Novenas
Novena del Abandono a la voluntad de Dios
El texto completo de la novena del abandono de don Dolindo Ruotolo: las nueve meditaciones, la invocación «Jesús, yo me abandono a Ti, ocúpate Tú de todo», cómo rezarla y qué dice la tradición sobre el abandono a la divina Providencia.
La novena del abandono se reza cuando el alma ya no puede más: cuando el asunto se ha enredado, cuando la angustia no deja dormir y la razón da vueltas sin salida. Recoge las palabras que Nuestro Señor, según el testimonio del siervo de Dios don Dolindo Ruotolo (1882-1970), sacerdote de Nápoles, dirigía al alma agobiada, y todo se encierra en una frase repetida diez veces al día: «Jesús, yo me abandono a Ti, ocúpate Tú de todo.» No está ligada a fiesta alguna: se comienza cuando la necesidad se presenta y se reza nueve días seguidos.
Una nota sobre esta devoción
Nada se gana disfrazando de antigua una devoción reciente. Don Dolindo Ruotolo murió el 19 de noviembre de 1970; su causa fue introducida en Nápoles en 1994 y hoy lleva el título de siervo de Dios: no está beatificado ni canonizado, y la Iglesia no ha aprobado estas palabras como revelación. Son escritos privados de un sacerdote, no un texto litúrgico.
Dicho esto, la novena no añade nada a la doctrina católica. Repite en lenguaje ardiente lo que la tradición enseña desde siempre: el abandono a la divina Providencia de san Francisco de Sales y del padre de Caussade, la santa indiferencia, el fiat voluntas tua del Padrenuestro. El equivalente plenamente tradicional y aprobado es exactamente ese: la novena a la Divina Providencia y la oración a la Divina Providencia.
Y abandonarse no es cruzarse de brazos: es cumplir el propio deber y dejar de atormentarse por lo que no se gobierna. Si es tu primera novena, conviene leer antes qué es una novena: no es un conjuro que obligue a Dios, sino una oración humilde y perseverante de nueve días.
La oración de cada día
Cada día se abre con la señal de la cruz:
En el nombre del Padre,
y del Hijo,
y del Espíritu Santo.
Amén.
Esta novena no está ligada a fiesta alguna: comiénzala el día en que la necesidad se presente, y rézala nueve días seguidos sin interrupción. Cada día presenta primero a Nuestro Señor la intención por la que oras, y lee luego despacio la meditación del día, como si Jesús te la dijese a ti solo.
Expresa aquí, con sencillez, la carga que quieres entregar a Nuestro Señor — la misma durante los nueve días. Nómbrala sin rodeos, y deja luego de darle vueltas.
Señor Jesús, vengo a Ti con las manos vacías y el corazón turbado. Ya no sé qué hacer, ni cómo acabará esto. Te entrego este asunto entero, sin retener nada, y te pido la sola gracia de cerrar los ojos de mi alma y dejarte obrar.
Los nueve días
Día primero — ¿Por qué os turbáis?
Jesús dice al alma: «¿Por qué os confundís agitándoos? Dejadme el cuidado de vuestras cosas y todo se calmará. En verdad os digo: todo acto de verdadero abandono en mí, ciego y completo, produce el efecto que deseáis y resuelve las situaciones más espinosas.»
Se repite luego diez veces, despacio y sin prisa, la invocación del Abandono.
¡Jesús, yo me abandono a Ti, ocúpate Tú de todo! (diez veces)
Día segundo — Qué significa abandonarse
«Abandonarse a mí no significa atormentarse, trastornarse y desesperarse, para dirigirme después una oración agitada a fin de que yo os siga, cambiando así la agitación en oración. Abandonarse significa cerrar apaciblemente los ojos del alma, apartar el pensamiento de la tribulación y entregarse a mí para que yo solo obre, diciéndome: Ocúpate Tú de todo.»
Se repite luego diez veces, despacio y sin prisa, la invocación del Abandono.
