Actualidad
Incendios en el estado de Washington: el obispo de Spokane llama a rezar y a socorrer
Vastos incendios devastan la región de Spokane (Washington): cientos de casas destruidas y miles de desplazados. El obispo llama a la oración y a la ayuda.

Desde hace varios días, vastos incendios devastan la región de Spokane, en el estado de Washington, en el noroeste de Estados Unidos. Más de una docena de grandes fuegos ardían en el estado; solo en la zona de Spokane, más de setecientas viviendas han sido arrasadas y barrios enteros evacuados. El obispo del lugar publicó el 3 de agosto un mensaje pastoral, « Standing in Hope » (En pie en la esperanza), llamando a los fieles a rezar por quienes han huido, por quienes lo han perdido todo, y por todos aquellos cuya vida ha quedado trastornada. Hasta la fecha no se señalaban víctimas, y las dos parroquias católicas de la zona fueron preservadas.
El obispo recorrió él mismo la región devastada y describió casas arrasadas manzana tras manzana. Las estimaciones sobre el número de desplazados divergen: por un lado más de sesenta y cinco mil personas expulsadas de sus hogares, por otro solo algunos miles. Al menos uno de los tres grandes fuegos sería de origen humano, y una persona ha sido detenida e imputada por incendio provocado. La archidiócesis vecina invitó a los fieles a donar para los damnificados. Y una imagen dio la vuelta al país: ante las ruinas calcinadas de una casa de la que solo quedaban el hogar y la chimenea, una estatua de la Virgen, intacta.
Ante el fuego, la Iglesia no hace discursos: hace dos cosas, y desde siempre las mismas. Reza, y socorre. Reza, porque « Dios es nuestro refugio y fortaleza: nuestro defensor en las tribulaciones que tanto nos han acosado » (Sal 45, 2); es hacia Él a quien un pueblo golpeado se vuelve primero, no por magia, sino porque es la única roca que nada quema. Y socorre, pues alimentar al hambriento, vestir al que lo ha perdido todo, alojar al que no tiene techo no son opciones: son las obras de misericordia, y por ellas seremos juzgados. Llamar a lo uno y a lo otro es la caridad que reza con las manos.
Queda la pérdida, y es real: ninguna bella palabra levantará el techo de una familia. Pero la estatua en pie entre las cenizas dice lo que el fuego no supo tomar. Se llevó los muros; no tocó ni la fe, ni la esperanza, ni el amor. Y recuerda, brutalmente, una verdad que el bienestar nos hace olvidar: « no tenemos aquí ciudad fija » (Heb 13, 14), sino que buscamos la que ha de venir. Ninguna de esas casas era nuestra morada última. Se reconstruirán los muros; recemos sobre todo para que nadie pierda, con su casa, la esperanza que, ella, no arde.
Fuentes. Sagrada Escritura: Salmo 45, 2, y Epístola a los Hebreos 13, 14, según la Vulgata.