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Cinco niños abortados hallados en la capital estadounidense: la sangre inocente clama
Los restos de cinco niños abortados hallados en la capital estadounidense; medimos el aborto por la dignidad del niño por nacer.
Hace cuatro años, en la capital estadounidense, se descubrían los restos de cinco niños, víctimas de abortos tardíos. Hoy, cerca de sesenta legisladores piden a las autoridades federales que abran una investigación sobre las circunstancias de su muerte. Cinco pequeños cuerpos, largo tiempo mantenidos en la sombra, de los que se reclama por fin que se diga cómo perecieron.
La ley de Dios no conoce aquí ambigüedad alguna. « No quitarás la vida al inocente ni al justo », dice la Escritura ; y del niño escondido en el seno, el Señor afirma : « Antes que yo te formara en el seno materno te conocí. » El niño por nacer no es una cosa, ni una parte del cuerpo de su madre : es una persona, conocida y querida por Dios desde el primer instante. Por eso la tradición ha contado siempre el aborto entre los crímenes que claman venganza, y el Magisterio lo ha condenado en términos inapelables como el asesinato de un inocente.
Medida por esta regla, la noticia es ante todo un duelo. No juzgamos las almas ; nombramos el acto : dar muerte a cinco niños antes de su nacimiento es un homicidio, y arrojar luego sus cuerpos como un desecho añade el ultraje al crimen, pues aun los muertos tienen derecho al respeto y a la sepultura. Que por fin se reclame una investigación, tras cuatro años de silencio, dice bastante cuánto le cuesta a la conciencia pública nombrar lo que ve. Nosotros lo nombramos : son niños, no desechos ; y su sangre, como la de Abel, clama desde la tierra hacia el Cielo. Reciban por fin lo único que los hombres pueden todavía darles : la verdad sobre su muerte, y una tumba.
Sources. Catecismo del Concilio de Trento (1566), del quinto mandamiento ; Pío XI, carta encíclica Casti Connubii (1930), sobre la condena del aborto ; Libro de Jeremías, I, 5 ; Éxodo, XXIII, 7 ; Génesis, IV, 10.