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León XIV: la música sacra «no es un adorno»
León XIV dedicó su catequesis a la música sacra; la tradición ya había fijado el canto gregoriano y el órgano como medida del culto.
En la audiencia general del miércoles 19 de agosto, en la basílica de San Pedro, León XIV dedicó su catequesis a la música sacra. Enseñó que el canto y la música en la liturgia no son un adorno añadido a la celebración, sino una parte «necesaria e integrante» de la acción sagrada: cantar y tocar, dijo, «significa orar».
Pidió una forma «noble y sencilla», que toda la asamblea pueda ejecutar, textos profundos y comprensibles, tomados ante todo de la Sagrada Escritura y de la Tradición espiritual de la Iglesia, y una música que responda al misterio celebrado «más allá de las modas o de las sensibilidades particulares de los autores». Reconoció al canto gregoriano un lugar eminente y al órgano de tubos una atención particular, admitiendo otros instrumentos si convienen a la dignidad del templo y edifican a los fieles. Citando a san Agustín, recordó que «cantare amantis est», el cantar es propio de quien ama; con san Ignacio de Antioquía, invitó a los fieles a «formar un coro» que cante con una sola voz al Padre.
Nada de esto es nuevo, y nada de esto pertenece al Concilio. Que la música sacra sea parte integrante de la liturgia solemne, que el canto gregoriano sea su modelo supremo, que el órgano ocupe el primer lugar entre los instrumentos y que las modas profanas sean desterradas del templo: san Pío X lo fijó en el motu proprio Tra le sollecitudini del 22 de noviembre de 1903, y Pío XII lo confirmó en Musicae sacrae disciplina (1955) y Mediator Dei (1947).
La ley sigue siendo la que enunció san Pío X: cuanto más se acerca una composición a la melodía gregoriana, más sagrada es; cuanto más se aleja de ella, menos digna es del altar. Deplorar hoy «las modas» y «la música descuidada» en el culto es nombrar un desorden que solo pudo entrar una vez aflojada la disciplina que estos papas habían sellado.
Fuentes. San Pío X, motu proprio Tra le sollecitudini (22 de noviembre de 1903); Pío XII, encíclica Musicae sacrae disciplina (1955) y encíclica Mediator Dei (1947); san Agustín, Sermón 336, sobre el canto de quien ama; san Ignacio de Antioquía, Carta a los Efesios, IV.