¡Jesús, yo me abandono a Ti, ocúpate Tú de todo! (diez veces)
Día tercero — No dictéis al médico su remedio
«¡Cuántas cosas realizo cuando el alma, en sus necesidades espirituales y materiales, se vuelve a mí, me mira y me dice: Ocúpate Tú de todo — y luego cierra los ojos y descansa! Recibes pocas gracias cuando te afanas en producirlas tú mismo; recibes muchas cuando tu oración es pleno abandono en mí. En el dolor ruegas que yo obre, pero que obre como tú quieres: no te diriges a mí, sino que quieres que yo me adapte a tus ideas. No eres un enfermo que pide al médico su remedio, sino un enfermo que se lo dicta. No obres así, sino ora como os enseñé en el Padrenuestro: Santificado sea tu Nombre, esto es: sé glorificado en esta necesidad mía; Venga tu Reino, esto es: que todo en mí y en el mundo sirva a tu Reino; Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo, esto es: dispón de esta necesidad como te parezca mejor para mi vida eterna y temporal. Si me dices de veras: Hágase tu voluntad — que es lo mismo que decir: Ocúpate Tú de todo — yo intervengo con toda mi omnipotencia y desato las situaciones más cerradas.»
Se repite luego diez veces, despacio y sin prisa, la invocación del Abandono.
¡Jesús, yo me abandono a Ti, ocúpate Tú de todo! (diez veces)
Día cuarto — ¿El mal crece? No te turbes
«¿Ves que el mal crece en lugar de menguar? No te turbes. Cierra los ojos y dime con fe: Hágase tu voluntad, ocúpate Tú de todo. Te digo que yo me ocuparé, y que intervendré como lo hace un médico, y obraré incluso milagros cuando haga falta. ¿Ves que el enfermo empeora? No te trastornes, sino cierra los ojos y di: Ocúpate Tú de todo. Te digo que yo me ocuparé, y que no hay medicina más poderosa que mi intervención de amor. Por mi amor, te lo prometo.»
Se repite luego diez veces, despacio y sin prisa, la invocación del Abandono.
¡Jesús, yo me abandono a Ti, ocúpate Tú de todo! (diez veces)
Día quinto — Llevado a la otra orilla
«Y cuando deba llevarte por un camino distinto del que tú ves, yo te adiestro, te llevo en mis brazos y te hago hallarte, como los niños dormidos en los brazos maternos, en la otra orilla. Lo que te trastorna y te hace un mal inmenso es tu razonamiento, tu pensamiento, tu obsesión y ese querer proveer tú mismo, a toda costa, a lo que te aflige.»
Se repite luego diez veces, despacio y sin prisa, la invocación del Abandono.
¡Jesús, yo me abandono a Ti, ocúpate Tú de todo! (diez veces)
Día sexto — Confía sólo en mí
«No duermes; quieres juzgarlo todo, escrutarlo todo, pensar en todo, y te entregas así a las fuerzas humanas, o peor aún, a los hombres mismos, confiando en su intervención. Esto es lo que estorba mis palabras y mis designios. ¡Oh, cuánto deseo de ti este abandono, para poder colmarte! ¡y cuánto sufro al verte agitado! Satanás no busca otra cosa: agitarte, para sustraerte a mi acción y arrojarte en presa de las iniciativas humanas. Confía, pues, sólo en mí, descansa en mí, abandónate a mí en todo.»
Se repite luego diez veces, despacio y sin prisa, la invocación del Abandono.
¡Jesús, yo me abandono a Ti, ocúpate Tú de todo! (diez veces)
Día séptimo — Los milagros nacen de la pobreza
«Obro milagros en proporción a tu pleno abandono en mí y a que dejes de pensar en ti mismo. Derramo sobre ti tesoros de gracias cuando te hallas en una pobreza total. Si tienes tus recursos, por pequeños que sean, o si los buscas, permaneces en el orden natural, y sigues por tanto el curso natural de las cosas, que Satanás estorba a menudo. Ningún hombre de razonamientos, ningún calculador ha hecho jamás un milagro, ni siquiera entre los santos: obra divinamente sólo quien se abandona a Dios. Cuando veas que las cosas se complican, di, con los ojos del alma cerrados: Ocúpate Tú de todo. Y aparta tu mirada de ti mismo, porque tu mente es aguda y te es muy difícil ver el mal y confiar sin embargo en mí. Haz así en todas tus necesidades; hacedlo todos, y veréis grandes milagros, continuos y silenciosos. Yo me ocuparé, te lo prometo.»
Se repite luego diez veces, despacio y sin prisa, la invocación del Abandono.
¡Jesús, yo me abandono a Ti, ocúpate Tú de todo! (diez veces)
Día octavo — Cierra los ojos, yo te guiaré
«Cierra los ojos y déjate llevar por la corriente de mi gracia; cierra los ojos y déjame obrar; cierra los ojos y no pienses en el momento presente, apartando el pensamiento del porvenir como de una tentación. Descansa en mí, creyendo en mi bondad, y te juro por mi amor que, si me dices con estas disposiciones: Ocúpate Tú de todo — yo me ocuparé plenamente, te consolaré, te libraré, te guiaré.»
