la paz del mundo. En las apariciones sucesivas les mostró una visión del infierno y les confió el mensaje que hoy conocemos como los «secretos» de Fátima: la penitencia, la devoción reparadora al Inmaculado Corazón y la oración por la conversión de los pecadores. Enseñó también a los niños la breve jaculatoria que había de rezarse tras cada misterio del Rosario: «¡Oh Jesús mío!, perdónanos, líbranos del fuego del infierno, lleva al Cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu misericordia.»
El 13 de octubre de 1917, ante una multitud de decenas de miles de personas —creyentes y escépticos—, ocurrió el llamado Milagro del Sol: el astro pareció girar, despedir colores y precipitarse hacia la tierra. Aquel día la Señora se identificó: «Soy la Virgen del Rosario», y pidió que se le levantara allí una capilla.
Francisco y Jacinta, tal como la Virgen les había anunciado, partieron pronto al Cielo: Francisco murió en 1919 y Jacinta en 1920, víctimas de la epidemia de gripe, tras ofrecer sus sufrimientos en reparación. Lucía vivió muchos años como religiosa carmelita, custodiando el mensaje. El 13 de octubre de 1930, tras un severo examen canónico, el obispo de Leiria declaró dignas de crédito las apariciones y autorizó oficialmente el culto de Nuestra Señora del Rosario de Fátima: una devoción, por tanto, plenamente aprobada por la Iglesia y arraigada en la más pura tradición del Rosario y de la reparación al Inmaculado Corazón.
En tiempos posteriores al Concilio, Francisco y Jacinta Marto fueron elevados al honor de los altares —beatificados en el año 2000 y canonizados en 2017—; la causa de la hermana Lucía, fallecida en 2005, sigue abierta. Estos actos, muy posteriores a las apariciones, no alteran la sustancia de una devoción cuya raíz y aprobación son plenamente anteriores al Concilio. Si desea conocer más, puede leer nuestra semblanza de Nuestra Señora de Fátima y meditar la devoción a Nuestra Señora del Rosario.
Preguntas Frecuentes
¿Cuándo empieza la novena de la Virgen de Fátima?
Tradicionalmente comienza el 4 de mayo y se prolonga nueve días, hasta el 12, para culminar en la fiesta de Nuestra Señora de Fátima, el 13 de mayo. También puede rezarse en cualquier otro momento del año.
¿Cómo se reza la novena a la Virgen de Fátima?
Cada día, por este orden: el Ofrecimiento, la Oración inicial, la oración propia del día (del primero al noveno), un Padre Nuestro, un Ave María, un Gloria y la Oración final, manteniendo la misma intención los nueve días. Es muy recomendable añadir el Rosario.
¿Cuándo es la fiesta de la Virgen de Fátima?
Se celebra el 13 de mayo, aniversario de la primera aparición de 1917. Muchos fieles honran también el 13 de octubre, día del Milagro del Sol y de la última aparición.
¿Qué se pide en la novena a la Virgen de Fátima?
Cualquier intención honesta y católica: la conversión de un ser querido, la paz en la familia, la salud de un enfermo, el trabajo, el alivio de los difuntos. El propio texto enseña a pedirlo «para mayor gloria de Dios, honra vuestra y provecho de nuestras almas».
¿Se puede rezar la novena por una causa imposible?
Sí. No hay una novena distinta para las causas difíciles: se reza esta misma, confiando la intención al Inmaculado Corazón de María, que en Fátima prometió su asistencia a cuantos acudan a él. La confianza y la perseverancia son la clave; no un rito para forzar el resultado, sino una súplica filial que se abandona a la voluntad de Dios.
¿Quiénes fueron los pastorcitos de Fátima?
Fueron Lucía dos Santos y sus primos Francisco y Jacinta Marto, los tres niños a quienes la Virgen se apareció en 1917. Francisco y Jacinta murieron poco después de las apariciones; Lucía vivió muchos años como religiosa carmelita.
¿Hay que rezar el Rosario durante la novena?
No es obligatorio, pero sí muy aconsejable, porque el Rosario es el corazón mismo del mensaje de Fátima: la Señora pidió expresamente rezarlo todos los días por la paz del mundo y por la conversión de los pecadores.
¿Puedo rezar la novena solo o hay que hacerlo en comunidad?
Puede rezarse de ambos modos. Es hermoso hacerlo en familia o en parroquia, pero vale igualmente rezada a solas, ante una imagen de la Virgen o en el silencio del corazón.
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Fuentes. Sagrada Escritura (Biblia de Torres Amat); oraciones tradicionales aprobadas de la devoción de Nuestra Señora del Rosario de Fátima (Ofrecimiento y jaculatorias enseñados por la Santísima Virgen a los videntes, 1917); decreto de aprobación del culto del obispo de Leiria (13 de octubre de 1930); devocionarios marianos tradicionales del Santo Rosario.