Se repite luego diez veces, despacio y sin prisa, la invocación del Abandono.
¡Jesús, yo me abandono a Ti, ocúpate Tú de todo! (diez veces)
Día noveno — Mil oraciones no valen un acto de abandono
«Ora siempre en esta disposición de abandono, y sacarás de ella una gran paz y grandes frutos, aun cuando te conceda la gracia de la inmolación, de la reparación y del amor que exige el sufrimiento. ¿Te parece imposible? Cierra los ojos y di con toda tu alma: Jesús, ocúpate Tú de todo. No temas: yo me ocuparé, y tú bendecirás mi nombre humillándote. Mil oraciones no valen un solo acto de abandono: recuérdalo bien. No hay novena más eficaz que ésta.»
Se repite luego diez veces, despacio y sin prisa, la invocación del Abandono.
¡Jesús, yo me abandono a Ti, ocúpate Tú de todo! (diez veces)
La conclusión de cada día
Don Dolindo, sacerdote profundamente mariano, quería que todo abandono se pusiese en las manos de Nuestra Señora. Se acaba, pues, cada día con esta invocación a la santísima Virgen.
Oh María, yo me abandono a ti; ocúpate tú de todo. Madre, soy tuyo ahora y para siempre; por ti y contigo quiero pertenecer todo entero a Jesús. Así sea.
Se rezan luego un Padre nuestro, un Ave María y un Gloria, y se termina con la señal de la cruz.
Padre nuestro, que estás en los cielos:
santificado sea tu nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad,
así en la tierra como en el cielo.
El pan nuestro de cada día
dánosle hoy;
y perdónanos nuestras deudas,
así como nosotros perdonamos
a nuestros deudores;
y no nos dejes caer en tentación,
mas líbranos del mal.
Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia,
el Señor es contigo.
Bendita Tú eres entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén.
Gloria al Padre, y al Hijo,
y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén.
En el nombre del Padre,
y del Hijo,
y del Espíritu Santo.
Amén.
Hemos explicado palabra por palabra el Padre Nuestro, el Ave María y el Gloria al Padre.
Cómo rezar la novena del abandono
Cuándo empezarla. No hay fecha: ninguna fiesta la reclama, ningún santoral la fija. Se comienza el día en que la necesidad aprieta —hoy mismo— y se rezan nueve días consecutivos.
Cuánto dura cada día. Diez minutos bastan: señal de la cruz, intención, meditación, las diez invocaciones, la oración a la Virgen, Padre nuestro, Ave María y Gloria. Exige poco tiempo y mucho corazón.
Una sola intención. Es lo que más cuesta. Se elige una carga —la enfermedad de alguien, el trabajo perdido, el hijo alejado, la deuda, el matrimonio herido— y se presenta la misma los nueve días. Nombrarla cada mañana y dejar de darle vueltas el resto del día: eso es el ejercicio.
El acto de abandono a la divina Providencia. La invocación repetida diez veces no es un mantra. La mente vuelve al problema como el agua al desnivel, y cada repetición es un acto de la voluntad que la aparta de él.
Los frutos. No se prometen resultados: se promete paz, y el día noveno lo dice sin rodeos —la gracia puede llegar bajo la forma de la inmolación y del sufrimiento. Quien reza para forzar un desenlace no la ha entendido; quien reza para dejar de mandar, sí.
Variantes de la novena del abandono
Novena del abandono a la voluntad de Dios. El mismo texto. El nombre viene del fiat voluntas tua del Padrenuestro, que el día tercero comenta: «hágase tu voluntad» y «ocúpate Tú de todo» son, según estas páginas, la misma cosa.
Novena de abandono a la divina Providencia. El mismo texto, llamado por su raíz doctrinal. La devoción tradicional de la que ésta es hija —anterior, aprobada, con siglos de uso— es la novena a la Divina Providencia.
El acto de abandono solo. Cuando la novena entera no cabe en el día, queda la jaculatoria: «Jesús, yo me abandono a Ti, ocúpate Tú de todo.» Repetida en la sala de espera, a las tres de la madrugada. Es hermana de las oraciones para casos difíciles que la Iglesia pone en manos de los angustiados.
Don Dolindo Ruotolo, el sacerdote del abandono
Nació en Nápoles el 6 de octubre de 1882, en una familia numerosa y pobre, y fue ordenado sacerdote en 1905. Su vida se resume en una palabra que aceptó sin quejarse: humillación. Fue sospechado, denunciado y suspendido de sus funciones más de una vez; sus escritos sobre la Sagrada Escritura fueron examinados y censurados, y pasó años sin poder celebrar la Misa públicamente ni confesar, obedeciendo sin una palabra amarga contra la autoridad. Los últimos diez años los pasó casi enteramente paralítico, y murió pobre el 19 de noviembre de 1970, como había vivido.
De esa vida —y no de un libro— nació el acto de abandono. Un hombre a quien se le quitó el ministerio, la salud y la reputación, y siguió diciendo «ocúpate Tú de todo», tiene derecho a enseñarlo.
Fue contemporáneo del Padre Pío —le llevaba cinco años al capuchino, muerto en 1968, dos antes que él—, y cuando los napolitanos subían a San Giovanni Rotondo a buscarlo, el de Pietrelcina los devolvía a su ciudad: «¿Por qué venís aquí, teniendo a don Dolindo en Nápoles? Id a él, es un santo.» La devoción a ese capuchino está en la novena a Padre Pío.
Conviene, con todo, situarlo bien: don Dolindo no inventó nada. Lo que dice en lenguaje napolitano y ardiente lo había dicho san Francisco de Sales con su santa indiferencia, y el padre de Caussade con su abandono al momento presente como sacramento de la voluntad divina; y todos ellos no hacían más que glosar el fiat de Nuestra Señora y el no se haga mi voluntad, sino la tuya de Getsemaní. Quien encuentre extraño el tono puede ir a la fuente: la consagración a la Santísima Virgen es abandono también, y más antigua.
Preguntas Frecuentes
¿Qué es la novena del abandono?
Es una oración de nueve días tomada de los escritos del siervo de Dios don Dolindo Ruotolo (1882-1970). Cada día se lee una meditación en la que Nuestro Señor habla al alma angustiada y se repite diez veces la invocación «Jesús, yo me abandono a Ti, ocúpate Tú de todo», concluyendo con una entrega a Nuestra Señora, el Padre nuestro, el Ave María y el Gloria.
¿Cuándo se reza la novena del abandono?
Cuando haga falta. No está ligada a ninguna fiesta ni fecha del calendario: se comienza el día mismo en que la necesidad se presenta y se reza nueve días seguidos.
¿Quién fue don Dolindo Ruotolo?
Un sacerdote de Nápoles (1882-1970), humillado, sospechado y suspendido de sus funciones, paralítico en sus últimos diez años y pobre hasta el fin. El Padre Pío decía que era un santo. Su causa se introdujo en 1994 y hoy lleva el título de siervo de Dios: no está beatificado ni canonizado.
¿Es una devoción aprobada por la Iglesia?
Son escritos privados de un sacerdote, no una revelación aprobada ni un texto litúrgico. Su contenido, en cambio, es enteramente ortodoxo: es el abandono a la divina Providencia enseñado por san Francisco de Sales y el padre de Caussade. Quien prefiera una devoción plenamente tradicional tiene la novena a la Divina Providencia.
¿Abandonarse significa no hacer nada?
No, y es el malentendido más peligroso. Abandonarse es cumplir el propio deber con toda diligencia —ir al médico, buscar trabajo, pagar lo que se debe— y dejar de atormentarse por lo que no está en nuestra mano. Cruzarse de brazos no es confianza: es pereza disfrazada de fe.
¿Se puede rezar por otra persona?
Sí: por un enfermo, por un hijo alejado, por un matrimonio herido, por un difunto. La intención se presenta el primer día y se mantiene los nueve.
¿Qué pasa si me salto un día?
Lo más recto es volver a empezar desde el primer día. La novena es escuela de perseverancia, y la interrupción suele nacer de la agitación que el día segundo reprocha.
¿Existe la novena del abandono en PDF?
Circulan muchas versiones gratuitas, no todas fieles: unas recortan las meditaciones, otras añaden oraciones que don Dolindo nunca escribió. El texto íntegro está en esta página y puede imprimirse desde el navegador.
Reza la novena del abandono con los nueve días guiados, recordatorio diario y audio en la app Iter Fidei. Descárgala aquí.
Fuentes. Sagrada Escritura (traducción de Torres Amat); Misal Romano (1962); don Dolindo Ruotolo, escritos y cartas espirituales; san Francisco de Sales, Tratado del amor de Dios; P. Jean-Pierre de Caussade, El abandono a la divina Providencia; Catecismo de san Pío X.